La vida es un paréntesis.
Por algún motivo, hace varios días que me siento viviendo fuera de mí. No sé cómo explicarlo. Es como si estuviera ocupando un cuerpo prestado, un ratito, antes de seguir mi camino en un mundo sin formas. Me cuesta entender el concepto de levantarse para trabajar, o estudiar, o lo que corresponda, porque yo no me levanto para eso.
Creo que me levanto para ver qué me regala el día. Para sentir cosas. Para pensar. Para disfrutar mi paso por la tierra, porque es rico tener frío y darme cuenta de que estoy viva. Que no sólo existo en espíritu, también en cuerpo. Que soy fondo y forma. Me encanta esa capacidad que tiene el corazón de latir sin que se lo pida. No dejan de asombrarme los mil sabores distintos del mismo chocolate en diferentes momentos, los mensajes escondidos de las películas que repito, la cantidad de personas por descubrir que viajan a mi lado en la micro, las mariposas blancas que me encuentro siempre cuando estoy contenta.
Anoche perdí mis zapatillas y estaba segura que un asesino esperaba escondido a que me diera cuenta que se las había llevado para demostrarme que podía entrar a mi pieza sin que me diera cuenta, pero resultó que las había dejado en la terraza. Para variar.
Hace dos días que me duele la cabeza, aunque no he peleado con nadie.
Bailé 'pásame la botella' todo el rato antes de ir a la universidad.
Me acabo de soltar el pelo y tengo los labios un poco partidos.
lunes, abril 10, 2006
sábado, abril 08, 2006
día lejano
Escucho Sozihno mil veces.
Tengo la ventana abierta y es casi de noche.
No sé qué escribir. Qué ñoña. Como si porque fuera mi post número cien, se tratara de un aniversario, o un cambio de etapa, algo medio simbólico. Es que siento eso, igual. Escribo en un momento en que las dudas se aclaran y los sueños reaparecen.
Ha pasado mucho desde octubre. Han pasado personas, lugares, romances a medias, desencuentros, conversaciones finales, cartas de renuncia, certezas, crisis, búsquedas.
Cinco meses de letras con música de fondo, a ver si yo misma me entiendo. Y esos comentarios perfectos de personas que no conozco, aparecen de la nada y siempre me aclaran un poco.
Me gusta este espacio.
Mi profesor dijo que era una escritora frustrada.
Quizás tiene algo de razón.
Tengo la ventana abierta y es casi de noche.
No sé qué escribir. Qué ñoña. Como si porque fuera mi post número cien, se tratara de un aniversario, o un cambio de etapa, algo medio simbólico. Es que siento eso, igual. Escribo en un momento en que las dudas se aclaran y los sueños reaparecen.
Ha pasado mucho desde octubre. Han pasado personas, lugares, romances a medias, desencuentros, conversaciones finales, cartas de renuncia, certezas, crisis, búsquedas.
Cinco meses de letras con música de fondo, a ver si yo misma me entiendo. Y esos comentarios perfectos de personas que no conozco, aparecen de la nada y siempre me aclaran un poco.
Me gusta este espacio.
Mi profesor dijo que era una escritora frustrada.
Quizás tiene algo de razón.
jueves, abril 06, 2006
in the waiting line
Este es mi post número noventa y nueve.
Igual va a ser emocionante cuando lleve cien.
Ayer trabajé por última vez en Piola y fue lindo. Después de una conversación de media hora con el dueño, salí con la certeza de lo correcto. Gabriel me apoyó, me entendió, y me pidió disculpas por un arrebato que le podría haber tocado escuchar a cualquiera. No así Gonzalo, el jefe histérico por quien ahora soy una cesante más. Filo. Cosas que pasan.
Vengo llegando de ver 'Fuga' con la Toña. Me gustó. Mucho. También fuimos a tomar helados al Bravíssimo y café gratis al Starbucks. Un mago hizo desaparecer una caja de cartas. Fue lo mejor.
Revisé el guión con Marcos en ese café que siempre había querido conocer, en la plaza frente al metro Salvador. Sacamos un par de escenas y arreglamos otras. Casi listo el casting. A ver si me convierto en directora al fin.
Mañana tengo mi último taller tele.
Igual va a ser emocionante cuando lleve cien.
Ayer trabajé por última vez en Piola y fue lindo. Después de una conversación de media hora con el dueño, salí con la certeza de lo correcto. Gabriel me apoyó, me entendió, y me pidió disculpas por un arrebato que le podría haber tocado escuchar a cualquiera. No así Gonzalo, el jefe histérico por quien ahora soy una cesante más. Filo. Cosas que pasan.
Vengo llegando de ver 'Fuga' con la Toña. Me gustó. Mucho. También fuimos a tomar helados al Bravíssimo y café gratis al Starbucks. Un mago hizo desaparecer una caja de cartas. Fue lo mejor.
Revisé el guión con Marcos en ese café que siempre había querido conocer, en la plaza frente al metro Salvador. Sacamos un par de escenas y arreglamos otras. Casi listo el casting. A ver si me convierto en directora al fin.
Anoche carretiamos y bailé reggaeton todo el rato.
Me quedé dormida en la mañana y no llegué a Información.Mañana tengo mi último taller tele.
martes, abril 04, 2006
vuelve a ti
Renuncié.
El sábado tuve una pelea con uno de los jefes y uno de los dueños, y, como protesta pasiva ante la manera que tienen los dos de tratar a la gente, me voy. Es que no creo en las relaciones de trabajo donde no se respeta a cada uno. Y aunque a mi otro jefe lo amo porque es lo mejor de la vida, no puedo ser parte de un lugar en que el dueño se pone de pie al lado mío para hablarme acerca de lo imbéciles que son sus garzones. Ni tampoco tolero que se me levante la voz.
Una sola vez se me falta el respeto. Y si tengo que renunciar mil veces por eso, lo haré. No dudo que Dios provee siempre.
Filo, sigo el camino de mi alma y no siento dualidad.
Tampoco intento ya que la voluntad le gane a las certezas.
Estoy tranquila, contenta, en paz.
Y segura de que se acaba una etapa de pruebas finales.
El sábado tuve una pelea con uno de los jefes y uno de los dueños, y, como protesta pasiva ante la manera que tienen los dos de tratar a la gente, me voy. Es que no creo en las relaciones de trabajo donde no se respeta a cada uno. Y aunque a mi otro jefe lo amo porque es lo mejor de la vida, no puedo ser parte de un lugar en que el dueño se pone de pie al lado mío para hablarme acerca de lo imbéciles que son sus garzones. Ni tampoco tolero que se me levante la voz.
Una sola vez se me falta el respeto. Y si tengo que renunciar mil veces por eso, lo haré. No dudo que Dios provee siempre.
Filo, sigo el camino de mi alma y no siento dualidad.
Tampoco intento ya que la voluntad le gane a las certezas.
Estoy tranquila, contenta, en paz.
Y segura de que se acaba una etapa de pruebas finales.
domingo, abril 02, 2006
otra vez
Nostalgia de algo que nunca he tenido.
Ganas de despertar al lado de alguien y contarle qué soñé, de un compañero de viaje que me revolucione las hormonas, de un amigo que además sea amor y cómplice y todo.
Me gusta el rumbo que sigue mi vida sin rumbo.
Me gusta saber que cuando me hagan callar, voy a hablar más fuerte.
Me gusta mirar por la ventana de la micro y ver que una persona camina disfrazada de rey.
Pero tengo esa nostalgia absurda de los domingos en la tarde, ahora que empieza a hacer frío. Quiero tomar un chocolate abrazada, repetir alguna película y besar a alguien sin pensar.
Me siento sola.
Hace tiempo no me pasaba.
Ganas de despertar al lado de alguien y contarle qué soñé, de un compañero de viaje que me revolucione las hormonas, de un amigo que además sea amor y cómplice y todo.
Me gusta el rumbo que sigue mi vida sin rumbo.
Me gusta saber que cuando me hagan callar, voy a hablar más fuerte.
Me gusta mirar por la ventana de la micro y ver que una persona camina disfrazada de rey.
Pero tengo esa nostalgia absurda de los domingos en la tarde, ahora que empieza a hacer frío. Quiero tomar un chocolate abrazada, repetir alguna película y besar a alguien sin pensar.
Me siento sola.
Hace tiempo no me pasaba.
sábado, abril 01, 2006
waking up
En la casa de la Toña.
Anoche carretiamos con un amaretto sour medio mal hecho por mí. Es que la Toña quiso ponerle azúcar. Filo. Estaba rico igual. También comimos pie de limón y pie de chocolate con manjar, y a las cinco y media de la mañana pensamos que un asesino estaba escondido en el clóset, pero no. La Mili en un acto de heroismo desenfrenado abrió la puerta y la persona era una almohada. Eso pasó después de que la gente que había venido y que no veía hace mucho tiempo, ya se había ido.
Tengo ese dolor de guata de cuando va a pasar algo bueno.
Quizás me enamore o qué sé yo.
Estoy contenta.
Anoche carretiamos con un amaretto sour medio mal hecho por mí. Es que la Toña quiso ponerle azúcar. Filo. Estaba rico igual. También comimos pie de limón y pie de chocolate con manjar, y a las cinco y media de la mañana pensamos que un asesino estaba escondido en el clóset, pero no. La Mili en un acto de heroismo desenfrenado abrió la puerta y la persona era una almohada. Eso pasó después de que la gente que había venido y que no veía hace mucho tiempo, ya se había ido.
Tengo ese dolor de guata de cuando va a pasar algo bueno.
Quizás me enamore o qué sé yo.
Estoy contenta.
viernes, marzo 31, 2006
benigno
Acabo de despertar.
Ayer, cinco para las ocho de la mañana, ya iba tarde a taller. Me subí a la doscientos veinticinco, aunque no me sirve tanto porque tengo que caminar tres cuadras hasta la u, porque fue la primera que pasó. Y filo. Me fui sentada todo el camino, mirando el paisaje. Cuando ya casi eran las ocho y media y todavía me faltaba bajar dos cuadras después y caminar diez minutos, un señor carabinero desvió mi micro. En vez de tomar Santo Domingo, el chofer tuvo que tomar la Alameda, derecho. Qué sé yo por qué. Él tampoco tuvo idea. Así es la ley, fue todo lo que dijo medio murmurando. Y me bajé en la puerta. Y llegué a la hora.
Fue perfecto.
Dios tiene esa manera de hacer las cosas que hace que no quiera cuestionarle nada.
Mis exámenes salieron malos.
Un nódulo y un cálculo, aunque el doctor dice que no me preocupe.
Ayer, cinco para las ocho de la mañana, ya iba tarde a taller. Me subí a la doscientos veinticinco, aunque no me sirve tanto porque tengo que caminar tres cuadras hasta la u, porque fue la primera que pasó. Y filo. Me fui sentada todo el camino, mirando el paisaje. Cuando ya casi eran las ocho y media y todavía me faltaba bajar dos cuadras después y caminar diez minutos, un señor carabinero desvió mi micro. En vez de tomar Santo Domingo, el chofer tuvo que tomar la Alameda, derecho. Qué sé yo por qué. Él tampoco tuvo idea. Así es la ley, fue todo lo que dijo medio murmurando. Y me bajé en la puerta. Y llegué a la hora.
Fue perfecto.
Dios tiene esa manera de hacer las cosas que hace que no quiera cuestionarle nada.
Mis exámenes salieron malos.
Un nódulo y un cálculo, aunque el doctor dice que no me preocupe.
jueves, marzo 30, 2006
written somewhere else
Hay veces en que es bueno esuchar las cosas.
En que no basta con uno sienta, o sepa, o crea, sino se agradece que alguien más lo reafirme. Por eso me gusta leer el tarot. Porque las cartas dictan al oído las palabras perfectas en el momento preciso. Así, quien pregunta se da cuenta de que siempre supo su respuesta.
Me gusta leer el tarot porque no se trata de sesiones adivinatorias de futuros lejanos y acciones probables, aunque sea la idea más expandida al respecto, ni de un montón de predicciones absurdas de momentos que, de cualquier forma, sólo ocurrirán en su debido momento.
Me gusta leer el tarot porque a veces, cuando yo no sé cómo ayudar, o cómo expresar eso que alguna vez aprendí y que creo que puede servir, las cartas hablan solas. Y hablan, directo, al corazón de la persona sentada enfrente.
El tarot es un medio de conocimiento, una herramienta, un mapa del camino.
Yo me limito a leer lo que el cielo tiene por decir.
Dos de la mañana en punto.
En cinco horas más, me levanto para taller.
En que no basta con uno sienta, o sepa, o crea, sino se agradece que alguien más lo reafirme. Por eso me gusta leer el tarot. Porque las cartas dictan al oído las palabras perfectas en el momento preciso. Así, quien pregunta se da cuenta de que siempre supo su respuesta.
Me gusta leer el tarot porque no se trata de sesiones adivinatorias de futuros lejanos y acciones probables, aunque sea la idea más expandida al respecto, ni de un montón de predicciones absurdas de momentos que, de cualquier forma, sólo ocurrirán en su debido momento.
Me gusta leer el tarot porque a veces, cuando yo no sé cómo ayudar, o cómo expresar eso que alguna vez aprendí y que creo que puede servir, las cartas hablan solas. Y hablan, directo, al corazón de la persona sentada enfrente.
El tarot es un medio de conocimiento, una herramienta, un mapa del camino.
Yo me limito a leer lo que el cielo tiene por decir.
Dos de la mañana en punto.
En cinco horas más, me levanto para taller.
miércoles, marzo 29, 2006
endless spiral
Hoy me sentí mal.
Terminé bajándome del metro una estación antes de lo que debía para ir al Piola y llamando a mi mamá para que me salvara. Y mientras esperaba a que llegara, sentada en un banquito de Apoquindo, apareció la Celeste que me compró un chocolate. Regalo del cielo, obvio. La mejor manera de sentirse mejor.
Filo, pasé dos horas en la clínica y tengo que hacerme exámenes. Eso es todo. Pero no fui a trabajar y mañana no voy a clases. Una cosa por otra.
Disfruto mi descanso.
Tengo un parche curita en el brazo derecho.
Me saqué los aros y me voy a poner pijama.
Terminé bajándome del metro una estación antes de lo que debía para ir al Piola y llamando a mi mamá para que me salvara. Y mientras esperaba a que llegara, sentada en un banquito de Apoquindo, apareció la Celeste que me compró un chocolate. Regalo del cielo, obvio. La mejor manera de sentirse mejor.
Filo, pasé dos horas en la clínica y tengo que hacerme exámenes. Eso es todo. Pero no fui a trabajar y mañana no voy a clases. Una cosa por otra.
Disfruto mi descanso.
Tengo un parche curita en el brazo derecho.
Me saqué los aros y me voy a poner pijama.
lunes, marzo 27, 2006
nómade
Me mordí el labio y tengo una herida que me arde.
Hoy, camino a misa en el auto de la Toña, me di cuenta de que superé mi crisis.
Estábamos escuchando alguna canción mala de la fmdos y de repente el mundo no daba vueltas. Tampoco necesitaba tomar un camino definitivo, optar por ser monja o libertina el resto de la vida, ni decidir hoy cómo despertar mañana. Y ya no me pesaban los ojos como cuando tengo ganas de llorar.
La prédica fue lo mejor. Ama y haz lo que quieras.
Estoy tranquila otra vez. Contenta. Escuchándome antes de escuchar a alguien más. Es que por ahora no soy capaz de quedarme. Quizás, algún día, me siente en una vereda a ver pasar las horas. Quizás me dé cuenta de que nací para echar raíces y crecer. Quizás me establezca y sepa qué esperar y cuándo.
Pero hoy, mi camino no tiene rumbo fijo.
Terminé de escribir mi guión.
Voy a ver 'Amores perros' mientras tomo leche con cereales.
Hoy, camino a misa en el auto de la Toña, me di cuenta de que superé mi crisis.
Estábamos escuchando alguna canción mala de la fmdos y de repente el mundo no daba vueltas. Tampoco necesitaba tomar un camino definitivo, optar por ser monja o libertina el resto de la vida, ni decidir hoy cómo despertar mañana. Y ya no me pesaban los ojos como cuando tengo ganas de llorar.
La prédica fue lo mejor. Ama y haz lo que quieras.
Estoy tranquila otra vez. Contenta. Escuchándome antes de escuchar a alguien más. Es que por ahora no soy capaz de quedarme. Quizás, algún día, me siente en una vereda a ver pasar las horas. Quizás me dé cuenta de que nací para echar raíces y crecer. Quizás me establezca y sepa qué esperar y cuándo.
Pero hoy, mi camino no tiene rumbo fijo.
Terminé de escribir mi guión.
Voy a ver 'Amores perros' mientras tomo leche con cereales.
sábado, marzo 25, 2006
que digan lo que quieran
En pijama y despeinada porque bailé mucho rato arriba de la cama.
Me voy a levantar para salir.
Alguien dijo hace poco, textual, que mi blog era un montón de anécdotas absurdas y detalles insignificantes. Y ahora que acabo de hacer un recuento de todos los meses que han pasado desde que me senté por primera vez frente a esta pantallita que dice redactar, creo que por eso él nunca me pudo querer.
Mi blog soy yo. Es un montón de mí. Un diario de vida que antes escribía en papel y ahora en teclado. Pero no hay nada que escriba que no sea, en el momento, lo más trascendente.
Es lo que hay.
Letras sobre cómo entro y salgo de crisis, o qué tan rico estaba el chocolate que tenía ganas de comer, o con cuánta pena lloro, qué sabor tienen las lágrimas, qué canción no me dejó bajar de la micro cuando debía, cómo me vestí y por qué, hacia dónde voy, qué soñé y qué me dijo el tarot, dónde carretié, cuáles son mis miedos, las prédicas de misa los domingos, las conversaciones con la Toña, los almuerzos con Marcos, el encuentro con Paul, el corto con la Mili, los recuerdos de Claudio, las historias de la Chica, y mis miles de amores y desamores y creencias y desencantos.
Escribo para mí.
Publico para que me lean.
No soy más que quien muestro que soy.
Me voy a levantar para salir.
Alguien dijo hace poco, textual, que mi blog era un montón de anécdotas absurdas y detalles insignificantes. Y ahora que acabo de hacer un recuento de todos los meses que han pasado desde que me senté por primera vez frente a esta pantallita que dice redactar, creo que por eso él nunca me pudo querer.
Mi blog soy yo. Es un montón de mí. Un diario de vida que antes escribía en papel y ahora en teclado. Pero no hay nada que escriba que no sea, en el momento, lo más trascendente.
Es lo que hay.
Letras sobre cómo entro y salgo de crisis, o qué tan rico estaba el chocolate que tenía ganas de comer, o con cuánta pena lloro, qué sabor tienen las lágrimas, qué canción no me dejó bajar de la micro cuando debía, cómo me vestí y por qué, hacia dónde voy, qué soñé y qué me dijo el tarot, dónde carretié, cuáles son mis miedos, las prédicas de misa los domingos, las conversaciones con la Toña, los almuerzos con Marcos, el encuentro con Paul, el corto con la Mili, los recuerdos de Claudio, las historias de la Chica, y mis miles de amores y desamores y creencias y desencantos.
Escribo para mí.
Publico para que me lean.
No soy más que quien muestro que soy.
viernes, marzo 24, 2006
work hard
Tengo los ojos manchados con rímel.
El pelo amarrado.
Los pies quietos en el suelo.
Desde que desperté, hace veinte horas exactas, recién puedo sentarme tranquila y no pensar en cuánto falta para hacer qué.
Taller [colapso general porque las notas no estaban listas y Osvaldo tuvo miedo, pero salimos muy lindo del paso y Felipe dio a conocer su capacidad de hablar de deportes sin detenerse a pensar en lo que tiene que decir].
Cierro los ojos mientras bostezo otra vez. Apoyo la cabeza en mi mano izquierda.
Estoy cansada y feliz.
Apagué mi celular.
No me pienso levantar mañana.
El pelo amarrado.
Los pies quietos en el suelo.
Desde que desperté, hace veinte horas exactas, recién puedo sentarme tranquila y no pensar en cuánto falta para hacer qué.
Taller [colapso general porque las notas no estaban listas y Osvaldo tuvo miedo, pero salimos muy lindo del paso y Felipe dio a conocer su capacidad de hablar de deportes sin detenerse a pensar en lo que tiene que decir].
Piola [llenísimo, gente que empezó a comer a las doce y media de la noche, mesas esperando a que se desocuparan otras, reservas, hola, buenas noches, chao, gracias, cuidate, vuelve].
Mal de amores [ya casi había que devolverlo y cómo dejar a Ángeles a medias, terminó muy bien además, me encantan los finales felices].
Cierro los ojos mientras bostezo otra vez. Apoyo la cabeza en mi mano izquierda.
Estoy cansada y feliz.
Apagué mi celular.
No me pienso levantar mañana.
miércoles, marzo 22, 2006
when i'm gone
Quiero estar sola.
Desaparecer del mundo, apagar el celular, el computador, la música que siempre escucho tan fuerte cuando no tengo ganas de escuchar nada más. Dejar de pensar. De cuestionarme. De darme cuenta que todavía me falta tanto y que ni siquiera sé si estoy siguiendo mi camino.
Es mi sol en Sagitario. Son mis hormonas, todos los días. Las ganas de llorar sin motivo. La certeza de que no soy capaz de quedarme quieta porque no encuentro mi lugar y quizás no lo encuentre nunca porque no hay un lugar donde esté totalmente a gusto. Porque no soy capaz de sentarme y decir sí, ahora me comprometo, ahora cumplo y respondo y me entrego para siempre.
¿Existe un para siempre? ¿Existe despertar todos los días y sentir que no hay más por aprender, que el camino está completo, que ya no es necesario moverse más, ni seguir avanzando sin rumbo fijo, por el gusto de avanzar, de conocer, de sentir que cada persona, cada lugar, cada momento es un mundo por descubrir?
Me da miedo pensar en ese día en que lo cotidiano se convierte en rutina, en que ya no queda capacidad de asombro, en que se pierde la magia de los detalles más simples.
Me da miedo esta sensación de que no sólo me basta el silencio, sino se convierte en la necesidad más imperiosa cuando quiero ser completamente feliz.
Me da miedo la plenitud de la soledad.
Escribir siempre es mi catarsis.
Escucho el soundtrack de Amélie.
Como un pedacito de chocolate.
Desaparecer del mundo, apagar el celular, el computador, la música que siempre escucho tan fuerte cuando no tengo ganas de escuchar nada más. Dejar de pensar. De cuestionarme. De darme cuenta que todavía me falta tanto y que ni siquiera sé si estoy siguiendo mi camino.
Es mi sol en Sagitario. Son mis hormonas, todos los días. Las ganas de llorar sin motivo. La certeza de que no soy capaz de quedarme quieta porque no encuentro mi lugar y quizás no lo encuentre nunca porque no hay un lugar donde esté totalmente a gusto. Porque no soy capaz de sentarme y decir sí, ahora me comprometo, ahora cumplo y respondo y me entrego para siempre.
¿Existe un para siempre? ¿Existe despertar todos los días y sentir que no hay más por aprender, que el camino está completo, que ya no es necesario moverse más, ni seguir avanzando sin rumbo fijo, por el gusto de avanzar, de conocer, de sentir que cada persona, cada lugar, cada momento es un mundo por descubrir?
Me da miedo pensar en ese día en que lo cotidiano se convierte en rutina, en que ya no queda capacidad de asombro, en que se pierde la magia de los detalles más simples.
Me da miedo esta sensación de que no sólo me basta el silencio, sino se convierte en la necesidad más imperiosa cuando quiero ser completamente feliz.
Me da miedo la plenitud de la soledad.
Escribir siempre es mi catarsis.
Escucho el soundtrack de Amélie.
Como un pedacito de chocolate.
martes, marzo 21, 2006
la historia de mi vida
Escribo desde mi clase de interactiva.
En la mañana, en vez de bajar de la micro en la puerta de la universidad, seguí de largo mil horas por la Alameda, culpa de Ángeles Mastretta y ese libro donde la gente se ama, que me distrajo hasta que se me olvidó mirar el paisaje. Caminé toda sonriente a la corrección de taller, aunque peleé un poco con el profesor. Me saqué un seis. Aplausos para mí.
Ayer trabajé y me encantó. El lugar, la gente, la forma de relacionarse. Ese sentirme parte de algo aunque todavía no lo sea.
Siento que estoy de pie enfrente de un abismo. Otra vez. Y si no cierro los ojos y salto, me acuesto a llorar y escribir y leer y ver películas para siempre.
Sí, yo pedí un fast forward. Pero no sé hasta qué punto soy capaz de mantener el ritmo.
Qué quiero.
No tengo idea.
Está empezando Amélie.
En la mañana, en vez de bajar de la micro en la puerta de la universidad, seguí de largo mil horas por la Alameda, culpa de Ángeles Mastretta y ese libro donde la gente se ama, que me distrajo hasta que se me olvidó mirar el paisaje. Caminé toda sonriente a la corrección de taller, aunque peleé un poco con el profesor. Me saqué un seis. Aplausos para mí.
Ayer trabajé y me encantó. El lugar, la gente, la forma de relacionarse. Ese sentirme parte de algo aunque todavía no lo sea.
Siento que estoy de pie enfrente de un abismo. Otra vez. Y si no cierro los ojos y salto, me acuesto a llorar y escribir y leer y ver películas para siempre.
Sí, yo pedí un fast forward. Pero no sé hasta qué punto soy capaz de mantener el ritmo.
Qué quiero.
No tengo idea.
Está empezando Amélie.
lunes, marzo 20, 2006
dancing alone
Tengo trabajo.
Prometo no cuestionar jamás las decisiones divinas. Por algo me quedé en Santiago, terminé mi pieza al fin, tuve dos lecturas de tarot hoy en vez del viernes, la prédica de Juan Andrés me aclaró tantas cosas, y me llamaron para una entrevista urgente hace exactamente cuatro horas por un curriculum que dejé ayer.
Nada de eso hubiera pasado en Catemu.
Mañana parto, aunque si me quedo o no depende de qué tan bien o mal lo haga.
Doy gracias a Dios.
Me río sola y tengo ganas de bailar.
Prometo no cuestionar jamás las decisiones divinas. Por algo me quedé en Santiago, terminé mi pieza al fin, tuve dos lecturas de tarot hoy en vez del viernes, la prédica de Juan Andrés me aclaró tantas cosas, y me llamaron para una entrevista urgente hace exactamente cuatro horas por un curriculum que dejé ayer.
Nada de eso hubiera pasado en Catemu.
Mañana parto, aunque si me quedo o no depende de qué tan bien o mal lo haga.
Doy gracias a Dios.
Me río sola y tengo ganas de bailar.
domingo, marzo 19, 2006
otro día más
Me quedé en Santiago.
Por algún motivo, el dinero para Catemu no llegó, y acabo de arrendar tres películas con mi prima y mi hermana, para pasar la noche de sábado. Fui a dejar curriculum al Piola, donde alguna vez me ofrecieron trabajo, pero odié a un señor jefe que gritaba y retaba a todo el mundo. Tomamos cafecito con la Mili y la Trini en la tarde y pasé a saludar a Starbucks. Quedan muy pocos de mis amigos.
Toda la nostalgia del mundo, no sé por qué. Demasiados reencuentros esta semana, quizás. Mil recuerdos. Anoche estuvieron acá la Toña y la Fran y nos comimos un kilo de helado de alfajor. Fue excelente.
Siento que mi vida sigue avanzando, corriendo.
Y tengo ganas de cerrar los ojos y dormir. Dejarme llevar. Bailar mucho, llorar de noche, a gritos, y acurrucarme después. Ir al Cajón del Maipo con la Siri y sentir el pasto mojado, y el río, y el sol sin zapatos.
Me falta aire.
Es como si tuviera pena, pero no.
Quiero ir al cine.
Por algún motivo, el dinero para Catemu no llegó, y acabo de arrendar tres películas con mi prima y mi hermana, para pasar la noche de sábado. Fui a dejar curriculum al Piola, donde alguna vez me ofrecieron trabajo, pero odié a un señor jefe que gritaba y retaba a todo el mundo. Tomamos cafecito con la Mili y la Trini en la tarde y pasé a saludar a Starbucks. Quedan muy pocos de mis amigos.
Toda la nostalgia del mundo, no sé por qué. Demasiados reencuentros esta semana, quizás. Mil recuerdos. Anoche estuvieron acá la Toña y la Fran y nos comimos un kilo de helado de alfajor. Fue excelente.
Siento que mi vida sigue avanzando, corriendo.
Y tengo ganas de cerrar los ojos y dormir. Dejarme llevar. Bailar mucho, llorar de noche, a gritos, y acurrucarme después. Ir al Cajón del Maipo con la Siri y sentir el pasto mojado, y el río, y el sol sin zapatos.
Me falta aire.
Es como si tuviera pena, pero no.
Quiero ir al cine.
viernes, marzo 17, 2006
if tomorrow never comes
Leche con café y pan con palta.
Acabo de despertar.
Después de 'Mi vida sin mí', ayer mientras conversaba con Nacho en la reunión, me di cuenta que puedo morir hoy.
Sí, quiero hacer mil cosas. Conocer mil lugares. Vivir mil experiencias.
Pero no tengo nada pendiente.
Si muero hoy, me llevo recuerdos de grandes amores, de tardes de lluvia, de playas vacías, de cafés con ventanales y mesas redondas chiquititas. Me llevo una pieza verde limón, una montaña de libros, lo dulce de un chocolate por día, [excepto el mes en que hice la apuesta con Esteban y gané], un curso completo de sábados de tarot de mujeres. Me llevo las noches en vela de mi mamá, el ejemplo de mi hermana, la ausencia de mi padre, la vida prodigiosa y llena de curvas de mi hermano mayor, las tardes de domingo de mi prima.
Y me llevo la ilusión.
Los sueños de la última semana.
La certeza de un encuentro con Dios.
Si muero hoy, muero en paz. Eso es todo.
Acabo de despertar.
Después de 'Mi vida sin mí', ayer mientras conversaba con Nacho en la reunión, me di cuenta que puedo morir hoy.
Sí, quiero hacer mil cosas. Conocer mil lugares. Vivir mil experiencias.
Pero no tengo nada pendiente.
Si muero hoy, me llevo recuerdos de grandes amores, de tardes de lluvia, de playas vacías, de cafés con ventanales y mesas redondas chiquititas. Me llevo una pieza verde limón, una montaña de libros, lo dulce de un chocolate por día, [excepto el mes en que hice la apuesta con Esteban y gané], un curso completo de sábados de tarot de mujeres. Me llevo las noches en vela de mi mamá, el ejemplo de mi hermana, la ausencia de mi padre, la vida prodigiosa y llena de curvas de mi hermano mayor, las tardes de domingo de mi prima.
Y me llevo la ilusión.
Los sueños de la última semana.
La certeza de un encuentro con Dios.
Si muero hoy, muero en paz. Eso es todo.
jueves, marzo 16, 2006
such great heights
Odio el olor a marihuana.
Sobre todo cuando es de noche, voy caminando por Colón y alcanzo a distinguirlo justo antes que tres tipos con cara de haber fumado hasta que le dio alergia me griten reina, a dónde va tan sola.
Es lo peor.
Antes de eso entrevisté a Willy Semler en la u y tomé una micro a mi casa, claro que en vez me fui a la casa de Jose que me llamó apenas acababa de subir. Conversamos, comimos torta de chocolate y le conté de Paul. De hecho, entramos a su blog, leí su comentario y fui muy feliz mucho rato.
Igual me equivoqué en la entrevista. Levanté la botella de vino cuando no debía, se me olvidó lo que tenía que decir mientras veíamos el trailer de ‘Fuga’, próximamente en cines, y le cambié dos veces el nombre al programa. Pero me encanta la tele. No hay nada que hacer.
Mañana, reunión donde la Siri.
Y si Krishna manda laksmi, se viene el cumpleaños de Guru Deva.
Quiero ver a Paul.
Sobre todo cuando es de noche, voy caminando por Colón y alcanzo a distinguirlo justo antes que tres tipos con cara de haber fumado hasta que le dio alergia me griten reina, a dónde va tan sola.
Es lo peor.
Antes de eso entrevisté a Willy Semler en la u y tomé una micro a mi casa, claro que en vez me fui a la casa de Jose que me llamó apenas acababa de subir. Conversamos, comimos torta de chocolate y le conté de Paul. De hecho, entramos a su blog, leí su comentario y fui muy feliz mucho rato.
Igual me equivoqué en la entrevista. Levanté la botella de vino cuando no debía, se me olvidó lo que tenía que decir mientras veíamos el trailer de ‘Fuga’, próximamente en cines, y le cambié dos veces el nombre al programa. Pero me encanta la tele. No hay nada que hacer.
Mañana, reunión donde la Siri.
Y si Krishna manda laksmi, se viene el cumpleaños de Guru Deva.
Quiero ver a Paul.
miércoles, marzo 15, 2006
pequeños sueños
Un día dulce.
Me desperté antes de las siete sin nada de sueño, salí con tiempo y la micro no iba tan llena, llegué a la hora a corrección de taller, me saqué un 5,8 como conductora, pasé a buscar a Paul al metro y vinimos a mi casa a tomar desayuno, conversamos, le leí un poco el tarot, escuchamos su música y nos reímos de la mía y nos despedimos antes de bajar cada uno a un lado del metro, almorcé con Marcos en un restaurant de sushi hablando de cine, después de Interactiva caminé a arrendar 'Mi vida sin mí' cantando Hare Krishna y pisando miles de hojas secas, vi el noticiero de la u con mi familia y comí queque de chocolate.
Además casi termino 'El guardián entre el centeno' y Paul me regaló una cadena que era suya y que ahora llevo en mi muñeca izquierda con una uñeta plateada que tiene grabado su nombre y se balancea mientras escribo.
Está todo bien.
Escucho Astor Piazzolla.
Sonrío.
Me desperté antes de las siete sin nada de sueño, salí con tiempo y la micro no iba tan llena, llegué a la hora a corrección de taller, me saqué un 5,8 como conductora, pasé a buscar a Paul al metro y vinimos a mi casa a tomar desayuno, conversamos, le leí un poco el tarot, escuchamos su música y nos reímos de la mía y nos despedimos antes de bajar cada uno a un lado del metro, almorcé con Marcos en un restaurant de sushi hablando de cine, después de Interactiva caminé a arrendar 'Mi vida sin mí' cantando Hare Krishna y pisando miles de hojas secas, vi el noticiero de la u con mi familia y comí queque de chocolate.
Además casi termino 'El guardián entre el centeno' y Paul me regaló una cadena que era suya y que ahora llevo en mi muñeca izquierda con una uñeta plateada que tiene grabado su nombre y se balancea mientras escribo.
Está todo bien.
Escucho Astor Piazzolla.
Sonrío.
lunes, marzo 13, 2006
my sweet lord
Quiero una religión.
El sábado estuve en el templo Hare Krishna de Valparaiso, cantando en la calle con los devotos, escuchando predicar a Guru Deva y comiendo prasadam. Cuando me preguntaron desde cuándo era devota, yo respondí que no soy. Y la persona que me preguntó, sonrío. Como sabiendo algo de lo que no me he dado cuenta.
Ayer fui a misa. Me senté adelante, en la alfombra del suelo frente al altar. En la prédica, Juan Andrés hizo una sola pregunta. Cuánto de mí entrego a Dios. Quedé totalmente en silencio, respondiendo que muy poco. Y casi lloro mientras comulgaba, porque mi cabeza no deja de dar vueltas.
Creo en todo. Creo, porque no tengo dudas del amor que rige al mundo. Pero no sé cómo canalizarlo. Me cuesta tomar una decisión, para adoptar una forma de fe. Y, por otra parte, lo necesito. Caos.
Es que soy devota de Jesús, de Krishna, de la Diosa, de la Tierra. Quiero seguir un camino que no implique dejar de lado los demás.
Por ahora, me levanto para ir a clases.
Por lo menos ya no me duele la cabeza.
El sábado estuve en el templo Hare Krishna de Valparaiso, cantando en la calle con los devotos, escuchando predicar a Guru Deva y comiendo prasadam. Cuando me preguntaron desde cuándo era devota, yo respondí que no soy. Y la persona que me preguntó, sonrío. Como sabiendo algo de lo que no me he dado cuenta.
Ayer fui a misa. Me senté adelante, en la alfombra del suelo frente al altar. En la prédica, Juan Andrés hizo una sola pregunta. Cuánto de mí entrego a Dios. Quedé totalmente en silencio, respondiendo que muy poco. Y casi lloro mientras comulgaba, porque mi cabeza no deja de dar vueltas.
Creo en todo. Creo, porque no tengo dudas del amor que rige al mundo. Pero no sé cómo canalizarlo. Me cuesta tomar una decisión, para adoptar una forma de fe. Y, por otra parte, lo necesito. Caos.
Es que soy devota de Jesús, de Krishna, de la Diosa, de la Tierra. Quiero seguir un camino que no implique dejar de lado los demás.
Por ahora, me levanto para ir a clases.
Por lo menos ya no me duele la cabeza.
sábado, marzo 11, 2006
un loco equis
Fue todo menos común.
Fue encontrarnos en la puerta de uno de mis lugares preferidos y mirarlo y reconocerlo, ¿se puede reconocer a quien no se conoce?, por esos dos aritos casi juntos y el kunti que tantas veces he visto en el cuello de mi hermano.
Fue sentarnos y hablar. Y de repente estar en silencio. Subirnos a un árbol. Caminar hasta la Alameda. Encontrar detalles, el ascensor hasta un piso doce, un café lleno de libros, ese vaso de jugo con agua mineral y el otro vacío, donde se derritieron dos hielos al lado de un barco de papel.
Fue pasar tres horas, casi cuatro, en un ratito.
Fue loco, fue lindo, fue todo.
Escucho No Doubt.
Fue encontrarnos en la puerta de uno de mis lugares preferidos y mirarlo y reconocerlo, ¿se puede reconocer a quien no se conoce?, por esos dos aritos casi juntos y el kunti que tantas veces he visto en el cuello de mi hermano.
Fue sentarnos y hablar. Y de repente estar en silencio. Subirnos a un árbol. Caminar hasta la Alameda. Encontrar detalles, el ascensor hasta un piso doce, un café lleno de libros, ese vaso de jugo con agua mineral y el otro vacío, donde se derritieron dos hielos al lado de un barco de papel.
Fue pasar tres horas, casi cuatro, en un ratito.
Fue loco, fue lindo, fue todo.
Escucho No Doubt.
viernes, marzo 10, 2006
good night and good luck
Amo mi carrera.
Y eso que la odio, a veces. Pero hoy me tocó conducir un noticiero para taller y aluciné. Me di cuenta de cuánto me gustan las cámaras, las luces, la satisfacción de un trabajo bien hecho después de diez horas de colapso sin ganas de comer nada.
Me fui toda la micro camino a la casa de la Siri flotando.
Sigo flotando ahora.
Todavía disfrazada de periodista.
Y eso que la odio, a veces. Pero hoy me tocó conducir un noticiero para taller y aluciné. Me di cuenta de cuánto me gustan las cámaras, las luces, la satisfacción de un trabajo bien hecho después de diez horas de colapso sin ganas de comer nada.
Me fui toda la micro camino a la casa de la Siri flotando.
Sigo flotando ahora.
Todavía disfrazada de periodista.
miércoles, marzo 08, 2006
game over
Se acabó.
Fue la conversación final de una historia que duró dos años. El cierre de un ciclo. La última vez que le hablé desde un corazón medio enamorado, medio roto y lleno de ilusiones hasta decir basta.
No hubo música de fondo. No hubo beso de despedida. No hubo lágrimas.
Siento que terminó el antes de mi vida. Un tiempo de aprender de a dos, pero sola. Que ahora no tengo amarras. Que soy libre.
Fui al gimnasio y canté todo el camino.
Miré el mundo al revés, acostada en el pasto.
En el cielo celeste había una sola nube blanca.
Fue la conversación final de una historia que duró dos años. El cierre de un ciclo. La última vez que le hablé desde un corazón medio enamorado, medio roto y lleno de ilusiones hasta decir basta.
No hubo música de fondo. No hubo beso de despedida. No hubo lágrimas.
Siento que terminó el antes de mi vida. Un tiempo de aprender de a dos, pero sola. Que ahora no tengo amarras. Que soy libre.
Fui al gimnasio y canté todo el camino.
Miré el mundo al revés, acostada en el pasto.
En el cielo celeste había una sola nube blanca.
lunes, marzo 06, 2006
sister sister
Escucho if it makes you happy.
Me propongo escribir sobre la Chica.
Tomo aire y empiezo.
Cuando recién nació, ocho horas después de que mi mamá hubiera entrado a la sala de parto, la miré por una ventanita de la clínica. Yo tenía siete años y medio, pieza sola y el pelo castaño claro. Un poco por mi culpa en vez de María Isidora, se llamó Isidora Carolina.
Ha pasado el tiempo y nos ha pasado de todo. Un papá que se fue, cartas y peleas y cumpleaños, abrazos y almuerzos de domingo, videos familiares que hacen que nos de risa juntas. Una casa. Un colegio. Hemos compartido la vida, al principio más de lejos, cada vez más cerca.
Cuando la Chica era chica, le gustaba jugar con mis cosas. Perdía las piezas de mis puzzles, rompía mis muñecas y lloraba a gritos cuando llegaban mis amigas y no quería que ella estuviera con nosotras. Siempre fue mal genio. Peleadora. Sincera. Valiente. Me gustaba prepararle la mamadera. A veces la mudaba. Pero después de ver 'la profecía' igual revisé que no tuviera números en ninguna parte del cuerpo. Qué miedo.
Cuando la Chica era un poco más grande, pasábamos las tardes viendo Sailor Moon y jugando a disfrazarnos. Hacíamos fogatas en el patio, bailábamos Backstreet Boys, llamábamos por teléfono al señor Toro para preguntarle por la vaca. Compartimos pieza, un tiempo. Teníamos cubrecamas iguales, celestes con florcitas, y las paredes blancas rayadas con lápices de color.
Ahora que la Chica es grande, somos amigas. Ella me cuenta sus historias y romances. Yo le cuento de lo que me acuerdo cuando tenía trece. Ella inventa idiomas, escribe precioso y aprende rápido. Yo me río, dejo que me conozca mucho, y a veces le trato de explicar cosas que ya sabe.
Admiro a mi hermana. Es la persona que yo nunca me atreví a ser. La Chica dice las cosas a la cara y siempre mira de frente. No se esconde, no sale corriendo, no deja que el miedo la paralice. Lucha. Se defiende. Cree. Tiene ideales y conceptos de vida propios. Y aunque a veces nos odiamos y no estamos de acuerdo y no entendemos nada, es inevitable que terminemos saltando arriba de la cama con esta canción de fondo.
La Chica es lo mejor que me ha pasado.
La compañía más fiel.
Mi más grande ejemplo de vida.
Me propongo escribir sobre la Chica.
Tomo aire y empiezo.
Cuando recién nació, ocho horas después de que mi mamá hubiera entrado a la sala de parto, la miré por una ventanita de la clínica. Yo tenía siete años y medio, pieza sola y el pelo castaño claro. Un poco por mi culpa en vez de María Isidora, se llamó Isidora Carolina.
Ha pasado el tiempo y nos ha pasado de todo. Un papá que se fue, cartas y peleas y cumpleaños, abrazos y almuerzos de domingo, videos familiares que hacen que nos de risa juntas. Una casa. Un colegio. Hemos compartido la vida, al principio más de lejos, cada vez más cerca.
Cuando la Chica era chica, le gustaba jugar con mis cosas. Perdía las piezas de mis puzzles, rompía mis muñecas y lloraba a gritos cuando llegaban mis amigas y no quería que ella estuviera con nosotras. Siempre fue mal genio. Peleadora. Sincera. Valiente. Me gustaba prepararle la mamadera. A veces la mudaba. Pero después de ver 'la profecía' igual revisé que no tuviera números en ninguna parte del cuerpo. Qué miedo.
Cuando la Chica era un poco más grande, pasábamos las tardes viendo Sailor Moon y jugando a disfrazarnos. Hacíamos fogatas en el patio, bailábamos Backstreet Boys, llamábamos por teléfono al señor Toro para preguntarle por la vaca. Compartimos pieza, un tiempo. Teníamos cubrecamas iguales, celestes con florcitas, y las paredes blancas rayadas con lápices de color.
Ahora que la Chica es grande, somos amigas. Ella me cuenta sus historias y romances. Yo le cuento de lo que me acuerdo cuando tenía trece. Ella inventa idiomas, escribe precioso y aprende rápido. Yo me río, dejo que me conozca mucho, y a veces le trato de explicar cosas que ya sabe.
Admiro a mi hermana. Es la persona que yo nunca me atreví a ser. La Chica dice las cosas a la cara y siempre mira de frente. No se esconde, no sale corriendo, no deja que el miedo la paralice. Lucha. Se defiende. Cree. Tiene ideales y conceptos de vida propios. Y aunque a veces nos odiamos y no estamos de acuerdo y no entendemos nada, es inevitable que terminemos saltando arriba de la cama con esta canción de fondo.
La Chica es lo mejor que me ha pasado.
La compañía más fiel.
Mi más grande ejemplo de vida.
viernes, marzo 03, 2006
summer sunshine
Bostezo.
Tengo el pelo amarrado a medias con un pinche fucsia. Estoy en camisa de dormir, sin aros, recién sonó mi teléfono y desperté conversando con la Siri. Ayer nos juntamos con muchas personas en su casa y fue lindo. Hablamos de la vida. Del dolor, de la culpa, de las relaciones. Me encantan los lugares donde no es obligación poner un tema absurdo para generar confianza y hablar en serio. Es mejor que no se malgasten las palabras.
La Chica ya está vestida, polera negra, tirada en mi cama, y le acabo de contar que yo di mi primer beso. Tenía trece años, estaba en una fiesta de colegio y la canción de fondo 'Juego de seducción', de Soda. Él me lo pidió, pero yo me acerqué. Me llevo todo el mérito. Una mujer con iniciativa.
Estoy contenta. Tranquila. Tomando agüita de algo, a ver si me mejoro del colon y gastritis, producto, solamente, de un colapso emocional la noche antes de viajar de vuelta a Santiago.
Ocho años de experiencia laboral.
Suena muy loco.
Pero es cierto.
Tengo el pelo amarrado a medias con un pinche fucsia. Estoy en camisa de dormir, sin aros, recién sonó mi teléfono y desperté conversando con la Siri. Ayer nos juntamos con muchas personas en su casa y fue lindo. Hablamos de la vida. Del dolor, de la culpa, de las relaciones. Me encantan los lugares donde no es obligación poner un tema absurdo para generar confianza y hablar en serio. Es mejor que no se malgasten las palabras.
La Chica ya está vestida, polera negra, tirada en mi cama, y le acabo de contar que yo di mi primer beso. Tenía trece años, estaba en una fiesta de colegio y la canción de fondo 'Juego de seducción', de Soda. Él me lo pidió, pero yo me acerqué. Me llevo todo el mérito. Una mujer con iniciativa.
Estoy contenta. Tranquila. Tomando agüita de algo, a ver si me mejoro del colon y gastritis, producto, solamente, de un colapso emocional la noche antes de viajar de vuelta a Santiago.
Ocho años de experiencia laboral.
Suena muy loco.
Pero es cierto.
jueves, marzo 02, 2006
if it makes you happy
Lo peor es la gente que habla en el cine.
Acabo de llegar, con la Toña fuimos a ver 'Brokeback Mountain'. Yo la amé. Ella la odió. Obvio. Atrás de nosotras estaba sentada una mina que se pasó comentando lo bonitas que eran las ovejas. Y, un poco más allá, una señora que no apagó su celular y lo contestó en la mitad de la película, sala número nueve llena y fila de quince minutos en el Alto Las Condes. Me carga ese mall. Filo, la Toña tenía mucho descuento y yo muy poco dinero. Para variar.
No tengo problemas ni prejuicios con los homosexuales. Quizás antes, cuando no me había tocado compartir con ninguno, aparecía en mi mente esta imagen idealizada de un millón de gays glamorosos que se tiñen rubios y toman champaña. Ahora no. Hay de todo, como en todas partes.
Creo que cada persona es libre de vivir su sexualidad como le parezca. No es mi camino. No me enamoraría de una mujer. Pero tampoco juzgo a quienes enfrentan al mundo sí, soy gay y qué. No comprendo a los que se esconden, aunque siempre es más fácil escapar, supongo, pero por qué de uno mismo. Admiro a quienes sacan la cara por defender su libertad.
Uno es lo que es, y qué importa si nadie más lo entiende.
Tengo sed.
Voy a tomar jugo antes de dormir.
Acabo de llegar, con la Toña fuimos a ver 'Brokeback Mountain'. Yo la amé. Ella la odió. Obvio. Atrás de nosotras estaba sentada una mina que se pasó comentando lo bonitas que eran las ovejas. Y, un poco más allá, una señora que no apagó su celular y lo contestó en la mitad de la película, sala número nueve llena y fila de quince minutos en el Alto Las Condes. Me carga ese mall. Filo, la Toña tenía mucho descuento y yo muy poco dinero. Para variar.
No tengo problemas ni prejuicios con los homosexuales. Quizás antes, cuando no me había tocado compartir con ninguno, aparecía en mi mente esta imagen idealizada de un millón de gays glamorosos que se tiñen rubios y toman champaña. Ahora no. Hay de todo, como en todas partes.
Creo que cada persona es libre de vivir su sexualidad como le parezca. No es mi camino. No me enamoraría de una mujer. Pero tampoco juzgo a quienes enfrentan al mundo sí, soy gay y qué. No comprendo a los que se esconden, aunque siempre es más fácil escapar, supongo, pero por qué de uno mismo. Admiro a quienes sacan la cara por defender su libertad.
Uno es lo que es, y qué importa si nadie más lo entiende.
Tengo sed.
Voy a tomar jugo antes de dormir.
martes, febrero 28, 2006
víveme
Hoy es mi día, sólo mío, y no se lo quiero detallar a nadie.
Siento que soy feliz, que viví un poco de nuevo y un poco nuevo, que esperaba hace tanto esto que ya pensé que no pasaría jamás. Sonrío mucho. Me acabo de comer un chocolatito. Las pulseras de mi brazo derecho suenan mientras escribo. Mi pelo está un poco más rubio que cuando recién partí a la playa.
Algarrobo fue un agrado, dormimos hasta tarde ayer, hoy no, porque yo tenía un bus que tomar y con los nervios no dormí más que una hora o dos, vimos el festival, leímos el tarot, conversamos de la vida y conocimos una boutique toda cuica donde venden ropa preciosa y carísima, típica de señoras que se juran divas y a veces lo son.
Echaba de menos esto.
Escribir en paz con música mala de fondo.
Mañana parto a buscar trabajo.
Siento que soy feliz, que viví un poco de nuevo y un poco nuevo, que esperaba hace tanto esto que ya pensé que no pasaría jamás. Sonrío mucho. Me acabo de comer un chocolatito. Las pulseras de mi brazo derecho suenan mientras escribo. Mi pelo está un poco más rubio que cuando recién partí a la playa.
Algarrobo fue un agrado, dormimos hasta tarde ayer, hoy no, porque yo tenía un bus que tomar y con los nervios no dormí más que una hora o dos, vimos el festival, leímos el tarot, conversamos de la vida y conocimos una boutique toda cuica donde venden ropa preciosa y carísima, típica de señoras que se juran divas y a veces lo son.
Echaba de menos esto.
Escribir en paz con música mala de fondo.
Mañana parto a buscar trabajo.
sábado, febrero 25, 2006
esta ausencia
Necesito salir del standby.
Hoy me vestí de rojo, para pasar la angustia que me bajó anoche de ver que avanza el tiempo sin que avance yo con él. En la playa nos encontramos con la Gianni, no la veía desde que salimos de clases y está igual. Divertida. Con mil historias de romances propios y ajenos.
La Toña me leyó el tarot y el mensaje es claro en todas partes. O me entrego y me dejo llevar y de verdad confío y tengo toda la fe, o me quedo para siempre en estas vacaciones que ya se me han hecho eternas.
Necesito un fast forward urgente. Necesito que se empiecen a cumplir mis proyectos, terminar de cerrar etapas, hablar con Claudio una última vez, encontrar trabajo y entrar de nuevo a la universidad, buscar un departamento, comprometerme, entregarme, jugármela. Crecer.
Pero nada.
Dios sabe mejor que yo y todo pasa a su tiempo.
Tengo que irme de este cibercafé que me roba.
Hoy me vestí de rojo, para pasar la angustia que me bajó anoche de ver que avanza el tiempo sin que avance yo con él. En la playa nos encontramos con la Gianni, no la veía desde que salimos de clases y está igual. Divertida. Con mil historias de romances propios y ajenos.
La Toña me leyó el tarot y el mensaje es claro en todas partes. O me entrego y me dejo llevar y de verdad confío y tengo toda la fe, o me quedo para siempre en estas vacaciones que ya se me han hecho eternas.
Necesito un fast forward urgente. Necesito que se empiecen a cumplir mis proyectos, terminar de cerrar etapas, hablar con Claudio una última vez, encontrar trabajo y entrar de nuevo a la universidad, buscar un departamento, comprometerme, entregarme, jugármela. Crecer.
Pero nada.
Dios sabe mejor que yo y todo pasa a su tiempo.
Tengo que irme de este cibercafé que me roba.
miércoles, febrero 22, 2006
ciudad jardín
Noche de festival.
Hoy vamos a ver a Miranda a la Quinta Vergara. Siete mujeres, aunque dos en platea, porque la Coki otra vez se consiguió entrada para ella y mi hermana. Nosotras, las demás, a galería a las seis de la tarde.
Me gusta estar en Viña.
Ayer pasamos el día donde mi hermano y fui muy feliz. Es de los lugares en que siento que pertenezco, donde podría quedarme para siempre. Cantamos canciones devocionales, comimos pan integral de nuez con manjar y los niños nos mostraron posturas de yoga.
No necesito más que momentos.
Dios tocando la guitarra de Carlos.
Un montón de sonrisas con mantras de fondo.
Hare Krishna desde un cibercafé frente al mar.
Hoy vamos a ver a Miranda a la Quinta Vergara. Siete mujeres, aunque dos en platea, porque la Coki otra vez se consiguió entrada para ella y mi hermana. Nosotras, las demás, a galería a las seis de la tarde.
Me gusta estar en Viña.
Ayer pasamos el día donde mi hermano y fui muy feliz. Es de los lugares en que siento que pertenezco, donde podría quedarme para siempre. Cantamos canciones devocionales, comimos pan integral de nuez con manjar y los niños nos mostraron posturas de yoga.
No necesito más que momentos.
Dios tocando la guitarra de Carlos.
Un montón de sonrisas con mantras de fondo.
Hare Krishna desde un cibercafé frente al mar.
domingo, febrero 19, 2006
un montón de estrellas
Platos en el suelo. Vasos vacíos. Bolso cerrado.
Se acaba de ir el Mono, y antes de él la Pato con su novio, y Felipe, y la Trini. Lo pasé bien. Fue como cuando éramos chicos y nos juntábamos siempre a hacer nada. Amo estar con personas a quienes no tengo que explicarles quién soy, ni qué me ha pasado, ni cómo funciona mi mundo.
Leímos el tarot y comimos torta, conversamos de la vida, fumaron afuera de mi pieza, la Pato está más rubia y el Mono tiene más barba.
Mañana me voy a Viña.
A carretiar a Puerto Madero.
Me encanta bailar con el ruido de las olas.
Se acaba de ir el Mono, y antes de él la Pato con su novio, y Felipe, y la Trini. Lo pasé bien. Fue como cuando éramos chicos y nos juntábamos siempre a hacer nada. Amo estar con personas a quienes no tengo que explicarles quién soy, ni qué me ha pasado, ni cómo funciona mi mundo.
Leímos el tarot y comimos torta, conversamos de la vida, fumaron afuera de mi pieza, la Pato está más rubia y el Mono tiene más barba.
Mañana me voy a Viña.
A carretiar a Puerto Madero.
Me encanta bailar con el ruido de las olas.
sábado, febrero 18, 2006
basket case
Acabo de leer un post que me dejó pensando.
Paul Wegmann, no le importará que lo comente, supongo y espero, escribió sobre la inocencia y la madurez y la vida escolar.
Siempre fui perna. Mentira, no siempre. Desde que me cambié al Villa María y simplemente no logré encajar. Tenía siete años y no hablaba una palabra de inglés. Me encantaban los libros. Soñaba con compartir con mil niñitas y mil muñecas. En mi colegio de antes, los hombres se pasaban tirando arena y pateando pelotas de fútbol. Eran mis amigos, pero yo quería amigas. Un clan femenino. Por eso decidí cambiarme. Y mi decisión fue respetada.
En segundo básico, llevaba tres años bailando ballet. Duré uno más antes que la presión de participar en algo no popular me hiciera dejarlo. Empecé a jugar a las muñecas escondida, ya estábamos muy grandes. Y fueron tantos recreos encerrada en la biblioteca que leí toda la colección naranja del Barco de Vapor en un par de meses.
Tuve y tengo grandes amigas, es cierto. Pero fueron años de negarme, de no saber quién era yo, y por qué si amo los escenarios no fui capaz de subirme a uno hasta cuarto medio. Y por qué si siempre me ha dado risa todo, pasé mucho tiempo llorando. Y es que nunca me importó ser flaca, ni hacer dietas, ni comprar en el Alto, ni comer manzanas verdes, ni buscar a niñitos bien, de colegios bien, con apellidos bien. Todavía no me importa.
Entrar a la universidad fue salir de una cárcel. Fue mirarme al espejo y decir quizás no estoy tan mal. Quizás no soy tan fea, ni tan rara, ni tan fuera de lugar en todas partes.
La Toña siempre dice que exagero. Mi mamá también. Yo sé que no. Salir del Villa María ha sido un proceso y me ha costado. Me enorgullece sentir que llegué hasta el final sin perderme. Entre sombras, en silencio, pero yo íntegra, a salvo. Agradezco a Dios y a las letras.
Me considero una sobreviviente.
El colegio fue mi etapa más oscura.
La más triste.
Sin mi historia jamás sería quien soy.
Paul Wegmann, no le importará que lo comente, supongo y espero, escribió sobre la inocencia y la madurez y la vida escolar.
Siempre fui perna. Mentira, no siempre. Desde que me cambié al Villa María y simplemente no logré encajar. Tenía siete años y no hablaba una palabra de inglés. Me encantaban los libros. Soñaba con compartir con mil niñitas y mil muñecas. En mi colegio de antes, los hombres se pasaban tirando arena y pateando pelotas de fútbol. Eran mis amigos, pero yo quería amigas. Un clan femenino. Por eso decidí cambiarme. Y mi decisión fue respetada.
En segundo básico, llevaba tres años bailando ballet. Duré uno más antes que la presión de participar en algo no popular me hiciera dejarlo. Empecé a jugar a las muñecas escondida, ya estábamos muy grandes. Y fueron tantos recreos encerrada en la biblioteca que leí toda la colección naranja del Barco de Vapor en un par de meses.
Tuve y tengo grandes amigas, es cierto. Pero fueron años de negarme, de no saber quién era yo, y por qué si amo los escenarios no fui capaz de subirme a uno hasta cuarto medio. Y por qué si siempre me ha dado risa todo, pasé mucho tiempo llorando. Y es que nunca me importó ser flaca, ni hacer dietas, ni comprar en el Alto, ni comer manzanas verdes, ni buscar a niñitos bien, de colegios bien, con apellidos bien. Todavía no me importa.
Entrar a la universidad fue salir de una cárcel. Fue mirarme al espejo y decir quizás no estoy tan mal. Quizás no soy tan fea, ni tan rara, ni tan fuera de lugar en todas partes.
La Toña siempre dice que exagero. Mi mamá también. Yo sé que no. Salir del Villa María ha sido un proceso y me ha costado. Me enorgullece sentir que llegué hasta el final sin perderme. Entre sombras, en silencio, pero yo íntegra, a salvo. Agradezco a Dios y a las letras.
Me considero una sobreviviente.
El colegio fue mi etapa más oscura.
La más triste.
Sin mi historia jamás sería quien soy.
jueves, febrero 16, 2006
could you be loved
Hoy pasé el día en pijama.
Dormí, leí, tomé sopa y vi de nuevo 'El último beso'. Me dejó llena de dudas. La vida entera es mucho tiempo y no sé si encontraré a alguien con quien compartir una pieza, una cama, una mañana todos los días.
No sé quién va a respetar ese espacio para salir corriendo, a leer un libro en un árbol, a no dormir para mirar la luna. Quién va a querer sentarse conmigo en silencio para siempre. Quién va a comprender que amo tener pena y reírme, y escuchar las mismas canciones un millón de veces aunque sé que son malas, y que mi filosofía cambia mucho porque nunca logro sentirme a gusto en un solo lugar. Quién va a querer caminar al lado mío, de la mano, cuando sea de noche y yo tenga un poco de miedo y no va a pensar que es absurdo que yo baile ballet en los paraderos de micro o que cante fuerte mientras voy al gimnasio. Quién va a disfrutar mis manías. Quién va a entender mi historia. Quién se va a quedar conmigo.
A veces pienso que nací para estar sola. Para tener lindas relaciones, enamorarme cada vez como si fuera la única y la última, llorar un par de semanas o de meses o de años y después volver a empezar.
Me pinté las uñas con estrellitas plateadas.
Tengo un anillo de mariposa.
Voy a comer algo antes de dormir.
Dormí, leí, tomé sopa y vi de nuevo 'El último beso'. Me dejó llena de dudas. La vida entera es mucho tiempo y no sé si encontraré a alguien con quien compartir una pieza, una cama, una mañana todos los días.
No sé quién va a respetar ese espacio para salir corriendo, a leer un libro en un árbol, a no dormir para mirar la luna. Quién va a querer sentarse conmigo en silencio para siempre. Quién va a comprender que amo tener pena y reírme, y escuchar las mismas canciones un millón de veces aunque sé que son malas, y que mi filosofía cambia mucho porque nunca logro sentirme a gusto en un solo lugar. Quién va a querer caminar al lado mío, de la mano, cuando sea de noche y yo tenga un poco de miedo y no va a pensar que es absurdo que yo baile ballet en los paraderos de micro o que cante fuerte mientras voy al gimnasio. Quién va a disfrutar mis manías. Quién va a entender mi historia. Quién se va a quedar conmigo.
A veces pienso que nací para estar sola. Para tener lindas relaciones, enamorarme cada vez como si fuera la única y la última, llorar un par de semanas o de meses o de años y después volver a empezar.
Me pinté las uñas con estrellitas plateadas.
Tengo un anillo de mariposa.
Voy a comer algo antes de dormir.
miércoles, febrero 15, 2006
las callecitas de buenos aires
Catorce de febrero. Otra vez.
A las doce veinticinco aterrizó el avión en el aeropuerto de Santiago. Nos levantamos a las seis de la mañana y fuimos las primeras en la fila de Air France. Tomamos desayuno con mantequilla individual y café tibio.
Amé Argentina. Amé esa forma de vivir cada uno su vida sin detenerse a cada rato a criticar la vida de alguien más. Amé que la gente se saludara en la calle, que nadie me mirara si cantaba fuerte o me ponía a bailar. Amé las veredas llenas de personas caminando de noche, sin horas, los bares llenos y los restaurantes y los casinos.
Estuve con familiares que nos trataron como si de verdad me hubieran conocido de toda la vida, aunque apenas nos habíamos visto un par de veces. Anduvimos en lancha, fuimos a pasear en auto, en micro y a pie, tomamos helados que acá no existen y en Mar del Plata nos regalaron champaña con speed porque resultó que al barman le encantaban las chilenas.
Fueron doce días increíbles.
Hoy vuelvo con reflejos en el pelo, ropa nueva y un par de películas para llorar en un rato más de este día rosado envuelta en frazadas, sola, en mi cama.
Mi pieza está linda.
Casi terminada.
Falta un poco menos para el resto de mi vida.
A las doce veinticinco aterrizó el avión en el aeropuerto de Santiago. Nos levantamos a las seis de la mañana y fuimos las primeras en la fila de Air France. Tomamos desayuno con mantequilla individual y café tibio.
Amé Argentina. Amé esa forma de vivir cada uno su vida sin detenerse a cada rato a criticar la vida de alguien más. Amé que la gente se saludara en la calle, que nadie me mirara si cantaba fuerte o me ponía a bailar. Amé las veredas llenas de personas caminando de noche, sin horas, los bares llenos y los restaurantes y los casinos.
Estuve con familiares que nos trataron como si de verdad me hubieran conocido de toda la vida, aunque apenas nos habíamos visto un par de veces. Anduvimos en lancha, fuimos a pasear en auto, en micro y a pie, tomamos helados que acá no existen y en Mar del Plata nos regalaron champaña con speed porque resultó que al barman le encantaban las chilenas.
Fueron doce días increíbles.
Hoy vuelvo con reflejos en el pelo, ropa nueva y un par de películas para llorar en un rato más de este día rosado envuelta en frazadas, sola, en mi cama.
Mi pieza está linda.
Casi terminada.
Falta un poco menos para el resto de mi vida.
miércoles, febrero 08, 2006
lejos de casa
En Mar del Plata.
No pude resistir la tentación de postear desde un locutorio cerca del hotel al que acabamos de llegar hoy. Lo he pasado increíble. Decir que me he comprado la mitad de Buenos Aires no deja de ser un poco cierto, y eso que en general nunca sé mucho qué comprar. Pero tengo ropa linda y muchos regalos. Hemos conocido lugares preciosos. En las cinco horas que duró el bus hasta acá, vimos dos películas malas.
Me he acordado de cosas. De personas. De Claudio, un poco. De Sebastián. Y de mis amigos de cuando era chica y nos juntábamos a jugar básquetbol y a pasear por el Pueblito de los Dominicos. Con la Toña nos pasamos leyendo Cosmo y jugando verdad o consecuencia. Mi tía cocinó todo el tiempo en su casa sin carne, especialmente para mí. Hemos carretiado poco, aunque estos días de playa llevan carrete seguro.
Es divertido ser turista. Todos nos tratan bien y nos preguntan si somos felices. Hasta nos hicieron una encuesta de qué nos parecía Mar del Plata. Gané un poco en el casino y fuimos a tomar tecito. Le compré a un devoto de Krishna un libro, y me recordó a mi hermano. Me gusta estar lejos de todo. Disfruto el silencio, andar otra vez sin celular, desaparecer por las callecitas de Buenos Aires.
Tengo temas pendientes en Santiago, lo sé.
Todo a su tiempo.
Por ahora, miro al frente, al espejo, y me brillan los ojos porque tengo risa y estoy linda y amo toda la vida.
No pude resistir la tentación de postear desde un locutorio cerca del hotel al que acabamos de llegar hoy. Lo he pasado increíble. Decir que me he comprado la mitad de Buenos Aires no deja de ser un poco cierto, y eso que en general nunca sé mucho qué comprar. Pero tengo ropa linda y muchos regalos. Hemos conocido lugares preciosos. En las cinco horas que duró el bus hasta acá, vimos dos películas malas.
Me he acordado de cosas. De personas. De Claudio, un poco. De Sebastián. Y de mis amigos de cuando era chica y nos juntábamos a jugar básquetbol y a pasear por el Pueblito de los Dominicos. Con la Toña nos pasamos leyendo Cosmo y jugando verdad o consecuencia. Mi tía cocinó todo el tiempo en su casa sin carne, especialmente para mí. Hemos carretiado poco, aunque estos días de playa llevan carrete seguro.
Es divertido ser turista. Todos nos tratan bien y nos preguntan si somos felices. Hasta nos hicieron una encuesta de qué nos parecía Mar del Plata. Gané un poco en el casino y fuimos a tomar tecito. Le compré a un devoto de Krishna un libro, y me recordó a mi hermano. Me gusta estar lejos de todo. Disfruto el silencio, andar otra vez sin celular, desaparecer por las callecitas de Buenos Aires.
Tengo temas pendientes en Santiago, lo sé.
Todo a su tiempo.
Por ahora, miro al frente, al espejo, y me brillan los ojos porque tengo risa y estoy linda y amo toda la vida.
miércoles, febrero 01, 2006
me iré
A los trece, mi papá me llevó a Buenos Aires.
Hacía poco que se había ido de mi casa, y todavía hablábamos. Mi abuelita acababa de morir. Recorrí la ciudad desde temprano, alojando en un hotel a seis cuadras del obelisco, y una vez, mientras mi papá entraba a la catedral, gasté veinte dólares en un dibujo de la luna llena.
Me acuerdo de pocas cosas. De una casa abandonada que me encantó. De las montañas rusas en que no me atreví a subir. De la mañana de domingo de resurrección donde no tuve huevitos de chocolate pero sí escondí unos abajo de la almohada.
En un par de horas más me voy, esta vez con la Toña, a pasar en Buenos Aires doce días de verano. Me encantan los aviones, estoy esperando leer la Cosmo mientras vuelo arriba de la cordillera y ese minuto de despegue en que parece que el corazón subiera hasta la boca.
No creo que vaya a carretiar hasta cansarme, aunque quizá sí mientras estemos en Mar del Plata. No creo que vaya a besar a algún argentino, pero no prometo nada. Sí creo que hay mucho por descubrir y que, a pesar de que me voy con un par de temas pendientes, disfrutaré cada segundo en tierra argentina.
Amo viajar. Es mi sol en Sagitario. Amo esa sensación de no pertenecer del todo, de formar parte de un mundo alternativo al cotidiano, de vivir costumbres y lugares distintos a los míos.
No tendré internet.
Dejo mi blog y mi teclado por un ratito.
Hasta que vuelva, escribiré a mano.
Hacía poco que se había ido de mi casa, y todavía hablábamos. Mi abuelita acababa de morir. Recorrí la ciudad desde temprano, alojando en un hotel a seis cuadras del obelisco, y una vez, mientras mi papá entraba a la catedral, gasté veinte dólares en un dibujo de la luna llena.
Me acuerdo de pocas cosas. De una casa abandonada que me encantó. De las montañas rusas en que no me atreví a subir. De la mañana de domingo de resurrección donde no tuve huevitos de chocolate pero sí escondí unos abajo de la almohada.
En un par de horas más me voy, esta vez con la Toña, a pasar en Buenos Aires doce días de verano. Me encantan los aviones, estoy esperando leer la Cosmo mientras vuelo arriba de la cordillera y ese minuto de despegue en que parece que el corazón subiera hasta la boca.
No creo que vaya a carretiar hasta cansarme, aunque quizá sí mientras estemos en Mar del Plata. No creo que vaya a besar a algún argentino, pero no prometo nada. Sí creo que hay mucho por descubrir y que, a pesar de que me voy con un par de temas pendientes, disfrutaré cada segundo en tierra argentina.
Amo viajar. Es mi sol en Sagitario. Amo esa sensación de no pertenecer del todo, de formar parte de un mundo alternativo al cotidiano, de vivir costumbres y lugares distintos a los míos.
No tendré internet.
Dejo mi blog y mi teclado por un ratito.
Hasta que vuelva, escribiré a mano.
martes, enero 31, 2006
endless love
Acabo de tomar desayuno con Jose.
Nos juntamos en el mismo café donde lo conocí cuando salimos con Sebastián, hace meses. Esa vez, conversamos una hora y media sobre la Maca. La Maca es para Jose lo que Claudio es para mí, aunque en su vida a mayor escala, supongo. Es esa relación que uno siempre quiere que funcione porque está seguro que si funcionara, que si esta vez sí, ya no hay más que resolver. Es todo lo que falta en una vida casi plena.
Me gustó verlo feliz ahora. Me gustó que le brillaran los ojos porque hace un par de días ella apareció de nuevo e iluminó todo. Me gustó saber que hay personas como él. Que creen, que se la juegan, que filo con lo que diga el mundo.
Pasa que de repente siento, y le dije a Jose, que no sé si quiero estar con Claudio para volver a intentar o para cerrar el ciclo definitivamente. Porque es la historia abierta, es esa oportunidad final. Ese vamos que nunca fue. Pero quizás nunca sea. Me di cuenta ayer en la noche. A veces, uno no quiere comprometerse y eso es todo. Yo no puedo pasarme la vida esperando a que Claudio no tenga miedo, ni rabia, ni pena.
En este momento, estoy bien. Como mujer. Y quiero compartir lo que soy. Quiero mirar a alguien a los ojos y disfrutar cosas sencillas. Detalles. Tener secretos de a dos. Siempre me acuerdo cuando con Sebastián estábamos viendo 'The story of us', y mientras Bruce Willis con la Michelle Pfeiffer jugaban al colgado abajo de la mesa, riéndose de otra pareja, me dijo eso es amor. El amor es la complicidad. La confianza. Los segundos de magia y la magia de lo cotidiano.
Me encanta estar sola, es cierto.
Pero la vida en compañía siempre es un poco más dulce. Eso me lo enseñó Sebastián.
Hoy, ver a Jose me hizo recordarlo.
Nos juntamos en el mismo café donde lo conocí cuando salimos con Sebastián, hace meses. Esa vez, conversamos una hora y media sobre la Maca. La Maca es para Jose lo que Claudio es para mí, aunque en su vida a mayor escala, supongo. Es esa relación que uno siempre quiere que funcione porque está seguro que si funcionara, que si esta vez sí, ya no hay más que resolver. Es todo lo que falta en una vida casi plena.
Me gustó verlo feliz ahora. Me gustó que le brillaran los ojos porque hace un par de días ella apareció de nuevo e iluminó todo. Me gustó saber que hay personas como él. Que creen, que se la juegan, que filo con lo que diga el mundo.
Pasa que de repente siento, y le dije a Jose, que no sé si quiero estar con Claudio para volver a intentar o para cerrar el ciclo definitivamente. Porque es la historia abierta, es esa oportunidad final. Ese vamos que nunca fue. Pero quizás nunca sea. Me di cuenta ayer en la noche. A veces, uno no quiere comprometerse y eso es todo. Yo no puedo pasarme la vida esperando a que Claudio no tenga miedo, ni rabia, ni pena.
En este momento, estoy bien. Como mujer. Y quiero compartir lo que soy. Quiero mirar a alguien a los ojos y disfrutar cosas sencillas. Detalles. Tener secretos de a dos. Siempre me acuerdo cuando con Sebastián estábamos viendo 'The story of us', y mientras Bruce Willis con la Michelle Pfeiffer jugaban al colgado abajo de la mesa, riéndose de otra pareja, me dijo eso es amor. El amor es la complicidad. La confianza. Los segundos de magia y la magia de lo cotidiano.
Me encanta estar sola, es cierto.
Pero la vida en compañía siempre es un poco más dulce. Eso me lo enseñó Sebastián.
Hoy, ver a Jose me hizo recordarlo.
i need you tonight
Me acabo de comer cinco galletas de chocolate.
En la tarde fuimos con la Mili a ver 'La frontera', al ciclo de cine uc. Me encantó. Entramos gratis, además, porque llegamos temprano y aprovechamos de tomar una cocacola en dos vasos, en un café con mantelitos blancos y rojos.
En la micro de vuelta, compré un helado de agua, me senté al lado de la ventana y cerca de un tipo que se llamaba Michael y era muy simpático. Hace turismo aventura en Chiloé y tiene el pelo castaño hasta los hombros. Se bajó en Tobalaba con Lota, silbando la canción de Kill Bill.
No tengo ganas de carretiar. Hace tiempo.
Me duele un poco la cabeza.
En la tarde fuimos con la Mili a ver 'La frontera', al ciclo de cine uc. Me encantó. Entramos gratis, además, porque llegamos temprano y aprovechamos de tomar una cocacola en dos vasos, en un café con mantelitos blancos y rojos.
En la micro de vuelta, compré un helado de agua, me senté al lado de la ventana y cerca de un tipo que se llamaba Michael y era muy simpático. Hace turismo aventura en Chiloé y tiene el pelo castaño hasta los hombros. Se bajó en Tobalaba con Lota, silbando la canción de Kill Bill.
No tengo ganas de carretiar. Hace tiempo.
Me duele un poco la cabeza.
sábado, enero 28, 2006
reality bites
Ayer Dios me regaló un agua mineral con limón.
Antes de subirme al bus, crucé al supermercado frente al terminal a ver si encontraba una para comprar, yo y mis antojos, pero no. Me senté en el asiento veintinueve, ventana, y al lado mío un tipo parecido a un amigo leyendo 'las crónicas de narnia' con una dasani fría y cerrada. Que me ofrezca, que me ofrezca, que me ofrezca. ¿Quieres?. Nos vinimos conversando todo el resto del camino.
Fue una buena semana. Mi hermano y su familia viven en un lindo lugar. Todos los vecinos se conocen, y se prestan cosas, y se defienden. Mi hermano hace y vende pan integral. Es Hare Krsna. No toma, no fuma, no come carne. Canta mantras y prende inciensos. En su living, hay un altar con deidades de bronce. Mis sobrinos también cantan y bailan, y pelean un poco. Le enseñé a Radha, que tiene seis años, a jugar ajedrez y nos pasamos en eso tres o cuatro días. Vimos películas y ensayamos posturas de yoga que nunca pude hacer. Mi hermano es mi ejemplo de muchas cosas. Esfuerzo, trabajo, constancia. Jugársela. Creer. Amar.
Después, Algarrobo. Con la Toña dormimos mucho, conversamos de lo mismo de siempre aunque a veces un poco distinto. Tomamos sol. Comimos ensaladas, arroz, tallarines, cereales y leche condensada. Leímos Cosmo y las cartas. Estoy ya con el mazo de Madre Paz en mis manos y le compré un pañuelo morado muy lindo en la feria. También nadé y fui mar y el anillo de hilo de mi primera clase de tarot con la Siri se quedó en las olas o en la arena.
Hace una semana que no hablo con Claudio.
No tuve ganas de llamarlo, tampoco.
Lo que quiero es verlo.
Ahora.
Antes de subirme al bus, crucé al supermercado frente al terminal a ver si encontraba una para comprar, yo y mis antojos, pero no. Me senté en el asiento veintinueve, ventana, y al lado mío un tipo parecido a un amigo leyendo 'las crónicas de narnia' con una dasani fría y cerrada. Que me ofrezca, que me ofrezca, que me ofrezca. ¿Quieres?. Nos vinimos conversando todo el resto del camino.
Fue una buena semana. Mi hermano y su familia viven en un lindo lugar. Todos los vecinos se conocen, y se prestan cosas, y se defienden. Mi hermano hace y vende pan integral. Es Hare Krsna. No toma, no fuma, no come carne. Canta mantras y prende inciensos. En su living, hay un altar con deidades de bronce. Mis sobrinos también cantan y bailan, y pelean un poco. Le enseñé a Radha, que tiene seis años, a jugar ajedrez y nos pasamos en eso tres o cuatro días. Vimos películas y ensayamos posturas de yoga que nunca pude hacer. Mi hermano es mi ejemplo de muchas cosas. Esfuerzo, trabajo, constancia. Jugársela. Creer. Amar.
Después, Algarrobo. Con la Toña dormimos mucho, conversamos de lo mismo de siempre aunque a veces un poco distinto. Tomamos sol. Comimos ensaladas, arroz, tallarines, cereales y leche condensada. Leímos Cosmo y las cartas. Estoy ya con el mazo de Madre Paz en mis manos y le compré un pañuelo morado muy lindo en la feria. También nadé y fui mar y el anillo de hilo de mi primera clase de tarot con la Siri se quedó en las olas o en la arena.
Hace una semana que no hablo con Claudio.
No tuve ganas de llamarlo, tampoco.
Lo que quiero es verlo.
Ahora.
sábado, enero 21, 2006
cómo sería
Kuchen de nuez y chocolate caliente.
Mañana me voy a Viña. Pasaré unos días en la casa de mi hermano y después parto a Algarrobo. No sé hasta cuándo. Hasta que sepa que alguien me espera en Santiago, supongo. Aunque quizás vuelva antes.
Tengo un poco de pena. Ando toda nostálgica con esto de los aniversarios. Que hace dos años, que podría haber sido distinto, que quizá serían dos años juntos. Pero no. Las cosas fueron lo que debían, y nada fue un error, como dice la canción esa que canto siempre camino al gimnasio. Igual hay momentos que echo de menos. Claudio en la playa con una flor, hablar frente al lago hasta la madrugada, la música de fondo perfecta y sorpresas, mil sorpresas.
Es cierto que tenía miedo. Que hasta entonces mis relaciones siempre habían sido a medias, y bien lloradas, con la tendencia irreversible de terminar porque me aburría de inventar cariño. Pero, independiente de todo, quise creer. Y creí.
Hoy, con la angustia amontonada en la garganta, escribo que ha pasado de todo, que ha pasado una vida, pero que sigo creyendo.
Quiero un abrazo y mil besos.
A ver si frente al mar te echo menos de menos.
Mañana me voy a Viña. Pasaré unos días en la casa de mi hermano y después parto a Algarrobo. No sé hasta cuándo. Hasta que sepa que alguien me espera en Santiago, supongo. Aunque quizás vuelva antes.
Tengo un poco de pena. Ando toda nostálgica con esto de los aniversarios. Que hace dos años, que podría haber sido distinto, que quizá serían dos años juntos. Pero no. Las cosas fueron lo que debían, y nada fue un error, como dice la canción esa que canto siempre camino al gimnasio. Igual hay momentos que echo de menos. Claudio en la playa con una flor, hablar frente al lago hasta la madrugada, la música de fondo perfecta y sorpresas, mil sorpresas.
Es cierto que tenía miedo. Que hasta entonces mis relaciones siempre habían sido a medias, y bien lloradas, con la tendencia irreversible de terminar porque me aburría de inventar cariño. Pero, independiente de todo, quise creer. Y creí.
Hoy, con la angustia amontonada en la garganta, escribo que ha pasado de todo, que ha pasado una vida, pero que sigo creyendo.
Quiero un abrazo y mil besos.
A ver si frente al mar te echo menos de menos.
viernes, enero 20, 2006
el universo sobre mí
Hoy la Almendra cumple un año.
Cuando recién nació, se llamaba Matilda. Sus papás se conocieron en un programa de tele, y al mes y medio de pololeo, ella quedó embarazada. Viven juntos y aunque a veces nada les resulta y les falta un poco de todo, pañales, comida, ropa, siguen avanzando, estudiando, trabajando.
Hubo un tiempo en que los iba a visitar siempre. Por algún motivo, podría decir Starbucks que no sería del todo mentira, pero tampoco del todo cierto, ya no fui más. Me queda un poco lejos, siempre estoy corriendo, y se me olvida que lo importante no es cumplir con responsabilidades ajenas sino hacer lo que de verdad quiero, lo que de verdad me gusta y recordar que en algún momento casi fui la madrina de una niñita preciosa que tiene los ojos grandes y se ríe mucho.
Ayer me llamaron para invitarme a su cumpleaños, mañana. Me dio pena acordarme de cosas. Ya han pasado dos veranos desde que los conocí, y a Claudio, y pasó de todo en mi vida. No sé si soy o no una mejor persona. No sé si tengo mucho más que entregar. No sé si camino siempre recto y sin tropiezos.
Pero sí sé que soy yo.
Y es una certeza que nunca tuve antes.
Cuando recién nació, se llamaba Matilda. Sus papás se conocieron en un programa de tele, y al mes y medio de pololeo, ella quedó embarazada. Viven juntos y aunque a veces nada les resulta y les falta un poco de todo, pañales, comida, ropa, siguen avanzando, estudiando, trabajando.
Hubo un tiempo en que los iba a visitar siempre. Por algún motivo, podría decir Starbucks que no sería del todo mentira, pero tampoco del todo cierto, ya no fui más. Me queda un poco lejos, siempre estoy corriendo, y se me olvida que lo importante no es cumplir con responsabilidades ajenas sino hacer lo que de verdad quiero, lo que de verdad me gusta y recordar que en algún momento casi fui la madrina de una niñita preciosa que tiene los ojos grandes y se ríe mucho.
Ayer me llamaron para invitarme a su cumpleaños, mañana. Me dio pena acordarme de cosas. Ya han pasado dos veranos desde que los conocí, y a Claudio, y pasó de todo en mi vida. No sé si soy o no una mejor persona. No sé si tengo mucho más que entregar. No sé si camino siempre recto y sin tropiezos.
Pero sí sé que soy yo.
Y es una certeza que nunca tuve antes.
jueves, enero 19, 2006
pisando fuerte
Quiero ser mamá.
Vengo llegando de la casa de la Siri. Primero cuidé a sus niñitas, mis amigas, mientras ella llevaba a su marido al terminal, y después conversamos horas tomando té verde y comiendo galletas integrales.
Me di cuenta de las ganas que tengo de formar mi propia familia. Cuando era chica siempre decía que no me interesaba. Que dedicaría mi vida a trabajar y quizá a algún romance furtivo pero niños, no por favor, gracias. Ahora es al revés. Filo con mis horarios de periodista y mis aventuras absurdas. Quiero estar en una relación donde no asuste proyectarse, donde hablar de hijos no sea el típico tema utópico para la hora de almuerzo, sino algo concreto, que algún día va a pasar.
No quiero una pareja para jugar a querernos. No tengo ganas de promocionarme como la mina sin ataduras. No necesito más teléfonos, ni promesas, ni invitaciones. No me basta con probar y pensar que más adelante puede ser en serio.
Siento que he tenido suficientes relaciones pendejas.
Quiero compartir mi vida.
Eso es todo.
Vengo llegando de la casa de la Siri. Primero cuidé a sus niñitas, mis amigas, mientras ella llevaba a su marido al terminal, y después conversamos horas tomando té verde y comiendo galletas integrales.
Me di cuenta de las ganas que tengo de formar mi propia familia. Cuando era chica siempre decía que no me interesaba. Que dedicaría mi vida a trabajar y quizá a algún romance furtivo pero niños, no por favor, gracias. Ahora es al revés. Filo con mis horarios de periodista y mis aventuras absurdas. Quiero estar en una relación donde no asuste proyectarse, donde hablar de hijos no sea el típico tema utópico para la hora de almuerzo, sino algo concreto, que algún día va a pasar.
No quiero una pareja para jugar a querernos. No tengo ganas de promocionarme como la mina sin ataduras. No necesito más teléfonos, ni promesas, ni invitaciones. No me basta con probar y pensar que más adelante puede ser en serio.
Siento que he tenido suficientes relaciones pendejas.
Quiero compartir mi vida.
Eso es todo.
miércoles, enero 18, 2006
despídete
Me pinté las uñas rosadas y me siento como una barbie.
Le acabamos de hacer una despedida sorpresa a la Fran en la casa de la Toña. Fue bacán verla llegar sin saber nada. Casi no resulta porque se encontró con la gente Starbucks en la puerta, pero salieron corriendo antes de que los viera y resultó igual.
Hablé con Claudio por msn y quiero que esté en Santiago, la Toña me leyó el tarot otra vez, me compré una agenda, fui al gimnasio y aunque esperé micro más de media hora porque venir a La Dehesa desde mi casa es un viaje, me entretuve cantando canciones antiguas y después de bajarme caminé feliz porque acá los grillos se escuchan desde todas partes.
El globo que le regalé a la Toña se está desinflando.
Comí muchas ramitas y galletas con chocolate.
Envidio a la Fran.
Quiero ir a Europa.
Le acabamos de hacer una despedida sorpresa a la Fran en la casa de la Toña. Fue bacán verla llegar sin saber nada. Casi no resulta porque se encontró con la gente Starbucks en la puerta, pero salieron corriendo antes de que los viera y resultó igual.
Hablé con Claudio por msn y quiero que esté en Santiago, la Toña me leyó el tarot otra vez, me compré una agenda, fui al gimnasio y aunque esperé micro más de media hora porque venir a La Dehesa desde mi casa es un viaje, me entretuve cantando canciones antiguas y después de bajarme caminé feliz porque acá los grillos se escuchan desde todas partes.
El globo que le regalé a la Toña se está desinflando.
Comí muchas ramitas y galletas con chocolate.
Envidio a la Fran.
Quiero ir a Europa.
martes, enero 17, 2006
rayando el sol
Hace calor.
Acabo de caminar media hora al sol por segunda vez hoy, y aunque pasé corriendo entre los regadores de la plaza en Tobalaba, siento que me arde la cara. Tomo un vaso de café con leche y escucho Miranda.
Después de pelear dos semanas, logré que me entregaran mi finiquito y la plata de los seis días de vacaciones que no alcancé a tomar.
No volvería a Starbucks. Más que un trabajo de treinta horas a la semana con sueldo fijo, fue una experiencia. Un ciclo que recién pude cerrar, un año tres meses después de haber entrado por primera vez como barista a Parque Arauco.
En marzo, el cambio que me anuncia el tarot.
La Emperatriz y Artemisa me estarán guiando.
Sé que ya no me volveré a perder.
Acabo de caminar media hora al sol por segunda vez hoy, y aunque pasé corriendo entre los regadores de la plaza en Tobalaba, siento que me arde la cara. Tomo un vaso de café con leche y escucho Miranda.
Después de pelear dos semanas, logré que me entregaran mi finiquito y la plata de los seis días de vacaciones que no alcancé a tomar.
No volvería a Starbucks. Más que un trabajo de treinta horas a la semana con sueldo fijo, fue una experiencia. Un ciclo que recién pude cerrar, un año tres meses después de haber entrado por primera vez como barista a Parque Arauco.
En marzo, el cambio que me anuncia el tarot.
La Emperatriz y Artemisa me estarán guiando.
Sé que ya no me volveré a perder.
lucha de gigantes
Pasé la tarde arreglando el mundo.
A las doce y media me junté en la universidad con Alexis y la Carla para terminar de ver las platas de nuestra candidatura frustrada. Estaba también César en reunión del Mosaico y nos fuimos los cuatro a almorzar a Tenderini, al Tarragona. Me comí una ensalada y tomé bebida. Ellos, papas fritas y un pitcher.
Hablamos de la vida. De las diferencias de la educación en los distintos sectores, de los problemas y los buenos programas de salud, de economía aunque me eché el ramo así que casi no opiné, de amor, sexo, hijos, pareja, de la tolerancia, la libertad de expresión, la diversidad. Hablamos de Bachelet, de los ministros de Lagos, de Piñera y Hirsch y Lavín. Hablamos de la corrupción, de los valores, de Estados Unidos, Israel, Perú y Bolivia. Hablamos de la homosexualidad, de la fidelidad, del SIDA y el condón.
A las seis y media nos pusimos de pie y en la esquina nos separamos. Yo seguí con César hasta Plaza Italia. Tomé la doscientos veintiséis y me bajé en la esquina de mi casa.
Me compré una pulsera de cobre.
El señor que me la vendió dijo que tendría muchos novios.
Igual me basta con uno.
A las doce y media me junté en la universidad con Alexis y la Carla para terminar de ver las platas de nuestra candidatura frustrada. Estaba también César en reunión del Mosaico y nos fuimos los cuatro a almorzar a Tenderini, al Tarragona. Me comí una ensalada y tomé bebida. Ellos, papas fritas y un pitcher.
Hablamos de la vida. De las diferencias de la educación en los distintos sectores, de los problemas y los buenos programas de salud, de economía aunque me eché el ramo así que casi no opiné, de amor, sexo, hijos, pareja, de la tolerancia, la libertad de expresión, la diversidad. Hablamos de Bachelet, de los ministros de Lagos, de Piñera y Hirsch y Lavín. Hablamos de la corrupción, de los valores, de Estados Unidos, Israel, Perú y Bolivia. Hablamos de la homosexualidad, de la fidelidad, del SIDA y el condón.
A las seis y media nos pusimos de pie y en la esquina nos separamos. Yo seguí con César hasta Plaza Italia. Tomé la doscientos veintiséis y me bajé en la esquina de mi casa.
Me compré una pulsera de cobre.
El señor que me la vendió dijo que tendría muchos novios.
Igual me basta con uno.
domingo, enero 15, 2006
suspiscious minds
Pulgar azul. Botella de agua vacía. Diez minutos de espera. Derecho ejercido.
Anoche tuvimos miedo. De repente, en el baño aparecieron dos peinetas y una cajita con maquillaje que no eran de nadie. Entonces, obvio, alguien entró mientras estábamos todos en la terraza aprendiendo a bailar árabe con la Mili de profesora y salió corriendo cuando nos escuchó volver.
Ahora, de día, suena medio absurdo. Pero cuando está oscuro los ruidos son fantasmas y las sombras asesinos en serie escondidos que esperan a que estemos durmiendo. Al final, mi tío había encontrado el maquillaje y las peinetas en un bolso que le prestaron. Punto.
Pero hasta las seis de la mañana, que logré acostarme en el suelo del living envuelta en frazadas y cerrar los ojos con la luz prendida, habíamos tenido visitas. Una mujer sin casa, prostituta arreglándose antes de trabajar, travesti de uñas largas porque el rouge tenía marcas, psicópata encerrada en mi clóset o abajo de la cama.
La Toña siempre dice que me cuesta distinguir la fantasía y lo real.
Anoche fue un ratito, solamente.
Hoy me acompañan mil mariposas.
No dudo que son de verdad.
Anoche tuvimos miedo. De repente, en el baño aparecieron dos peinetas y una cajita con maquillaje que no eran de nadie. Entonces, obvio, alguien entró mientras estábamos todos en la terraza aprendiendo a bailar árabe con la Mili de profesora y salió corriendo cuando nos escuchó volver.
Ahora, de día, suena medio absurdo. Pero cuando está oscuro los ruidos son fantasmas y las sombras asesinos en serie escondidos que esperan a que estemos durmiendo. Al final, mi tío había encontrado el maquillaje y las peinetas en un bolso que le prestaron. Punto.
Pero hasta las seis de la mañana, que logré acostarme en el suelo del living envuelta en frazadas y cerrar los ojos con la luz prendida, habíamos tenido visitas. Una mujer sin casa, prostituta arreglándose antes de trabajar, travesti de uñas largas porque el rouge tenía marcas, psicópata encerrada en mi clóset o abajo de la cama.
La Toña siempre dice que me cuesta distinguir la fantasía y lo real.
Anoche fue un ratito, solamente.
Hoy me acompañan mil mariposas.
No dudo que son de verdad.
sábado, enero 14, 2006
crash and burn
Me río sola.
Dormí hasta las dos de la tarde, llegó un tío de Argentina y tuvimos almuerzo familiar sin peleas ni rollos, aunque en un momento triste porque murió un amigo de mi tata, claro que a mí no me dio pena pero sí a quienes lo conocían bien. Me vestí con una falda con flores, polera blanca y aros rosados largos.
Ahora que terminé de trabajar, siento que mi verano empezó. Puedo hacer nada todo el día. El jueves fui con la Toña al cierre de campaña de Piñera a la Plaza Victoria en Valparaiso y fue excelente. Creo que a los artistas nacionales se les debe valorar. Cuando me preguntaron para Canal 13 a quién prefería, me quedé con Adrián. Obvio.
Amo Valparaiso. Es el lugar más lindo del mundo. Los cerros y las casas de colores, la poesía de Neruda escrita en las calles, cumbias en las tiendas del centro, la catedral, las fuentes, los ascensores. Pero sobre todo esa sensación de estar en un lugar que es mío. Quizás porque ahí desembarqué en una vida pasada.
Quiero que sea Febrero para irme a Buenos Aires. También reservamos un hotel 'dos estrellas superior' en Mar del Plata. Es la realidad de nuestro presupuesto. Y se viene.
Este año será mi año. Hoy aprendí lo que era una carta Gantz y tengo lista la mía.
Trabajo y departamento.
Un minor en cine documental.
Y antes, el abismo. Con buenas canciones de fondo.
Dormí hasta las dos de la tarde, llegó un tío de Argentina y tuvimos almuerzo familiar sin peleas ni rollos, aunque en un momento triste porque murió un amigo de mi tata, claro que a mí no me dio pena pero sí a quienes lo conocían bien. Me vestí con una falda con flores, polera blanca y aros rosados largos.
Ahora que terminé de trabajar, siento que mi verano empezó. Puedo hacer nada todo el día. El jueves fui con la Toña al cierre de campaña de Piñera a la Plaza Victoria en Valparaiso y fue excelente. Creo que a los artistas nacionales se les debe valorar. Cuando me preguntaron para Canal 13 a quién prefería, me quedé con Adrián. Obvio.
Amo Valparaiso. Es el lugar más lindo del mundo. Los cerros y las casas de colores, la poesía de Neruda escrita en las calles, cumbias en las tiendas del centro, la catedral, las fuentes, los ascensores. Pero sobre todo esa sensación de estar en un lugar que es mío. Quizás porque ahí desembarqué en una vida pasada.
Quiero que sea Febrero para irme a Buenos Aires. También reservamos un hotel 'dos estrellas superior' en Mar del Plata. Es la realidad de nuestro presupuesto. Y se viene.
Este año será mi año. Hoy aprendí lo que era una carta Gantz y tengo lista la mía.
Trabajo y departamento.
Un minor en cine documental.
Y antes, el abismo. Con buenas canciones de fondo.
jueves, enero 12, 2006
una noche más
Canciones de Alejandro Sanz. Obvio.
La Toña me acaba de leer el tarot y me habló de los miedos. Cómo enfrentar todo y no paralizarme ni terminar cayendo en tonteras. Esta vez no es cualquier vez. No hay más oportunidades si es que no atino y no lo vivo y no me entrego.
Esa tendencia absurda de cuestionarlo todo y pensarlo mil horas y saber que en el fondo siempre he sabido lo que me pasa. El no seguir mi intuición y no escuchar mis instintos medio dormidos. Siempre frenar cuando por fin estoy acelerando.
Esta vez me lanzo al vacío.
Sólo así aprenderé a volar.
La Toña me acaba de leer el tarot y me habló de los miedos. Cómo enfrentar todo y no paralizarme ni terminar cayendo en tonteras. Esta vez no es cualquier vez. No hay más oportunidades si es que no atino y no lo vivo y no me entrego.
Esa tendencia absurda de cuestionarlo todo y pensarlo mil horas y saber que en el fondo siempre he sabido lo que me pasa. El no seguir mi intuición y no escuchar mis instintos medio dormidos. Siempre frenar cuando por fin estoy acelerando.
Esta vez me lanzo al vacío.
Sólo así aprenderé a volar.
miércoles, enero 11, 2006
girls just wanna have fun
Tres veintinueve de la mañana. Silla de mimbre. Uñas pintadas ayer.
Fuimos a bailar con la Toña y la Fran a Salamurano, estaba llenísimo y hacía un calor horrible, pero lo pasamos muy bien. Amo el reggaeton, es uno de mis placeres y cero culpable.
Mientras venía camino a la casa de la Toña, se sentó al lado mío en la micro un heladero. Conversamos de la vida. Me dio su teléfono y me dijo que lo llamara para carretiar. Se llama Claudio.
Antes de salir vimos el reality del trece, segundo capítulo. Excelente casting. Me encanta como cada persona se convierte en personaje. Aplausos a Nico.
La tele es todo un tema. En general no veo nada, debiera ser fanática seguidora fiel de las noticias de todos los canales pero no lo soy. Sí tengo una afición media obsesiva por ciertos programas. Géneros realities y teleseries son lejos los mejores, aunque no todos. De los recientes, no vi ninguno porque siempre me tocaba Starbucks a esas horas.
No alcanzo a comprender la magnitud de una pantalla. Mil personas que la prenden por compañía, para no sentirse solas. El ruido constante, o ni siquiera, a veces sólo la imagen que se mueve y cambia de colores. Es cierto, salió en la tele. Lo dijeron en las noticias. En el reportaje ése de denuncia.
Yo creo poco en general. Mientras la cámara esté en on, todo puede ser un show. Corten. Se imprime. Repitamos esa última línea una última vez. Y que sea espontáneo, por favor.
Me encanta salir con mis amigas.
Siempre prefiero bailar con ellas.
Fuimos a bailar con la Toña y la Fran a Salamurano, estaba llenísimo y hacía un calor horrible, pero lo pasamos muy bien. Amo el reggaeton, es uno de mis placeres y cero culpable.
Mientras venía camino a la casa de la Toña, se sentó al lado mío en la micro un heladero. Conversamos de la vida. Me dio su teléfono y me dijo que lo llamara para carretiar. Se llama Claudio.
Antes de salir vimos el reality del trece, segundo capítulo. Excelente casting. Me encanta como cada persona se convierte en personaje. Aplausos a Nico.
La tele es todo un tema. En general no veo nada, debiera ser fanática seguidora fiel de las noticias de todos los canales pero no lo soy. Sí tengo una afición media obsesiva por ciertos programas. Géneros realities y teleseries son lejos los mejores, aunque no todos. De los recientes, no vi ninguno porque siempre me tocaba Starbucks a esas horas.
No alcanzo a comprender la magnitud de una pantalla. Mil personas que la prenden por compañía, para no sentirse solas. El ruido constante, o ni siquiera, a veces sólo la imagen que se mueve y cambia de colores. Es cierto, salió en la tele. Lo dijeron en las noticias. En el reportaje ése de denuncia.
Yo creo poco en general. Mientras la cámara esté en on, todo puede ser un show. Corten. Se imprime. Repitamos esa última línea una última vez. Y que sea espontáneo, por favor.
Me encanta salir con mis amigas.
Siempre prefiero bailar con ellas.
martes, enero 10, 2006
joyride
Vengo llegando del Bravissimo, fuimos a tomar helados con la Toña y la Fran y lo pasé increíble.
Es de esos días en que todo estuvo bien, desde que desperté, y eso que desperté antes de las ocho. Pasé mi mañana de trabajo en Parque Arauco leyendo y dibujando mientras los niños y la Chica pedían colaboraciones para desayunos. Llamé a Claudio. Fui al gimnasio. Tomé sol. Comí sentada en la terraza con mi tío y vi el reality nuevo del trece, aunque no entero porque me pasaron a buscar. Canté a gritos caminando por Tobalaba y saludé a toda la gente simpática que sonreía. Tomé café con leche y comí pan tostado con mantequilla. Me duché casi una hora y pasé media hora más bañándome en cremas y colonias.
Los días que brillan, como hoy, hacen que tenga ganas de levantarme otra vez mañana.
Doce de la noche.
Me voy a acostar.
Es de esos días en que todo estuvo bien, desde que desperté, y eso que desperté antes de las ocho. Pasé mi mañana de trabajo en Parque Arauco leyendo y dibujando mientras los niños y la Chica pedían colaboraciones para desayunos. Llamé a Claudio. Fui al gimnasio. Tomé sol. Comí sentada en la terraza con mi tío y vi el reality nuevo del trece, aunque no entero porque me pasaron a buscar. Canté a gritos caminando por Tobalaba y saludé a toda la gente simpática que sonreía. Tomé café con leche y comí pan tostado con mantequilla. Me duché casi una hora y pasé media hora más bañándome en cremas y colonias.
Los días que brillan, como hoy, hacen que tenga ganas de levantarme otra vez mañana.
Doce de la noche.
Me voy a acostar.
lunes, enero 09, 2006
living on a prayer
La vida es un momento. Un eterno ahora.
Hoy siento que todo tiene sentido. Fui a misa a La Anunciación con mi tío Pato, y aunque no le gustó que las canciones tuvieran aplausos y el Padre Nuestro se rezara todos de la mano, creo que fue una buena experiencia para él, tan acostumbrado a las tradiciones y lo ortodoxo.
Para mí, fue otra vez un pedacito de cielo. Amo esa parroquia. La prédica se trató de las estrellas. Qué me guía, qué tengo en mi pared, qué miro cuando tengo pena o estoy contenta o me pasa algo.
Mi pieza es un montón de colores y recuerdos, fotos, historias, poesías, oraciones, cartas. En mi pieza Piñera está al lado de Hirsch y de Jesús, de las flores que corté en el sur, de los gorros que usé en trabajos, de la barbie que me regalaron a los quince. En mi pieza, con fondo verde limón, cuelga una piñata roja de corazón con vuelitos, tarjetas de cumpleaños, guantes de lana de mi viaje de estudios, Krishna, la Virgen María, un gorro plateado de cuando Claudio cumplió veintiuno, mi morral, mis pinches, una vela que logré clavar, un cuadro que me regaló la Chica. También aparece Benedetti en mi clóset, al lado de la canción que cantábamos antes y después de yoga, rodeado de citas de todo el mundo y algunas anónimas. Y en mis cajones, por partes, A Margarita de Rubén Darío. Está por ahí mi delantal de Starbucks, la guitarra que nunca aprendí a tocar, mis pasajes a Uruguay, una bufanda de plumas negras, la liga y el collar de perlas plásticas que usé para mi carrete cabaret, la máscara del Father and Daughter, el dibujo que me hizo Eduardo y el hada pintada en vidrio que me regaló mi hermana.
Hay más cosas, es cierto. Un atril con la revista del cable, un altar con espejos y bailarinas y angelitos, millones de fotos, collares, qué sé yo. Cuando Sebastián entró a mi pieza la primera vez se paseó en silencio, mirando. Y después me miró a mí, sentada en el sillón frente a la tele. Acá estás tú. No me dijo nada más.
Mi pieza se ha convertido en mi espejo. Es el recuento de todo lo que me ha pasado desde que un día, hace más de un año y con mi primer sueldo en Starbucks, compré pintura y brochas y un cubrecama con rayas, cojines de colores y tul fucsia para hacer cortinas. Casi no me queda espacio. Cuando la termine, sabré que es momento de irme.
Mi pieza es mi mundo. Un montón de mí que me rodea siempre.
Suelo de madera y techo blanco.
Un reloj que no deja de marcar las siete.
Estrellitas que brillan cuando apago la luz.
Hoy siento que todo tiene sentido. Fui a misa a La Anunciación con mi tío Pato, y aunque no le gustó que las canciones tuvieran aplausos y el Padre Nuestro se rezara todos de la mano, creo que fue una buena experiencia para él, tan acostumbrado a las tradiciones y lo ortodoxo.
Para mí, fue otra vez un pedacito de cielo. Amo esa parroquia. La prédica se trató de las estrellas. Qué me guía, qué tengo en mi pared, qué miro cuando tengo pena o estoy contenta o me pasa algo.
Mi pieza es un montón de colores y recuerdos, fotos, historias, poesías, oraciones, cartas. En mi pieza Piñera está al lado de Hirsch y de Jesús, de las flores que corté en el sur, de los gorros que usé en trabajos, de la barbie que me regalaron a los quince. En mi pieza, con fondo verde limón, cuelga una piñata roja de corazón con vuelitos, tarjetas de cumpleaños, guantes de lana de mi viaje de estudios, Krishna, la Virgen María, un gorro plateado de cuando Claudio cumplió veintiuno, mi morral, mis pinches, una vela que logré clavar, un cuadro que me regaló la Chica. También aparece Benedetti en mi clóset, al lado de la canción que cantábamos antes y después de yoga, rodeado de citas de todo el mundo y algunas anónimas. Y en mis cajones, por partes, A Margarita de Rubén Darío. Está por ahí mi delantal de Starbucks, la guitarra que nunca aprendí a tocar, mis pasajes a Uruguay, una bufanda de plumas negras, la liga y el collar de perlas plásticas que usé para mi carrete cabaret, la máscara del Father and Daughter, el dibujo que me hizo Eduardo y el hada pintada en vidrio que me regaló mi hermana.
Hay más cosas, es cierto. Un atril con la revista del cable, un altar con espejos y bailarinas y angelitos, millones de fotos, collares, qué sé yo. Cuando Sebastián entró a mi pieza la primera vez se paseó en silencio, mirando. Y después me miró a mí, sentada en el sillón frente a la tele. Acá estás tú. No me dijo nada más.
Mi pieza se ha convertido en mi espejo. Es el recuento de todo lo que me ha pasado desde que un día, hace más de un año y con mi primer sueldo en Starbucks, compré pintura y brochas y un cubrecama con rayas, cojines de colores y tul fucsia para hacer cortinas. Casi no me queda espacio. Cuando la termine, sabré que es momento de irme.
Mi pieza es mi mundo. Un montón de mí que me rodea siempre.
Suelo de madera y techo blanco.
Un reloj que no deja de marcar las siete.
Estrellitas que brillan cuando apago la luz.
domingo, enero 08, 2006
spending my time
Odio los malls.
Ayer pasé once horas en Parque Arauco, a cargo del stand de una tía que busca conseguir dinero para ayudar a personas con problemas de alcohol y drogas. Salí a las nueve de la noche con ese frío de aire acondicionado que parece que no se va a pasar nunca y los ojos acostumbrados a la luz de mentira.
No puedo dejar de pensar en la gente que trabaja así todos los días. Que nunca saben si afuera hace frío o calor, si llueve, si hay muchos o pocos autos en la calle. Es el encierro que exigen quienes a las diez de la mañana ya están cargados de las primeras bolsas de compras, serios, apurados, mirando relojes y contando monedas, llevan a sus niños a comer cajitas felices y esperan en filas de media hora para una hamburguesa con queso de plástico.
También lo hago, es cierto. Mucho menos desde que a los diecisiete trabajé por primera vez en el Alto las Condes y odié acostumbrarme a que revisaran los bolsos de todas las promotoras al salir para comprobar que no hubiéramos robado nada, pero lo hago.
Pasear por el mall.
Trabajar en el mall.
Pasear es un trabajo.
Ayer pasé once horas en Parque Arauco, a cargo del stand de una tía que busca conseguir dinero para ayudar a personas con problemas de alcohol y drogas. Salí a las nueve de la noche con ese frío de aire acondicionado que parece que no se va a pasar nunca y los ojos acostumbrados a la luz de mentira.
No puedo dejar de pensar en la gente que trabaja así todos los días. Que nunca saben si afuera hace frío o calor, si llueve, si hay muchos o pocos autos en la calle. Es el encierro que exigen quienes a las diez de la mañana ya están cargados de las primeras bolsas de compras, serios, apurados, mirando relojes y contando monedas, llevan a sus niños a comer cajitas felices y esperan en filas de media hora para una hamburguesa con queso de plástico.
También lo hago, es cierto. Mucho menos desde que a los diecisiete trabajé por primera vez en el Alto las Condes y odié acostumbrarme a que revisaran los bolsos de todas las promotoras al salir para comprobar que no hubiéramos robado nada, pero lo hago.
Pasear por el mall.
Trabajar en el mall.
Pasear es un trabajo.
sábado, enero 07, 2006
come what may
Ayer hablé con Claudio.
Por messenger eso sí, que jamás será lo mismo ni parecido que una conversación en persona, de frente, mirándose a los ojos. Me acuerdo que antes, hace dos años o uno incluso, me escapaba cuando podía de hablar y me dedicaba a escribir. Cartas, cuadernos, lo que fuera con tal de no sentir ese dolor de guata con mariposas que me viene a veces cuando los temas son demasiado importantes.
Pero ya no. Al revés. Ahora escribo para mí. Cuando digo algo, prefiero la cercanía. Saber que las palabras no bastan y que, al contrario, por lo general sobran.
No sé a dónde iremos, o si iremos hacia alguna parte.
No me preocupa tampoco.
Por ahora, paciencia.
Y un plato de cereales con leche antes de ir a trabajar.
Por messenger eso sí, que jamás será lo mismo ni parecido que una conversación en persona, de frente, mirándose a los ojos. Me acuerdo que antes, hace dos años o uno incluso, me escapaba cuando podía de hablar y me dedicaba a escribir. Cartas, cuadernos, lo que fuera con tal de no sentir ese dolor de guata con mariposas que me viene a veces cuando los temas son demasiado importantes.
Pero ya no. Al revés. Ahora escribo para mí. Cuando digo algo, prefiero la cercanía. Saber que las palabras no bastan y que, al contrario, por lo general sobran.
No sé a dónde iremos, o si iremos hacia alguna parte.
No me preocupa tampoco.
Por ahora, paciencia.
Y un plato de cereales con leche antes de ir a trabajar.
Este texto es parte del fabuloso destino de
carolita
y fue publicado a las
14:05
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jueves, enero 05, 2006
cumpleaños feliz
Hace veintidós minutos mi mejor amiga acaba de cumplir veintidós años.
Nos conocimos en el colegio. Nunca nos caimos muy bien, hasta que en séptimo básico la Anita Montero hizo llorar a la Toña y la Fran y yo nos sentamos en un banco de madera a consolarla. Tampoco nos caíamos muy bien entonces. Pero fue el día en que empezamos a salir juntas.
Ahora estamos las tres sentadas en la pieza de la Toña. Ha pasado de todo un poco. Vacaciones de verano en silencio, viajes a Algarrobo con los Backstreet Boys fuerte en la radio, ese bus al sur que nunca hubiera podido tomar sola, pésimas decisiones y llanto después, chocolates, películas malas, amaretto sour, la Tú y la Cosmo y miles de atardeceres pidiendo deseos en la playa.
La Toña es a la primera persona que llamo cuando me duele la guata y tengo pena y no sé qué hacer ni a dónde voy, pero también cuando estoy contenta, cuando tengo entradas o comidas o carretes. La Toña es la que llega corriendo apenas alguien termina conmigo y yo me ahogo llorando, la que sabe que soy inconstante y pendeja, que no me doy cuenta de nada, que todo lo exagero.
La Toña es mi mejor amiga desde los trece.
Once meses mayor que yo, capricornio, alta, morena, rulienta, sencilla, mal genio, sincera, correcta pero impulsiva en el fondo, ordenada, intuitiva, mañosa, de cumpleaños.
Me están esperando. Tenemos que celebrar.
Nos conocimos en el colegio. Nunca nos caimos muy bien, hasta que en séptimo básico la Anita Montero hizo llorar a la Toña y la Fran y yo nos sentamos en un banco de madera a consolarla. Tampoco nos caíamos muy bien entonces. Pero fue el día en que empezamos a salir juntas.
Ahora estamos las tres sentadas en la pieza de la Toña. Ha pasado de todo un poco. Vacaciones de verano en silencio, viajes a Algarrobo con los Backstreet Boys fuerte en la radio, ese bus al sur que nunca hubiera podido tomar sola, pésimas decisiones y llanto después, chocolates, películas malas, amaretto sour, la Tú y la Cosmo y miles de atardeceres pidiendo deseos en la playa.
La Toña es a la primera persona que llamo cuando me duele la guata y tengo pena y no sé qué hacer ni a dónde voy, pero también cuando estoy contenta, cuando tengo entradas o comidas o carretes. La Toña es la que llega corriendo apenas alguien termina conmigo y yo me ahogo llorando, la que sabe que soy inconstante y pendeja, que no me doy cuenta de nada, que todo lo exagero.
La Toña es mi mejor amiga desde los trece.
Once meses mayor que yo, capricornio, alta, morena, rulienta, sencilla, mal genio, sincera, correcta pero impulsiva en el fondo, ordenada, intuitiva, mañosa, de cumpleaños.
Me están esperando. Tenemos que celebrar.
domingo, enero 01, 2006
all through the night
Contra todo pronóstico, anoche carretié y recién vengo llegando de vuelta.
Fui con la Rocío a la casa de su novio, en el Arrayán. Lo pasé increíble. Bailamos música pachanguera, la gente era muy buena onda, tocamos batería, dormimos un poco y nos bañamos en la piscina. Tomé sol. Miré cerros y el amanecer fue precioso. Cuando llegué allá, a las tres de la mañana, no conocía a nadie. Después de doce horas, hamburguesas de desayuno y el fuego a medio apagar, ya me sentía parte de todo.
Excelente comienzo de año.
De verdad.
Siento que vienen muchas cosas nuevas.
Fui con la Rocío a la casa de su novio, en el Arrayán. Lo pasé increíble. Bailamos música pachanguera, la gente era muy buena onda, tocamos batería, dormimos un poco y nos bañamos en la piscina. Tomé sol. Miré cerros y el amanecer fue precioso. Cuando llegué allá, a las tres de la mañana, no conocía a nadie. Después de doce horas, hamburguesas de desayuno y el fuego a medio apagar, ya me sentía parte de todo.
Excelente comienzo de año.
De verdad.
Siento que vienen muchas cosas nuevas.
ese último momento
De a poco, voy cerrando círculos.
Hace un par de horas se acabó Starbucks. Salí con la pechera en la mano y un vaso de passion con frambuesa a medio tomar después de haber colgado una cartita de despedida. Qué buen lugar, a veces. Pero suficiente como para agradecer todo el tiempo que pasé vaporizando leche, entregando cafés y recogiendo vasos, mientras veía oscurecer o granizar de repente, y un par de lluvias con arcoiris. Sí, me dio pena. Pero no tanta. No lloré mientras empujaba la puerta de vidrio.
Casi termino mi pieza. Me falta el viaje a Argentina en febrero, es todo. Y cuando termine quiero vivir sola, encontrar un trabajo donde el dinero sea suficiente como para arrendar un departamentito pequeño. Descubrir cuáles son mis límites, mis normas de convivencia. No las que me han impuesto.
Mientras escribo, se acerca fin de año. Aunque no siento el tiempo como algo posible de medir, sólo es una sucesión de anocheceres y amaneceres, independiente de cuántos días conformen un mes o que ahora tenga veintiuno y no catorce, esta fecha siempre hace que me gane esa nostalgia absurda y que quiera hacer un recuento.
Se me viene a la cabeza el viaje al sur, a buscar a Claudio, el proyecto de programa en que alguna vez trabajamos juntos, las lecturas de tarot en la playa y en Providencia, los helados y los almuerzos y esos domingos en la tarde de clases de astrología. Hasta el día del ritual en que terminé quemando sus fotos y sus tarjetas, escuchando november rain y llorando mil horas, mi año fue Claudio.
Me hice amiga de la Siri, tuve clases de yoga y de Madre Paz, me compré un oráculo de diosas y 'mujeres que corren con los lobos' y mi visión de mí fue cambiando. Hablé con mi papá, después de siete años de silencio. Viajé en el verano a Uruguay y me enamoré un par de veces. En el paseo del ombligo, besé a un arquitecto. Salí un tiempo con un compañero de Starbucks, pero no. Sólo con Sebastián sentí que estaba en algo de verdad, con futuro. Obvio que tampoco. Pero filo. Lo viví y lo viví sin dudas, sin miedo, sin sentir a medias. También besé a Fabián, siempre lo olvido. Y nunca más me llamó. Fui a trabajos de invierno y además de construir casas, me contruí yo un poco más.
Me pierdo en el tiempo y no tengo idea qué pasó antes o después. Pero no dudo que ha sido un año de crecer, de no esconderme y de formar un camino sin dualidad, de frente, de cara a Dios. Siento que estoy en esta vida para aprender. Para convertirme en una persona consciente.
Hoy, cierro un círculo.
Suspiro.
Me pongo de pie y sigo caminando.
Hace un par de horas se acabó Starbucks. Salí con la pechera en la mano y un vaso de passion con frambuesa a medio tomar después de haber colgado una cartita de despedida. Qué buen lugar, a veces. Pero suficiente como para agradecer todo el tiempo que pasé vaporizando leche, entregando cafés y recogiendo vasos, mientras veía oscurecer o granizar de repente, y un par de lluvias con arcoiris. Sí, me dio pena. Pero no tanta. No lloré mientras empujaba la puerta de vidrio.
Casi termino mi pieza. Me falta el viaje a Argentina en febrero, es todo. Y cuando termine quiero vivir sola, encontrar un trabajo donde el dinero sea suficiente como para arrendar un departamentito pequeño. Descubrir cuáles son mis límites, mis normas de convivencia. No las que me han impuesto.
Mientras escribo, se acerca fin de año. Aunque no siento el tiempo como algo posible de medir, sólo es una sucesión de anocheceres y amaneceres, independiente de cuántos días conformen un mes o que ahora tenga veintiuno y no catorce, esta fecha siempre hace que me gane esa nostalgia absurda y que quiera hacer un recuento.
Se me viene a la cabeza el viaje al sur, a buscar a Claudio, el proyecto de programa en que alguna vez trabajamos juntos, las lecturas de tarot en la playa y en Providencia, los helados y los almuerzos y esos domingos en la tarde de clases de astrología. Hasta el día del ritual en que terminé quemando sus fotos y sus tarjetas, escuchando november rain y llorando mil horas, mi año fue Claudio.
Me hice amiga de la Siri, tuve clases de yoga y de Madre Paz, me compré un oráculo de diosas y 'mujeres que corren con los lobos' y mi visión de mí fue cambiando. Hablé con mi papá, después de siete años de silencio. Viajé en el verano a Uruguay y me enamoré un par de veces. En el paseo del ombligo, besé a un arquitecto. Salí un tiempo con un compañero de Starbucks, pero no. Sólo con Sebastián sentí que estaba en algo de verdad, con futuro. Obvio que tampoco. Pero filo. Lo viví y lo viví sin dudas, sin miedo, sin sentir a medias. También besé a Fabián, siempre lo olvido. Y nunca más me llamó. Fui a trabajos de invierno y además de construir casas, me contruí yo un poco más.
Me pierdo en el tiempo y no tengo idea qué pasó antes o después. Pero no dudo que ha sido un año de crecer, de no esconderme y de formar un camino sin dualidad, de frente, de cara a Dios. Siento que estoy en esta vida para aprender. Para convertirme en una persona consciente.
Hoy, cierro un círculo.
Suspiro.
Me pongo de pie y sigo caminando.
sábado, diciembre 31, 2005
qué tontería
Mi pasado más oscuro está en dvd.
Juan Andrés me acaba de entregar, hace casi tres horas, los capítulos de nuestros días de tele. Fue raro ver todo de nuevo, cuando ya han pasado dos años desde que me vestí de negro y flores y me colgué al hombro un bolso morado a ver qué pasaba.
Pasaron muchas cosas.
Primero, aprendí que los demás siempre van a tener una opinión de mí, y nunca va a dejar de ser sesgada, para bien o para mal. Uno sólo ve lo que quiere ver.
Segundo, me enamoré. Filo, a Claudio, el gran amor de mi vida, lo conocí en un programa con Álvaro Ballero y qué. Lo vi y desapareció el mundo. No existía nada más. Después me perdí, obvio, nos perdimos y dejamos que se todo perdiera con nosotros.
Tercero, comprendí que no estoy dispuesta a exponerme. Que por mucho que ame las cámaras, porque es una sensación que no puedo explicar, estar en el momento y el lugar preciso, brillando, no puedo con lo que implica. Los gritos en la calle y en la universidad, las opiniones en los foros, que soy tonta, fea, fácil, pendeja, vendida, da lo mismo. Es un tema que me supera.
Cuarto, me encanta firmar autógrafos. Es lo mejor. Para equis, con cariño, besos. Y esa sonrisa que me cierra mucho los ojos y hace que me den ganas de saludar mientras camino. La vida es una pasarela.
Quinto, no me arrepiento de nada. No siento que tenga que dar explicaciones ni excusas.
Sí, es mi pasado más oscuro.
Pero sólo porque después de él, empezó mi presente más brillante.
Juan Andrés me acaba de entregar, hace casi tres horas, los capítulos de nuestros días de tele. Fue raro ver todo de nuevo, cuando ya han pasado dos años desde que me vestí de negro y flores y me colgué al hombro un bolso morado a ver qué pasaba.
Pasaron muchas cosas.
Primero, aprendí que los demás siempre van a tener una opinión de mí, y nunca va a dejar de ser sesgada, para bien o para mal. Uno sólo ve lo que quiere ver.
Segundo, me enamoré. Filo, a Claudio, el gran amor de mi vida, lo conocí en un programa con Álvaro Ballero y qué. Lo vi y desapareció el mundo. No existía nada más. Después me perdí, obvio, nos perdimos y dejamos que se todo perdiera con nosotros.
Tercero, comprendí que no estoy dispuesta a exponerme. Que por mucho que ame las cámaras, porque es una sensación que no puedo explicar, estar en el momento y el lugar preciso, brillando, no puedo con lo que implica. Los gritos en la calle y en la universidad, las opiniones en los foros, que soy tonta, fea, fácil, pendeja, vendida, da lo mismo. Es un tema que me supera.
Cuarto, me encanta firmar autógrafos. Es lo mejor. Para equis, con cariño, besos. Y esa sonrisa que me cierra mucho los ojos y hace que me den ganas de saludar mientras camino. La vida es una pasarela.
Quinto, no me arrepiento de nada. No siento que tenga que dar explicaciones ni excusas.
Sí, es mi pasado más oscuro.
Pero sólo porque después de él, empezó mi presente más brillante.
viernes, diciembre 30, 2005
get up, stand up
Odio el transantiago.
En la tarde fuimos con la chica a comprar el regalo de cumpleaños de la Toña y de repente me di cuenta de que ahora andar en micro es casi igual de fome que andar en metro, si no fuera por el paisaje. Ya nadie se sube a cantar ni a vender helados ni a ofrecer sólo por hoy esta espectacular oferta que me ha encargado la importadora, señor, señorita, una moneda por favor, apoyemos al arte y la cultura en la calle, teatro, monólogos, guitarras y voces que a veces tiritan. Nada. Silencio. No hay saltos ni frenadas bruscas. No hay me lleva por cien, aunque a veces igual funciona. No hay cumbias ni banderas ni peluches colgando ni Dios es mi copiloto. Ya las micros no paran donde no deben, ni aceleran a más de 50 kilómetros por hora, ni abren las puertas para que cuando están demasiado llenas se pueda respirar.
El transantiago es más limpio, más seguro, más de colores.
En menos de un año, ya no habrá micros amarillas.
Un minuto de silencio por el espacio perdido.
En la tarde fuimos con la chica a comprar el regalo de cumpleaños de la Toña y de repente me di cuenta de que ahora andar en micro es casi igual de fome que andar en metro, si no fuera por el paisaje. Ya nadie se sube a cantar ni a vender helados ni a ofrecer sólo por hoy esta espectacular oferta que me ha encargado la importadora, señor, señorita, una moneda por favor, apoyemos al arte y la cultura en la calle, teatro, monólogos, guitarras y voces que a veces tiritan. Nada. Silencio. No hay saltos ni frenadas bruscas. No hay me lleva por cien, aunque a veces igual funciona. No hay cumbias ni banderas ni peluches colgando ni Dios es mi copiloto. Ya las micros no paran donde no deben, ni aceleran a más de 50 kilómetros por hora, ni abren las puertas para que cuando están demasiado llenas se pueda respirar.
El transantiago es más limpio, más seguro, más de colores.
En menos de un año, ya no habrá micros amarillas.
Un minuto de silencio por el espacio perdido.
jueves, diciembre 29, 2005
trátame suavemente
Hoy carretié con la Siri.
Lo pasé increíble, fuimos a un pub en Manuel Montt donde alguna vez me quedé dormida celebrando mi cumpleaños después de trabajar todo el día y como a la una nos juntamos en su casa con la Tere y la Toña. Hablamos de todo. De la vida. Hace mucho que no nos sentábamos sin zapatos frente a una bandeja de galletitas. Recién llego a mi pieza, doce horas después de que me pasara a buscar Pato para llevarme a Parque Arauco.
Hoy comprendí algo.
Esta vez, no es llegar y besar a cualquier persona, ni a alguna en particular. No se trata sólo de estar dispuesta a vivirlo todo sin miedo. Esta vez, se trata de vivir de a dos. De sentirme, yo también, querida. Porque ya no es esa necesidad de compañía que me arrastraba a buscar excusas para pensar en alguien. Esta vez sé que puedo estar sola y ser feliz y sentirme plena. Que quiero una pareja para tratar con amor, no para competir ni demostrar nada. Para ser yo y que sea él, nada más. Esta vez, no estoy dispuesta a una relación unilateral. Esta vez siento que valgo mucho más que lo que alguien esté dispuesto a dar por mí.
Hoy, todo tiene un sabor más dulce.
Vi a Sebastián en la tarde, me lo encontré en Starbucks. Fue raro. Me puse nerviosa y todo eso, con la tendencia absurda a meter las manos en los bolsillos del pantalón, poner un pie un poco adelante del otro y mirar directo a los ojos, así no se nota que tirito mientras hablo. Pero fue bueno. Marca un fin que, de cualquier forma, ya tenía asumido. Me hace recordarlo sin pena, con sonrisas.
Hoy fui otra vez al gimnasio, comí alfajores con manjar, me tomé un frappuccino de mocha blanco con frambuesa y un té verde, canté toda la tarde mientras trabajaba y mi hermana me llamó para decirme la primera parte de la canción de 'protagonistas de la fama' porque no me lograba acordar y ya estaba media traumada.
Fue un día lindo. Dormí bien, almorzamos en la terraza y hubo sol.
Lo pasé increíble, fuimos a un pub en Manuel Montt donde alguna vez me quedé dormida celebrando mi cumpleaños después de trabajar todo el día y como a la una nos juntamos en su casa con la Tere y la Toña. Hablamos de todo. De la vida. Hace mucho que no nos sentábamos sin zapatos frente a una bandeja de galletitas. Recién llego a mi pieza, doce horas después de que me pasara a buscar Pato para llevarme a Parque Arauco.
Hoy comprendí algo.
Esta vez, no es llegar y besar a cualquier persona, ni a alguna en particular. No se trata sólo de estar dispuesta a vivirlo todo sin miedo. Esta vez, se trata de vivir de a dos. De sentirme, yo también, querida. Porque ya no es esa necesidad de compañía que me arrastraba a buscar excusas para pensar en alguien. Esta vez sé que puedo estar sola y ser feliz y sentirme plena. Que quiero una pareja para tratar con amor, no para competir ni demostrar nada. Para ser yo y que sea él, nada más. Esta vez, no estoy dispuesta a una relación unilateral. Esta vez siento que valgo mucho más que lo que alguien esté dispuesto a dar por mí.
Hoy, todo tiene un sabor más dulce.
Vi a Sebastián en la tarde, me lo encontré en Starbucks. Fue raro. Me puse nerviosa y todo eso, con la tendencia absurda a meter las manos en los bolsillos del pantalón, poner un pie un poco adelante del otro y mirar directo a los ojos, así no se nota que tirito mientras hablo. Pero fue bueno. Marca un fin que, de cualquier forma, ya tenía asumido. Me hace recordarlo sin pena, con sonrisas.
Hoy fui otra vez al gimnasio, comí alfajores con manjar, me tomé un frappuccino de mocha blanco con frambuesa y un té verde, canté toda la tarde mientras trabajaba y mi hermana me llamó para decirme la primera parte de la canción de 'protagonistas de la fama' porque no me lograba acordar y ya estaba media traumada.
Fue un día lindo. Dormí bien, almorzamos en la terraza y hubo sol.
miércoles, diciembre 28, 2005
if you're gone
Quizá no es llegar un día y decir oye, te echo de menos, quiero verte ahora y decirte cosas.
Pero quizá es.
Hoy hablé con Claudio por msn. Sé que el tarot me advirtió. Filo, si no me arriesgo qué, me paso la vida esperando que sea el momento correcto. Y los momentos correctos no existen. Todo es cuando debe ser.
Qué quiero, no sé. Quiero verlo. Mirarlo a los ojos. Conversar. Explicarle que ahora comprendo tantas cosas, que toda mi historia con Sebastián me hizo vivir un mundo nuevo y brillar, que ya no tengo miedo, ni rabia, ni pena, que mis heridas abiertas son cada vez menos. No sé qué va a pasar ni me importa. Sólo siento que que mi vida es frágil pero fuerte y que mi tarea es luchar por mí.
También fui al gimnasio. Increíble. Aunque claramente no voy a adoptar la forma de alimentación que proponen en ese centro de fabricar fisicoculturistas y modelos, liberar endorfinas me hizo bien. Mañana voy de nuevo, de todas maneras. Un tipo muy simpático me midió todo y me dijo que mi cuerpo era graso. Me dio risa.
Tuve que entrar con mi mamá a la sicóloga de la chica. Estábamos las tres ahí sentadas frente a esta señora que yo recordaba bastante menos sabia hace años, cuando me llevaron para estar seguros que no tenía daño emocional irreparable por el abandono de mi papá. Y pasó. Por un minuto, hablamos. La chica y mi mamá lloraron, yo no. Me acordé de cuando tenía trece. Le conté a mi hermana lo que me pasaba a mí, porque es todo lo que conozco. Creo que cada uno debe vivir sus procesos. Después ya no hablamos más, obvio. Mi mamá y sus barreras cuando se siente atacada.
Escucho cantar a los pajaritos, pero no ha empezado a ser de día.
Me puse mi pijama nuevo.
A ver si leo un poco antes de dormir.
Pero quizá es.
Hoy hablé con Claudio por msn. Sé que el tarot me advirtió. Filo, si no me arriesgo qué, me paso la vida esperando que sea el momento correcto. Y los momentos correctos no existen. Todo es cuando debe ser.
Qué quiero, no sé. Quiero verlo. Mirarlo a los ojos. Conversar. Explicarle que ahora comprendo tantas cosas, que toda mi historia con Sebastián me hizo vivir un mundo nuevo y brillar, que ya no tengo miedo, ni rabia, ni pena, que mis heridas abiertas son cada vez menos. No sé qué va a pasar ni me importa. Sólo siento que que mi vida es frágil pero fuerte y que mi tarea es luchar por mí.
También fui al gimnasio. Increíble. Aunque claramente no voy a adoptar la forma de alimentación que proponen en ese centro de fabricar fisicoculturistas y modelos, liberar endorfinas me hizo bien. Mañana voy de nuevo, de todas maneras. Un tipo muy simpático me midió todo y me dijo que mi cuerpo era graso. Me dio risa.
Tuve que entrar con mi mamá a la sicóloga de la chica. Estábamos las tres ahí sentadas frente a esta señora que yo recordaba bastante menos sabia hace años, cuando me llevaron para estar seguros que no tenía daño emocional irreparable por el abandono de mi papá. Y pasó. Por un minuto, hablamos. La chica y mi mamá lloraron, yo no. Me acordé de cuando tenía trece. Le conté a mi hermana lo que me pasaba a mí, porque es todo lo que conozco. Creo que cada uno debe vivir sus procesos. Después ya no hablamos más, obvio. Mi mamá y sus barreras cuando se siente atacada.
Escucho cantar a los pajaritos, pero no ha empezado a ser de día.
Me puse mi pijama nuevo.
A ver si leo un poco antes de dormir.
martes, diciembre 27, 2005
nada fue un error
Me acabo de levantar.
A las diez de la mañana llamé a Pelao al Starbucks y le pregunté si de verdad me necesitaba. Y no. Así que me quedé en cama viendo películas malas y pedazos de matinales. Comí galletitas con mermelada y tomé té con mucha azúcar, igual que cuando era chica y me sentía mal. Leí capítulos de 'mujeres que corren con los lobos'. Miré el techo, me dí vueltas hasta que enredé las sábanas, dormí un poco más.
Ahora sonrío.
Planeo mis vacaciones.
Escucho música fuerte y tengo ganas de bailar.
A las diez de la mañana llamé a Pelao al Starbucks y le pregunté si de verdad me necesitaba. Y no. Así que me quedé en cama viendo películas malas y pedazos de matinales. Comí galletitas con mermelada y tomé té con mucha azúcar, igual que cuando era chica y me sentía mal. Leí capítulos de 'mujeres que corren con los lobos'. Miré el techo, me dí vueltas hasta que enredé las sábanas, dormí un poco más.
Ahora sonrío.
Planeo mis vacaciones.
Escucho música fuerte y tengo ganas de bailar.
tears in heaven
Acabo de escuchar pasos en la puerta de mi pieza.
Son las dos de la mañana y hace poco se fue casi todo el team Starbucks Parque Arauco del carrete que hicimos para entregar los regalos de amigo secreto. Tengo la garganta un poco apretada. Los ojos que me arden y me brillan. Las manos manchadas con carbón. Tengo ganas de llorar a gritos sin explicaciones. Un abrazo. Que se me quite ese gesto de la cara que aparece siempre cuando son demasiadas lágrimas.
No sé por qué estoy triste.
Quiero acostarme a dormir y despertar en marzo.
Dejar de darle vueltas a todo.
Saber que sigo creyendo.
Son las dos de la mañana y hace poco se fue casi todo el team Starbucks Parque Arauco del carrete que hicimos para entregar los regalos de amigo secreto. Tengo la garganta un poco apretada. Los ojos que me arden y me brillan. Las manos manchadas con carbón. Tengo ganas de llorar a gritos sin explicaciones. Un abrazo. Que se me quite ese gesto de la cara que aparece siempre cuando son demasiadas lágrimas.
No sé por qué estoy triste.
Quiero acostarme a dormir y despertar en marzo.
Dejar de darle vueltas a todo.
Saber que sigo creyendo.
lunes, diciembre 26, 2005
somebody to love
Necesito tiempo.
Acostarme al sol a leer otra vez 'mujeres que corren con los lobos'. No tener que cumplir horario de entrada y salida, con firmas en el libro de asistencia. Saber que puedo dormir sin despertador, hasta que se me acabe el sueño. Ir a caminar por el centro, entrar a algún café y pasarme la tarde en nada, sola.
A veces necesito estar sola.
Sin ruido, ni música, ni películas. Sin tratar de concluir en quién me gustaría estar pensando. Ese silencio que encontraba de repente en el sur, cuando fui a ver a Claudio el verano pasado. O hace poco, mientras construía en el invierno y se hacía de noche y nos acostábamos en la carretera a mirar las estrellas.
Hoy, necesito estar sola acompañada. Con alguien al lado que busque lo mismo. Saber que no es incómodo no decir nada, sino, al contrario, que ésa es la magia que no se puede romper. Me falta, y me falta mucho, hablar sin palabras. Un abrazo cuando tengo frío. Compartir lo cotidiano, cocinar de a dos, ver pasar los domingos en la tarde.
Filo, eso.
Nostalgia de fin de año.
Y mil ganas de comer chocolate.
Acostarme al sol a leer otra vez 'mujeres que corren con los lobos'. No tener que cumplir horario de entrada y salida, con firmas en el libro de asistencia. Saber que puedo dormir sin despertador, hasta que se me acabe el sueño. Ir a caminar por el centro, entrar a algún café y pasarme la tarde en nada, sola.
A veces necesito estar sola.
Sin ruido, ni música, ni películas. Sin tratar de concluir en quién me gustaría estar pensando. Ese silencio que encontraba de repente en el sur, cuando fui a ver a Claudio el verano pasado. O hace poco, mientras construía en el invierno y se hacía de noche y nos acostábamos en la carretera a mirar las estrellas.
Hoy, necesito estar sola acompañada. Con alguien al lado que busque lo mismo. Saber que no es incómodo no decir nada, sino, al contrario, que ésa es la magia que no se puede romper. Me falta, y me falta mucho, hablar sin palabras. Un abrazo cuando tengo frío. Compartir lo cotidiano, cocinar de a dos, ver pasar los domingos en la tarde.
Filo, eso.
Nostalgia de fin de año.
Y mil ganas de comer chocolate.
domingo, diciembre 25, 2005
noche de paz
En navidad, me dan ganas de ser buena.
De comprometerme a hacer cosas, volver a formar parte del coro de la parroquia, pasar mis vacaciones completas construyendo en algún lugar perdido, entregar todo lo que tengo a los pobres y cocinar galletas con forma de angelitos por el resto de la vida.
Pero en navidad también sonrío mucho más. Sinceramente. Es esa sensación de estar bien, de no necesitar nada, la Anunciación completa cantando noche de paz, fuerte, y aplaudiendo porque nació Jesús.
También dar y recibir regalos, buscar al viejo pascuero aunque este año no están mis sobrinos, comer en familia, acostarme sabiendo que voy a soñar sueños lindos.
En navidad, me pasan cosas. El mundo tiene más colores. Nada deja de asombrarme.
Algo que admiro de la religión católica es que su salvador es un niño. Jesusito envuelto en pañales, en un pesebre de Belén. Es mi celebración preferida. El cumpleaños de mi mejor amigo.
En la tarde trabajé. Felipe me regaló un compact, y me traje un galletón de chocolate. Después fui a misa con la chica. Estuvo preciosa.
En navidad, sigo siendo una niñita.
Quizá siempre.
Pero hoy se nota un poco más.
De comprometerme a hacer cosas, volver a formar parte del coro de la parroquia, pasar mis vacaciones completas construyendo en algún lugar perdido, entregar todo lo que tengo a los pobres y cocinar galletas con forma de angelitos por el resto de la vida.
Pero en navidad también sonrío mucho más. Sinceramente. Es esa sensación de estar bien, de no necesitar nada, la Anunciación completa cantando noche de paz, fuerte, y aplaudiendo porque nació Jesús.
También dar y recibir regalos, buscar al viejo pascuero aunque este año no están mis sobrinos, comer en familia, acostarme sabiendo que voy a soñar sueños lindos.
En navidad, me pasan cosas. El mundo tiene más colores. Nada deja de asombrarme.
Algo que admiro de la religión católica es que su salvador es un niño. Jesusito envuelto en pañales, en un pesebre de Belén. Es mi celebración preferida. El cumpleaños de mi mejor amigo.
En la tarde trabajé. Felipe me regaló un compact, y me traje un galletón de chocolate. Después fui a misa con la chica. Estuvo preciosa.
En navidad, sigo siendo una niñita.
Quizá siempre.
Pero hoy se nota un poco más.
jueves, diciembre 22, 2005
rescate novecientos once
Ayer amenazaron a la nana de la casa de al frente.
Un hombre se acercó a ella cuando salió a botar la basura, le puso una pistola en la espalda y la obligó a entrar. Era moreno, de pelo corto y usaba terno a rayas con corbata roja.
Cuando yo llegué a mi casa de vuelta del casting, mi calle estaba llena de autos de empresas de alarma, y de carabineros, y de guardias municipales. Me acerqué a uno de anteojos. Me contó que el tipo no alcanzó a robar nada y salió corriendo Martín de Zamora arriba.
Qué miedo.
Siempre pienso que me va a pasar.
Que alguien me va a disparar en la micro, antes de suicidarse. Que voy a estar en medio de una balacera narcotraficante sin darme cuenta de cómo llegué, hasta que muera. Que mientras camino de noche alguien me sigue porque ya estudió todos mis pasos y mi rutina y sólo espera a que esté un poco más oscuro, o a pasar cerca de un pasaje, para taparme la boca y encañonarme. Que un cliente va a estar de pie enfrente de mi caja y en vez de pedir un café, me va a pegar un tiro.
No es miedo a la muerte. Es no ser capaz de concebir cuánto me afectaría una situación así en realidad. Darme cuenta de que seguro los diálogos que imagino y me salvan de cualquier tipo de ataque, como cuando una vez le dije señor al ladrón del sur y me devolvió mis cosas, no llegarían a ser reales porque el pánico me paralizaría. Es la idea del dolor. No saber hasta qué punto se siente y cuándo es tanto que se deja de sentir. Es ese momento a merced de alguien más, indefensa, nadie.
Mi mente me domina.
Me cuesta distinguir lo real de lo imaginario.
Ni siquiera estoy segura de que haya alguna diferencia.
Un hombre se acercó a ella cuando salió a botar la basura, le puso una pistola en la espalda y la obligó a entrar. Era moreno, de pelo corto y usaba terno a rayas con corbata roja.
Cuando yo llegué a mi casa de vuelta del casting, mi calle estaba llena de autos de empresas de alarma, y de carabineros, y de guardias municipales. Me acerqué a uno de anteojos. Me contó que el tipo no alcanzó a robar nada y salió corriendo Martín de Zamora arriba.
Qué miedo.
Siempre pienso que me va a pasar.
Que alguien me va a disparar en la micro, antes de suicidarse. Que voy a estar en medio de una balacera narcotraficante sin darme cuenta de cómo llegué, hasta que muera. Que mientras camino de noche alguien me sigue porque ya estudió todos mis pasos y mi rutina y sólo espera a que esté un poco más oscuro, o a pasar cerca de un pasaje, para taparme la boca y encañonarme. Que un cliente va a estar de pie enfrente de mi caja y en vez de pedir un café, me va a pegar un tiro.
No es miedo a la muerte. Es no ser capaz de concebir cuánto me afectaría una situación así en realidad. Darme cuenta de que seguro los diálogos que imagino y me salvan de cualquier tipo de ataque, como cuando una vez le dije señor al ladrón del sur y me devolvió mis cosas, no llegarían a ser reales porque el pánico me paralizaría. Es la idea del dolor. No saber hasta qué punto se siente y cuándo es tanto que se deja de sentir. Es ese momento a merced de alguien más, indefensa, nadie.
Mi mente me domina.
Me cuesta distinguir lo real de lo imaginario.
Ni siquiera estoy segura de que haya alguna diferencia.
miércoles, diciembre 21, 2005
casi famosa
Genial.
Hace poco pasé mucho rato sentada en una salita llena de gente, Manuel Montt, esperando a ver si participaba de un casting. Hasta que me enteré que era en bikini. Cero ganas de desfilar frente a una cámara mostrando mi cuerpo mientras preguntaba por qué mejor no nos tomábamos unas cervezas. Pero me reí mil horas.
Había personas muy normales, un grupo de amigas que me recordaron a las mías, unos tipos buena onda que hablaban de cómo habían quedado ya antes de entrar a la prueba de cámara y esas cosas. Pero también había demasiados homosexuales no asumidos (cero rollo con los gays, pero odio esa horrible costumbre de las pantallas) y minas recién salidas de una peluquería y un solarium que no sabían dejar de estar serias y mirarse al espejo.
Me reí de lo absurdo que parecía todo. De esa manía de convertir el cuerpo en un montón de huesos con silicona. Del comentario de una de las chicas de tevé: 'pensar que estudio periodismo y no puedo aprenderme este diálogo'. De un fisicoculturista de ojos azules que sólo había llevado zunga porque había olvidado el traje de baño.
Son escenarios que, en cierta forma, me hacen recordar por qué yo soy como soy. Y es más que porque no quiero ser como ellos. Es porque he aprendido que la belleza no radica en qué tanta homogeinización logremos (en cuerpos, en caras, en letras), sino, al contrario, en la diversidad que constituye al ser humano. Siendo yo, soy perfecta. Nadie será mejor yo que yo misma.
Me sentí linda.
Brillando.
Se está haciendo de noche.
Hace poco pasé mucho rato sentada en una salita llena de gente, Manuel Montt, esperando a ver si participaba de un casting. Hasta que me enteré que era en bikini. Cero ganas de desfilar frente a una cámara mostrando mi cuerpo mientras preguntaba por qué mejor no nos tomábamos unas cervezas. Pero me reí mil horas.
Había personas muy normales, un grupo de amigas que me recordaron a las mías, unos tipos buena onda que hablaban de cómo habían quedado ya antes de entrar a la prueba de cámara y esas cosas. Pero también había demasiados homosexuales no asumidos (cero rollo con los gays, pero odio esa horrible costumbre de las pantallas) y minas recién salidas de una peluquería y un solarium que no sabían dejar de estar serias y mirarse al espejo.
Me reí de lo absurdo que parecía todo. De esa manía de convertir el cuerpo en un montón de huesos con silicona. Del comentario de una de las chicas de tevé: 'pensar que estudio periodismo y no puedo aprenderme este diálogo'. De un fisicoculturista de ojos azules que sólo había llevado zunga porque había olvidado el traje de baño.
Son escenarios que, en cierta forma, me hacen recordar por qué yo soy como soy. Y es más que porque no quiero ser como ellos. Es porque he aprendido que la belleza no radica en qué tanta homogeinización logremos (en cuerpos, en caras, en letras), sino, al contrario, en la diversidad que constituye al ser humano. Siendo yo, soy perfecta. Nadie será mejor yo que yo misma.
Me sentí linda.
Brillando.
Se está haciendo de noche.
Este texto es parte del fabuloso destino de
carolita
y fue publicado a las
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martes, diciembre 20, 2005
la salida es por acá
Carrete Starbucks.
Hace tiempo que no iba a uno, quizá, incluso, lo estaba evitando qué sé yo por qué. Al final lo pasé bien. Conversé de la vida, del trabajo, obvio, tema ineludible, y del colegio con la Elisa porque aunque no somos de la misma generación compartimos muchos recuerdos. Mi principal motivo para ir fue despedirme de Miguel antes de su viaje a Iquique hasta marzo.
Vengo llegando y me tengo que levantar en un ratito para ir de nuevo a vestirme de negro y verde. Ya no queda nada. Dos semanas, un poco menos, para dos meses de vacaciones.
Voy a extrañar Starbucks, lo sé.
Independiente de que a veces termine llorando en colapso por ese cansancio que se acumula de tanto cerrar la tienda, o que quizá no me toquen siempre turnos con la gente que me cae bien, o que aborrezco mis horarios que jamás incluyeron apertura, la verdad es que amo ese lugar.
En Starbucks hablé con mi papá después de siete años, lloré toda una tarde cuando Claudio terminó conmigo, conocí a Sebastián, cumplí veinte y veintiuno.
Rush. Frap. Backoffice. Partners. Coffee tasting. Coffee master. Retail. Food. Cash. POS. Deployment. Timer. Break. Sampling. Mark out. Blender. Shift. Tips. Till. Columbia. Verissimo.
Starbucks es un mundo aparte. Un universo paralelo con filas y caracoles de Caramel Macchiato y clientes frecuentes que se convierten en amigos.
Me voy con pena.
Cansada.
Y eternamente agradecida.
Hace tiempo que no iba a uno, quizá, incluso, lo estaba evitando qué sé yo por qué. Al final lo pasé bien. Conversé de la vida, del trabajo, obvio, tema ineludible, y del colegio con la Elisa porque aunque no somos de la misma generación compartimos muchos recuerdos. Mi principal motivo para ir fue despedirme de Miguel antes de su viaje a Iquique hasta marzo.
Vengo llegando y me tengo que levantar en un ratito para ir de nuevo a vestirme de negro y verde. Ya no queda nada. Dos semanas, un poco menos, para dos meses de vacaciones.
Voy a extrañar Starbucks, lo sé.
Independiente de que a veces termine llorando en colapso por ese cansancio que se acumula de tanto cerrar la tienda, o que quizá no me toquen siempre turnos con la gente que me cae bien, o que aborrezco mis horarios que jamás incluyeron apertura, la verdad es que amo ese lugar.
En Starbucks hablé con mi papá después de siete años, lloré toda una tarde cuando Claudio terminó conmigo, conocí a Sebastián, cumplí veinte y veintiuno.
Rush. Frap. Backoffice. Partners. Coffee tasting. Coffee master. Retail. Food. Cash. POS. Deployment. Timer. Break. Sampling. Mark out. Blender. Shift. Tips. Till. Columbia. Verissimo.
Starbucks es un mundo aparte. Un universo paralelo con filas y caracoles de Caramel Macchiato y clientes frecuentes que se convierten en amigos.
Me voy con pena.
Cansada.
Y eternamente agradecida.
domingo, diciembre 18, 2005
dressed for success
Es ese segundo de cielo, que depende de cuántos o quiénes piensan que soy buena para algo, lo que me hace dudar de qué tan segura estoy de mí. Esas ganas de escenario, de brillo, de increíble, me encantaste, aplausos para Carolina.
Creo que hasta que conocí a Claudio mi vida fue siempre eso, buscar aplausos. Recién con él pude mirar un poco más allá y darme cuenta que yo no soy en función de alguien más. Soy yo, sola. Pero han pasado dos años y, aunque sé que he avanzado, de repente me dan ganas de que mi ascendente Leo decida todo. Nada de bajo perfil. Hablen de mí. Bien, mal, pero hablen. Quiero existir, por favor.
Hoy me pasa eso.
Hoy tengo ganas de animar un programa de tele, ser la mala de un reality, cantar en mil festivales. Convertirme en rostro.
Y sé que es absurdo. Que mi trabajo importante siempre será en silencio. Que lo mío, de verdad, es conocer a cada persona con que me relaciono mientras preparo un café, o redacto una noticia, o leo el tarot. Mirar a cada uno en su individualidad. Descubrir, encontrar, aprender. Contar historias. Existir hoy, en un pedacito de mundo, y ojalá también mañana.
Pero los aplausos. Esa cosquilla en la guata, los ojos brillantes, sonrisa absoluta y respirar hondo, a ver si la sensación de haber nacido para ese segundo, nada más, se queda para siempre.
Cosas que pasan cuando alguien nace con tres signos de fuego y un día se siente sola.
A las dos de la mañana, vestida de blanco.
Antes de salir carretiar.
Creo que hasta que conocí a Claudio mi vida fue siempre eso, buscar aplausos. Recién con él pude mirar un poco más allá y darme cuenta que yo no soy en función de alguien más. Soy yo, sola. Pero han pasado dos años y, aunque sé que he avanzado, de repente me dan ganas de que mi ascendente Leo decida todo. Nada de bajo perfil. Hablen de mí. Bien, mal, pero hablen. Quiero existir, por favor.
Hoy me pasa eso.
Hoy tengo ganas de animar un programa de tele, ser la mala de un reality, cantar en mil festivales. Convertirme en rostro.
Y sé que es absurdo. Que mi trabajo importante siempre será en silencio. Que lo mío, de verdad, es conocer a cada persona con que me relaciono mientras preparo un café, o redacto una noticia, o leo el tarot. Mirar a cada uno en su individualidad. Descubrir, encontrar, aprender. Contar historias. Existir hoy, en un pedacito de mundo, y ojalá también mañana.
Pero los aplausos. Esa cosquilla en la guata, los ojos brillantes, sonrisa absoluta y respirar hondo, a ver si la sensación de haber nacido para ese segundo, nada más, se queda para siempre.
Cosas que pasan cuando alguien nace con tres signos de fuego y un día se siente sola.
A las dos de la mañana, vestida de blanco.
Antes de salir carretiar.
sábado, diciembre 17, 2005
stay
Alguien que se quede.
Que me mire de frente y me diga oye, vamos. Cierra los ojos y tírate conmigo. Déjemonos caer, llevar, lo que el viento decida.
Es el miedo el que paraliza.
Nada más.
Todos nacimos para volar.
Que me mire de frente y me diga oye, vamos. Cierra los ojos y tírate conmigo. Déjemonos caer, llevar, lo que el viento decida.
Es el miedo el que paraliza.
Nada más.
Todos nacimos para volar.
viernes, diciembre 16, 2005
summer nights
Algarrobo la lleva.
Ron, tarot, una teleserie que nunca había visto, la mala educación de almodóvar, atardecer, amanecer, lluvia, sol, agua de mar fría, tibia y con ropa, el collar más lindo del mundo que me regaló la Toña, almuerzos a la cinco de la tarde, fantasmas a veces, fotos, feria de artesanía, ataque hasta conquistar el mundo, verdad o consecuencia, nubes, backstreet boys y britney mientras la Fran bailaba arriba de un sillón, diosas, libros, estrellas.
Lo mejor es sentir los pies en la arena mojada cuando viene llegando una ola.
Ron, tarot, una teleserie que nunca había visto, la mala educación de almodóvar, atardecer, amanecer, lluvia, sol, agua de mar fría, tibia y con ropa, el collar más lindo del mundo que me regaló la Toña, almuerzos a la cinco de la tarde, fantasmas a veces, fotos, feria de artesanía, ataque hasta conquistar el mundo, verdad o consecuencia, nubes, backstreet boys y britney mientras la Fran bailaba arriba de un sillón, diosas, libros, estrellas.
Lo mejor es sentir los pies en la arena mojada cuando viene llegando una ola.
lunes, diciembre 12, 2005
de regreso
Excelente día.
Hace mucho, mentira, no hace mucho aunque lo parece, pero hace una semana debe ser si no me equivoco, tiempo que duró sin tregua mi colapso emocional, punto cúlmine anoche, que no lo pasaba tan bien. En todo. Hasta las dos horas y cuarto de espera para votar fueron entretenidas. Conversé con gente muy simpática, las vocales de mesa estaban de buen humor, mi voto fue por números, Piñera porque sí y senador y diputada del Juntos Podemos porque entre los tres sumaban once.
El asadito electoral en mi casa resultó increíble, aunque al final la Vale se terminó llamando Gordis y perdiendo toda identidad, culpa de esa chapita que decía puro Chile arriba de la foto de Bachelet con Lagos. Jugamos algo parecido al Pictionary, el singular de rockeros es rock, todos los dibujos pueden tener una connotación sexual y en España se juega A fútbol. Nada. Tallas, miles. Risas a carcajadas hasta las tres de la mañana, desde las cinco de la tarde. Salchichas y pollo a medio asar, café de Colombia, chocolate de Ecuador, vasos y hielo de Starbucks. Gente de todas partes. Galletas con manjar. Segunda vuelta en enero.
Escucho Amaral.
Hace mucho, mentira, no hace mucho aunque lo parece, pero hace una semana debe ser si no me equivoco, tiempo que duró sin tregua mi colapso emocional, punto cúlmine anoche, que no lo pasaba tan bien. En todo. Hasta las dos horas y cuarto de espera para votar fueron entretenidas. Conversé con gente muy simpática, las vocales de mesa estaban de buen humor, mi voto fue por números, Piñera porque sí y senador y diputada del Juntos Podemos porque entre los tres sumaban once.
El asadito electoral en mi casa resultó increíble, aunque al final la Vale se terminó llamando Gordis y perdiendo toda identidad, culpa de esa chapita que decía puro Chile arriba de la foto de Bachelet con Lagos. Jugamos algo parecido al Pictionary, el singular de rockeros es rock, todos los dibujos pueden tener una connotación sexual y en España se juega A fútbol. Nada. Tallas, miles. Risas a carcajadas hasta las tres de la mañana, desde las cinco de la tarde. Salchichas y pollo a medio asar, café de Colombia, chocolate de Ecuador, vasos y hielo de Starbucks. Gente de todas partes. Galletas con manjar. Segunda vuelta en enero.
La Mili me espera para 'Antes del atardecer'.
Estoy contenta.Escucho Amaral.
domingo, diciembre 11, 2005
bent
Último día de colapso. Lo prometo.
Y eso que no partió mal, porque me levanté tarde y tomé solcito un rato, almorcé relajada, me bañé en la piscina con mi prima y mi hermana y llegando a Starbucks me encontré con la Siri. Ni siquiera tuve que caminar al sol, mi mamá me fue a dejar a Parque Arauco. Trabajé con la Rocío y con gente que me cae bien.
Pero no sé. De repente todo falló.
El lugar estaba lleno de personas que no pensaban irse nunca, había filas eternas de frapuccinos, apareció Sebastián y me dio pena y canté canciones tristes, me empezó a doler la cabeza otra vez, hacía calor y después frío y lo único que quería era llegar a mi casa a dormir.
Hasta ahora.
Me comí un muffin de arándano y una galleta de chocolate y estoy sentada con la Mili conversando de la vida. Vamos a ver 'Eterno resplandor de una mente sin recuerdos'. Estoy cansada, pero no tanto. Además, mañana hay asadito por las elecciones.
Traje hielo y vasos.
Tengo un poco de risa.
Y eso que no partió mal, porque me levanté tarde y tomé solcito un rato, almorcé relajada, me bañé en la piscina con mi prima y mi hermana y llegando a Starbucks me encontré con la Siri. Ni siquiera tuve que caminar al sol, mi mamá me fue a dejar a Parque Arauco. Trabajé con la Rocío y con gente que me cae bien.
Pero no sé. De repente todo falló.
El lugar estaba lleno de personas que no pensaban irse nunca, había filas eternas de frapuccinos, apareció Sebastián y me dio pena y canté canciones tristes, me empezó a doler la cabeza otra vez, hacía calor y después frío y lo único que quería era llegar a mi casa a dormir.
Hasta ahora.
Me comí un muffin de arándano y una galleta de chocolate y estoy sentada con la Mili conversando de la vida. Vamos a ver 'Eterno resplandor de una mente sin recuerdos'. Estoy cansada, pero no tanto. Además, mañana hay asadito por las elecciones.
Traje hielo y vasos.
Tengo un poco de risa.
sábado, diciembre 10, 2005
omnisciencia
Ese afán de clasificar a la gente.
Cuica, flaite, pindy, seguro-le-pone-el-gorro-a-la-polola, gay (no, bisexual es más factible), pendejo, hueca, fácil, teñida, liposucción-de-todas-maneras-y-esas-pechugas-no-pueden-ser-reales, roto con plata (new rich suena más high, dear), jote, perno, te-apuesto-que-no-tiene-con-quien-carretiar-hoy-en-la-noche...
Trato de no ser prejuiciosa, pero lo soy. Uno de mis peores defectos.
Hoy me dolió la cabeza las seis horas que trabajé. Ya me siento mejor. Mientras volvía a mi casa, sentada al lado de una ventana medio abierta y una galla que compró helado de manzana y se manchó la polera, me di cuenta que uno de los motivos porque amo las micros es la cantidad de personas diferentes que se suben camino a alguna parte.
Mil historias.
Siempre quiero enterarme de todas.
Voy a ordenar mi pieza.
Cuica, flaite, pindy, seguro-le-pone-el-gorro-a-la-polola, gay (no, bisexual es más factible), pendejo, hueca, fácil, teñida, liposucción-de-todas-maneras-y-esas-pechugas-no-pueden-ser-reales, roto con plata (new rich suena más high, dear), jote, perno, te-apuesto-que-no-tiene-con-quien-carretiar-hoy-en-la-noche...
Trato de no ser prejuiciosa, pero lo soy. Uno de mis peores defectos.
Hoy me dolió la cabeza las seis horas que trabajé. Ya me siento mejor. Mientras volvía a mi casa, sentada al lado de una ventana medio abierta y una galla que compró helado de manzana y se manchó la polera, me di cuenta que uno de los motivos porque amo las micros es la cantidad de personas diferentes que se suben camino a alguna parte.
Mil historias.
Siempre quiero enterarme de todas.
Voy a ordenar mi pieza.
jueves, diciembre 08, 2005
climbing the walls
Altos y bajos.
Ondulando.
Camino en zigzag.
Ha sido una semana de mareo. Ya van tres días comiendo galletas de agua, soda y salvado, aunque ayer no pude evitar media bolsa de ramitas a las dos de la mañana.
Cero ganas de levantarme hoy. Estoy donde la Toña, pero llegaré a mi casa en un ratito, a ver películas y dormir. Si no fuera porque el fin de semana tengo que trabajar, dormiría hasta el lunes para despertar camino a Algarrobo.
Necesito playa. Días nublados o no, me da un poco lo mismo. Pero salir de acá. Dejar de tener este frío absurdo adentro de un chaleco de lana y el dolor de todo cuando respiro muy profundo.
Me siento mal.
Las letras de la pantalla, que no dejan de moverse.
Ondulando.
Camino en zigzag.
Ha sido una semana de mareo. Ya van tres días comiendo galletas de agua, soda y salvado, aunque ayer no pude evitar media bolsa de ramitas a las dos de la mañana.
Cero ganas de levantarme hoy. Estoy donde la Toña, pero llegaré a mi casa en un ratito, a ver películas y dormir. Si no fuera porque el fin de semana tengo que trabajar, dormiría hasta el lunes para despertar camino a Algarrobo.
Necesito playa. Días nublados o no, me da un poco lo mismo. Pero salir de acá. Dejar de tener este frío absurdo adentro de un chaleco de lana y el dolor de todo cuando respiro muy profundo.
Me siento mal.
Las letras de la pantalla, que no dejan de moverse.
Este texto es parte del fabuloso destino de
carolita
y fue publicado a las
19:47
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miércoles, diciembre 07, 2005
guerras perdidas
Nunca me había echado un ramo.
Fue cuático. Quise llorar un poco, pero no. Mankiw no vale una lágrima. Siempre que me pasan cosas así me dan ganas de mirar al frente con los ojos brillantes, alguna canción publicitaria de fondo y el slogan de johnie walker. Keep Walking, Carolina. Sé que sería pésima haciendo comerciales. No lo intentaré.
Tampoco seré economista.
Igual esperaba mi rojo, aunque mi examen no estuvo mal. Es que lo leí en la mañana en el Oráculo. El guerrero es derrotado. Más claro, imposible.
De vacaciones.
[En seis semestres;
ramos aprobados: 27
ramos reprobados: 1]
Un poco más cerca de ser periodista, después de todo.
Escucho Miranda.
Fue cuático. Quise llorar un poco, pero no. Mankiw no vale una lágrima. Siempre que me pasan cosas así me dan ganas de mirar al frente con los ojos brillantes, alguna canción publicitaria de fondo y el slogan de johnie walker. Keep Walking, Carolina. Sé que sería pésima haciendo comerciales. No lo intentaré.
Tampoco seré economista.
Igual esperaba mi rojo, aunque mi examen no estuvo mal. Es que lo leí en la mañana en el Oráculo. El guerrero es derrotado. Más claro, imposible.
De vacaciones.
[En seis semestres;
ramos aprobados: 27
ramos reprobados: 1]
Un poco más cerca de ser periodista, después de todo.
Escucho Miranda.
mi soledad y yo
Caos.
Entre una gastroenteritis porque ayer hice la dieta del chocolate a ver si se me pasaba la pena (que no se me pasó, obvio, y eso que fueron vizzio, hershey's, sahne nuss y hasta una torta de chocolate con lúcuma), mi examen de Teoría Económica mañana (la fotocopia del cuaderno de la Cata y un libro gigante están encima de mi cama rodeados de tazas vacías, galletas de agua y papeles rayados) y la música que se me ocurre poner de fondo (no he logrado decidir si será más dramático cortarse las venas con alejandro sanz o sin bandera), sólo sé que quiero dormir mil horas. Un millón. Hasta que sea invierno otra vez.
Y llorar. Seguir comiendo chocolates. (Suspiro). Mankiw me espera.
Un minuto de silencio (por la sonrisa perdida).
Escucho Uninvited. Son las once de la noche. Mi messenger está conectado y no disponible.
Entre una gastroenteritis porque ayer hice la dieta del chocolate a ver si se me pasaba la pena (que no se me pasó, obvio, y eso que fueron vizzio, hershey's, sahne nuss y hasta una torta de chocolate con lúcuma), mi examen de Teoría Económica mañana (la fotocopia del cuaderno de la Cata y un libro gigante están encima de mi cama rodeados de tazas vacías, galletas de agua y papeles rayados) y la música que se me ocurre poner de fondo (no he logrado decidir si será más dramático cortarse las venas con alejandro sanz o sin bandera), sólo sé que quiero dormir mil horas. Un millón. Hasta que sea invierno otra vez.
Y llorar. Seguir comiendo chocolates. (Suspiro). Mankiw me espera.
Un minuto de silencio (por la sonrisa perdida).
Escucho Uninvited. Son las once de la noche. Mi messenger está conectado y no disponible.
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lunes, diciembre 05, 2005
veintiuno
El 4 de diciembre de 1984 era martes y había sol.
Ayer fue domingo y estuvo nublado.
Tengo cosas nuevas y un montón de llamados y visitas que no esperaba, un examen de economía mañana, sueño y un poco de pena, nada de hambre porque comí torta de chocolate con lúcuma, los labios partidos, el pelo amarrado, los ojos café, una paleta de dulce en la cabecera de mi cama, una canción triste de los Babasónicos de fondo.
Tengo veintiuno.
Miro afuera.
Cierro la ventana.
Ayer fue domingo y estuvo nublado.
Tengo cosas nuevas y un montón de llamados y visitas que no esperaba, un examen de economía mañana, sueño y un poco de pena, nada de hambre porque comí torta de chocolate con lúcuma, los labios partidos, el pelo amarrado, los ojos café, una paleta de dulce en la cabecera de mi cama, una canción triste de los Babasónicos de fondo.
Tengo veintiuno.
Miro afuera.
Cierro la ventana.
sábado, diciembre 03, 2005
don't cry
Triste.
No tengo ganas de hablar. No sé por qué escribo, tampoco. La Toña me fue a buscar a Starbucks y me compró un chocolate caliente en la Shell de Holanda con Carlos Antúnez.
Las lágrimas son tibias y saladas.
Hace frío.
No tengo ganas de hablar. No sé por qué escribo, tampoco. La Toña me fue a buscar a Starbucks y me compró un chocolate caliente en la Shell de Holanda con Carlos Antúnez.
Las lágrimas son tibias y saladas.
Hace frío.
viernes, diciembre 02, 2005
[casi] post mortem
Jaqueca.
Hace tanto no me pasaba, que creí que moría de verdad. Si no hubiera sido porque un tipo encantador me regaló una aspirina en la micro, quizá hubiera muerto. Pero acabo de pasar cinco horas dormida y ya me siento bien. El mundo dejó de dar vueltas, y mi cabeza dejó de creer que era un corazón con taquicardia. Se llama Oliver y es publicista. Usa rastas. Andaba con anteojos de sol y un gorrito muy lindo. Me cayó bien. Se rió cuando le pregunté si no estaba tratando de drogarme con la aspirina.
Ayer fuimos al teleférico con la Celeste y Pablo y fue increíble. Llegamos a la virgen y miramos Santiago mucho rato. También tomamos helados en el Emporio, probé uno de chocolate con guindas que me encantó. Terminamos taller. Pasé. Con un cinco, de hecho, pero el uno de la prueba de noticias me deja como en un cuatro seis o algo así. Las décimas valen, sin duda, todo el tiempo libre que tuve a cambio. Santiago se ve muy lindo desde arriba. Parece que las micros fueran de maqueta. Como los lego con que jugaba cuando era chica.
Había ido una vez antes al teleférico, con Toño. Me encanta sentir que existo lejos de los edificios pero cerca del cielo. Estoy en pijama, ahora, y con calcetines chilotes, pelo suelto, bostezo.
Me voy a acostar otra vez.
Debiera estudiar economía.
Voy a ver Moulin Rouge.
Hace tanto no me pasaba, que creí que moría de verdad. Si no hubiera sido porque un tipo encantador me regaló una aspirina en la micro, quizá hubiera muerto. Pero acabo de pasar cinco horas dormida y ya me siento bien. El mundo dejó de dar vueltas, y mi cabeza dejó de creer que era un corazón con taquicardia. Se llama Oliver y es publicista. Usa rastas. Andaba con anteojos de sol y un gorrito muy lindo. Me cayó bien. Se rió cuando le pregunté si no estaba tratando de drogarme con la aspirina.
Ayer fuimos al teleférico con la Celeste y Pablo y fue increíble. Llegamos a la virgen y miramos Santiago mucho rato. También tomamos helados en el Emporio, probé uno de chocolate con guindas que me encantó. Terminamos taller. Pasé. Con un cinco, de hecho, pero el uno de la prueba de noticias me deja como en un cuatro seis o algo así. Las décimas valen, sin duda, todo el tiempo libre que tuve a cambio. Santiago se ve muy lindo desde arriba. Parece que las micros fueran de maqueta. Como los lego con que jugaba cuando era chica.
Había ido una vez antes al teleférico, con Toño. Me encanta sentir que existo lejos de los edificios pero cerca del cielo. Estoy en pijama, ahora, y con calcetines chilotes, pelo suelto, bostezo.
Me voy a acostar otra vez.
Debiera estudiar economía.
Voy a ver Moulin Rouge.
miércoles, noviembre 30, 2005
bronceado fascinante
A las diez de la mañana me subí a un bus, asiento diecisiete, al lado de la ventana, y partí a Viña.
Increíble.
Como regalo de cumpleaños adelantado, almorcé en la terraza del Enjoy del Mar. Comí ensalada y torta de lúcuma y tomé café y jugo de chirimoya, aunque no en ese orden. Antes me acosté al sol, arriba de un pareo fucsia. Después me bañé en olas congeladas. Caminé por Libertad y por plazas y por la playa. Escribí. Leí. Dormí.
Es verdad que de repente quise compañía. Tú, específicamente. Pero fue lindo. Y antes de volver, me junté con mi hermano un ratito a conversar de la vida. Doce horas después de un bus repleto, me siento frente al computador un poco menos blanca y con arena en el pelo.
Mi diosa, hoy, es Inana.
Reconocer mi sombra.
Se acaba un día de sol.
Increíble.
Como regalo de cumpleaños adelantado, almorcé en la terraza del Enjoy del Mar. Comí ensalada y torta de lúcuma y tomé café y jugo de chirimoya, aunque no en ese orden. Antes me acosté al sol, arriba de un pareo fucsia. Después me bañé en olas congeladas. Caminé por Libertad y por plazas y por la playa. Escribí. Leí. Dormí.
Es verdad que de repente quise compañía. Tú, específicamente. Pero fue lindo. Y antes de volver, me junté con mi hermano un ratito a conversar de la vida. Doce horas después de un bus repleto, me siento frente al computador un poco menos blanca y con arena en el pelo.
Mi diosa, hoy, es Inana.
Reconocer mi sombra.
Se acaba un día de sol.
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martes, noviembre 29, 2005
cemento y arena
Mañana me voy a Viña.
Necesito salir de acá y tener un día para hacer nada frente al mar. Pasaré a ver a mi hermano, supongo. Y a tomar cafecito en el centro.
Hoy dormí hasta las dos de la tarde. Estuve en la piscina y después fui a trabajar. Hoy pienso que voy a echar de menos Starbucks. Me pasa que siento, de repente, que es mi lugar en el mundo, que ahí adentro tengo por qué y por quiénes pelear. Y quizá mis percepciones son erradas y todos buscamos lo mismo. No sé. Quiero mi verano y mi tiempo y mi vida. Pero también quiero defender algo, quedarme, pertenecer.
Hablaré con la Dani. Tal vez sea posible encontrar un punto intermedio.
Necesito salir de acá y tener un día para hacer nada frente al mar. Pasaré a ver a mi hermano, supongo. Y a tomar cafecito en el centro.
Hoy dormí hasta las dos de la tarde. Estuve en la piscina y después fui a trabajar. Hoy pienso que voy a echar de menos Starbucks. Me pasa que siento, de repente, que es mi lugar en el mundo, que ahí adentro tengo por qué y por quiénes pelear. Y quizá mis percepciones son erradas y todos buscamos lo mismo. No sé. Quiero mi verano y mi tiempo y mi vida. Pero también quiero defender algo, quedarme, pertenecer.
Hablaré con la Dani. Tal vez sea posible encontrar un punto intermedio.
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viernes, noviembre 25, 2005
vamos a decir que no
Dormí toda la tarde.
Antes de dormir tuve dos pruebas y el cambio de mando del CECOM, así que comí papas fritas y tomé pisco sour mientras hacía vida social con la lista que ganó.
Soñé que hablaba con un pez igual a Flounder, de La Sirenita. Desperté feliz, hice un programa de radio con mi hermana y vi tele hasta hace poco en la pieza de mi mamá. Vida familiar. Nunca estoy suficiente rato en mi casa como para eso. De hecho, comí sentada frente a un plato en el comedor y me quedé hasta el postre. Todo un evento.
Me hace falta no correr. Ayer lloré mientras estudiaba el IPC y el PIB y al final no entendí nada porque la economía no existe. Tampoco alcancé a leer medios4. La vida se me va entre Starbucks y nada. Y Starbucks no me basta ni me sobra, ni me viene, ni me va. Anoche, antes de cerrar, firmé para el petitorio del sindicato.
Acabo de bajar el video de la franja del no.
Toda una reliquia.
Me encanta esa canción.
Antes de dormir tuve dos pruebas y el cambio de mando del CECOM, así que comí papas fritas y tomé pisco sour mientras hacía vida social con la lista que ganó.
Soñé que hablaba con un pez igual a Flounder, de La Sirenita. Desperté feliz, hice un programa de radio con mi hermana y vi tele hasta hace poco en la pieza de mi mamá. Vida familiar. Nunca estoy suficiente rato en mi casa como para eso. De hecho, comí sentada frente a un plato en el comedor y me quedé hasta el postre. Todo un evento.
Me hace falta no correr. Ayer lloré mientras estudiaba el IPC y el PIB y al final no entendí nada porque la economía no existe. Tampoco alcancé a leer medios4. La vida se me va entre Starbucks y nada. Y Starbucks no me basta ni me sobra, ni me viene, ni me va. Anoche, antes de cerrar, firmé para el petitorio del sindicato.
Acabo de bajar el video de la franja del no.
Toda una reliquia.
Me encanta esa canción.
miércoles, noviembre 23, 2005
rainy day
En la mañana caminé hasta el metro con un libro de economía en mi cabeza.
Sigue lloviendo. Pensé que ya estábamos cerca del verano. Y no es que me moleste la lluvia, al revés, me encanta y me dan ganas de tomar helado de chocolate, pero independiente de eso, hoy no debiera llover. No estoy envuelta en frazadas abrazando a alguien, viendo películas malas en el cable. No alcanzo a llorar escuchando canciones viejas ni a escribir en mi cuaderno antes de irme a trabajar. No quiero estar vestida con chaleco de lana.
Hoy no es día de lluvia.
Pero llueve.
Y tengo pena.
Sigue lloviendo. Pensé que ya estábamos cerca del verano. Y no es que me moleste la lluvia, al revés, me encanta y me dan ganas de tomar helado de chocolate, pero independiente de eso, hoy no debiera llover. No estoy envuelta en frazadas abrazando a alguien, viendo películas malas en el cable. No alcanzo a llorar escuchando canciones viejas ni a escribir en mi cuaderno antes de irme a trabajar. No quiero estar vestida con chaleco de lana.
Hoy no es día de lluvia.
Pero llueve.
Y tengo pena.
martes, noviembre 22, 2005
no fear
De hoy en adelante, a las tres de la mañana siempre tendré un poco de miedo.
Tiene sentido eso de que sea la hora inversa a la muerte de Jesús. El tiempo no existe, lo sé. Pero le ponemos nombre y entonces empieza a existir. Y "El exorcismo de Emily Rose" me dejó pensando. No pude evitar llegar a buscar la verdadera historia de una mujer que murió a los 23 años, en Alemania, a fines de los 60. Poseída.
Creo en las posesiones. Creo en la oscuridad. Creo en Lucifer, Belzebú o como quieran llamarlo. Creo porque creo en Dios. Y Dios es capaz de dar libertad para optar por lo oscuro. Y lo oscuro tiene que existir para poder optar por ello.
No siempre se trata de opciones, claro.
A veces son simplemente ataques.
Dicen que el mundo se divide en dos ejércitos; está el ejército de la luz y el de la oscuridad. Yo estoy dispuesta a pelear en el de la luz.
Son casi las dos de la mañana.
Y yo creo.
Wahe Guru Ji Ka Khalsa, Wahe Guru Ji Ki Fateh!
[Las almas puras pertenecen al cielo, la victoria siempre es de Dios]
Tiene sentido eso de que sea la hora inversa a la muerte de Jesús. El tiempo no existe, lo sé. Pero le ponemos nombre y entonces empieza a existir. Y "El exorcismo de Emily Rose" me dejó pensando. No pude evitar llegar a buscar la verdadera historia de una mujer que murió a los 23 años, en Alemania, a fines de los 60. Poseída.
Creo en las posesiones. Creo en la oscuridad. Creo en Lucifer, Belzebú o como quieran llamarlo. Creo porque creo en Dios. Y Dios es capaz de dar libertad para optar por lo oscuro. Y lo oscuro tiene que existir para poder optar por ello.
No siempre se trata de opciones, claro.
A veces son simplemente ataques.
Dicen que el mundo se divide en dos ejércitos; está el ejército de la luz y el de la oscuridad. Yo estoy dispuesta a pelear en el de la luz.
Son casi las dos de la mañana.
Y yo creo.
Wahe Guru Ji Ka Khalsa, Wahe Guru Ji Ki Fateh!
[Las almas puras pertenecen al cielo, la victoria siempre es de Dios]
lunes, noviembre 21, 2005
hipersensibilidad
No me hablen. No me miren. No me toquen.
Hoy, todo me altera un poco más que siempre. Tengo un poco de sueño, un poco de pena y muchas ganas de comer chocolate. Mis hormonas, obvio. Pero además estoy cansada. Quiero partir a Viña a ver el mar, aunque sea un ratito.
Una semana de clases. Seis notas, cuatro ramos. Treinta y nueve días de Starbucks y catorce para mis veintiuno.
Mañosa.
(Puchero).
Voy a tomar sopa de pollo.
Hoy, todo me altera un poco más que siempre. Tengo un poco de sueño, un poco de pena y muchas ganas de comer chocolate. Mis hormonas, obvio. Pero además estoy cansada. Quiero partir a Viña a ver el mar, aunque sea un ratito.
Una semana de clases. Seis notas, cuatro ramos. Treinta y nueve días de Starbucks y catorce para mis veintiuno.
Mañosa.
(Puchero).
Voy a tomar sopa de pollo.
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sábado, noviembre 19, 2005
time's up
Odio las horas.
Si no tuviera que estar en treinta y ocho minutos más poniéndome la pechera con bolsillos de Starbucks, creo que subiría la música y bailaría al sol. Llamaría a la Toña para que nos tomáramos un café. Terminaría el libro de cuentos de Cortázar. Escribiría otra vez mi guión.
Sé que son opciones. Que yo opté porque las horas existieran en mi vida durante varios meses. Pero nada. No es que me arrepienta ni mucho menos. Es que ya me cansaron los relojes, solamente.
Quiero salir a caminar sin saber que en algún momento tengo que volver.
Si no tuviera que estar en treinta y ocho minutos más poniéndome la pechera con bolsillos de Starbucks, creo que subiría la música y bailaría al sol. Llamaría a la Toña para que nos tomáramos un café. Terminaría el libro de cuentos de Cortázar. Escribiría otra vez mi guión.
Sé que son opciones. Que yo opté porque las horas existieran en mi vida durante varios meses. Pero nada. No es que me arrepienta ni mucho menos. Es que ya me cansaron los relojes, solamente.
Quiero salir a caminar sin saber que en algún momento tengo que volver.
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viernes, noviembre 18, 2005
en la cama
Nunca he tenido sexo.
De hecho, en veinte años, veintiuno en un par de semanas, nunca he dormido toda la noche al lado de alguien, ni he visto a un hombre sin ropa ni me ha visto nadie a mí tampoco, a excepción de una aventura con un ex [pero creo que no vale, porque estaba casi oscuro y yo quería salir corriendo] y bueno, mi experiencia sexual es mínima. Eso.
El punto de todo esto es que acabo de ver la película de Matías Bize y aluciné. Si hay algo que me fascina del cine, y que no he encontrado ni en libros, ni en teatro, ni en tele, es que puedo estar en la historia. Puedo ser la mina que está en la cama. No pensar que soy ella. Ser. El cine envuelve.
Pero, a diferencia de muchos, creo que 'en la cama', no se trata de amor.
Tampoco de sexo.
Creo que es una hora cuarenta que muestra, sin más pretensiones que mostrar, el encuentro entre dos personas que son lo que son, con miedos y trancas y rollos. Con partes de matrimonio en la cartera y una ex que llama a las cuatro de la mañana. Blanca bailando Supernova y Valenzuela cabeza abajo apoyado en la pared. Miradas profundas y a veces tristes, diálogos casi sin guión, y esa forma de enfrentarse en silencio.
Creo que, 'en la cama', es pura química.
Lo que hizo la historia de Bize conmigo fue llevarme a un motel, y una sola vez he entrado a uno, con la Bárbara, en primero, para una entrevista que nos tocó hacer juntas. Entonces estar ahí, con un tipo que era insoportable y encantador , pero sobre todo, sincero, me dejó en silencio escuchando la canción final hasta que prendieron las luces y pasé a columpiarme camino a mi casa. La nostalgia de otra vida, seguro.
Nunca he tenido una pareja. Novios sí, varios. Pero ninguno que me mirara a los ojos y me dijera, oye, qué te gusta. Qué te hace feliz. Quién eres. Caminemos juntos y odiémonos a veces, pero volvamos siempre o casi siempre, y démonos cuenta que el futuro no existe, que el tiempo no existe, que todo es ahora y mañana no es que no importe, pero no nos asusta. Nunca un novio ha sido mi mejor amigo.
No creo en los procesos, ni en los convencionalismos.
Creo en lo espontáneo.
En esa sonrisa media absurda que hace que me brillen los ojos.
De hecho, en veinte años, veintiuno en un par de semanas, nunca he dormido toda la noche al lado de alguien, ni he visto a un hombre sin ropa ni me ha visto nadie a mí tampoco, a excepción de una aventura con un ex [pero creo que no vale, porque estaba casi oscuro y yo quería salir corriendo] y bueno, mi experiencia sexual es mínima. Eso.
El punto de todo esto es que acabo de ver la película de Matías Bize y aluciné. Si hay algo que me fascina del cine, y que no he encontrado ni en libros, ni en teatro, ni en tele, es que puedo estar en la historia. Puedo ser la mina que está en la cama. No pensar que soy ella. Ser. El cine envuelve.
Pero, a diferencia de muchos, creo que 'en la cama', no se trata de amor.
Tampoco de sexo.
Creo que es una hora cuarenta que muestra, sin más pretensiones que mostrar, el encuentro entre dos personas que son lo que son, con miedos y trancas y rollos. Con partes de matrimonio en la cartera y una ex que llama a las cuatro de la mañana. Blanca bailando Supernova y Valenzuela cabeza abajo apoyado en la pared. Miradas profundas y a veces tristes, diálogos casi sin guión, y esa forma de enfrentarse en silencio.
Creo que, 'en la cama', es pura química.
Lo que hizo la historia de Bize conmigo fue llevarme a un motel, y una sola vez he entrado a uno, con la Bárbara, en primero, para una entrevista que nos tocó hacer juntas. Entonces estar ahí, con un tipo que era insoportable y encantador , pero sobre todo, sincero, me dejó en silencio escuchando la canción final hasta que prendieron las luces y pasé a columpiarme camino a mi casa. La nostalgia de otra vida, seguro.
Nunca he tenido una pareja. Novios sí, varios. Pero ninguno que me mirara a los ojos y me dijera, oye, qué te gusta. Qué te hace feliz. Quién eres. Caminemos juntos y odiémonos a veces, pero volvamos siempre o casi siempre, y démonos cuenta que el futuro no existe, que el tiempo no existe, que todo es ahora y mañana no es que no importe, pero no nos asusta. Nunca un novio ha sido mi mejor amigo.
No creo en los procesos, ni en los convencionalismos.
Creo en lo espontáneo.
En esa sonrisa media absurda que hace que me brillen los ojos.
jueves, noviembre 17, 2005
i want to break free
Utilidad. Comodidad. Necesidad.
No sé por qué es útil un prepago que nunca tiene minutos, ni cómodo que me ubiquen a cualquier hora en cualquier lugar, ni necesario estar pendiente de dejarlo en silencio antes de entrar a clases, pero el hecho es que, desde ayer, tengo celular de nuevo. La Toña cambió el suyo, y me lo regaló.
Es raro.
Me había acostumbrado a desaparecer.
Lo seguiré haciendo, seguro. Apagaré el celular de repente, y me subiré al teleférico para ver el atardecer desde los pies de la virgen o qué sé yo. Pero es divertido. Y como tiendo a ser un poco obsesiva, no me complica mirar todo el día si es que ha sonado sin que yo escuchara, o si el silencio obligado mientras trabajo me hizo dejar de contestar llamadas importantes. Aunque casi nadie tiene mi número.
Perdimos las elecciones. Igual era un poco obvio.
Escucho Queen.
No sé por qué es útil un prepago que nunca tiene minutos, ni cómodo que me ubiquen a cualquier hora en cualquier lugar, ni necesario estar pendiente de dejarlo en silencio antes de entrar a clases, pero el hecho es que, desde ayer, tengo celular de nuevo. La Toña cambió el suyo, y me lo regaló.
Es raro.
Me había acostumbrado a desaparecer.
Lo seguiré haciendo, seguro. Apagaré el celular de repente, y me subiré al teleférico para ver el atardecer desde los pies de la virgen o qué sé yo. Pero es divertido. Y como tiendo a ser un poco obsesiva, no me complica mirar todo el día si es que ha sonado sin que yo escuchara, o si el silencio obligado mientras trabajo me hizo dejar de contestar llamadas importantes. Aunque casi nadie tiene mi número.
Perdimos las elecciones. Igual era un poco obvio.
Escucho Queen.
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jueves, noviembre 10, 2005
more than words
Tres y media de la tarde.
Tengo un poco de frío y estoy sentada, derecha, en una silla incómoda. Hace poco terminamos el debate para las elecciones del CECOM. Estoy contenta. Fue sólido, como grupo. Fue lindo. Sentí que estoy defendiendo algo en lo que creo.
Me estoy despellejando. Tengo ganas de dejar Starbucks, y el tiempo hasta diciembre se me hace eterno. Bostezo. Anoche dormí poco. Hoy dormiré menos porque es el cumpleaños de mi tata. El sábado tengo la última clase de tarot, en el Cajón del Maipo.
Me encanta esta sensación.
El dolor en la guata antes de llamar por teléfono.
Tengo un poco de frío y estoy sentada, derecha, en una silla incómoda. Hace poco terminamos el debate para las elecciones del CECOM. Estoy contenta. Fue sólido, como grupo. Fue lindo. Sentí que estoy defendiendo algo en lo que creo.
Me estoy despellejando. Tengo ganas de dejar Starbucks, y el tiempo hasta diciembre se me hace eterno. Bostezo. Anoche dormí poco. Hoy dormiré menos porque es el cumpleaños de mi tata. El sábado tengo la última clase de tarot, en el Cajón del Maipo.
Me encanta esta sensación.
El dolor en la guata antes de llamar por teléfono.
lunes, noviembre 07, 2005
domingo, noviembre 06, 2005
sí, a veces, gracias
Llegué hace poco del Xampayet, fuimos con la Toña y la Kika a tomar copetes ricos y jugar verdad o consecuencia. Lo pasé bien.
Por primera vez en veinte años, estoy viviendo momentos. De a uno. Sí, ahora soy feliz, no, ahora no. Etcétera. Queriendo comprender qué me pasa siempre. Me inscribí para correr los 10km de Nike mañana pero parece que no voy a ir, es demasiado temprano. Además, en toda mi vida escolar nunca pude correr más que un kilómetro o dos, entonces para qué.
Acabo de integrarme a una lista para el Cecom el próximo año. Y ésta es mi motivación:
"Nunca me gustó mi colegio. Ahora quiero que me guste mi universidad. Creo que es principalmente por eso que me presento para formar parte del centro de estudiantes el próximo año.
Es difícil conocer el mundo si uno está acostumbrado a ver sólo una parte. Cuando recién entré a Periodismo, no tenía claro, ni siquiera, por qué lo hacía. Después de seis semestres, he llegado a comprender que en Comunicaciones es necesario no sólo conocer el mundo, sino formar parte de él. Para comunicar no basta con ponerse un día de pie frente a una cámara y decir “hola, buenas tardes, estamos acá…” sino hay que poder retratar lo que se vive. Estudiar Comunicaciones es comprometerse. Es una carrera involucrada con la sociedad, sin distinciones entre quienes la conformen.
Yo salí de un colegio de monjas. Hace tres años, cuando estaba en primero, quise pertenecer a un centro de estudiantes. Desde entonces, siento que ha pasado una vida. Que soy una persona distinta.
Es que es en la universidad, recién, donde quien está acostumbrado a guardar silencio encuentra un espacio para hablar. Es en la universidad donde se abren puertas y ventanas, y en algún minuto alguien te obliga a abrir los ojos y ver. Es en la universidad donde se despiertan las ganas de luchar que estaban dormidas, de defender ideales y derechos, de querer que todos, sin excepción, puedan vivir la vida de manera digna.
Es en la universidad que existe el espacio para soñar. Yo quiero ser parte de la construcción de un mundo mejor y sé que no me equivoco, si digo que eso queremos todos. No seamos el futuro, seamos el presente. Puede que un centro de estudiantes no cambie la historia de un país, pero sí puede cambiar la historia de una persona, y, por eso, toda lucha está justificada.
Avíspate. Despierta. Trabajemos. Es tiempo ya."
Me voy a dormir. Suficiente por hoy.
Buenas noches.
Y un beso para ti.
Por primera vez en veinte años, estoy viviendo momentos. De a uno. Sí, ahora soy feliz, no, ahora no. Etcétera. Queriendo comprender qué me pasa siempre. Me inscribí para correr los 10km de Nike mañana pero parece que no voy a ir, es demasiado temprano. Además, en toda mi vida escolar nunca pude correr más que un kilómetro o dos, entonces para qué.
Acabo de integrarme a una lista para el Cecom el próximo año. Y ésta es mi motivación:
"Nunca me gustó mi colegio. Ahora quiero que me guste mi universidad. Creo que es principalmente por eso que me presento para formar parte del centro de estudiantes el próximo año.
Es difícil conocer el mundo si uno está acostumbrado a ver sólo una parte. Cuando recién entré a Periodismo, no tenía claro, ni siquiera, por qué lo hacía. Después de seis semestres, he llegado a comprender que en Comunicaciones es necesario no sólo conocer el mundo, sino formar parte de él. Para comunicar no basta con ponerse un día de pie frente a una cámara y decir “hola, buenas tardes, estamos acá…” sino hay que poder retratar lo que se vive. Estudiar Comunicaciones es comprometerse. Es una carrera involucrada con la sociedad, sin distinciones entre quienes la conformen.
Yo salí de un colegio de monjas. Hace tres años, cuando estaba en primero, quise pertenecer a un centro de estudiantes. Desde entonces, siento que ha pasado una vida. Que soy una persona distinta.
Es que es en la universidad, recién, donde quien está acostumbrado a guardar silencio encuentra un espacio para hablar. Es en la universidad donde se abren puertas y ventanas, y en algún minuto alguien te obliga a abrir los ojos y ver. Es en la universidad donde se despiertan las ganas de luchar que estaban dormidas, de defender ideales y derechos, de querer que todos, sin excepción, puedan vivir la vida de manera digna.
Es en la universidad que existe el espacio para soñar. Yo quiero ser parte de la construcción de un mundo mejor y sé que no me equivoco, si digo que eso queremos todos. No seamos el futuro, seamos el presente. Puede que un centro de estudiantes no cambie la historia de un país, pero sí puede cambiar la historia de una persona, y, por eso, toda lucha está justificada.
Avíspate. Despierta. Trabajemos. Es tiempo ya."
Me voy a dormir. Suficiente por hoy.
Buenas noches.
Y un beso para ti.
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jueves, noviembre 03, 2005
.hoy.
Hoy me puse la falda al revés.
Me di cuenta en la micro, justo antes de bajarme en Tobalaba con Providencia porque si no me subía al metro iba a llegar a taller mucho más tarde que lo que ya iba. Me dio risa. Me acordé que cuando uno se viste al revés, le llegan regalos. Ojalá.
Después fui al teológico, trabajé toda la tarde y la Toña se vino a mi casa a terminar el FODA para Medios4. Es la una de la mañana y se acaba de ir. La Gianni pasó a dejar el bolso con mi ropa. Conversé con Sebastián, que pasó a Starbucks, y me encontré con Francisco, un gallo que conocí alguna vez porque era dueño de un almacén a la salida del Cine Las Lilas. También vi a Claudio. No me produjo nada. Ni ganas de regalarle un café.
Empecé a leer 'Desayuno en Tiffany's', de Capote.
Escucho Miranda.
Tengo un poco de sueño.
Me di cuenta en la micro, justo antes de bajarme en Tobalaba con Providencia porque si no me subía al metro iba a llegar a taller mucho más tarde que lo que ya iba. Me dio risa. Me acordé que cuando uno se viste al revés, le llegan regalos. Ojalá.
Después fui al teológico, trabajé toda la tarde y la Toña se vino a mi casa a terminar el FODA para Medios4. Es la una de la mañana y se acaba de ir. La Gianni pasó a dejar el bolso con mi ropa. Conversé con Sebastián, que pasó a Starbucks, y me encontré con Francisco, un gallo que conocí alguna vez porque era dueño de un almacén a la salida del Cine Las Lilas. También vi a Claudio. No me produjo nada. Ni ganas de regalarle un café.
Empecé a leer 'Desayuno en Tiffany's', de Capote.
Escucho Miranda.
Tengo un poco de sueño.
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martes, noviembre 01, 2005
dimensión alternativa
Se acabó el paseo del ombligo. Oficialmente. Ya estoy de vuelta en mi casa, con anteojos nuevos de sol porque los míos los perdí entre tanto caos, roja a pesar de que el tiempo de playa fue menos de una hora y sentada frente a mi blog, mientras ordeno y analizo y guardo un minuto de silencio.
Fue raro. Lo pasé bien. Aunque me cansé de no ser yo. No tomo, pero en el paseo tomé un poco. No ando por la vida besando gente que no conozco, pero en el paseo besé a un arquitecto. El paseo. Del ombligo. La mitad de una carrera que recién vengo a comprender. Con compañeros que jamás en la vida me habían hablado, carretiando. Tomando sol. Durmiendo de a cuatro en una cama matrimonial. Llenando vasos plásticos con ron, pisco sour, ponche, cerveza, lo que hubiera. Bailando reggaeton. Pensando que, si en Santiago alguien me hubiera estado esperando, no me hubiera costado nada tomar mis cosas y partir.
El no pertenecer. Nunca formar parte totalmente, porque un poquito de mí siempre se aburre antes que el resto y me dan ganas de apagar la música y de buscar un lugar en que todo tenga sentido otra vez.
Ayer caminé por Viña, sola. Le regalé un libro al gallo que me hizo la trenza en la feria, porque me encantó. Un señor me regaló uno de los vasos que vendía, para agradecerme unos chocolates. Me junté con mi hermano y hablamos de la vida, y nos fuimos a su casa en dos micros. Alojé allá. Hoy temprano bajé al terminal y leí el diario mientras esperaba el bus de vuelta.
Fue un buen fin de semana. Lo pasé bien. Pero no es lo mío, me queda claro. Lo mío es más de verdad.
No extrañé Starbucks ni mi casa.
Me extrañé a mí.
Eso es todo.
Fue raro. Lo pasé bien. Aunque me cansé de no ser yo. No tomo, pero en el paseo tomé un poco. No ando por la vida besando gente que no conozco, pero en el paseo besé a un arquitecto. El paseo. Del ombligo. La mitad de una carrera que recién vengo a comprender. Con compañeros que jamás en la vida me habían hablado, carretiando. Tomando sol. Durmiendo de a cuatro en una cama matrimonial. Llenando vasos plásticos con ron, pisco sour, ponche, cerveza, lo que hubiera. Bailando reggaeton. Pensando que, si en Santiago alguien me hubiera estado esperando, no me hubiera costado nada tomar mis cosas y partir.
El no pertenecer. Nunca formar parte totalmente, porque un poquito de mí siempre se aburre antes que el resto y me dan ganas de apagar la música y de buscar un lugar en que todo tenga sentido otra vez.
Ayer caminé por Viña, sola. Le regalé un libro al gallo que me hizo la trenza en la feria, porque me encantó. Un señor me regaló uno de los vasos que vendía, para agradecerme unos chocolates. Me junté con mi hermano y hablamos de la vida, y nos fuimos a su casa en dos micros. Alojé allá. Hoy temprano bajé al terminal y leí el diario mientras esperaba el bus de vuelta.
Fue un buen fin de semana. Lo pasé bien. Pero no es lo mío, me queda claro. Lo mío es más de verdad.
No extrañé Starbucks ni mi casa.
Me extrañé a mí.
Eso es todo.
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