Llevaba mucho sin escribir.
No sé por qué, pero se me agotaron las palabras.
A esta hora sigo en pijama y acostada, después de las dos semanas de cesantía más ocupadas del mundo, porque justo coincidió con que estaba mi hermano y mi cuñada y mis sobrinos en Santiago, y era el matrimonio de mi prima (su despedida de soltera también), y con Mati estamos armando el departamento nuevo y bueno, fueron dos semanas bacanes. Recién ahora me empiezo a dar cuenta de que no tengo nada que hacer, y eso me estresa un poquito. No estoy urgida todavía, sólo a punto de levantarme a correr alrededor del edificio. Así que voy a buscar un trabajo nuevo.
Después de cuestionármelo mucho, al final leí el Secreto, y me encantó. Es que claro, la ley de atracción es un asunto muy antiguo y me choca un poco que la hayan convertido en el éxito de ventas de uno de los libros más caros de la vida, pero también es cierto que está muy bien explicada, y que resulta tan fácil de entender, que se agradece. Así que ahora opté por pensar todo en positivo, dejando de lado los fantasmas que me acosan por culpa de mi TOC. Ya no dejo que mi cabeza se llene de asesinos ni de accidentes terribles, ni que los autos me persigan cuando camino de noche. Trato de no pensar tanto en el pasado tampoco, para que no se le ocurra volver ahora que mi presente es brillante y feliz.
Y eso.
Tengo mil cosas que contar, pero todo a su tiempo.
Tomo una taza de té dulce y bostezo.
martes, marzo 31, 2009
sábado, marzo 14, 2009
always remember
Ya planté el árbol y escribí el libro.
Sólo me falta tener un hijo.
Ayer entregué mi primera novela, de 141 páginas y en cinco copias anilladas, para participar en un concurso. Fue emocionante. Un sueño cumplido, al fin, después de tantos años pensándolo. El jueves fue mi último día en la revista, con un par de lágrimas mientras me despedía de todas las personas que aprendí a querer tanto. Hoy, en pijama y con las cortinas cerradas, con un poquito de dolor de cabeza y muchísima nostalgia, escribo que se acaba una de las etapas más importantes de mi vida. Que cierro otro capítulo.
No sé qué vendrá ahora, aparte de todos los planes que tenemos con Mati. El departamento nuevo, de dos piezas, el trabajo que estoy empezando a buscar, el futuro. No tengo miedo, porque me gustan los cambios. Pero, como en todo comienzo, siento millones de mariposas en la guata, y el corazón acelerado. Siento que, otra vez, estoy tomando decisiones importantes, propias, sin escuchar a nadie más. Siento que estoy un poco más cerca de mí. Y de Dios. Que estoy a un segundo de recuperar la fe, después de creer que la había perdido para siempre.
Me encanta escribir mi blog.
El otro día hablé con la Siri, y fue bacán.
A veces soy tan chiquitita.
Sólo me falta tener un hijo.
Ayer entregué mi primera novela, de 141 páginas y en cinco copias anilladas, para participar en un concurso. Fue emocionante. Un sueño cumplido, al fin, después de tantos años pensándolo. El jueves fue mi último día en la revista, con un par de lágrimas mientras me despedía de todas las personas que aprendí a querer tanto. Hoy, en pijama y con las cortinas cerradas, con un poquito de dolor de cabeza y muchísima nostalgia, escribo que se acaba una de las etapas más importantes de mi vida. Que cierro otro capítulo.
No sé qué vendrá ahora, aparte de todos los planes que tenemos con Mati. El departamento nuevo, de dos piezas, el trabajo que estoy empezando a buscar, el futuro. No tengo miedo, porque me gustan los cambios. Pero, como en todo comienzo, siento millones de mariposas en la guata, y el corazón acelerado. Siento que, otra vez, estoy tomando decisiones importantes, propias, sin escuchar a nadie más. Siento que estoy un poco más cerca de mí. Y de Dios. Que estoy a un segundo de recuperar la fe, después de creer que la había perdido para siempre.
Me encanta escribir mi blog.
El otro día hablé con la Siri, y fue bacán.
A veces soy tan chiquitita.
lunes, marzo 02, 2009
jueves, febrero 19, 2009
this is me
En Algarrobo, con mis amigas, mirando el mar desde la terraza.
Estoy tranquila, esperanzada, feliz.
Las vacaciones se convirtieron, al final, en la oportunidad de evaluarlo todo. De mirar. De mirar de verdad, sin velos que hicieran que mi mundo estuviera tan nublado. Ya me queda una semana, un poco más, y siento que me estoy volviendo a sentir viva. No pediría ningún deseo, aunque se apareciera al frente mío el genio de la lámpara mágica. No necesito más. Echaba tanto de menos disfrutar las cosas sencillas, que no me había dado cuenta de cómo volver a hacerlo. Y aquí estoy ahora. Sola, con el viento que sopla fuerte y la certeza de que se puede volver a empezar.
Quizás no soy más sabia que hace dos años, cuando tenía tan claro lo que no quería hacer conmigo, antes de terminar cayendo en la ilusión de lo material. Quizás las experiencias no fueron suficiente para hacerme crecer. Quizás lo más importante, o lo único, que aprendí, fue que no quiero perderme más. Que me quiero a mí misma tanto como para luchar por mis propios sueños, a mi propio ritmo. Que no me importa, ni me ha importado nunca en realidad, lo que los demás opinen, aunque en algún minuto sentí que ésa era la única forma de valer. De existir.
Hoy, con el pelo mojado, más largo y suelto, sin una gota de maquillaje ni cremas ni brillos, me siento más linda que nunca.
Hoy miro el presente con una sonrisa y el futuro con calma.
Hoy le pido al cielo y a las diosas y a dios que no se me vuelva a olvidar que la libertad se gana y se pierde mil veces, pero que siempre se puede reconquistar.
Que en el fondo, y a pesar de todo, siempre seré yo. La misma. Diferente.
Estoy tranquila, esperanzada, feliz.
Las vacaciones se convirtieron, al final, en la oportunidad de evaluarlo todo. De mirar. De mirar de verdad, sin velos que hicieran que mi mundo estuviera tan nublado. Ya me queda una semana, un poco más, y siento que me estoy volviendo a sentir viva. No pediría ningún deseo, aunque se apareciera al frente mío el genio de la lámpara mágica. No necesito más. Echaba tanto de menos disfrutar las cosas sencillas, que no me había dado cuenta de cómo volver a hacerlo. Y aquí estoy ahora. Sola, con el viento que sopla fuerte y la certeza de que se puede volver a empezar.
Quizás no soy más sabia que hace dos años, cuando tenía tan claro lo que no quería hacer conmigo, antes de terminar cayendo en la ilusión de lo material. Quizás las experiencias no fueron suficiente para hacerme crecer. Quizás lo más importante, o lo único, que aprendí, fue que no quiero perderme más. Que me quiero a mí misma tanto como para luchar por mis propios sueños, a mi propio ritmo. Que no me importa, ni me ha importado nunca en realidad, lo que los demás opinen, aunque en algún minuto sentí que ésa era la única forma de valer. De existir.
Hoy, con el pelo mojado, más largo y suelto, sin una gota de maquillaje ni cremas ni brillos, me siento más linda que nunca.
Hoy miro el presente con una sonrisa y el futuro con calma.
Hoy le pido al cielo y a las diosas y a dios que no se me vuelva a olvidar que la libertad se gana y se pierde mil veces, pero que siempre se puede reconquistar.
Que en el fondo, y a pesar de todo, siempre seré yo. La misma. Diferente.
miércoles, febrero 11, 2009
time to change
Siete y media de la tarde.
En mi departamento a medio desarmar, mirando el cielo por la ventana.
Ya estoy en mi segunda semana de vacaciones. El tiempo ha volado entre tantas visitas a lugares para arrendar, pintando las paredes blancas blancas, tomando decisiones sobre qué quiero para mi futuro (y mi presente, que es incluso más importante), y durmiendo mucho, cada vez que puedo, donde sea y sin horario. Igual estoy cansada. Tengo las cosas un poco más claras, obvio, si no para qué serviría el tiempo libre y las sesiones con mi sicóloga y las pastillas maravillosas que me devolvieron al estado zen que creí haber perdido para siempre. Pero me falta. Bastante. A veces creo que nunca voy a encontrar mi camino. Como si la vida no fuera más que un montón de círculos que se abren y se cierran y se tratara sólo de eso. De cerrar uno y empezar otro, eternamente.
Ando mucho menos preocupada de la muerte, también. Y más de mi gato y de que la gente sepa que es bueno ser vegetariano. Yo no me comería al Conde, eso está claro. También estoy contenta con Mati. Es bacán. Es mi mejor amigo, aunque a veces discutamos por las cosas más tontas.
Siento que estoy en un despertar lento, muy lento, pero a paso firme y seguro.
Que voy a volver a ser yo, la misma, la de entonces y la de ahora.
Que voy a volver a creer.
En mi departamento a medio desarmar, mirando el cielo por la ventana.
Ya estoy en mi segunda semana de vacaciones. El tiempo ha volado entre tantas visitas a lugares para arrendar, pintando las paredes blancas blancas, tomando decisiones sobre qué quiero para mi futuro (y mi presente, que es incluso más importante), y durmiendo mucho, cada vez que puedo, donde sea y sin horario. Igual estoy cansada. Tengo las cosas un poco más claras, obvio, si no para qué serviría el tiempo libre y las sesiones con mi sicóloga y las pastillas maravillosas que me devolvieron al estado zen que creí haber perdido para siempre. Pero me falta. Bastante. A veces creo que nunca voy a encontrar mi camino. Como si la vida no fuera más que un montón de círculos que se abren y se cierran y se tratara sólo de eso. De cerrar uno y empezar otro, eternamente.
Ando mucho menos preocupada de la muerte, también. Y más de mi gato y de que la gente sepa que es bueno ser vegetariano. Yo no me comería al Conde, eso está claro. También estoy contenta con Mati. Es bacán. Es mi mejor amigo, aunque a veces discutamos por las cosas más tontas.
Siento que estoy en un despertar lento, muy lento, pero a paso firme y seguro.
Que voy a volver a ser yo, la misma, la de entonces y la de ahora.
Que voy a volver a creer.
lunes, febrero 02, 2009
corazón estepario
El viernes lloré todo el día.
Fue como si veinticuatro años de pena se hubieran decidido convertir en lágrimas.
No sé qué me pasó. No sé qué me ha pasado esta última semana, en realidad. Ando llena de pasado, pintando las paredes blancas, tan blancas como si yo nunca hubiera vivido acá escribiendo frases que me sé de memoria. Ando pensando en el futuro, buscando respuestas a un presente que no entiendo, tratando de encontrar algo que me guste además de mi pololo. Y no. Nada. Es como si hubiera perdido toda mi capacidad creativa, si alguna vez la tuve. Como si hubieran volado mis sueños lejos, lejos, hasta perderse en ese infinito que siempre he querido encontrar.
Estoy cansada. Como una señora de ochenta. Quiero dormir, dormir todo febrero y despertar en marzo con un departamento nuevo, con un trabajo nuevo, con una vida nueva. Quiero dejar de cumplir, aunque sea una semana. Dejar de ser la mujer adulta y madura y volver a creer. Hace un poco más de dos años, antes de entrar a la revista, yo sentía que mi vida estaba empezando. Ahora, siento que tomé un camino que no era el mío. Que me equivoqué. Y no sé cómo se deshacen las decisiones. No sé cómo salgo del sistema, de los créditos y las cuentas y la ropa correcta, el maquillaje correcto, las palabras correctas. Cómo me encuentro, si no sé dónde estoy. Ni si estoy todavía.
Quiero dejar de escuchar canciones viejas.
Subirme a todos los juegos de Fantasilandia.
Volver a sentirme viva.
Fue como si veinticuatro años de pena se hubieran decidido convertir en lágrimas.
No sé qué me pasó. No sé qué me ha pasado esta última semana, en realidad. Ando llena de pasado, pintando las paredes blancas, tan blancas como si yo nunca hubiera vivido acá escribiendo frases que me sé de memoria. Ando pensando en el futuro, buscando respuestas a un presente que no entiendo, tratando de encontrar algo que me guste además de mi pololo. Y no. Nada. Es como si hubiera perdido toda mi capacidad creativa, si alguna vez la tuve. Como si hubieran volado mis sueños lejos, lejos, hasta perderse en ese infinito que siempre he querido encontrar.
Estoy cansada. Como una señora de ochenta. Quiero dormir, dormir todo febrero y despertar en marzo con un departamento nuevo, con un trabajo nuevo, con una vida nueva. Quiero dejar de cumplir, aunque sea una semana. Dejar de ser la mujer adulta y madura y volver a creer. Hace un poco más de dos años, antes de entrar a la revista, yo sentía que mi vida estaba empezando. Ahora, siento que tomé un camino que no era el mío. Que me equivoqué. Y no sé cómo se deshacen las decisiones. No sé cómo salgo del sistema, de los créditos y las cuentas y la ropa correcta, el maquillaje correcto, las palabras correctas. Cómo me encuentro, si no sé dónde estoy. Ni si estoy todavía.
Quiero dejar de escuchar canciones viejas.
Subirme a todos los juegos de Fantasilandia.
Volver a sentirme viva.
lunes, enero 26, 2009
feels like home
Desconectada.
Me está costando trabajar antes de vacaciones.
Acabo de pasar un buen fin de semana. El viernes tuvimos un asado en la casa de la Toña (obviamente yo quedé pasada a humo y sólo comí lechuga, tomate y arroz), el sábado el cumpleaños de la Almendrita en la tarde (jugué a las barbies con Mati un rato y las hicimos bailar reggaetón), ayer, almuerzo con mis suegros que nos invitaron al casino Monticello (perdí, obvio) y en la noche cine de parejas (fuimos a ver Sí Señor y en este minuto tengo ganas de decir que sí a todo, tirarme en paracaídas, bucear, viajar a Timbuctú en una balsa, lo que sea).
Así que ahora, en la revista, cuento los días. Ya empecé a pintar mi departamento porque tengo que cambiarme en marzo y no lo puedo entregar con todas las paredes rayadas, pero no me da nada de pena. Ni un poquito. Ya dejé de sentirme en mi casa cuando estoy ahí. Ahora mi casa es donde está Mati. Y si terminamos viviendo abajo de un puente un día, no me importa. Total, de a dos todo es mejor. Aunque me haya costado tantos porrazos aprenderlo. Es que tiene que ser el dos correcto. Y eso resulta un poquito difícil a veces.
Quiero que sea febrero para escribir y tomar sol.
También quiero otro de esos chocolates que trajo Juan Luis de Sao Paulo.
Y nada más.
Me está costando trabajar antes de vacaciones.
Acabo de pasar un buen fin de semana. El viernes tuvimos un asado en la casa de la Toña (obviamente yo quedé pasada a humo y sólo comí lechuga, tomate y arroz), el sábado el cumpleaños de la Almendrita en la tarde (jugué a las barbies con Mati un rato y las hicimos bailar reggaetón), ayer, almuerzo con mis suegros que nos invitaron al casino Monticello (perdí, obvio) y en la noche cine de parejas (fuimos a ver Sí Señor y en este minuto tengo ganas de decir que sí a todo, tirarme en paracaídas, bucear, viajar a Timbuctú en una balsa, lo que sea).
Así que ahora, en la revista, cuento los días. Ya empecé a pintar mi departamento porque tengo que cambiarme en marzo y no lo puedo entregar con todas las paredes rayadas, pero no me da nada de pena. Ni un poquito. Ya dejé de sentirme en mi casa cuando estoy ahí. Ahora mi casa es donde está Mati. Y si terminamos viviendo abajo de un puente un día, no me importa. Total, de a dos todo es mejor. Aunque me haya costado tantos porrazos aprenderlo. Es que tiene que ser el dos correcto. Y eso resulta un poquito difícil a veces.
Quiero que sea febrero para escribir y tomar sol.
También quiero otro de esos chocolates que trajo Juan Luis de Sao Paulo.
Y nada más.
miércoles, enero 21, 2009
perderme en tu amor
Con sueño.
Para variar.
Tengo tantas ganas de salir de vacaciones que ya estoy totalmente desconectada del mundo. Me cuesta pensar en las bellezas de las próximas semanas, sobre todo porque ya tengo casi todo listo y lo último siempre es lo que se hace más difícil. Parece que diez días fueran eternos. Anoche fuimos a comer con los papás de Mati y estuvo bacán. Han pasado más de siete meses y todavía no me acostumbro a la idea de que podemos compartir familias, y no sólo eso, familias que nos quieren a los dos. Es algo nuevo en mi vida.
No sé por qué, pero todas mis anteriores relaciones amorosas habían estado marcadas por un halo de indiferencia general de parte de mi entorno. Y eso que yo sé que igual estuve con hombres buenos a veces. A veces no, obvio. Pero de eso se trata supongo, de probar y vivir hasta comprender bien lo que uno, como persona, uno sola quiere elegir. Y yo ya sé. Yo elijo a Mati. Y no sólo por lo que compartimos entre nosotros, lo que vivimos de a dos. Lo elijo porque forma parte de mi mundo, porque podemos ir al cine con otras personas y subir al Santuario de la Naturaleza y porque quiere que cuando nos casemos tengamos otra pieza chiquitita, donde yo pueda rayar las paredes sin que a nadie le importe y tener un escritorio y dedicarme a soñar con mi mundo mejor.
Por eso después de haber conocido hombres galanes, pernos, poetas, machotes, machistas, intelectuales, libres o amarrados; después de haber vivido historias tristes y felices, agridulces de repente, de haberme lanzado al vacío y saber lo que duelen los golpes grandes; después de haber confiado y desconfiado, de haberme perdido mil veces, de haber cantado sola bajo la lluvia o caminado sola en la playa, a la orilla del mar; después de tantos sueños y tantas mentiras y tantas verdades y tanta soledad en compañía, ya no necesito más.
Es bueno haber aprendido al fin que el amor de verdad no duele.
Por eso Mati es el hombre de mi vida.
Para variar.
Tengo tantas ganas de salir de vacaciones que ya estoy totalmente desconectada del mundo. Me cuesta pensar en las bellezas de las próximas semanas, sobre todo porque ya tengo casi todo listo y lo último siempre es lo que se hace más difícil. Parece que diez días fueran eternos. Anoche fuimos a comer con los papás de Mati y estuvo bacán. Han pasado más de siete meses y todavía no me acostumbro a la idea de que podemos compartir familias, y no sólo eso, familias que nos quieren a los dos. Es algo nuevo en mi vida.
No sé por qué, pero todas mis anteriores relaciones amorosas habían estado marcadas por un halo de indiferencia general de parte de mi entorno. Y eso que yo sé que igual estuve con hombres buenos a veces. A veces no, obvio. Pero de eso se trata supongo, de probar y vivir hasta comprender bien lo que uno, como persona, uno sola quiere elegir. Y yo ya sé. Yo elijo a Mati. Y no sólo por lo que compartimos entre nosotros, lo que vivimos de a dos. Lo elijo porque forma parte de mi mundo, porque podemos ir al cine con otras personas y subir al Santuario de la Naturaleza y porque quiere que cuando nos casemos tengamos otra pieza chiquitita, donde yo pueda rayar las paredes sin que a nadie le importe y tener un escritorio y dedicarme a soñar con mi mundo mejor.
Por eso después de haber conocido hombres galanes, pernos, poetas, machotes, machistas, intelectuales, libres o amarrados; después de haber vivido historias tristes y felices, agridulces de repente, de haberme lanzado al vacío y saber lo que duelen los golpes grandes; después de haber confiado y desconfiado, de haberme perdido mil veces, de haber cantado sola bajo la lluvia o caminado sola en la playa, a la orilla del mar; después de tantos sueños y tantas mentiras y tantas verdades y tanta soledad en compañía, ya no necesito más.
Es bueno haber aprendido al fin que el amor de verdad no duele.
Por eso Mati es el hombre de mi vida.
viernes, enero 16, 2009
mil horas
15 días para salir de vacaciones.
Vamos que se puede.
Igual esta semana estuvo ultra relajada, me tomé casi todas las tardes libres porque necesito descansar y porque me hace muy bien pasear mirando tiendas de ropa usada aunque me muera de calor. Además, anoche nos juntamos en la casa de la Toña para hacer el regalo de despedida de la Tere que se va un año y fue entretenido. Me encantan los carretes de mujeres.
Aunque desde que estoy en terapia mis crisis existenciales han disminuido muchísimo, me sigo preguntando por mi misión en la vida. En el mundo. Sigo pensando que algún motivo tiene que haber para que yo exista y no sólo eso, exista cuestionándomelo todo, queriendo vivirlo y saberlo todo, soñando con conocerlo todo. En mi pared, Krishna y Jesús me miran y yo los miro de vuelta. Y no sé. Tengo ganas de ir a un templo, a cualquiera, de pasarme un mes en Arica con mi hermano y vestirme como se me dé la gana y andar sin zapatos. El consumo me consume. El sistema me traga, tan de a poco, que recién ahora que casi toco fondo me doy cuenta. Pero hay vuelta atrás. De eso estoy segura.
Me puse pijama un rato y voy a leer a Saramago.
El Conde anda ultra mamón y yo igual un poco.
Quiero que llegue Mati.
Vamos que se puede.
Igual esta semana estuvo ultra relajada, me tomé casi todas las tardes libres porque necesito descansar y porque me hace muy bien pasear mirando tiendas de ropa usada aunque me muera de calor. Además, anoche nos juntamos en la casa de la Toña para hacer el regalo de despedida de la Tere que se va un año y fue entretenido. Me encantan los carretes de mujeres.
Aunque desde que estoy en terapia mis crisis existenciales han disminuido muchísimo, me sigo preguntando por mi misión en la vida. En el mundo. Sigo pensando que algún motivo tiene que haber para que yo exista y no sólo eso, exista cuestionándomelo todo, queriendo vivirlo y saberlo todo, soñando con conocerlo todo. En mi pared, Krishna y Jesús me miran y yo los miro de vuelta. Y no sé. Tengo ganas de ir a un templo, a cualquiera, de pasarme un mes en Arica con mi hermano y vestirme como se me dé la gana y andar sin zapatos. El consumo me consume. El sistema me traga, tan de a poco, que recién ahora que casi toco fondo me doy cuenta. Pero hay vuelta atrás. De eso estoy segura.
Me puse pijama un rato y voy a leer a Saramago.
El Conde anda ultra mamón y yo igual un poco.
Quiero que llegue Mati.
jueves, enero 08, 2009
supercool
Hace tiempo que no escribía.
Desde el año pasado, de hecho.
Con Mati nos fuimos a pasar el año nuevo a Buenos Aires, a la casa de mis tíos. Estuvo bacán. Anduvimos en lancha, fuimos a Caminito y al Tigre y a Palermo Soho y a ver el Dakar, y además arriesgué mi vida tomándole fotos de frente a los autitos y fue chistoso. Me sentía como toda la reportera que no soy. O quizá en el fondo sí. Bien en el fondo.
Ahora, de vuelta en Santiago y en la revista, después de saber que no era que mi imaginación estuviera a punto de volverme loca, sino que tengo un TOC que hace que piense cosas que no quiero y que me asuste por nada y me invente historias y que crea que por cambiarme los aros un día quizá me muera. Así que al fin estoy tranquila con mi cabeza, que me está dejando en paz, y logrando disfrutar de nuevo de las cosas simples, como el día que pasamos con Mati en el Santuario de la Naturaleza y que nos dedicamos a caminar por los cerros y yo nunca pensé que nos íbamos a caer, ni que iba a aparecer un hombre detrás de los matorrales para matarnos.
Ando contenta y cantando, como hace tiempo no lo hacía.
Quiero salir de vacaciones y buscar casa nueva.
Ya es hora de cambios otra vez.
Desde el año pasado, de hecho.
Con Mati nos fuimos a pasar el año nuevo a Buenos Aires, a la casa de mis tíos. Estuvo bacán. Anduvimos en lancha, fuimos a Caminito y al Tigre y a Palermo Soho y a ver el Dakar, y además arriesgué mi vida tomándole fotos de frente a los autitos y fue chistoso. Me sentía como toda la reportera que no soy. O quizá en el fondo sí. Bien en el fondo.
Ahora, de vuelta en Santiago y en la revista, después de saber que no era que mi imaginación estuviera a punto de volverme loca, sino que tengo un TOC que hace que piense cosas que no quiero y que me asuste por nada y me invente historias y que crea que por cambiarme los aros un día quizá me muera. Así que al fin estoy tranquila con mi cabeza, que me está dejando en paz, y logrando disfrutar de nuevo de las cosas simples, como el día que pasamos con Mati en el Santuario de la Naturaleza y que nos dedicamos a caminar por los cerros y yo nunca pensé que nos íbamos a caer, ni que iba a aparecer un hombre detrás de los matorrales para matarnos.
Ando contenta y cantando, como hace tiempo no lo hacía.
Quiero salir de vacaciones y buscar casa nueva.
Ya es hora de cambios otra vez.
martes, diciembre 30, 2008
never ending story
Fin de año.
Otra vez.
A un día del último día del 2008, sólo puedo decir que mi análisis es menos profundo, más sencillo y quizá menos pretencioso que otras veces. Lo que pasa es que no tengo ganas de llegar a grandes conclusiones, ni filosofar sobre el sentido de la existencia. Esta vez, me basta con saber que pasó lo que tenía que pasar, que viví lo que tenía que vivir, que cada historia tiene su propio valor, ni bueno ni malo, sino real. Incomprensible de repente, pero real. Que no he pasado en el mundo ni un día más ni una hora menos de las que debería. Que mis decisiones siempre van a ser acertadas, mientras vayan de la mano de la verdad. Que el camino se construye de a poquito, paso a paso, y que tiene tantas caídas, de tantos tipos, que no existe nada insoportable. Que de todo me puedo levantar.
Doy gracias por haber sido capaz de cumplir un sueño. Por mi departamento chiquitito con paredes blancas (que ya están todas rayadas con frases y dibujos). Por haber conocido a Mati, el hombre con que he aprendido a recibir amor. Por los logros de mi hermana, el esfuerzo de mi mamá, la familia preciosa que ha construido mi hermano, el apoyo incondicional de mi tata. Doy gracias porque este año se convirtió en un montón de experiencias y aprendizajes. Porque me quedan proyectos, ideas, y sobre todo ganas de construir mi historia día a día. De vivir el presente.
Me gustan los fines de año porque también son comienzos.
Yo sé que el 2009 se viene grande.
Vamos por los cambios y el infinito.
Otra vez.
A un día del último día del 2008, sólo puedo decir que mi análisis es menos profundo, más sencillo y quizá menos pretencioso que otras veces. Lo que pasa es que no tengo ganas de llegar a grandes conclusiones, ni filosofar sobre el sentido de la existencia. Esta vez, me basta con saber que pasó lo que tenía que pasar, que viví lo que tenía que vivir, que cada historia tiene su propio valor, ni bueno ni malo, sino real. Incomprensible de repente, pero real. Que no he pasado en el mundo ni un día más ni una hora menos de las que debería. Que mis decisiones siempre van a ser acertadas, mientras vayan de la mano de la verdad. Que el camino se construye de a poquito, paso a paso, y que tiene tantas caídas, de tantos tipos, que no existe nada insoportable. Que de todo me puedo levantar.
Doy gracias por haber sido capaz de cumplir un sueño. Por mi departamento chiquitito con paredes blancas (que ya están todas rayadas con frases y dibujos). Por haber conocido a Mati, el hombre con que he aprendido a recibir amor. Por los logros de mi hermana, el esfuerzo de mi mamá, la familia preciosa que ha construido mi hermano, el apoyo incondicional de mi tata. Doy gracias porque este año se convirtió en un montón de experiencias y aprendizajes. Porque me quedan proyectos, ideas, y sobre todo ganas de construir mi historia día a día. De vivir el presente.
Me gustan los fines de año porque también son comienzos.
Yo sé que el 2009 se viene grande.
Vamos por los cambios y el infinito.
miércoles, diciembre 17, 2008
celebra la vida
Seis meses.
Parece que fuera una vida.
No tengo noción del tiempo. No sé cuánto debiera durar un día, o una hora, cómo debería sentirse, si al final siempre todo pasa tan rápido o tan lento. No sé cuál es la noción correcta. Pero el tiempo pasa, aunque no exista en realidad. Y ya van seis meses desde que decidimos lanzarnos a ver qué resultaba.
Ha resultado de todo. Hemos peleado, nos hemos reconciliado, hemos viajado juntos en avión y en auto y en bus. Hemos jugado en casinos y caminado por el centro, ido a exposiciones y al cine, a comer, a jugar bowling con mi hermana. Yo he aprendido a quedarme, a no tenerle miedo - pánico - al compromiso, a disfrutar de las cosas sencillas (como un domingo haciendo nada). Él me ha querido tal como soy, me ha abrazado cuando lloro, me ha mandado flores al diario, me ha mostrado que la vida, tal cual es, puede ser perfecta.
Hoy es la primera mitad de año de una historia que recién empieza.
Para Mati, el universo.
Para nosotros, el futuro.
Parece que fuera una vida.
No tengo noción del tiempo. No sé cuánto debiera durar un día, o una hora, cómo debería sentirse, si al final siempre todo pasa tan rápido o tan lento. No sé cuál es la noción correcta. Pero el tiempo pasa, aunque no exista en realidad. Y ya van seis meses desde que decidimos lanzarnos a ver qué resultaba.
Ha resultado de todo. Hemos peleado, nos hemos reconciliado, hemos viajado juntos en avión y en auto y en bus. Hemos jugado en casinos y caminado por el centro, ido a exposiciones y al cine, a comer, a jugar bowling con mi hermana. Yo he aprendido a quedarme, a no tenerle miedo - pánico - al compromiso, a disfrutar de las cosas sencillas (como un domingo haciendo nada). Él me ha querido tal como soy, me ha abrazado cuando lloro, me ha mandado flores al diario, me ha mostrado que la vida, tal cual es, puede ser perfecta.
Hoy es la primera mitad de año de una historia que recién empieza.
Para Mati, el universo.
Para nosotros, el futuro.
jueves, diciembre 11, 2008
awake
Despierta desde las cinco de la mañana.
Ahora, en el diario, de rosado, con sueño.
No sé qué me pasó anoche que no pude dormir casi nada. Me desperté a las dos, a las tres, a las cuatro y diez para la cinco por última vez. Ahí me quedé. Entré a facebook, conversé con mi gato, le mandé un mail a mi novio y al final soñé media hora más antes de levantarme, lo malo es que fueron puras pesadillas y en una a Mati se le ponía la cara morada.
Tengo ganas de irme a la playa con mis amigas, hacer nada y quedarme en pijama hasta tarde. Queda menos de una semana para que Mati y yo cumplamos seis meses, y sólo siento que el tiempo pasa tan rápido, que la vida es tan corta, que quiero estar con él hasta que me muera. Eso.
Voy a comprar un chocolate y un café.
A ver si así logro seguir despierta hasta la tarde.
Ahora, en el diario, de rosado, con sueño.
No sé qué me pasó anoche que no pude dormir casi nada. Me desperté a las dos, a las tres, a las cuatro y diez para la cinco por última vez. Ahí me quedé. Entré a facebook, conversé con mi gato, le mandé un mail a mi novio y al final soñé media hora más antes de levantarme, lo malo es que fueron puras pesadillas y en una a Mati se le ponía la cara morada.
Tengo ganas de irme a la playa con mis amigas, hacer nada y quedarme en pijama hasta tarde. Queda menos de una semana para que Mati y yo cumplamos seis meses, y sólo siento que el tiempo pasa tan rápido, que la vida es tan corta, que quiero estar con él hasta que me muera. Eso.
Voy a comprar un chocolate y un café.
A ver si así logro seguir despierta hasta la tarde.
viernes, diciembre 05, 2008
this is real
Veinticuatro.
El nombre de la serie que no veo porque no tengo cable, el número de horas que tiene un día, las semanas que llevo pololeando con Mati, y mi nueva edad.
Ayer estuve de cumpleaños y fue bacán. Claro, me tocó trabajar todo el día, pero lo pasé tan bien que no me importó. La Pilar me trajo flores y la Maida me regaló dos libros, y hubo torta y nos cantaron porque era su cumpleaños también. En la noche fuimos con Mati al casino, yo perdí y el ganó y comimos en un restaurante ultra rico. No me olvido que el año pasado por esta fecha estaba en cama, llena de pintitas rojas por la peste cristal. Menos mal que ahora estoy sana.
Y no sólo eso es bueno.
Es que desde chica, siempre me imaginé mi vida hasta los veintiuno. Si lograba sobrevivir, hasta los veintitrés. Entonces quiere decir que todo lo que viene ahora, todo lo que me queda por delante, es nuevo. No lo he pensado ni un segundo. No he construido el futuro perfecto lleno de planes por cumplir. Ahora puedo empezar de nuevo. Tener sueños distintos, ideas distintas. Ser distinta. Puedo darme el gusto de creer que sólo hoy es importante existir. Que mañana ya veremos, si es que mañana llega.
Me siento liviana, como hace tiempo no me sentía.
Me encantaron los saludos por facebook, y los mensajes, y los llamados por teléfono.
Ando sonriendo y con ganas de cantar.
El nombre de la serie que no veo porque no tengo cable, el número de horas que tiene un día, las semanas que llevo pololeando con Mati, y mi nueva edad.
Ayer estuve de cumpleaños y fue bacán. Claro, me tocó trabajar todo el día, pero lo pasé tan bien que no me importó. La Pilar me trajo flores y la Maida me regaló dos libros, y hubo torta y nos cantaron porque era su cumpleaños también. En la noche fuimos con Mati al casino, yo perdí y el ganó y comimos en un restaurante ultra rico. No me olvido que el año pasado por esta fecha estaba en cama, llena de pintitas rojas por la peste cristal. Menos mal que ahora estoy sana.
Y no sólo eso es bueno.
Es que desde chica, siempre me imaginé mi vida hasta los veintiuno. Si lograba sobrevivir, hasta los veintitrés. Entonces quiere decir que todo lo que viene ahora, todo lo que me queda por delante, es nuevo. No lo he pensado ni un segundo. No he construido el futuro perfecto lleno de planes por cumplir. Ahora puedo empezar de nuevo. Tener sueños distintos, ideas distintas. Ser distinta. Puedo darme el gusto de creer que sólo hoy es importante existir. Que mañana ya veremos, si es que mañana llega.
Me siento liviana, como hace tiempo no me sentía.
Me encantaron los saludos por facebook, y los mensajes, y los llamados por teléfono.
Ando sonriendo y con ganas de cantar.
lunes, diciembre 01, 2008
realista
Crisis existencial.
Para variar.
Últimamente ando con la sensación de que he perdido todas mis capacidades. Ya no sé si soy inteligente ni creativa como antes, ya no sé si escribo bien, o si soy de verdad independiente, libre, honesta, yo. Me gustaría empezar algo nuevo pero no sé qué, ni cómo. Dejar de tener miedo por tonteras y volver a sentirme viva, en lugar de cuestionarme todo el día cómo va a ser mi muerte. Echo de menos a la Siri también, me faltan talleres de mujeres y cartas de tarot, ahora que me siento como cuando estaba en el colegio. Un poco perna, un poco fome, un poco inútil.
No me gusta la persona en que me estoy convirtiendo. Hace tiempo. No sé dónde quedaron mis ideales más profundos, mis utopías más grandes. De toda mi vida, sólo Mati es mi certeza. Hoy, a cuatro días de cumplir veinticuatro años, me pregunto qué puedo hacer para encontrarme. El viernes me fui a pasar el día a Viña y estuvo lindo. Caminé, tomé sol, almorcé ensalada, leí mujeres que corren con lobos y me acordé de que alguna vez, hace un par de años, yo lo dejé todo por cumplir un sueño. Ahora no sé si sería capaz de hacerlo.
Estoy cansada y necesito vacaciones.
Anoche fuimos al cine a ver Lars y la chica real.
Es una película preciosa.
Para variar.
Últimamente ando con la sensación de que he perdido todas mis capacidades. Ya no sé si soy inteligente ni creativa como antes, ya no sé si escribo bien, o si soy de verdad independiente, libre, honesta, yo. Me gustaría empezar algo nuevo pero no sé qué, ni cómo. Dejar de tener miedo por tonteras y volver a sentirme viva, en lugar de cuestionarme todo el día cómo va a ser mi muerte. Echo de menos a la Siri también, me faltan talleres de mujeres y cartas de tarot, ahora que me siento como cuando estaba en el colegio. Un poco perna, un poco fome, un poco inútil.
No me gusta la persona en que me estoy convirtiendo. Hace tiempo. No sé dónde quedaron mis ideales más profundos, mis utopías más grandes. De toda mi vida, sólo Mati es mi certeza. Hoy, a cuatro días de cumplir veinticuatro años, me pregunto qué puedo hacer para encontrarme. El viernes me fui a pasar el día a Viña y estuvo lindo. Caminé, tomé sol, almorcé ensalada, leí mujeres que corren con lobos y me acordé de que alguna vez, hace un par de años, yo lo dejé todo por cumplir un sueño. Ahora no sé si sería capaz de hacerlo.
Estoy cansada y necesito vacaciones.
Anoche fuimos al cine a ver Lars y la chica real.
Es una película preciosa.
martes, noviembre 25, 2008
afortunada
Tuve un fin de semana increíble.
Me hace falta un mes de lo mismo.
Es que fuimos al campo de la Camila, que es como la versión chilena de la casa de Paris Hilton, con la piscina más exquisita del mundo. Estuve con mis amigas y mi pololo, comimos cosas ricas, tomamos vino con durazno, dormimos sin despertador, jugamos pool, pinpón, tacataca, póker y guitar hero y me reí como hace mucho tiempo que no me reía. Además, fue bacán saber que por primera vez estoy con alguien que puede compartir con la gente que me importa, participar de las sesiones tontas de fotos, quedarse y pasarlo bien conmigo. Mati es el mejor.
Recién, leyendo The Devil Wears Prada y pensando en qué tanto se podría parecer a mi vida - en especial por eso de entrar a una revista glamorosa sin tener idea qué ponerme para cada ocasión, porque mi jefa no tiene nada que ver con Miranda y de hecho, justo al contrario, es una de mis personas preferidas del lugar - me di cuenta de que es un poco lo mismo. La chiquilla inocentona con intereses altruistas que quiere ser escritora y dedicarse a los grandes problemas mundiales, termina escribiendo de algo que nunca le interesó en realidad, metiéndose hasta lo más profundo en el tema, y dejando de lado su vida. Nadie me obligó, es cierto, y yo asumo toda la responsabilidad de llevar casi dos años sin tener claro qué espero del futuro. Y olvidando que el futuro no existe, que la vida es ahora (como el lema de la tarjeta Visa que tanto me gusta), y que el presente es lo único que tengo.
Sólo un poco de reflexiones desde mi cama mientras me como otra cucharada de cerelac y me tomo un tecito caliente sin azúcar.
Estoy enamorada de Mati.
Ya va a ser mi cumpleaños otra vez.
Me hace falta un mes de lo mismo.
Es que fuimos al campo de la Camila, que es como la versión chilena de la casa de Paris Hilton, con la piscina más exquisita del mundo. Estuve con mis amigas y mi pololo, comimos cosas ricas, tomamos vino con durazno, dormimos sin despertador, jugamos pool, pinpón, tacataca, póker y guitar hero y me reí como hace mucho tiempo que no me reía. Además, fue bacán saber que por primera vez estoy con alguien que puede compartir con la gente que me importa, participar de las sesiones tontas de fotos, quedarse y pasarlo bien conmigo. Mati es el mejor.
Recién, leyendo The Devil Wears Prada y pensando en qué tanto se podría parecer a mi vida - en especial por eso de entrar a una revista glamorosa sin tener idea qué ponerme para cada ocasión, porque mi jefa no tiene nada que ver con Miranda y de hecho, justo al contrario, es una de mis personas preferidas del lugar - me di cuenta de que es un poco lo mismo. La chiquilla inocentona con intereses altruistas que quiere ser escritora y dedicarse a los grandes problemas mundiales, termina escribiendo de algo que nunca le interesó en realidad, metiéndose hasta lo más profundo en el tema, y dejando de lado su vida. Nadie me obligó, es cierto, y yo asumo toda la responsabilidad de llevar casi dos años sin tener claro qué espero del futuro. Y olvidando que el futuro no existe, que la vida es ahora (como el lema de la tarjeta Visa que tanto me gusta), y que el presente es lo único que tengo.
Sólo un poco de reflexiones desde mi cama mientras me como otra cucharada de cerelac y me tomo un tecito caliente sin azúcar.
Estoy enamorada de Mati.
Ya va a ser mi cumpleaños otra vez.
jueves, noviembre 20, 2008
that is that
Yo siempre escribo.
Aunque no siempre actualice mi blog.
Ayer fue un buen día, a pesar de los dos eventos que tuvieron ocupada mi mañana hasta después de almuerzo. Primero, otra clase de maquillaje. Después, un perfume demasiado dulce. Pero conocí a gente simpática, conversé harto y se me pasó rápido. En la tarde tuve mi última clase con los chicos de Súmate y me encantó. La verdad es que todo el curso fue entretenido, los amé con locura y pasión desde el principio, y descubrí que enseñar me motiva más que cualquier otra cosa que conozca. Quizá a eso debiera dedicar mi vida. No sé. Ya no me quiero cuestionar más, por lo menos por un par de meses.
El lunes, en el Drugstore, encontré el oráculo de las diosas que buscaba hace mucho, desde que la Siri partió al sur y se lo llevó con ella y seguro que ahora lo lee mientras mira la lluvia. Así que lo compré y, de repente, mi vida empezó a sentirse más liviana. Tal vez todo se resume en que necesito recordar mi camino de verdad, el que va más allá de este mundo, más allá de las ilusiones y de maya y de las cárceles que uno mismo crea para encerrar el alma y que se quede en silencio. Tal vez sólo necesito recordar que soy libre y feliz porque elegí serlo, y de esas decisiones uno no puede llegar y escaparse. Que nada es tan bueno ni tan malo, ni tan absoluto en definitiva.
Yo soy lo que soy y nada más.
Yo no soy mi cuerpo, eso está claro.
Yo soy mi alma.
Aunque no siempre actualice mi blog.
Ayer fue un buen día, a pesar de los dos eventos que tuvieron ocupada mi mañana hasta después de almuerzo. Primero, otra clase de maquillaje. Después, un perfume demasiado dulce. Pero conocí a gente simpática, conversé harto y se me pasó rápido. En la tarde tuve mi última clase con los chicos de Súmate y me encantó. La verdad es que todo el curso fue entretenido, los amé con locura y pasión desde el principio, y descubrí que enseñar me motiva más que cualquier otra cosa que conozca. Quizá a eso debiera dedicar mi vida. No sé. Ya no me quiero cuestionar más, por lo menos por un par de meses.
El lunes, en el Drugstore, encontré el oráculo de las diosas que buscaba hace mucho, desde que la Siri partió al sur y se lo llevó con ella y seguro que ahora lo lee mientras mira la lluvia. Así que lo compré y, de repente, mi vida empezó a sentirse más liviana. Tal vez todo se resume en que necesito recordar mi camino de verdad, el que va más allá de este mundo, más allá de las ilusiones y de maya y de las cárceles que uno mismo crea para encerrar el alma y que se quede en silencio. Tal vez sólo necesito recordar que soy libre y feliz porque elegí serlo, y de esas decisiones uno no puede llegar y escaparse. Que nada es tan bueno ni tan malo, ni tan absoluto en definitiva.
Yo soy lo que soy y nada más.
Yo no soy mi cuerpo, eso está claro.
Yo soy mi alma.
miércoles, noviembre 12, 2008
you found me
Trabajo, trabajo, trabajo.
Siempre me acuerdo de ese señor que era candidato a algo y aparecía como tres segundos en la tele.
El último tiempo he andado con las energías bajas. Cansada. Como si, por un momento de calma, hubiera perdido la capacidad de moverme. Quiero dormir una semana, bañarme en el mar, que Mati me abrace y comer cosas dulces. No estoy triste, sólo desganada. Sin motivación. Aburrida. Con sueño.
Igual me echo de menos, porque quiero sentirme bien y hacer cosas otra vez, no pensar todo el día en que quiero que sea de noche para llegar a mi cama. El próximo lunes cumplo cinco meses con Mati y es como si fuera una vida. Si de algo tengo certeza, es de que mi futuro aparece más brillante y más sencillo desde que él está a mi lado.
Mil suspiros al mismo tiempo.
Quiero acurrucarme y que me cuiden.
Me siento como una niñita chica.
Siempre me acuerdo de ese señor que era candidato a algo y aparecía como tres segundos en la tele.
El último tiempo he andado con las energías bajas. Cansada. Como si, por un momento de calma, hubiera perdido la capacidad de moverme. Quiero dormir una semana, bañarme en el mar, que Mati me abrace y comer cosas dulces. No estoy triste, sólo desganada. Sin motivación. Aburrida. Con sueño.
Igual me echo de menos, porque quiero sentirme bien y hacer cosas otra vez, no pensar todo el día en que quiero que sea de noche para llegar a mi cama. El próximo lunes cumplo cinco meses con Mati y es como si fuera una vida. Si de algo tengo certeza, es de que mi futuro aparece más brillante y más sencillo desde que él está a mi lado.
Mil suspiros al mismo tiempo.
Quiero acurrucarme y que me cuiden.
Me siento como una niñita chica.
jueves, octubre 30, 2008
es un soplo la vida
Tengo mucho sueño.
Por suerte mañana es feriado.
El martes en la noche fue mi ceremonia de titulación, después de haber pasado todo el fin de semana y desde el jueves en cama sin comer por culpa de un virus. La ceremonia fue fome, porque el discurso fue fome, pero igual terminar la universidad al fin no deja de ser emocionante, sobre todo porque desde primer año yo pensaba que me iba a salir a mitad de camino. Y no. Lo logré. Soy periodista, con cartón y todo. Nos juntamos en la casa de mi mamá con mis amigas y mis amigos y mi familia y Mati para celebrar. Estuvo muy lindo.
Ayer en la tarde fui a comer una ensalada de frutas con crema al Café el Patio, caminé por Providencia, escuché música vieja y buena y dejé que me mojaran las gotitas de agua de la fuente de Salvador. Lo pasé bien. Me gustó estar sola. En la noche escribí mucho rato, me tomé una copa de vino y comí aceitunas. A veces siento que mi vida no es más que una suma de detalles, y que cada segundo cuenta como un mundo entero.
Tengo ganas de ir a la playa.
Me hace tanta falta un poco de mar.
Por suerte mañana es feriado.
El martes en la noche fue mi ceremonia de titulación, después de haber pasado todo el fin de semana y desde el jueves en cama sin comer por culpa de un virus. La ceremonia fue fome, porque el discurso fue fome, pero igual terminar la universidad al fin no deja de ser emocionante, sobre todo porque desde primer año yo pensaba que me iba a salir a mitad de camino. Y no. Lo logré. Soy periodista, con cartón y todo. Nos juntamos en la casa de mi mamá con mis amigas y mis amigos y mi familia y Mati para celebrar. Estuvo muy lindo.
Ayer en la tarde fui a comer una ensalada de frutas con crema al Café el Patio, caminé por Providencia, escuché música vieja y buena y dejé que me mojaran las gotitas de agua de la fuente de Salvador. Lo pasé bien. Me gustó estar sola. En la noche escribí mucho rato, me tomé una copa de vino y comí aceitunas. A veces siento que mi vida no es más que una suma de detalles, y que cada segundo cuenta como un mundo entero.
Tengo ganas de ir a la playa.
Me hace tanta falta un poco de mar.
domingo, octubre 19, 2008
dreaming of you
Éste es mi post trescientos sesenta y cinco.
Obvio que voy a celebrar.
Ha sido un fin de semana increíble. El viernes con Mati cumplimos cuatro meses y me invitó a Wisin y Yandel. Fue un hit. Bailamos todo el rato, blingbling y cintillo brillante incluidos. Después, cuando se acabó, fuimos al casino nuevo de Rancagua y jugamos hasta las cuatro y media de la mañana. Ayer nos levantamos a las tres de la tarde y en la noche tuvimos un matrimonio con todos sus compañeros de pega que son adorables. Pusieron mil canciones viejas, hasta esa de Martín Ricca que canta para Britney Spears y hubo mucho cotillón y sacamos fotitos y lo pasé bacán.
Lejos lo mejor de días como estos es que me doy cuenta de que, por primera vez, tengo un partner. Alguien que se ríe conmigo, que juega, que le da lo mismo lo que piensen los demás y si escuchamos reggaetón o música electrónica o rock pesado. Que me entiende y si no me entiende, trata. Que me acompaña y me invita y quiere que estemos juntos. Que además de mi pololo, es mi amigo de verdad. Con el que puedo conversarlo todo, conocerlo todo, vivirlo todo. Sin juicios ni peros ni preguntas ni porqués ni para qués, que son peores.
Mati es el hombre con el que descubro, todos los días, que se puede ser feliz de a dos.
Ahora estoy en su casa, sin zapatos, frente al ventanal del living.
Y me siento en paz.
Obvio que voy a celebrar.
Ha sido un fin de semana increíble. El viernes con Mati cumplimos cuatro meses y me invitó a Wisin y Yandel. Fue un hit. Bailamos todo el rato, blingbling y cintillo brillante incluidos. Después, cuando se acabó, fuimos al casino nuevo de Rancagua y jugamos hasta las cuatro y media de la mañana. Ayer nos levantamos a las tres de la tarde y en la noche tuvimos un matrimonio con todos sus compañeros de pega que son adorables. Pusieron mil canciones viejas, hasta esa de Martín Ricca que canta para Britney Spears y hubo mucho cotillón y sacamos fotitos y lo pasé bacán.
Lejos lo mejor de días como estos es que me doy cuenta de que, por primera vez, tengo un partner. Alguien que se ríe conmigo, que juega, que le da lo mismo lo que piensen los demás y si escuchamos reggaetón o música electrónica o rock pesado. Que me entiende y si no me entiende, trata. Que me acompaña y me invita y quiere que estemos juntos. Que además de mi pololo, es mi amigo de verdad. Con el que puedo conversarlo todo, conocerlo todo, vivirlo todo. Sin juicios ni peros ni preguntas ni porqués ni para qués, que son peores.
Mati es el hombre con el que descubro, todos los días, que se puede ser feliz de a dos.
Ahora estoy en su casa, sin zapatos, frente al ventanal del living.
Y me siento en paz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

