Me quedé en Santiago.
Por algún motivo, el dinero para Catemu no llegó, y acabo de arrendar tres películas con mi prima y mi hermana, para pasar la noche de sábado. Fui a dejar curriculum al Piola, donde alguna vez me ofrecieron trabajo, pero odié a un señor jefe que gritaba y retaba a todo el mundo. Tomamos cafecito con la Mili y la Trini en la tarde y pasé a saludar a Starbucks. Quedan muy pocos de mis amigos.
Toda la nostalgia del mundo, no sé por qué. Demasiados reencuentros esta semana, quizás. Mil recuerdos. Anoche estuvieron acá la Toña y la Fran y nos comimos un kilo de helado de alfajor. Fue excelente.
Siento que mi vida sigue avanzando, corriendo.
Y tengo ganas de cerrar los ojos y dormir. Dejarme llevar. Bailar mucho, llorar de noche, a gritos, y acurrucarme después. Ir al Cajón del Maipo con la Siri y sentir el pasto mojado, y el río, y el sol sin zapatos.
Me falta aire.
Es como si tuviera pena, pero no.
Quiero ir al cine.
domingo, marzo 19, 2006
viernes, marzo 17, 2006
if tomorrow never comes
Leche con café y pan con palta.
Acabo de despertar.
Después de 'Mi vida sin mí', ayer mientras conversaba con Nacho en la reunión, me di cuenta que puedo morir hoy.
Sí, quiero hacer mil cosas. Conocer mil lugares. Vivir mil experiencias.
Pero no tengo nada pendiente.
Si muero hoy, me llevo recuerdos de grandes amores, de tardes de lluvia, de playas vacías, de cafés con ventanales y mesas redondas chiquititas. Me llevo una pieza verde limón, una montaña de libros, lo dulce de un chocolate por día, [excepto el mes en que hice la apuesta con Esteban y gané], un curso completo de sábados de tarot de mujeres. Me llevo las noches en vela de mi mamá, el ejemplo de mi hermana, la ausencia de mi padre, la vida prodigiosa y llena de curvas de mi hermano mayor, las tardes de domingo de mi prima.
Y me llevo la ilusión.
Los sueños de la última semana.
La certeza de un encuentro con Dios.
Si muero hoy, muero en paz. Eso es todo.
Acabo de despertar.
Después de 'Mi vida sin mí', ayer mientras conversaba con Nacho en la reunión, me di cuenta que puedo morir hoy.
Sí, quiero hacer mil cosas. Conocer mil lugares. Vivir mil experiencias.
Pero no tengo nada pendiente.
Si muero hoy, me llevo recuerdos de grandes amores, de tardes de lluvia, de playas vacías, de cafés con ventanales y mesas redondas chiquititas. Me llevo una pieza verde limón, una montaña de libros, lo dulce de un chocolate por día, [excepto el mes en que hice la apuesta con Esteban y gané], un curso completo de sábados de tarot de mujeres. Me llevo las noches en vela de mi mamá, el ejemplo de mi hermana, la ausencia de mi padre, la vida prodigiosa y llena de curvas de mi hermano mayor, las tardes de domingo de mi prima.
Y me llevo la ilusión.
Los sueños de la última semana.
La certeza de un encuentro con Dios.
Si muero hoy, muero en paz. Eso es todo.
jueves, marzo 16, 2006
such great heights
Odio el olor a marihuana.
Sobre todo cuando es de noche, voy caminando por Colón y alcanzo a distinguirlo justo antes que tres tipos con cara de haber fumado hasta que le dio alergia me griten reina, a dónde va tan sola.
Es lo peor.
Antes de eso entrevisté a Willy Semler en la u y tomé una micro a mi casa, claro que en vez me fui a la casa de Jose que me llamó apenas acababa de subir. Conversamos, comimos torta de chocolate y le conté de Paul. De hecho, entramos a su blog, leí su comentario y fui muy feliz mucho rato.
Igual me equivoqué en la entrevista. Levanté la botella de vino cuando no debía, se me olvidó lo que tenía que decir mientras veíamos el trailer de ‘Fuga’, próximamente en cines, y le cambié dos veces el nombre al programa. Pero me encanta la tele. No hay nada que hacer.
Mañana, reunión donde la Siri.
Y si Krishna manda laksmi, se viene el cumpleaños de Guru Deva.
Quiero ver a Paul.
Sobre todo cuando es de noche, voy caminando por Colón y alcanzo a distinguirlo justo antes que tres tipos con cara de haber fumado hasta que le dio alergia me griten reina, a dónde va tan sola.
Es lo peor.
Antes de eso entrevisté a Willy Semler en la u y tomé una micro a mi casa, claro que en vez me fui a la casa de Jose que me llamó apenas acababa de subir. Conversamos, comimos torta de chocolate y le conté de Paul. De hecho, entramos a su blog, leí su comentario y fui muy feliz mucho rato.
Igual me equivoqué en la entrevista. Levanté la botella de vino cuando no debía, se me olvidó lo que tenía que decir mientras veíamos el trailer de ‘Fuga’, próximamente en cines, y le cambié dos veces el nombre al programa. Pero me encanta la tele. No hay nada que hacer.
Mañana, reunión donde la Siri.
Y si Krishna manda laksmi, se viene el cumpleaños de Guru Deva.
Quiero ver a Paul.
miércoles, marzo 15, 2006
pequeños sueños
Un día dulce.
Me desperté antes de las siete sin nada de sueño, salí con tiempo y la micro no iba tan llena, llegué a la hora a corrección de taller, me saqué un 5,8 como conductora, pasé a buscar a Paul al metro y vinimos a mi casa a tomar desayuno, conversamos, le leí un poco el tarot, escuchamos su música y nos reímos de la mía y nos despedimos antes de bajar cada uno a un lado del metro, almorcé con Marcos en un restaurant de sushi hablando de cine, después de Interactiva caminé a arrendar 'Mi vida sin mí' cantando Hare Krishna y pisando miles de hojas secas, vi el noticiero de la u con mi familia y comí queque de chocolate.
Además casi termino 'El guardián entre el centeno' y Paul me regaló una cadena que era suya y que ahora llevo en mi muñeca izquierda con una uñeta plateada que tiene grabado su nombre y se balancea mientras escribo.
Está todo bien.
Escucho Astor Piazzolla.
Sonrío.
Me desperté antes de las siete sin nada de sueño, salí con tiempo y la micro no iba tan llena, llegué a la hora a corrección de taller, me saqué un 5,8 como conductora, pasé a buscar a Paul al metro y vinimos a mi casa a tomar desayuno, conversamos, le leí un poco el tarot, escuchamos su música y nos reímos de la mía y nos despedimos antes de bajar cada uno a un lado del metro, almorcé con Marcos en un restaurant de sushi hablando de cine, después de Interactiva caminé a arrendar 'Mi vida sin mí' cantando Hare Krishna y pisando miles de hojas secas, vi el noticiero de la u con mi familia y comí queque de chocolate.
Además casi termino 'El guardián entre el centeno' y Paul me regaló una cadena que era suya y que ahora llevo en mi muñeca izquierda con una uñeta plateada que tiene grabado su nombre y se balancea mientras escribo.
Está todo bien.
Escucho Astor Piazzolla.
Sonrío.
lunes, marzo 13, 2006
my sweet lord
Quiero una religión.
El sábado estuve en el templo Hare Krishna de Valparaiso, cantando en la calle con los devotos, escuchando predicar a Guru Deva y comiendo prasadam. Cuando me preguntaron desde cuándo era devota, yo respondí que no soy. Y la persona que me preguntó, sonrío. Como sabiendo algo de lo que no me he dado cuenta.
Ayer fui a misa. Me senté adelante, en la alfombra del suelo frente al altar. En la prédica, Juan Andrés hizo una sola pregunta. Cuánto de mí entrego a Dios. Quedé totalmente en silencio, respondiendo que muy poco. Y casi lloro mientras comulgaba, porque mi cabeza no deja de dar vueltas.
Creo en todo. Creo, porque no tengo dudas del amor que rige al mundo. Pero no sé cómo canalizarlo. Me cuesta tomar una decisión, para adoptar una forma de fe. Y, por otra parte, lo necesito. Caos.
Es que soy devota de Jesús, de Krishna, de la Diosa, de la Tierra. Quiero seguir un camino que no implique dejar de lado los demás.
Por ahora, me levanto para ir a clases.
Por lo menos ya no me duele la cabeza.
El sábado estuve en el templo Hare Krishna de Valparaiso, cantando en la calle con los devotos, escuchando predicar a Guru Deva y comiendo prasadam. Cuando me preguntaron desde cuándo era devota, yo respondí que no soy. Y la persona que me preguntó, sonrío. Como sabiendo algo de lo que no me he dado cuenta.
Ayer fui a misa. Me senté adelante, en la alfombra del suelo frente al altar. En la prédica, Juan Andrés hizo una sola pregunta. Cuánto de mí entrego a Dios. Quedé totalmente en silencio, respondiendo que muy poco. Y casi lloro mientras comulgaba, porque mi cabeza no deja de dar vueltas.
Creo en todo. Creo, porque no tengo dudas del amor que rige al mundo. Pero no sé cómo canalizarlo. Me cuesta tomar una decisión, para adoptar una forma de fe. Y, por otra parte, lo necesito. Caos.
Es que soy devota de Jesús, de Krishna, de la Diosa, de la Tierra. Quiero seguir un camino que no implique dejar de lado los demás.
Por ahora, me levanto para ir a clases.
Por lo menos ya no me duele la cabeza.
sábado, marzo 11, 2006
un loco equis
Fue todo menos común.
Fue encontrarnos en la puerta de uno de mis lugares preferidos y mirarlo y reconocerlo, ¿se puede reconocer a quien no se conoce?, por esos dos aritos casi juntos y el kunti que tantas veces he visto en el cuello de mi hermano.
Fue sentarnos y hablar. Y de repente estar en silencio. Subirnos a un árbol. Caminar hasta la Alameda. Encontrar detalles, el ascensor hasta un piso doce, un café lleno de libros, ese vaso de jugo con agua mineral y el otro vacío, donde se derritieron dos hielos al lado de un barco de papel.
Fue pasar tres horas, casi cuatro, en un ratito.
Fue loco, fue lindo, fue todo.
Escucho No Doubt.
Fue encontrarnos en la puerta de uno de mis lugares preferidos y mirarlo y reconocerlo, ¿se puede reconocer a quien no se conoce?, por esos dos aritos casi juntos y el kunti que tantas veces he visto en el cuello de mi hermano.
Fue sentarnos y hablar. Y de repente estar en silencio. Subirnos a un árbol. Caminar hasta la Alameda. Encontrar detalles, el ascensor hasta un piso doce, un café lleno de libros, ese vaso de jugo con agua mineral y el otro vacío, donde se derritieron dos hielos al lado de un barco de papel.
Fue pasar tres horas, casi cuatro, en un ratito.
Fue loco, fue lindo, fue todo.
Escucho No Doubt.
viernes, marzo 10, 2006
good night and good luck
Amo mi carrera.
Y eso que la odio, a veces. Pero hoy me tocó conducir un noticiero para taller y aluciné. Me di cuenta de cuánto me gustan las cámaras, las luces, la satisfacción de un trabajo bien hecho después de diez horas de colapso sin ganas de comer nada.
Me fui toda la micro camino a la casa de la Siri flotando.
Sigo flotando ahora.
Todavía disfrazada de periodista.
Y eso que la odio, a veces. Pero hoy me tocó conducir un noticiero para taller y aluciné. Me di cuenta de cuánto me gustan las cámaras, las luces, la satisfacción de un trabajo bien hecho después de diez horas de colapso sin ganas de comer nada.
Me fui toda la micro camino a la casa de la Siri flotando.
Sigo flotando ahora.
Todavía disfrazada de periodista.
miércoles, marzo 08, 2006
game over
Se acabó.
Fue la conversación final de una historia que duró dos años. El cierre de un ciclo. La última vez que le hablé desde un corazón medio enamorado, medio roto y lleno de ilusiones hasta decir basta.
No hubo música de fondo. No hubo beso de despedida. No hubo lágrimas.
Siento que terminó el antes de mi vida. Un tiempo de aprender de a dos, pero sola. Que ahora no tengo amarras. Que soy libre.
Fui al gimnasio y canté todo el camino.
Miré el mundo al revés, acostada en el pasto.
En el cielo celeste había una sola nube blanca.
Fue la conversación final de una historia que duró dos años. El cierre de un ciclo. La última vez que le hablé desde un corazón medio enamorado, medio roto y lleno de ilusiones hasta decir basta.
No hubo música de fondo. No hubo beso de despedida. No hubo lágrimas.
Siento que terminó el antes de mi vida. Un tiempo de aprender de a dos, pero sola. Que ahora no tengo amarras. Que soy libre.
Fui al gimnasio y canté todo el camino.
Miré el mundo al revés, acostada en el pasto.
En el cielo celeste había una sola nube blanca.
lunes, marzo 06, 2006
sister sister
Escucho if it makes you happy.
Me propongo escribir sobre la Chica.
Tomo aire y empiezo.
Cuando recién nació, ocho horas después de que mi mamá hubiera entrado a la sala de parto, la miré por una ventanita de la clínica. Yo tenía siete años y medio, pieza sola y el pelo castaño claro. Un poco por mi culpa en vez de María Isidora, se llamó Isidora Carolina.
Ha pasado el tiempo y nos ha pasado de todo. Un papá que se fue, cartas y peleas y cumpleaños, abrazos y almuerzos de domingo, videos familiares que hacen que nos de risa juntas. Una casa. Un colegio. Hemos compartido la vida, al principio más de lejos, cada vez más cerca.
Cuando la Chica era chica, le gustaba jugar con mis cosas. Perdía las piezas de mis puzzles, rompía mis muñecas y lloraba a gritos cuando llegaban mis amigas y no quería que ella estuviera con nosotras. Siempre fue mal genio. Peleadora. Sincera. Valiente. Me gustaba prepararle la mamadera. A veces la mudaba. Pero después de ver 'la profecía' igual revisé que no tuviera números en ninguna parte del cuerpo. Qué miedo.
Cuando la Chica era un poco más grande, pasábamos las tardes viendo Sailor Moon y jugando a disfrazarnos. Hacíamos fogatas en el patio, bailábamos Backstreet Boys, llamábamos por teléfono al señor Toro para preguntarle por la vaca. Compartimos pieza, un tiempo. Teníamos cubrecamas iguales, celestes con florcitas, y las paredes blancas rayadas con lápices de color.
Ahora que la Chica es grande, somos amigas. Ella me cuenta sus historias y romances. Yo le cuento de lo que me acuerdo cuando tenía trece. Ella inventa idiomas, escribe precioso y aprende rápido. Yo me río, dejo que me conozca mucho, y a veces le trato de explicar cosas que ya sabe.
Admiro a mi hermana. Es la persona que yo nunca me atreví a ser. La Chica dice las cosas a la cara y siempre mira de frente. No se esconde, no sale corriendo, no deja que el miedo la paralice. Lucha. Se defiende. Cree. Tiene ideales y conceptos de vida propios. Y aunque a veces nos odiamos y no estamos de acuerdo y no entendemos nada, es inevitable que terminemos saltando arriba de la cama con esta canción de fondo.
La Chica es lo mejor que me ha pasado.
La compañía más fiel.
Mi más grande ejemplo de vida.
Me propongo escribir sobre la Chica.
Tomo aire y empiezo.
Cuando recién nació, ocho horas después de que mi mamá hubiera entrado a la sala de parto, la miré por una ventanita de la clínica. Yo tenía siete años y medio, pieza sola y el pelo castaño claro. Un poco por mi culpa en vez de María Isidora, se llamó Isidora Carolina.
Ha pasado el tiempo y nos ha pasado de todo. Un papá que se fue, cartas y peleas y cumpleaños, abrazos y almuerzos de domingo, videos familiares que hacen que nos de risa juntas. Una casa. Un colegio. Hemos compartido la vida, al principio más de lejos, cada vez más cerca.
Cuando la Chica era chica, le gustaba jugar con mis cosas. Perdía las piezas de mis puzzles, rompía mis muñecas y lloraba a gritos cuando llegaban mis amigas y no quería que ella estuviera con nosotras. Siempre fue mal genio. Peleadora. Sincera. Valiente. Me gustaba prepararle la mamadera. A veces la mudaba. Pero después de ver 'la profecía' igual revisé que no tuviera números en ninguna parte del cuerpo. Qué miedo.
Cuando la Chica era un poco más grande, pasábamos las tardes viendo Sailor Moon y jugando a disfrazarnos. Hacíamos fogatas en el patio, bailábamos Backstreet Boys, llamábamos por teléfono al señor Toro para preguntarle por la vaca. Compartimos pieza, un tiempo. Teníamos cubrecamas iguales, celestes con florcitas, y las paredes blancas rayadas con lápices de color.
Ahora que la Chica es grande, somos amigas. Ella me cuenta sus historias y romances. Yo le cuento de lo que me acuerdo cuando tenía trece. Ella inventa idiomas, escribe precioso y aprende rápido. Yo me río, dejo que me conozca mucho, y a veces le trato de explicar cosas que ya sabe.
Admiro a mi hermana. Es la persona que yo nunca me atreví a ser. La Chica dice las cosas a la cara y siempre mira de frente. No se esconde, no sale corriendo, no deja que el miedo la paralice. Lucha. Se defiende. Cree. Tiene ideales y conceptos de vida propios. Y aunque a veces nos odiamos y no estamos de acuerdo y no entendemos nada, es inevitable que terminemos saltando arriba de la cama con esta canción de fondo.
La Chica es lo mejor que me ha pasado.
La compañía más fiel.
Mi más grande ejemplo de vida.
viernes, marzo 03, 2006
summer sunshine
Bostezo.
Tengo el pelo amarrado a medias con un pinche fucsia. Estoy en camisa de dormir, sin aros, recién sonó mi teléfono y desperté conversando con la Siri. Ayer nos juntamos con muchas personas en su casa y fue lindo. Hablamos de la vida. Del dolor, de la culpa, de las relaciones. Me encantan los lugares donde no es obligación poner un tema absurdo para generar confianza y hablar en serio. Es mejor que no se malgasten las palabras.
La Chica ya está vestida, polera negra, tirada en mi cama, y le acabo de contar que yo di mi primer beso. Tenía trece años, estaba en una fiesta de colegio y la canción de fondo 'Juego de seducción', de Soda. Él me lo pidió, pero yo me acerqué. Me llevo todo el mérito. Una mujer con iniciativa.
Estoy contenta. Tranquila. Tomando agüita de algo, a ver si me mejoro del colon y gastritis, producto, solamente, de un colapso emocional la noche antes de viajar de vuelta a Santiago.
Ocho años de experiencia laboral.
Suena muy loco.
Pero es cierto.
Tengo el pelo amarrado a medias con un pinche fucsia. Estoy en camisa de dormir, sin aros, recién sonó mi teléfono y desperté conversando con la Siri. Ayer nos juntamos con muchas personas en su casa y fue lindo. Hablamos de la vida. Del dolor, de la culpa, de las relaciones. Me encantan los lugares donde no es obligación poner un tema absurdo para generar confianza y hablar en serio. Es mejor que no se malgasten las palabras.
La Chica ya está vestida, polera negra, tirada en mi cama, y le acabo de contar que yo di mi primer beso. Tenía trece años, estaba en una fiesta de colegio y la canción de fondo 'Juego de seducción', de Soda. Él me lo pidió, pero yo me acerqué. Me llevo todo el mérito. Una mujer con iniciativa.
Estoy contenta. Tranquila. Tomando agüita de algo, a ver si me mejoro del colon y gastritis, producto, solamente, de un colapso emocional la noche antes de viajar de vuelta a Santiago.
Ocho años de experiencia laboral.
Suena muy loco.
Pero es cierto.
jueves, marzo 02, 2006
if it makes you happy
Lo peor es la gente que habla en el cine.
Acabo de llegar, con la Toña fuimos a ver 'Brokeback Mountain'. Yo la amé. Ella la odió. Obvio. Atrás de nosotras estaba sentada una mina que se pasó comentando lo bonitas que eran las ovejas. Y, un poco más allá, una señora que no apagó su celular y lo contestó en la mitad de la película, sala número nueve llena y fila de quince minutos en el Alto Las Condes. Me carga ese mall. Filo, la Toña tenía mucho descuento y yo muy poco dinero. Para variar.
No tengo problemas ni prejuicios con los homosexuales. Quizás antes, cuando no me había tocado compartir con ninguno, aparecía en mi mente esta imagen idealizada de un millón de gays glamorosos que se tiñen rubios y toman champaña. Ahora no. Hay de todo, como en todas partes.
Creo que cada persona es libre de vivir su sexualidad como le parezca. No es mi camino. No me enamoraría de una mujer. Pero tampoco juzgo a quienes enfrentan al mundo sí, soy gay y qué. No comprendo a los que se esconden, aunque siempre es más fácil escapar, supongo, pero por qué de uno mismo. Admiro a quienes sacan la cara por defender su libertad.
Uno es lo que es, y qué importa si nadie más lo entiende.
Tengo sed.
Voy a tomar jugo antes de dormir.
Acabo de llegar, con la Toña fuimos a ver 'Brokeback Mountain'. Yo la amé. Ella la odió. Obvio. Atrás de nosotras estaba sentada una mina que se pasó comentando lo bonitas que eran las ovejas. Y, un poco más allá, una señora que no apagó su celular y lo contestó en la mitad de la película, sala número nueve llena y fila de quince minutos en el Alto Las Condes. Me carga ese mall. Filo, la Toña tenía mucho descuento y yo muy poco dinero. Para variar.
No tengo problemas ni prejuicios con los homosexuales. Quizás antes, cuando no me había tocado compartir con ninguno, aparecía en mi mente esta imagen idealizada de un millón de gays glamorosos que se tiñen rubios y toman champaña. Ahora no. Hay de todo, como en todas partes.
Creo que cada persona es libre de vivir su sexualidad como le parezca. No es mi camino. No me enamoraría de una mujer. Pero tampoco juzgo a quienes enfrentan al mundo sí, soy gay y qué. No comprendo a los que se esconden, aunque siempre es más fácil escapar, supongo, pero por qué de uno mismo. Admiro a quienes sacan la cara por defender su libertad.
Uno es lo que es, y qué importa si nadie más lo entiende.
Tengo sed.
Voy a tomar jugo antes de dormir.
martes, febrero 28, 2006
víveme
Hoy es mi día, sólo mío, y no se lo quiero detallar a nadie.
Siento que soy feliz, que viví un poco de nuevo y un poco nuevo, que esperaba hace tanto esto que ya pensé que no pasaría jamás. Sonrío mucho. Me acabo de comer un chocolatito. Las pulseras de mi brazo derecho suenan mientras escribo. Mi pelo está un poco más rubio que cuando recién partí a la playa.
Algarrobo fue un agrado, dormimos hasta tarde ayer, hoy no, porque yo tenía un bus que tomar y con los nervios no dormí más que una hora o dos, vimos el festival, leímos el tarot, conversamos de la vida y conocimos una boutique toda cuica donde venden ropa preciosa y carísima, típica de señoras que se juran divas y a veces lo son.
Echaba de menos esto.
Escribir en paz con música mala de fondo.
Mañana parto a buscar trabajo.
Siento que soy feliz, que viví un poco de nuevo y un poco nuevo, que esperaba hace tanto esto que ya pensé que no pasaría jamás. Sonrío mucho. Me acabo de comer un chocolatito. Las pulseras de mi brazo derecho suenan mientras escribo. Mi pelo está un poco más rubio que cuando recién partí a la playa.
Algarrobo fue un agrado, dormimos hasta tarde ayer, hoy no, porque yo tenía un bus que tomar y con los nervios no dormí más que una hora o dos, vimos el festival, leímos el tarot, conversamos de la vida y conocimos una boutique toda cuica donde venden ropa preciosa y carísima, típica de señoras que se juran divas y a veces lo son.
Echaba de menos esto.
Escribir en paz con música mala de fondo.
Mañana parto a buscar trabajo.
sábado, febrero 25, 2006
esta ausencia
Necesito salir del standby.
Hoy me vestí de rojo, para pasar la angustia que me bajó anoche de ver que avanza el tiempo sin que avance yo con él. En la playa nos encontramos con la Gianni, no la veía desde que salimos de clases y está igual. Divertida. Con mil historias de romances propios y ajenos.
La Toña me leyó el tarot y el mensaje es claro en todas partes. O me entrego y me dejo llevar y de verdad confío y tengo toda la fe, o me quedo para siempre en estas vacaciones que ya se me han hecho eternas.
Necesito un fast forward urgente. Necesito que se empiecen a cumplir mis proyectos, terminar de cerrar etapas, hablar con Claudio una última vez, encontrar trabajo y entrar de nuevo a la universidad, buscar un departamento, comprometerme, entregarme, jugármela. Crecer.
Pero nada.
Dios sabe mejor que yo y todo pasa a su tiempo.
Tengo que irme de este cibercafé que me roba.
Hoy me vestí de rojo, para pasar la angustia que me bajó anoche de ver que avanza el tiempo sin que avance yo con él. En la playa nos encontramos con la Gianni, no la veía desde que salimos de clases y está igual. Divertida. Con mil historias de romances propios y ajenos.
La Toña me leyó el tarot y el mensaje es claro en todas partes. O me entrego y me dejo llevar y de verdad confío y tengo toda la fe, o me quedo para siempre en estas vacaciones que ya se me han hecho eternas.
Necesito un fast forward urgente. Necesito que se empiecen a cumplir mis proyectos, terminar de cerrar etapas, hablar con Claudio una última vez, encontrar trabajo y entrar de nuevo a la universidad, buscar un departamento, comprometerme, entregarme, jugármela. Crecer.
Pero nada.
Dios sabe mejor que yo y todo pasa a su tiempo.
Tengo que irme de este cibercafé que me roba.
miércoles, febrero 22, 2006
ciudad jardín
Noche de festival.
Hoy vamos a ver a Miranda a la Quinta Vergara. Siete mujeres, aunque dos en platea, porque la Coki otra vez se consiguió entrada para ella y mi hermana. Nosotras, las demás, a galería a las seis de la tarde.
Me gusta estar en Viña.
Ayer pasamos el día donde mi hermano y fui muy feliz. Es de los lugares en que siento que pertenezco, donde podría quedarme para siempre. Cantamos canciones devocionales, comimos pan integral de nuez con manjar y los niños nos mostraron posturas de yoga.
No necesito más que momentos.
Dios tocando la guitarra de Carlos.
Un montón de sonrisas con mantras de fondo.
Hare Krishna desde un cibercafé frente al mar.
Hoy vamos a ver a Miranda a la Quinta Vergara. Siete mujeres, aunque dos en platea, porque la Coki otra vez se consiguió entrada para ella y mi hermana. Nosotras, las demás, a galería a las seis de la tarde.
Me gusta estar en Viña.
Ayer pasamos el día donde mi hermano y fui muy feliz. Es de los lugares en que siento que pertenezco, donde podría quedarme para siempre. Cantamos canciones devocionales, comimos pan integral de nuez con manjar y los niños nos mostraron posturas de yoga.
No necesito más que momentos.
Dios tocando la guitarra de Carlos.
Un montón de sonrisas con mantras de fondo.
Hare Krishna desde un cibercafé frente al mar.
domingo, febrero 19, 2006
un montón de estrellas
Platos en el suelo. Vasos vacíos. Bolso cerrado.
Se acaba de ir el Mono, y antes de él la Pato con su novio, y Felipe, y la Trini. Lo pasé bien. Fue como cuando éramos chicos y nos juntábamos siempre a hacer nada. Amo estar con personas a quienes no tengo que explicarles quién soy, ni qué me ha pasado, ni cómo funciona mi mundo.
Leímos el tarot y comimos torta, conversamos de la vida, fumaron afuera de mi pieza, la Pato está más rubia y el Mono tiene más barba.
Mañana me voy a Viña.
A carretiar a Puerto Madero.
Me encanta bailar con el ruido de las olas.
Se acaba de ir el Mono, y antes de él la Pato con su novio, y Felipe, y la Trini. Lo pasé bien. Fue como cuando éramos chicos y nos juntábamos siempre a hacer nada. Amo estar con personas a quienes no tengo que explicarles quién soy, ni qué me ha pasado, ni cómo funciona mi mundo.
Leímos el tarot y comimos torta, conversamos de la vida, fumaron afuera de mi pieza, la Pato está más rubia y el Mono tiene más barba.
Mañana me voy a Viña.
A carretiar a Puerto Madero.
Me encanta bailar con el ruido de las olas.
sábado, febrero 18, 2006
basket case
Acabo de leer un post que me dejó pensando.
Paul Wegmann, no le importará que lo comente, supongo y espero, escribió sobre la inocencia y la madurez y la vida escolar.
Siempre fui perna. Mentira, no siempre. Desde que me cambié al Villa María y simplemente no logré encajar. Tenía siete años y no hablaba una palabra de inglés. Me encantaban los libros. Soñaba con compartir con mil niñitas y mil muñecas. En mi colegio de antes, los hombres se pasaban tirando arena y pateando pelotas de fútbol. Eran mis amigos, pero yo quería amigas. Un clan femenino. Por eso decidí cambiarme. Y mi decisión fue respetada.
En segundo básico, llevaba tres años bailando ballet. Duré uno más antes que la presión de participar en algo no popular me hiciera dejarlo. Empecé a jugar a las muñecas escondida, ya estábamos muy grandes. Y fueron tantos recreos encerrada en la biblioteca que leí toda la colección naranja del Barco de Vapor en un par de meses.
Tuve y tengo grandes amigas, es cierto. Pero fueron años de negarme, de no saber quién era yo, y por qué si amo los escenarios no fui capaz de subirme a uno hasta cuarto medio. Y por qué si siempre me ha dado risa todo, pasé mucho tiempo llorando. Y es que nunca me importó ser flaca, ni hacer dietas, ni comprar en el Alto, ni comer manzanas verdes, ni buscar a niñitos bien, de colegios bien, con apellidos bien. Todavía no me importa.
Entrar a la universidad fue salir de una cárcel. Fue mirarme al espejo y decir quizás no estoy tan mal. Quizás no soy tan fea, ni tan rara, ni tan fuera de lugar en todas partes.
La Toña siempre dice que exagero. Mi mamá también. Yo sé que no. Salir del Villa María ha sido un proceso y me ha costado. Me enorgullece sentir que llegué hasta el final sin perderme. Entre sombras, en silencio, pero yo íntegra, a salvo. Agradezco a Dios y a las letras.
Me considero una sobreviviente.
El colegio fue mi etapa más oscura.
La más triste.
Sin mi historia jamás sería quien soy.
Paul Wegmann, no le importará que lo comente, supongo y espero, escribió sobre la inocencia y la madurez y la vida escolar.
Siempre fui perna. Mentira, no siempre. Desde que me cambié al Villa María y simplemente no logré encajar. Tenía siete años y no hablaba una palabra de inglés. Me encantaban los libros. Soñaba con compartir con mil niñitas y mil muñecas. En mi colegio de antes, los hombres se pasaban tirando arena y pateando pelotas de fútbol. Eran mis amigos, pero yo quería amigas. Un clan femenino. Por eso decidí cambiarme. Y mi decisión fue respetada.
En segundo básico, llevaba tres años bailando ballet. Duré uno más antes que la presión de participar en algo no popular me hiciera dejarlo. Empecé a jugar a las muñecas escondida, ya estábamos muy grandes. Y fueron tantos recreos encerrada en la biblioteca que leí toda la colección naranja del Barco de Vapor en un par de meses.
Tuve y tengo grandes amigas, es cierto. Pero fueron años de negarme, de no saber quién era yo, y por qué si amo los escenarios no fui capaz de subirme a uno hasta cuarto medio. Y por qué si siempre me ha dado risa todo, pasé mucho tiempo llorando. Y es que nunca me importó ser flaca, ni hacer dietas, ni comprar en el Alto, ni comer manzanas verdes, ni buscar a niñitos bien, de colegios bien, con apellidos bien. Todavía no me importa.
Entrar a la universidad fue salir de una cárcel. Fue mirarme al espejo y decir quizás no estoy tan mal. Quizás no soy tan fea, ni tan rara, ni tan fuera de lugar en todas partes.
La Toña siempre dice que exagero. Mi mamá también. Yo sé que no. Salir del Villa María ha sido un proceso y me ha costado. Me enorgullece sentir que llegué hasta el final sin perderme. Entre sombras, en silencio, pero yo íntegra, a salvo. Agradezco a Dios y a las letras.
Me considero una sobreviviente.
El colegio fue mi etapa más oscura.
La más triste.
Sin mi historia jamás sería quien soy.
jueves, febrero 16, 2006
could you be loved
Hoy pasé el día en pijama.
Dormí, leí, tomé sopa y vi de nuevo 'El último beso'. Me dejó llena de dudas. La vida entera es mucho tiempo y no sé si encontraré a alguien con quien compartir una pieza, una cama, una mañana todos los días.
No sé quién va a respetar ese espacio para salir corriendo, a leer un libro en un árbol, a no dormir para mirar la luna. Quién va a querer sentarse conmigo en silencio para siempre. Quién va a comprender que amo tener pena y reírme, y escuchar las mismas canciones un millón de veces aunque sé que son malas, y que mi filosofía cambia mucho porque nunca logro sentirme a gusto en un solo lugar. Quién va a querer caminar al lado mío, de la mano, cuando sea de noche y yo tenga un poco de miedo y no va a pensar que es absurdo que yo baile ballet en los paraderos de micro o que cante fuerte mientras voy al gimnasio. Quién va a disfrutar mis manías. Quién va a entender mi historia. Quién se va a quedar conmigo.
A veces pienso que nací para estar sola. Para tener lindas relaciones, enamorarme cada vez como si fuera la única y la última, llorar un par de semanas o de meses o de años y después volver a empezar.
Me pinté las uñas con estrellitas plateadas.
Tengo un anillo de mariposa.
Voy a comer algo antes de dormir.
Dormí, leí, tomé sopa y vi de nuevo 'El último beso'. Me dejó llena de dudas. La vida entera es mucho tiempo y no sé si encontraré a alguien con quien compartir una pieza, una cama, una mañana todos los días.
No sé quién va a respetar ese espacio para salir corriendo, a leer un libro en un árbol, a no dormir para mirar la luna. Quién va a querer sentarse conmigo en silencio para siempre. Quién va a comprender que amo tener pena y reírme, y escuchar las mismas canciones un millón de veces aunque sé que son malas, y que mi filosofía cambia mucho porque nunca logro sentirme a gusto en un solo lugar. Quién va a querer caminar al lado mío, de la mano, cuando sea de noche y yo tenga un poco de miedo y no va a pensar que es absurdo que yo baile ballet en los paraderos de micro o que cante fuerte mientras voy al gimnasio. Quién va a disfrutar mis manías. Quién va a entender mi historia. Quién se va a quedar conmigo.
A veces pienso que nací para estar sola. Para tener lindas relaciones, enamorarme cada vez como si fuera la única y la última, llorar un par de semanas o de meses o de años y después volver a empezar.
Me pinté las uñas con estrellitas plateadas.
Tengo un anillo de mariposa.
Voy a comer algo antes de dormir.
miércoles, febrero 15, 2006
las callecitas de buenos aires
Catorce de febrero. Otra vez.
A las doce veinticinco aterrizó el avión en el aeropuerto de Santiago. Nos levantamos a las seis de la mañana y fuimos las primeras en la fila de Air France. Tomamos desayuno con mantequilla individual y café tibio.
Amé Argentina. Amé esa forma de vivir cada uno su vida sin detenerse a cada rato a criticar la vida de alguien más. Amé que la gente se saludara en la calle, que nadie me mirara si cantaba fuerte o me ponía a bailar. Amé las veredas llenas de personas caminando de noche, sin horas, los bares llenos y los restaurantes y los casinos.
Estuve con familiares que nos trataron como si de verdad me hubieran conocido de toda la vida, aunque apenas nos habíamos visto un par de veces. Anduvimos en lancha, fuimos a pasear en auto, en micro y a pie, tomamos helados que acá no existen y en Mar del Plata nos regalaron champaña con speed porque resultó que al barman le encantaban las chilenas.
Fueron doce días increíbles.
Hoy vuelvo con reflejos en el pelo, ropa nueva y un par de películas para llorar en un rato más de este día rosado envuelta en frazadas, sola, en mi cama.
Mi pieza está linda.
Casi terminada.
Falta un poco menos para el resto de mi vida.
A las doce veinticinco aterrizó el avión en el aeropuerto de Santiago. Nos levantamos a las seis de la mañana y fuimos las primeras en la fila de Air France. Tomamos desayuno con mantequilla individual y café tibio.
Amé Argentina. Amé esa forma de vivir cada uno su vida sin detenerse a cada rato a criticar la vida de alguien más. Amé que la gente se saludara en la calle, que nadie me mirara si cantaba fuerte o me ponía a bailar. Amé las veredas llenas de personas caminando de noche, sin horas, los bares llenos y los restaurantes y los casinos.
Estuve con familiares que nos trataron como si de verdad me hubieran conocido de toda la vida, aunque apenas nos habíamos visto un par de veces. Anduvimos en lancha, fuimos a pasear en auto, en micro y a pie, tomamos helados que acá no existen y en Mar del Plata nos regalaron champaña con speed porque resultó que al barman le encantaban las chilenas.
Fueron doce días increíbles.
Hoy vuelvo con reflejos en el pelo, ropa nueva y un par de películas para llorar en un rato más de este día rosado envuelta en frazadas, sola, en mi cama.
Mi pieza está linda.
Casi terminada.
Falta un poco menos para el resto de mi vida.
miércoles, febrero 08, 2006
lejos de casa
En Mar del Plata.
No pude resistir la tentación de postear desde un locutorio cerca del hotel al que acabamos de llegar hoy. Lo he pasado increíble. Decir que me he comprado la mitad de Buenos Aires no deja de ser un poco cierto, y eso que en general nunca sé mucho qué comprar. Pero tengo ropa linda y muchos regalos. Hemos conocido lugares preciosos. En las cinco horas que duró el bus hasta acá, vimos dos películas malas.
Me he acordado de cosas. De personas. De Claudio, un poco. De Sebastián. Y de mis amigos de cuando era chica y nos juntábamos a jugar básquetbol y a pasear por el Pueblito de los Dominicos. Con la Toña nos pasamos leyendo Cosmo y jugando verdad o consecuencia. Mi tía cocinó todo el tiempo en su casa sin carne, especialmente para mí. Hemos carretiado poco, aunque estos días de playa llevan carrete seguro.
Es divertido ser turista. Todos nos tratan bien y nos preguntan si somos felices. Hasta nos hicieron una encuesta de qué nos parecía Mar del Plata. Gané un poco en el casino y fuimos a tomar tecito. Le compré a un devoto de Krishna un libro, y me recordó a mi hermano. Me gusta estar lejos de todo. Disfruto el silencio, andar otra vez sin celular, desaparecer por las callecitas de Buenos Aires.
Tengo temas pendientes en Santiago, lo sé.
Todo a su tiempo.
Por ahora, miro al frente, al espejo, y me brillan los ojos porque tengo risa y estoy linda y amo toda la vida.
No pude resistir la tentación de postear desde un locutorio cerca del hotel al que acabamos de llegar hoy. Lo he pasado increíble. Decir que me he comprado la mitad de Buenos Aires no deja de ser un poco cierto, y eso que en general nunca sé mucho qué comprar. Pero tengo ropa linda y muchos regalos. Hemos conocido lugares preciosos. En las cinco horas que duró el bus hasta acá, vimos dos películas malas.
Me he acordado de cosas. De personas. De Claudio, un poco. De Sebastián. Y de mis amigos de cuando era chica y nos juntábamos a jugar básquetbol y a pasear por el Pueblito de los Dominicos. Con la Toña nos pasamos leyendo Cosmo y jugando verdad o consecuencia. Mi tía cocinó todo el tiempo en su casa sin carne, especialmente para mí. Hemos carretiado poco, aunque estos días de playa llevan carrete seguro.
Es divertido ser turista. Todos nos tratan bien y nos preguntan si somos felices. Hasta nos hicieron una encuesta de qué nos parecía Mar del Plata. Gané un poco en el casino y fuimos a tomar tecito. Le compré a un devoto de Krishna un libro, y me recordó a mi hermano. Me gusta estar lejos de todo. Disfruto el silencio, andar otra vez sin celular, desaparecer por las callecitas de Buenos Aires.
Tengo temas pendientes en Santiago, lo sé.
Todo a su tiempo.
Por ahora, miro al frente, al espejo, y me brillan los ojos porque tengo risa y estoy linda y amo toda la vida.
miércoles, febrero 01, 2006
me iré
A los trece, mi papá me llevó a Buenos Aires.
Hacía poco que se había ido de mi casa, y todavía hablábamos. Mi abuelita acababa de morir. Recorrí la ciudad desde temprano, alojando en un hotel a seis cuadras del obelisco, y una vez, mientras mi papá entraba a la catedral, gasté veinte dólares en un dibujo de la luna llena.
Me acuerdo de pocas cosas. De una casa abandonada que me encantó. De las montañas rusas en que no me atreví a subir. De la mañana de domingo de resurrección donde no tuve huevitos de chocolate pero sí escondí unos abajo de la almohada.
En un par de horas más me voy, esta vez con la Toña, a pasar en Buenos Aires doce días de verano. Me encantan los aviones, estoy esperando leer la Cosmo mientras vuelo arriba de la cordillera y ese minuto de despegue en que parece que el corazón subiera hasta la boca.
No creo que vaya a carretiar hasta cansarme, aunque quizá sí mientras estemos en Mar del Plata. No creo que vaya a besar a algún argentino, pero no prometo nada. Sí creo que hay mucho por descubrir y que, a pesar de que me voy con un par de temas pendientes, disfrutaré cada segundo en tierra argentina.
Amo viajar. Es mi sol en Sagitario. Amo esa sensación de no pertenecer del todo, de formar parte de un mundo alternativo al cotidiano, de vivir costumbres y lugares distintos a los míos.
No tendré internet.
Dejo mi blog y mi teclado por un ratito.
Hasta que vuelva, escribiré a mano.
Hacía poco que se había ido de mi casa, y todavía hablábamos. Mi abuelita acababa de morir. Recorrí la ciudad desde temprano, alojando en un hotel a seis cuadras del obelisco, y una vez, mientras mi papá entraba a la catedral, gasté veinte dólares en un dibujo de la luna llena.
Me acuerdo de pocas cosas. De una casa abandonada que me encantó. De las montañas rusas en que no me atreví a subir. De la mañana de domingo de resurrección donde no tuve huevitos de chocolate pero sí escondí unos abajo de la almohada.
En un par de horas más me voy, esta vez con la Toña, a pasar en Buenos Aires doce días de verano. Me encantan los aviones, estoy esperando leer la Cosmo mientras vuelo arriba de la cordillera y ese minuto de despegue en que parece que el corazón subiera hasta la boca.
No creo que vaya a carretiar hasta cansarme, aunque quizá sí mientras estemos en Mar del Plata. No creo que vaya a besar a algún argentino, pero no prometo nada. Sí creo que hay mucho por descubrir y que, a pesar de que me voy con un par de temas pendientes, disfrutaré cada segundo en tierra argentina.
Amo viajar. Es mi sol en Sagitario. Amo esa sensación de no pertenecer del todo, de formar parte de un mundo alternativo al cotidiano, de vivir costumbres y lugares distintos a los míos.
No tendré internet.
Dejo mi blog y mi teclado por un ratito.
Hasta que vuelva, escribiré a mano.
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