Me duele un poco la cabeza.
Tanto estrés por llegar a la hora al Mercurio.
Yo escribo. Eso hago. Y no sólo mientras me siento frente al computador de esta sala siempre llena, sino también mientras miro el paisaje en la micro y ordeno mi pieza y repito Amélie, que, a todo esto, anoche no terminamos de ver porque yo moría de sueño.
Escribí mientras perseguía al señor en el sur que se había robado mi celular y mi billetera hace dos años, y seguí escribiendo mientras le pedía por favor mis cosas de vuelta, y me las entregaba, y yo me ponía a llorar. Escribí cantando que llegó la hora de decir adiós en ese colegio que nunca llegué a querer, y, después, en mi primer día de universidad perdida en una micro que recorría Santiago. Escribo, todavía, cada vez que voy a San Gregorio (sangre cuchillo y velorio dice un grito por ahí) y pienso que puede ser la última vez. Escribo cuando hace frío los jueves en la noche y estamos comiendo en platos de plumavit y alguien que no conozco me explica que es rebelde porque el mundo lo ha hecho así.
Escribir es mi silencio y mi llamado. Es mi mente, que nunca me deja en paz. Es encontrar las palabras perfectas para que no sobren ni falten, para hacer el intento de no exagerar (aunque siempre es un poco inevitable). Es dejar testimonio de las mariposas blancas y las nubes grises que aparecieron hoy. Es ese dolor de guata cuando me estoy perdiendo un segundo de magia encerrada en una prueba de economía.
Mi novio, trabajando.
Quiero un café con vainilla.
Voy a almorzar con la Toña.
jueves, octubre 26, 2006
miércoles, octubre 25, 2006
all you need is love
Por si no sabes (o se te olvida),
te escribo
que me gusta soñar al lado tuyo
y esa sonrisa que te cierra un poquito los ojos.
Que amo tu forma de mirarme,
tan fijo,
tan de cerca.
Que me gusta que me defiendas,
pasear de noche sin miedo,
tomar helados contigo,
caminar sin zapatos,
mirar las estrellas y soplar esas florcitas
y pedirles deseos.
Que ahora que todo es un poquito más difícil para ti
yo estoy siempre a tu lado.
Que conocerte fue conocer el mundo.
Que a veces quizá no quiero saber de ti
Que, de todas las personas que han aparecido en mi vida,
tú eres el más importante.
Que antes yo era sólo yo,
y era feliz.
Que ahora que somos nosotros,
ser feliz tiene sentido.
te escribo
que me gusta soñar al lado tuyo
y esa sonrisa que te cierra un poquito los ojos.
Que amo tu forma de mirarme,
tan fijo,
tan de cerca.
Que me gusta que me defiendas,
pasear de noche sin miedo,
tomar helados contigo,
caminar sin zapatos,
mirar las estrellas y soplar esas florcitas
y pedirles deseos.
Que ahora que todo es un poquito más difícil para ti
yo estoy siempre a tu lado.
Que cocinas rico,
escribes lindo,
hablas sincero.
Que conocerte fue conocer el mundo.
Que a veces quizá no quiero saber de ti
pero en el fondo sí quiero
(como cuando apagué el teléfono y tuve que volver a prenderlo).Que, de todas las personas que han aparecido en mi vida,
tú eres el más importante.
Que antes yo era sólo yo,
y era feliz.
Que ahora que somos nosotros,
ser feliz tiene sentido.
lunes, octubre 23, 2006
sunshine
Polera blanca strapless, chalitas, pelo suelto y pescadores.
Me encanta que haya sol.
Hoy se cumple una semana exacta desde que terminé de sacar las cosas de mi pieza antigua y me cambié de cama a la que me prestó la Ale, casi en el suelo, piso dieciocho. Estoy feliz. No sólo es que no tengo que separarme de mi novio por ningún motivo, exceptuando, claro, esas dos noches de visita, sino que en mi barrio nuevo todo queda tan cerca y a una micro de distancia, y que si se me ocurre cerrar la puerta de la pieza nadie va a pensar en abrirla. Me gusta preparar mi comida y elegir qué comprar justo antes. Me gusta ordenar sin tiempo. Me gusta cómo se ven las luces de Santiago en la noche desde mi ventana.
El viernes y el domingo almorcé con mi mamá y no sé si habrá comprendido todavía mis motivos. Todo a su tiempo. Y mi hermana está triste porque anda media peleada con el novio y a mí me da pena porque yo no estoy para acompañarla, pero confío en que mis rezos van a llegar a su destino y que ella superará todo. La Chica es lo mejor.
Creo que empezar una etapa que llevaba tanto tiempo en standby, y que el tarot me venía anunciando sin que yo escuchara mucho aunque dijera que sí, ha hecho que también se empiecen a mover otras partes de mi vida. Que el destino decida por mí, porque siempre lo hace tan bien.
Artemisa y Afrodita no sólo estaban de paso y saludando. Se quedaron y son absolutamente bienvenidas. Quizá no pueda comprar libros o viajar otra vez hasta quién sabe cuándo. Quizá haya noches en que preferiría llegar a una cama abierta con un chocolate en la almohada. Quizá en lo que queda del mes, sólo alcance a pagar la micro, y estudiante.
Sonrisa fácil, ojos abiertos, corazón entregado, sueños y vuelo alto, tan alto, en lo más profundo del bosque.
Soy una mujer libre que ama.
Mi alma vive en paz.
Me encanta que haya sol.
Hoy se cumple una semana exacta desde que terminé de sacar las cosas de mi pieza antigua y me cambié de cama a la que me prestó la Ale, casi en el suelo, piso dieciocho. Estoy feliz. No sólo es que no tengo que separarme de mi novio por ningún motivo, exceptuando, claro, esas dos noches de visita, sino que en mi barrio nuevo todo queda tan cerca y a una micro de distancia, y que si se me ocurre cerrar la puerta de la pieza nadie va a pensar en abrirla. Me gusta preparar mi comida y elegir qué comprar justo antes. Me gusta ordenar sin tiempo. Me gusta cómo se ven las luces de Santiago en la noche desde mi ventana.
El viernes y el domingo almorcé con mi mamá y no sé si habrá comprendido todavía mis motivos. Todo a su tiempo. Y mi hermana está triste porque anda media peleada con el novio y a mí me da pena porque yo no estoy para acompañarla, pero confío en que mis rezos van a llegar a su destino y que ella superará todo. La Chica es lo mejor.
Creo que empezar una etapa que llevaba tanto tiempo en standby, y que el tarot me venía anunciando sin que yo escuchara mucho aunque dijera que sí, ha hecho que también se empiecen a mover otras partes de mi vida. Que el destino decida por mí, porque siempre lo hace tan bien.
Artemisa y Afrodita no sólo estaban de paso y saludando. Se quedaron y son absolutamente bienvenidas. Quizá no pueda comprar libros o viajar otra vez hasta quién sabe cuándo. Quizá haya noches en que preferiría llegar a una cama abierta con un chocolate en la almohada. Quizá en lo que queda del mes, sólo alcance a pagar la micro, y estudiante.
Sonrisa fácil, ojos abiertos, corazón entregado, sueños y vuelo alto, tan alto, en lo más profundo del bosque.
Soy una mujer libre que ama.
Mi alma vive en paz.
miércoles, octubre 18, 2006
i walk beside you
Acerca de mi vida sola, que me encanta, hablaré en otra ocasión.
Es que anoche estuve en crisis.
A las seis de la tarde llegó la ex de mi novio con la Flo, que resultó ser una de las guaguas más lindas y de mirada más sabia aunque un poco triste que he conocido en la vida. Las fuimos a buscar al terminal. Tres horas y media después yo lloraba en pijama celeste en mi cama tan vacía.
Comprendo que esa mujer no quiera verme, ni que quiera que vea a su hija. Pero lo que de verdad me dolió fue la incertidumbre, ese ven, mejor no vengas, ven, que terminó con un bolso lleno de ropa y un agüita de menta que me regaló David cuando yo necesitaba algo a qué echarle azúcar. Sé que para Franco es difícil. Sé que colapsa, que quizás se siente solo, que son sus procesos y sólo a él le toca vivirlos. Pero es la impotencia, la rabia de no poder acompañarlo, de que nadie lo defiende.
Tengo el corazón pesado.
Sentí venir la semana difícil.
Sólo quiero que mi novio sea feliz.
Es que anoche estuve en crisis.
A las seis de la tarde llegó la ex de mi novio con la Flo, que resultó ser una de las guaguas más lindas y de mirada más sabia aunque un poco triste que he conocido en la vida. Las fuimos a buscar al terminal. Tres horas y media después yo lloraba en pijama celeste en mi cama tan vacía.
Comprendo que esa mujer no quiera verme, ni que quiera que vea a su hija. Pero lo que de verdad me dolió fue la incertidumbre, ese ven, mejor no vengas, ven, que terminó con un bolso lleno de ropa y un agüita de menta que me regaló David cuando yo necesitaba algo a qué echarle azúcar. Sé que para Franco es difícil. Sé que colapsa, que quizás se siente solo, que son sus procesos y sólo a él le toca vivirlos. Pero es la impotencia, la rabia de no poder acompañarlo, de que nadie lo defiende.
Tengo el corazón pesado.
Sentí venir la semana difícil.
Sólo quiero que mi novio sea feliz.
lunes, octubre 16, 2006
another turning point
Han pasado un año y dos días desde que empecé a escribir mi blog.
Feliz aniversario.
Ya está todo. Independance day, como me dijo mi tío por teléfono. Acabo de guardar lo que quedaba de mi ropa en ese bolso morado que me acompaña a todas partes y escribo con un poquito de pena por la pieza tan vacía. Esto es lo que conozco. Nada más. Nunca he vivido en otro lugar, o con otras personas. Nunca he tenido que preparar mi comida, ni lavar mi ropa, de lunes a sábado ni siquiera hacer mi cama. No sé lo que es hacerme cargo de mí. Y no es que tenga miedo, pero sí ansiedad. No es angustia, pero sí tristeza infinita. No es añoranza, pero sí nostalgia.
Me acuerdo de cuando era chica, de mis veranos de piscina y mis noches de hermanas, de los almuerzos familiares gigantes mientras mi abuelita vivía. Llevo veintiún años mirando por la ventana un patio que cuando amanece tiene muchos colores. Me siento tan niña a veces.
Le pido a Dios y a todas las Diosas y al Universo que me guíen y que mi camino sea siempre hacia la luz. Le dejo besos de buenas noches a mi mamá y canciones a mi hermana. Me voy con los ojos abiertos y el corazón latiendo fuerte. Con las piernas firmes, la frente alta, los brazos abiertos.
Me voy con un grito de libertad en la garganta.
Llena de lágrimas y de sueños.
Hoy empieza el resto de mi vida.
Feliz aniversario.
Ya está todo. Independance day, como me dijo mi tío por teléfono. Acabo de guardar lo que quedaba de mi ropa en ese bolso morado que me acompaña a todas partes y escribo con un poquito de pena por la pieza tan vacía. Esto es lo que conozco. Nada más. Nunca he vivido en otro lugar, o con otras personas. Nunca he tenido que preparar mi comida, ni lavar mi ropa, de lunes a sábado ni siquiera hacer mi cama. No sé lo que es hacerme cargo de mí. Y no es que tenga miedo, pero sí ansiedad. No es angustia, pero sí tristeza infinita. No es añoranza, pero sí nostalgia.
Me acuerdo de cuando era chica, de mis veranos de piscina y mis noches de hermanas, de los almuerzos familiares gigantes mientras mi abuelita vivía. Llevo veintiún años mirando por la ventana un patio que cuando amanece tiene muchos colores. Me siento tan niña a veces.
Le pido a Dios y a todas las Diosas y al Universo que me guíen y que mi camino sea siempre hacia la luz. Le dejo besos de buenas noches a mi mamá y canciones a mi hermana. Me voy con los ojos abiertos y el corazón latiendo fuerte. Con las piernas firmes, la frente alta, los brazos abiertos.
Me voy con un grito de libertad en la garganta.
Llena de lágrimas y de sueños.
Hoy empieza el resto de mi vida.
miércoles, octubre 11, 2006
free falling
Hace tiempo no escuchaba el soundtrack de Amélie.
Me hice dos trenzas y parezco campesina.
No he terminado de embalar porque recién usé la última caja, la pared de mi pieza es un montón de clavos y a Margarita de Rubén Darío cambió de orden porque dí vuelta los cajones del clóset. Ahora la princesa primero le dice al papá y después va a buscar la estrella. Crisis. Ayer también, pero peor. Me lo lloré todo sentada afuera de Starbucks mientras esperaba al guapo de mi novio. Ando toda llorona, lo sé. Filo. Hoy tengo mucha risa. No sé si llevarme la piñata de corazón. Otra de mis decisiones importantes respecto al futuro cercano en alfombra roja gastada.
Quiero dormir, parece.
Me acabo de enterar que mañana tengo prueba de estadística, obvio que no he estudiado nada y no se me ocurre en qué minuto dedicarme a ejercicios de distribución normal o lo que sea con tantos recuerdos en mi cabeza.
Ando en calcetines de esos cortitos que me compré el otro día en la micro. Almorcé tallarines con aceite de oliva y en la mañana pasé por el departamento nuevo (aunque es antiguo, tanto que hay que saltar arriba del ascensor antes de que se cierre la puerta) para ver qué cosas me queda comprar. Necesito cortinas, primero. No me quiero despertar al amanecer todos los días.
Extraño a mi novio.
Ahora, cafecito con la Toña y la Fran.
Voy a meter mis cojines a la lavadora.
Me hice dos trenzas y parezco campesina.
No he terminado de embalar porque recién usé la última caja, la pared de mi pieza es un montón de clavos y a Margarita de Rubén Darío cambió de orden porque dí vuelta los cajones del clóset. Ahora la princesa primero le dice al papá y después va a buscar la estrella. Crisis. Ayer también, pero peor. Me lo lloré todo sentada afuera de Starbucks mientras esperaba al guapo de mi novio. Ando toda llorona, lo sé. Filo. Hoy tengo mucha risa. No sé si llevarme la piñata de corazón. Otra de mis decisiones importantes respecto al futuro cercano en alfombra roja gastada.
Quiero dormir, parece.
Me acabo de enterar que mañana tengo prueba de estadística, obvio que no he estudiado nada y no se me ocurre en qué minuto dedicarme a ejercicios de distribución normal o lo que sea con tantos recuerdos en mi cabeza.
Ando en calcetines de esos cortitos que me compré el otro día en la micro. Almorcé tallarines con aceite de oliva y en la mañana pasé por el departamento nuevo (aunque es antiguo, tanto que hay que saltar arriba del ascensor antes de que se cierre la puerta) para ver qué cosas me queda comprar. Necesito cortinas, primero. No me quiero despertar al amanecer todos los días.
Extraño a mi novio.
Ahora, cafecito con la Toña y la Fran.
Voy a meter mis cojines a la lavadora.
domingo, octubre 08, 2006
dejando el corazón
No me gusta cuando mi novio contesta el teléfono y no lo reconozco.
Hace que lo sienta tan lejos.
Con el tiempo he ido cambiando mis lugares para llorar. Antes siempre eran mi cama o la ducha, sola, en silencio, media escondida. Ahora lloro en las micros. No hago escándalo ni nada pero me subo en uno de los últimos asientos, cerca de una ventana abierta y dejo que caigan lágrimas y a veces me las trago después. Hoy me pasó. Ya no tengo pena, eso sí. Ando como zigzagueando de repente, demasiadas emociones juntas y ese mareo eterno que no se acaba ni con suficientes horas de sueño.
Voy. Recuerdo que tengo que ir, y voy. Camino, me caigo, me levanto. Tengo ganas de volar tan arriba que ya no sea capaz de ver el suelo. Y el miedo, no sé. No está. Ya ni me acuerdo cómo era cerrar los ojos y mentir. Ahora no soy capaz. Ahora voy. Y voy de frente.
Con la Chica comimos donuts y tomamos juguito y conversamos un montón. Fue bueno. Pude explicarle, ojalá haya comprendido, que no porque no esté en la casa estaré lejos. Al revés. Quizá estemos más cerca que nunca.
No sé qué siento. Ese vacío (este vacío). Como el mundo siguiendo sin mí. Y yo en mi mundo.
Viene Franco.
Escucho Floricienta.
Tengo los ojos agotados.
Hace que lo sienta tan lejos.
Con el tiempo he ido cambiando mis lugares para llorar. Antes siempre eran mi cama o la ducha, sola, en silencio, media escondida. Ahora lloro en las micros. No hago escándalo ni nada pero me subo en uno de los últimos asientos, cerca de una ventana abierta y dejo que caigan lágrimas y a veces me las trago después. Hoy me pasó. Ya no tengo pena, eso sí. Ando como zigzagueando de repente, demasiadas emociones juntas y ese mareo eterno que no se acaba ni con suficientes horas de sueño.
Voy. Recuerdo que tengo que ir, y voy. Camino, me caigo, me levanto. Tengo ganas de volar tan arriba que ya no sea capaz de ver el suelo. Y el miedo, no sé. No está. Ya ni me acuerdo cómo era cerrar los ojos y mentir. Ahora no soy capaz. Ahora voy. Y voy de frente.
Con la Chica comimos donuts y tomamos juguito y conversamos un montón. Fue bueno. Pude explicarle, ojalá haya comprendido, que no porque no esté en la casa estaré lejos. Al revés. Quizá estemos más cerca que nunca.
No sé qué siento. Ese vacío (este vacío). Como el mundo siguiendo sin mí. Y yo en mi mundo.
Viene Franco.
Escucho Floricienta.
Tengo los ojos agotados.
sábado, octubre 07, 2006
you'll be a woman soon
Tan cerca.
Acabo de hablar con mi tata.
Le dije que me voy.
En la mañana acompañé a mi novio al registro civil y después lo fui a dejar a Starbucks, en micro, obvio, y caminando rápido para que no llegara tarde. Mi desayuno nutritivo fue un superocho y medio y otras cosas dulces que le compré a la señora estafadora del kiosco de los Dominicos.
Fui a la universidad, paseo inútil porque como tenía que llegar a San Gregorio no alcancé a ver la corrección del trabajo de la Siri Sat, filo, la profesora dijo que estaban mejores los de la primera semana de taller.
Con los niños hicimos una torta que no quedó muy rica pero a ellos les encantó. Jugamos don Juan de la barriga y chocochocolala chocochocotete. Estuvo bacán. Claro, llegué a trabajar y supongo que fue por cansancio acumulado o qué sé yo que me empecé a sentir pésimo y a tener ese frío horrible que me da cuando estoy triste o nerviosa bordeando la histeria y al final me mandaron a mi casa. Franco me vino a dejar y jugamos un rato Tony Hawk. Él juega demasiado bien y no habla y yo me aburro. Filo. Igual me encantó que me acompañara. Se ve bien con el pelo corto. Y lo miro y no dejo de cantar 'aprendí a ser formal y cortés'.
Ya estoy en perfecto estado de salud. Mi novio anda con sus amigos. Quizá me duerma temprano, quizá embale más cosas, quizá me dedique a pasear por los blogs que no he tenido tiempo de leer, quizá abra al azar 'mujeres que corren con lobos' o me saque una tirada rápida de tarot.
Me gusta no tener mi tiempo definido.
Mañana, delantal verde otra vez.
Hasta entonces me dedicaré sólo a mí.
Acabo de hablar con mi tata.
Le dije que me voy.
En la mañana acompañé a mi novio al registro civil y después lo fui a dejar a Starbucks, en micro, obvio, y caminando rápido para que no llegara tarde. Mi desayuno nutritivo fue un superocho y medio y otras cosas dulces que le compré a la señora estafadora del kiosco de los Dominicos.
Fui a la universidad, paseo inútil porque como tenía que llegar a San Gregorio no alcancé a ver la corrección del trabajo de la Siri Sat, filo, la profesora dijo que estaban mejores los de la primera semana de taller.
Con los niños hicimos una torta que no quedó muy rica pero a ellos les encantó. Jugamos don Juan de la barriga y chocochocolala chocochocotete. Estuvo bacán. Claro, llegué a trabajar y supongo que fue por cansancio acumulado o qué sé yo que me empecé a sentir pésimo y a tener ese frío horrible que me da cuando estoy triste o nerviosa bordeando la histeria y al final me mandaron a mi casa. Franco me vino a dejar y jugamos un rato Tony Hawk. Él juega demasiado bien y no habla y yo me aburro. Filo. Igual me encantó que me acompañara. Se ve bien con el pelo corto. Y lo miro y no dejo de cantar 'aprendí a ser formal y cortés'.
Ya estoy en perfecto estado de salud. Mi novio anda con sus amigos. Quizá me duerma temprano, quizá embale más cosas, quizá me dedique a pasear por los blogs que no he tenido tiempo de leer, quizá abra al azar 'mujeres que corren con lobos' o me saque una tirada rápida de tarot.
Me gusta no tener mi tiempo definido.
Mañana, delantal verde otra vez.
Hasta entonces me dedicaré sólo a mí.
jueves, octubre 05, 2006
escritura subterránea
Falta poco.
Pocos días, pocos anuncios, poco camino.
Ya estoy por partir.
En la mañana empecé a embalar mis libros y películas, claro que, por algún motivo, "Amélie" y "El último beso" quedaron afuera. Las veré otra vez antes de sacar el dvd de la que hasta ahora fue mi pieza. Tengo tantas cosas y tan pocas son útiles o es necesario que las lleve conmigo. No creo que use muchas cajas, ni que termine la cinta transparente que compré ayer en el Líder cuando venía de la casa de Randy.
Qué más nos da arriesgar el corazón, canto en silencio sentada en el suelo del metro lleno y tengo un poco de risa y el pulso acelerado. Tengo la ilusión, la fe, las ganas.
Al frente mío, un señor de anteojos con corbata de Popeye habla por celular, supongo, porque no lo escucho con el mp3 del Mono tan fuerte. Se lo voy a devolver, ahora que el banco me va a regalar uno junto con la chequera de cuero por haber firmado un montón de papeles.
A una estación de ver a mi novio.
Todos los pasajeros deben descender.
Y yo, con tarjeta Visa.
Quién diría.
Pocos días, pocos anuncios, poco camino.
Ya estoy por partir.
En la mañana empecé a embalar mis libros y películas, claro que, por algún motivo, "Amélie" y "El último beso" quedaron afuera. Las veré otra vez antes de sacar el dvd de la que hasta ahora fue mi pieza. Tengo tantas cosas y tan pocas son útiles o es necesario que las lleve conmigo. No creo que use muchas cajas, ni que termine la cinta transparente que compré ayer en el Líder cuando venía de la casa de Randy.
Qué más nos da arriesgar el corazón, canto en silencio sentada en el suelo del metro lleno y tengo un poco de risa y el pulso acelerado. Tengo la ilusión, la fe, las ganas.
Al frente mío, un señor de anteojos con corbata de Popeye habla por celular, supongo, porque no lo escucho con el mp3 del Mono tan fuerte. Se lo voy a devolver, ahora que el banco me va a regalar uno junto con la chequera de cuero por haber firmado un montón de papeles.
A una estación de ver a mi novio.
Todos los pasajeros deben descender.
Y yo, con tarjeta Visa.
Quién diría.
jueves, septiembre 28, 2006
un poco de miedo
Me voy.
En la tarde hablé con mi mamá.
Ahora tengo esa pena absurda, gigante, que sólo me da cuando alguien llora y yo tengo algo que ver. Tengo esa pena de los domingos en la tarde de antes, sola y el mundo a veces tan gris. Tengo esa pena de despedidas, de último día de colegio, de terminar un pololeo de noche y sin estrellas.
También estoy contenta. También me río sola de repente, y escucho a Bebé mil veces, y me encojo de hombros mientras pienso que tengo que empezar a embalar mis cosas, a separar mis libros, a limpiar mis recuerdos y vaciar esas cajas llenas de papeles. A ver qué quemo, qué guardo, qué me importa todavía.
Es la dualidad de las decisiones, supongo. Es el sueño que se cumple y el ciclo que se acaba. Es la certeza de que estoy haciendo lo correcto, de que estoy siguiendo mi camino y que no alcanzo a distinguir quiénes avanzan por un lado distinto.
Si todo sale bien, feliz.
Si todo sale mal, lo intentaré de nuevo.
Ahora tengo a Franco conmigo.
El mundo es de colores.
Doy gracias infinitas a Dios y al universo por esta oportunidad.
En la tarde hablé con mi mamá.
Ahora tengo esa pena absurda, gigante, que sólo me da cuando alguien llora y yo tengo algo que ver. Tengo esa pena de los domingos en la tarde de antes, sola y el mundo a veces tan gris. Tengo esa pena de despedidas, de último día de colegio, de terminar un pololeo de noche y sin estrellas.
También estoy contenta. También me río sola de repente, y escucho a Bebé mil veces, y me encojo de hombros mientras pienso que tengo que empezar a embalar mis cosas, a separar mis libros, a limpiar mis recuerdos y vaciar esas cajas llenas de papeles. A ver qué quemo, qué guardo, qué me importa todavía.
Es la dualidad de las decisiones, supongo. Es el sueño que se cumple y el ciclo que se acaba. Es la certeza de que estoy haciendo lo correcto, de que estoy siguiendo mi camino y que no alcanzo a distinguir quiénes avanzan por un lado distinto.
Si todo sale bien, feliz.
Si todo sale mal, lo intentaré de nuevo.
Ahora tengo a Franco conmigo.
El mundo es de colores.
Doy gracias infinitas a Dios y al universo por esta oportunidad.
martes, septiembre 26, 2006
learned in time
A veces, como ahora, no quiero hacer nada.
Mi hermana acaba de cumplir catorce años.
En la mañana llegamos con Franco de Viña, viajamos ayer para presentarle a mi hermano y mi cuñada y mis sobrinos y toda esa parte de mi familia que me encanta. Fue lindo. Me gustó que nos sentáramos a mirar las estrellas con un mate y sin calcetines.
Cuando yo tenía catorce, me puse a pololear durante un año, un mes y tres días. Ha sido hasta ahora mi relación más larga, infidelidad de por medio, única y última creo yo. Me acuerdo que conocí a los que siempre fueron mis mejores amigos y que íbamos al cine a ver películas malas y que me encantaba porque me dejaban andar en micro y antes no. A mi hermana, le escribí una carta larga y con fotos. Feliz cumpleaños.
Me duele un poco la guata porque me comí tres pedazos de esa torta de mazapán de nuez que estaba tan rica. Conversé un ratito con la Mili pero igual quedó medio pendiente. En la tarde me junté con la Toña y tomamos bebida afuera del metro El Golf, hace tiempo no la veía y la echaba montones de menos. Es bueno tener cerca a la mejor amiga.
Mi novio, ocupado con Starbucks.
Yo, empezando a ordenar definitivamente mis cajones.
Ya tengo pieza nueva.
Casi nadie sabe todavía.
Mi hermana acaba de cumplir catorce años.
En la mañana llegamos con Franco de Viña, viajamos ayer para presentarle a mi hermano y mi cuñada y mis sobrinos y toda esa parte de mi familia que me encanta. Fue lindo. Me gustó que nos sentáramos a mirar las estrellas con un mate y sin calcetines.
Cuando yo tenía catorce, me puse a pololear durante un año, un mes y tres días. Ha sido hasta ahora mi relación más larga, infidelidad de por medio, única y última creo yo. Me acuerdo que conocí a los que siempre fueron mis mejores amigos y que íbamos al cine a ver películas malas y que me encantaba porque me dejaban andar en micro y antes no. A mi hermana, le escribí una carta larga y con fotos. Feliz cumpleaños.
Me duele un poco la guata porque me comí tres pedazos de esa torta de mazapán de nuez que estaba tan rica. Conversé un ratito con la Mili pero igual quedó medio pendiente. En la tarde me junté con la Toña y tomamos bebida afuera del metro El Golf, hace tiempo no la veía y la echaba montones de menos. Es bueno tener cerca a la mejor amiga.
Mi novio, ocupado con Starbucks.
Yo, empezando a ordenar definitivamente mis cajones.
Ya tengo pieza nueva.
Casi nadie sabe todavía.
jueves, septiembre 21, 2006
en la otra esquina
Si muero de repente,
sin despedirme,
- siempre he odiado las despedidas-
si no dejo cartas abajo de ninguna almohada,
si no alcanzo a besarte una última vez,
por una balacera en la mitad de la calle
o una micro secuestrada de ésas que me imagino todo el tiempo,
si muero con zapatos,
cantando mientras camino,
durmiendo soñando que duermo al lado tuyo,
quiero dejar el testimonio,
las letras,
las palabras en silencio.
Si muero mañana o más tarde,
cuando sea vieja y canosa y sepa tanto de la vida,
ojalá sea arriba de un árbol,
acostada en el desierto contando estrellas,
dedicándote otra canción,
bailando sola (o contigo) bajo la lluvia en el pasto
descalza, por favor,
con los ojos abiertos
y un libro en la mano
y el corazón corriendo
y el cuerpo agotado.
Si muero y no alcanzo a avisar,
ni a llevarme ese baúl de cartas,
quiero música cliché y globos de colores.
Quiero la magia
de lo que no se entiende,
quiero mi infancia,
mis penas y mis glorias,
mi amor,
mi fe,
mi certeza.
Si muero de repente,
dejo escrito que viví.
sin despedirme,
- siempre he odiado las despedidas-
si no dejo cartas abajo de ninguna almohada,
si no alcanzo a besarte una última vez,
por una balacera en la mitad de la calle
o una micro secuestrada de ésas que me imagino todo el tiempo,
si muero con zapatos,
cantando mientras camino,
durmiendo soñando que duermo al lado tuyo,
quiero dejar el testimonio,
las letras,
las palabras en silencio.
Si muero mañana o más tarde,
cuando sea vieja y canosa y sepa tanto de la vida,
ojalá sea arriba de un árbol,
acostada en el desierto contando estrellas,
dedicándote otra canción,
bailando sola (o contigo) bajo la lluvia en el pasto
descalza, por favor,
con los ojos abiertos
y un libro en la mano
y el corazón corriendo
y el cuerpo agotado.
Si muero y no alcanzo a avisar,
ni a llevarme ese baúl de cartas,
quiero música cliché y globos de colores.
Quiero la magia
de lo que no se entiende,
quiero mi infancia,
mis penas y mis glorias,
mi amor,
mi fe,
mi certeza.
Si muero de repente,
dejo escrito que viví.
martes, septiembre 19, 2006
lean on me
Se terminó el muffin de chocolate.
Ahora tomo una taza de té tibio mientras hablo con Franco por messenger.
Fue un día complejo. Me lo lloré todo. Y es que a uno de esos almuerzos donde nadie se ríe, se sumó la pena de mi novio y el estrés de no poder hacer lo que quiero porque se me olvida que todo pasa a su tiempo y no al mío. Filo. En su casa jugamos un juego de skate, soy muy mala pero lo pasé increíble, y entre tanto rato juntos y tranquilos que siempre termina tan rápido, se arregló el mundo.
Me siento de piernas cruzadas frente a la pantalla, pelo amarrado y un anillo de compromiso de metal que encontró Franco en los sillones vacíos de Starbucks, y escribo que mi vida es mejor desde que mi novio está conmigo. Caminar de a dos no resulta difícil, ni siquiera para mí que me creía incapaz de un compromiso de verdad y que fuera más allá de promesas y reproches. Es sólo seguir el paso, y si alguno se demora un poquito parar y hacerle compañía. Al final, supongo que la vida de pareja es que somos tú y yo, de a uno, pero también somos nosotros, juntos.
Me demoré en comprender que no sólo me bastaba vivir.
Iba a faltar alguien con quien compartir la vida.
Eso lo descubrí con Franco.
Ahora tomo una taza de té tibio mientras hablo con Franco por messenger.
Fue un día complejo. Me lo lloré todo. Y es que a uno de esos almuerzos donde nadie se ríe, se sumó la pena de mi novio y el estrés de no poder hacer lo que quiero porque se me olvida que todo pasa a su tiempo y no al mío. Filo. En su casa jugamos un juego de skate, soy muy mala pero lo pasé increíble, y entre tanto rato juntos y tranquilos que siempre termina tan rápido, se arregló el mundo.
Me siento de piernas cruzadas frente a la pantalla, pelo amarrado y un anillo de compromiso de metal que encontró Franco en los sillones vacíos de Starbucks, y escribo que mi vida es mejor desde que mi novio está conmigo. Caminar de a dos no resulta difícil, ni siquiera para mí que me creía incapaz de un compromiso de verdad y que fuera más allá de promesas y reproches. Es sólo seguir el paso, y si alguno se demora un poquito parar y hacerle compañía. Al final, supongo que la vida de pareja es que somos tú y yo, de a uno, pero también somos nosotros, juntos.
Me demoré en comprender que no sólo me bastaba vivir.
Iba a faltar alguien con quien compartir la vida.
Eso lo descubrí con Franco.
domingo, septiembre 17, 2006
material world
Me gustan las luces de Santiago en la noche.
Escribo sin zapatos y con un poco de frío.
Hoy me puse calcetines diferentes.
Tengo ganas de escribir de cosas importantes y no sé cómo. De repente me doy cuenta que los grandes temas siguen estando tan lejos mío, aún cuando llegué a sentirlos tan cerca, a veces de turbante y cantando mantras, o mirando el mar en una playa vacía. De repente, ya no me cuestiono nada y no sé por qué. Y parece que lo echo un poco de menos. Que tengo ganas de una visita a mi hermano, a Viña, al templo a cantar con los devotos o por último a la misa de Pedro de Valdivia otra vez porque hace tanto que no voy.
Quiero vida espiritual.
El langard ya no me basta para sentir a Dios y a las Diosas vivos, y ya no tengo eso en la guata cuando rezo antes de dormir. ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde estaba yendo? ¿Y cómo mi camino de ahora me va a llevar hasta allá?
Dudas.
Certezas.
Silencio.
Al final, sólo soy un montón de fe ciega.
Nada más.
Escribo sin zapatos y con un poco de frío.
Hoy me puse calcetines diferentes.
Tengo ganas de escribir de cosas importantes y no sé cómo. De repente me doy cuenta que los grandes temas siguen estando tan lejos mío, aún cuando llegué a sentirlos tan cerca, a veces de turbante y cantando mantras, o mirando el mar en una playa vacía. De repente, ya no me cuestiono nada y no sé por qué. Y parece que lo echo un poco de menos. Que tengo ganas de una visita a mi hermano, a Viña, al templo a cantar con los devotos o por último a la misa de Pedro de Valdivia otra vez porque hace tanto que no voy.
Quiero vida espiritual.
El langard ya no me basta para sentir a Dios y a las Diosas vivos, y ya no tengo eso en la guata cuando rezo antes de dormir. ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde estaba yendo? ¿Y cómo mi camino de ahora me va a llevar hasta allá?
Dudas.
Certezas.
Silencio.
Al final, sólo soy un montón de fe ciega.
Nada más.
martes, septiembre 12, 2006
back again
Casi no dormí en el viaje.
Lloré más de tres veces antes de partir.
Acabo de pasar un fin de semana increíble, sábado de playa comiendo empanadas de mariscos incluido, y ahora estoy en mi pieza de paredes casi vacías con mi novio y los bolsos sin desarmar. No quiero haber vuelto. No me gusta que termine el sueño de la vida juntos, de saber cómo sería y recordar que no es, porque en Santiago todo es tan distinto.
En Copiapó vi una casa fucsia y una mariposa naranja.
Dormimos y almorzamos sin hora. Conocí una familia donde a cada quien se le respeta en su individualidad. Me vestí con ropa de verano, me puse aros bonitos otra vez y carretiamos con mi suegra.
Termino hoy el post que empecé ayer apenas llegada, acabo de descubrir que Franco tiene blog recién estrenado, soy tema de escritura y me encanta. The real world se me vino encima en un día, eso sí. Inevitable, apertura de Starbucks a las siete y media de la mañana y otra vez ropa negra y beige, el pelo amarrado y horarios en la agenda.
No fui a San Gregorio porque me dieron miedo los balazos.
Lloré más de tres veces antes de partir.
Acabo de pasar un fin de semana increíble, sábado de playa comiendo empanadas de mariscos incluido, y ahora estoy en mi pieza de paredes casi vacías con mi novio y los bolsos sin desarmar. No quiero haber vuelto. No me gusta que termine el sueño de la vida juntos, de saber cómo sería y recordar que no es, porque en Santiago todo es tan distinto.
En Copiapó vi una casa fucsia y una mariposa naranja.
Dormimos y almorzamos sin hora. Conocí una familia donde a cada quien se le respeta en su individualidad. Me vestí con ropa de verano, me puse aros bonitos otra vez y carretiamos con mi suegra.
Termino hoy el post que empecé ayer apenas llegada, acabo de descubrir que Franco tiene blog recién estrenado, soy tema de escritura y me encanta. The real world se me vino encima en un día, eso sí. Inevitable, apertura de Starbucks a las siete y media de la mañana y otra vez ropa negra y beige, el pelo amarrado y horarios en la agenda.
No fui a San Gregorio porque me dieron miedo los balazos.
Anoche vimos Caché y después mi novio peleó con un señor gordo y muy idiota en la micro.
Tengo la tarde libre. Parece que voy a dormir un poco.
viernes, septiembre 08, 2006
beautiful world
Bus al norte.
Hace cinco horas y media estoy en Copiapó.
Hay sol y flores por todas partes, la gente que Franco conoce aparece en la plaza o en las calles y al final terminamos tomando café con uno de sus amigos que estaba en el mismo banco que nosotros, después de los helados de pisco sour y la feria de artesanía y su abuela, su tío, su mamá, recién su hermano chico que me prestó el computador.
Acá no existe el tiempo ni lo que se debe hacer. Estoy bailando una música que nunca había escuchado y parece que la hubieran compuesto para mí. Me fascina todo. No necesito nada. Vivo la felicidad absoluta con la persona que amo.
Escribo sin zapatos, manga corta, pantalones nuevos.
Mi novio está preparando almuerzo.
Respiro hondo y siento que existo en la eternidad.
Hace cinco horas y media estoy en Copiapó.
Hay sol y flores por todas partes, la gente que Franco conoce aparece en la plaza o en las calles y al final terminamos tomando café con uno de sus amigos que estaba en el mismo banco que nosotros, después de los helados de pisco sour y la feria de artesanía y su abuela, su tío, su mamá, recién su hermano chico que me prestó el computador.
Acá no existe el tiempo ni lo que se debe hacer. Estoy bailando una música que nunca había escuchado y parece que la hubieran compuesto para mí. Me fascina todo. No necesito nada. Vivo la felicidad absoluta con la persona que amo.
Escribo sin zapatos, manga corta, pantalones nuevos.
Mi novio está preparando almuerzo.
Respiro hondo y siento que existo en la eternidad.
lunes, septiembre 04, 2006
pieces of me
Ayer alojé en la casa nueva de la Toña.
Acabo de salir de mi pauta de taller.
Este tiempo ha sido de recordar momentos antiguos. De revivir un poco las historias que alguna vez me marcaron mucho. De encontrarme con partes de mí que están cansadas de no entender. We live in a cynical world, diría Jerry McGuire, y yo no sirvo para fingir. Eso es todo.
Hoy en la micro, último asiento y ventana abierta, piernas arriba aunque todavía me duelen de la clase de yoga la semana pasada no es mi culpa que mi estado físico sea un desastre, recordé qué sentía cuando tenía tiempo, aunque sin un peso en el bolsillo. Fue loco. Fue como si la vida se me viniera encima. No quiero que llegue ese día, vieja de pelo blanco y largo, y me mire al espejo y no me brillen los ojos. Es lo único que todavía me da miedo.
Por ahora, vivo a ratos. Muero de repente. Quiero dejarlo todo y partir con Franco a conocer el mundo. Quiero mi silencio de vuelta. Disfruto cada pedacito de libertad que alcanzo a respirar. Me lleno de soles y de amaneceres, de helados de chocolate y niños que se ríen, para que mis decisiones no me pesen tanto. Para que el sistema no me termine tragando. Por ahora, todavía alcanzo a bracear para tomar aire y aguantar un poco.
No quiero más clases aunque no vengo tanto, ni relojes, ni alarmas, ni ropa negra con cuello y aros cortos mientras sueño en colores, ni el metro tan lleno y tan serio y tan frío cuando ya está llegando la primavera.
Me hacía falta ver a la Toña.
Bostezo y me trago dos lágrimas saladas.
Tengo tantas ganas de cerrar los ojos y que mi novio me abrace hasta que me quede dormida.
Acabo de salir de mi pauta de taller.
Este tiempo ha sido de recordar momentos antiguos. De revivir un poco las historias que alguna vez me marcaron mucho. De encontrarme con partes de mí que están cansadas de no entender. We live in a cynical world, diría Jerry McGuire, y yo no sirvo para fingir. Eso es todo.
Hoy en la micro, último asiento y ventana abierta, piernas arriba aunque todavía me duelen de la clase de yoga la semana pasada no es mi culpa que mi estado físico sea un desastre, recordé qué sentía cuando tenía tiempo, aunque sin un peso en el bolsillo. Fue loco. Fue como si la vida se me viniera encima. No quiero que llegue ese día, vieja de pelo blanco y largo, y me mire al espejo y no me brillen los ojos. Es lo único que todavía me da miedo.
Por ahora, vivo a ratos. Muero de repente. Quiero dejarlo todo y partir con Franco a conocer el mundo. Quiero mi silencio de vuelta. Disfruto cada pedacito de libertad que alcanzo a respirar. Me lleno de soles y de amaneceres, de helados de chocolate y niños que se ríen, para que mis decisiones no me pesen tanto. Para que el sistema no me termine tragando. Por ahora, todavía alcanzo a bracear para tomar aire y aguantar un poco.
No quiero más clases aunque no vengo tanto, ni relojes, ni alarmas, ni ropa negra con cuello y aros cortos mientras sueño en colores, ni el metro tan lleno y tan serio y tan frío cuando ya está llegando la primavera.
Me hacía falta ver a la Toña.
Bostezo y me trago dos lágrimas saladas.
Tengo tantas ganas de cerrar los ojos y que mi novio me abrace hasta que me quede dormida.
lunes, agosto 28, 2006
i am
Días de reflexión y un incienso de vainilla recién prendido, ventana abierta, noche.
Obvio. Cómo no terminar colapsando y llorando un poquito el viernes después de las clases con las niñitas, si no me doy mis minutos de silencio y mantras y diosas y tardes arriba de ese árbol que me encanta leyendo algunos capítulos precisos de 'mujeres que corren con los lobos'. Obvio. El mundo me encanta, y me fascina hacer muchas cosas y conocer a mucha gente en muchos lugares. Amo las micros, los helados a cien y los mantecol que he vivido almorzando el último mes, pero cómo no me di cuenta antes, si era obvio.
Yo sólo puedo ser feliz y plena si me mantengo cerca de mi hogar. Y mi hogar es ese espacio mágico donde no entra ni sale nadie y estoy yo, sin horarios ni miedos casi totalmente obsoletos, como ese dolor en la guata cada vez que iba a San Gregorio, sin pecheras verdes ni talleres de radio, ni despertadores que suenan siempre tan temprano, aunque sea en parte exageración mía.
Es cierto que soy feliz con mi novio. Que el tiempo con él no existe y todo no es más que un eterno ahora. Pero en algún momento las responsabilidades libremente adquiridas golpean la puerta y muy fuerte, y es imposible negarse a volver y cumplir. No me quejo. Sólo asumo que no me basta con el mundo. Que en el fondo, como acabo de leer en la mañana, la vida espiritual es egoísta y cada uno debe bastarse a sí mismo. Para eso, necesito tiempo. Y anotarme en la agenda, al lado de todos mis compromisos.
Fui a preguntar precios de clases de yoga y esta semana tengo dos días de prueba.
Quiero ver a Franco.
Ahora.
Obvio. Cómo no terminar colapsando y llorando un poquito el viernes después de las clases con las niñitas, si no me doy mis minutos de silencio y mantras y diosas y tardes arriba de ese árbol que me encanta leyendo algunos capítulos precisos de 'mujeres que corren con los lobos'. Obvio. El mundo me encanta, y me fascina hacer muchas cosas y conocer a mucha gente en muchos lugares. Amo las micros, los helados a cien y los mantecol que he vivido almorzando el último mes, pero cómo no me di cuenta antes, si era obvio.
Yo sólo puedo ser feliz y plena si me mantengo cerca de mi hogar. Y mi hogar es ese espacio mágico donde no entra ni sale nadie y estoy yo, sin horarios ni miedos casi totalmente obsoletos, como ese dolor en la guata cada vez que iba a San Gregorio, sin pecheras verdes ni talleres de radio, ni despertadores que suenan siempre tan temprano, aunque sea en parte exageración mía.
Es cierto que soy feliz con mi novio. Que el tiempo con él no existe y todo no es más que un eterno ahora. Pero en algún momento las responsabilidades libremente adquiridas golpean la puerta y muy fuerte, y es imposible negarse a volver y cumplir. No me quejo. Sólo asumo que no me basta con el mundo. Que en el fondo, como acabo de leer en la mañana, la vida espiritual es egoísta y cada uno debe bastarse a sí mismo. Para eso, necesito tiempo. Y anotarme en la agenda, al lado de todos mis compromisos.
Fui a preguntar precios de clases de yoga y esta semana tengo dos días de prueba.
Quiero ver a Franco.
Ahora.
viernes, agosto 25, 2006
fighter
Son las diez veintiséis de la mañana y escribo que me duele un poco la guata.
Quizás sea cierto.
De repente, siento que tengo que empezar a pelear y a defenderme otra vez, y no tengo ganas. No quiero, sin más excusas ni explicaciones. Me da una soberana lata. Me gusta mi vida tranquila y brillando de amor. Pero qué. Me lo dijeron las personas más sabias que he conocido, que la lucha no termina nunca. Si decidimos un camino, si queremos llegar a avanzar derecho y sin desvíos por la luz, entonces las peleas van de la mano y para siempre. Respiro hondo, me pongo de pie y vamos. A defender la vida y la verdad y todo eso.
Conocer a Franco ha sido un regalo increíble. Ha sido aprender mil cosas nuevas, vivir, vivir sin cuestionarme, sin dudar, entregándome alguna vez para marcar la diferencia con mi yo que tenía tanto miedo y se paralizaba, o peor, salía corriendo rápido, ante la posibilidad de una pareja que fuera más que un montón de ilusiones. Conocer a Franco ha sido, también, conocerme a mí. Amo mirarlo a los ojos y saber que estamos construyendo un camino juntos. Filo con los demás. Nos tenemos a nosotros mismos.
Me siento firme y cimentada en el mundo. Como la Emperatriz, plenamente mujer. Como Artemisa, luchando en libertad. Como Afrodita, amando sin límites.
Acabo de encontrar una araña en mi cama.
Voy a secarme el pelo antes de salir.
Quizás sea cierto.
De repente, siento que tengo que empezar a pelear y a defenderme otra vez, y no tengo ganas. No quiero, sin más excusas ni explicaciones. Me da una soberana lata. Me gusta mi vida tranquila y brillando de amor. Pero qué. Me lo dijeron las personas más sabias que he conocido, que la lucha no termina nunca. Si decidimos un camino, si queremos llegar a avanzar derecho y sin desvíos por la luz, entonces las peleas van de la mano y para siempre. Respiro hondo, me pongo de pie y vamos. A defender la vida y la verdad y todo eso.
Conocer a Franco ha sido un regalo increíble. Ha sido aprender mil cosas nuevas, vivir, vivir sin cuestionarme, sin dudar, entregándome alguna vez para marcar la diferencia con mi yo que tenía tanto miedo y se paralizaba, o peor, salía corriendo rápido, ante la posibilidad de una pareja que fuera más que un montón de ilusiones. Conocer a Franco ha sido, también, conocerme a mí. Amo mirarlo a los ojos y saber que estamos construyendo un camino juntos. Filo con los demás. Nos tenemos a nosotros mismos.
Me siento firme y cimentada en el mundo. Como la Emperatriz, plenamente mujer. Como Artemisa, luchando en libertad. Como Afrodita, amando sin límites.
Acabo de encontrar una araña en mi cama.
Voy a secarme el pelo antes de salir.
miércoles, agosto 23, 2006
luz del sol
Me acabo de bañar de tina y con espuma.
Escribo en pijama celeste, calcetines rayados.
En la mañana fuimos con Franco al teleférico y me encantó. Tomamos helados, subimos a la Virgen a mirar Santiago lleno de smog pero filo y me ganó tres partidos de tacataca sólo porque era de esos nuevos plásticos y llenos de luces.
Hoy,visita a Randy. Jugamos play y no me fue tan mal. El mortal kombat sí alcanza a ser de mi época, en el supernintendo de la Mili, noches de primas chicas y peleadas, sobre todo cuando le bajaba con que en su casa solamente mandaba ella. Randy es una ternura. Cuando fuimos a comprar helados, me dijo que quizá no era bueno que yo fuera tan confiada con la gente, porque un día me podía pasar algo. Me dio un poquito de pena.
En la tarde mi novio me acompañó a ver un departamento pero la señora que nos abrió ni siquiera abrió completamente y dijo que estaba arrendado. Después paseamos por el centro y la Plaza de Armas. Nos vinimos en la misma micro, últimos asientos, él a su noche de póker y yo a la mía de mí.
Fue un día lindo. Aparecieron muchas mariposas blancas en todas partes. Me encanta sentir que el tiempo no existe, que vivimos un eterno ahora.
Voy a leer a Raskolnikof, gran personaje, y a tomar agüita de menta.
No tengo sueño.
Estoy feliz.
Escribo en pijama celeste, calcetines rayados.
En la mañana fuimos con Franco al teleférico y me encantó. Tomamos helados, subimos a la Virgen a mirar Santiago lleno de smog pero filo y me ganó tres partidos de tacataca sólo porque era de esos nuevos plásticos y llenos de luces.
Hoy,visita a Randy. Jugamos play y no me fue tan mal. El mortal kombat sí alcanza a ser de mi época, en el supernintendo de la Mili, noches de primas chicas y peleadas, sobre todo cuando le bajaba con que en su casa solamente mandaba ella. Randy es una ternura. Cuando fuimos a comprar helados, me dijo que quizá no era bueno que yo fuera tan confiada con la gente, porque un día me podía pasar algo. Me dio un poquito de pena.
En la tarde mi novio me acompañó a ver un departamento pero la señora que nos abrió ni siquiera abrió completamente y dijo que estaba arrendado. Después paseamos por el centro y la Plaza de Armas. Nos vinimos en la misma micro, últimos asientos, él a su noche de póker y yo a la mía de mí.
Fue un día lindo. Aparecieron muchas mariposas blancas en todas partes. Me encanta sentir que el tiempo no existe, que vivimos un eterno ahora.
Voy a leer a Raskolnikof, gran personaje, y a tomar agüita de menta.
No tengo sueño.
Estoy feliz.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

