Me voy.
En la tarde hablé con mi mamá.
Ahora tengo esa pena absurda, gigante, que sólo me da cuando alguien llora y yo tengo algo que ver. Tengo esa pena de los domingos en la tarde de antes, sola y el mundo a veces tan gris. Tengo esa pena de despedidas, de último día de colegio, de terminar un pololeo de noche y sin estrellas.
También estoy contenta. También me río sola de repente, y escucho a Bebé mil veces, y me encojo de hombros mientras pienso que tengo que empezar a embalar mis cosas, a separar mis libros, a limpiar mis recuerdos y vaciar esas cajas llenas de papeles. A ver qué quemo, qué guardo, qué me importa todavía.
Es la dualidad de las decisiones, supongo. Es el sueño que se cumple y el ciclo que se acaba. Es la certeza de que estoy haciendo lo correcto, de que estoy siguiendo mi camino y que no alcanzo a distinguir quiénes avanzan por un lado distinto.
Si todo sale bien, feliz.
Si todo sale mal, lo intentaré de nuevo.
Ahora tengo a Franco conmigo.
El mundo es de colores.
Doy gracias infinitas a Dios y al universo por esta oportunidad.
jueves, septiembre 28, 2006
martes, septiembre 26, 2006
learned in time
A veces, como ahora, no quiero hacer nada.
Mi hermana acaba de cumplir catorce años.
En la mañana llegamos con Franco de Viña, viajamos ayer para presentarle a mi hermano y mi cuñada y mis sobrinos y toda esa parte de mi familia que me encanta. Fue lindo. Me gustó que nos sentáramos a mirar las estrellas con un mate y sin calcetines.
Cuando yo tenía catorce, me puse a pololear durante un año, un mes y tres días. Ha sido hasta ahora mi relación más larga, infidelidad de por medio, única y última creo yo. Me acuerdo que conocí a los que siempre fueron mis mejores amigos y que íbamos al cine a ver películas malas y que me encantaba porque me dejaban andar en micro y antes no. A mi hermana, le escribí una carta larga y con fotos. Feliz cumpleaños.
Me duele un poco la guata porque me comí tres pedazos de esa torta de mazapán de nuez que estaba tan rica. Conversé un ratito con la Mili pero igual quedó medio pendiente. En la tarde me junté con la Toña y tomamos bebida afuera del metro El Golf, hace tiempo no la veía y la echaba montones de menos. Es bueno tener cerca a la mejor amiga.
Mi novio, ocupado con Starbucks.
Yo, empezando a ordenar definitivamente mis cajones.
Ya tengo pieza nueva.
Casi nadie sabe todavía.
Mi hermana acaba de cumplir catorce años.
En la mañana llegamos con Franco de Viña, viajamos ayer para presentarle a mi hermano y mi cuñada y mis sobrinos y toda esa parte de mi familia que me encanta. Fue lindo. Me gustó que nos sentáramos a mirar las estrellas con un mate y sin calcetines.
Cuando yo tenía catorce, me puse a pololear durante un año, un mes y tres días. Ha sido hasta ahora mi relación más larga, infidelidad de por medio, única y última creo yo. Me acuerdo que conocí a los que siempre fueron mis mejores amigos y que íbamos al cine a ver películas malas y que me encantaba porque me dejaban andar en micro y antes no. A mi hermana, le escribí una carta larga y con fotos. Feliz cumpleaños.
Me duele un poco la guata porque me comí tres pedazos de esa torta de mazapán de nuez que estaba tan rica. Conversé un ratito con la Mili pero igual quedó medio pendiente. En la tarde me junté con la Toña y tomamos bebida afuera del metro El Golf, hace tiempo no la veía y la echaba montones de menos. Es bueno tener cerca a la mejor amiga.
Mi novio, ocupado con Starbucks.
Yo, empezando a ordenar definitivamente mis cajones.
Ya tengo pieza nueva.
Casi nadie sabe todavía.
jueves, septiembre 21, 2006
en la otra esquina
Si muero de repente,
sin despedirme,
- siempre he odiado las despedidas-
si no dejo cartas abajo de ninguna almohada,
si no alcanzo a besarte una última vez,
por una balacera en la mitad de la calle
o una micro secuestrada de ésas que me imagino todo el tiempo,
si muero con zapatos,
cantando mientras camino,
durmiendo soñando que duermo al lado tuyo,
quiero dejar el testimonio,
las letras,
las palabras en silencio.
Si muero mañana o más tarde,
cuando sea vieja y canosa y sepa tanto de la vida,
ojalá sea arriba de un árbol,
acostada en el desierto contando estrellas,
dedicándote otra canción,
bailando sola (o contigo) bajo la lluvia en el pasto
descalza, por favor,
con los ojos abiertos
y un libro en la mano
y el corazón corriendo
y el cuerpo agotado.
Si muero y no alcanzo a avisar,
ni a llevarme ese baúl de cartas,
quiero música cliché y globos de colores.
Quiero la magia
de lo que no se entiende,
quiero mi infancia,
mis penas y mis glorias,
mi amor,
mi fe,
mi certeza.
Si muero de repente,
dejo escrito que viví.
sin despedirme,
- siempre he odiado las despedidas-
si no dejo cartas abajo de ninguna almohada,
si no alcanzo a besarte una última vez,
por una balacera en la mitad de la calle
o una micro secuestrada de ésas que me imagino todo el tiempo,
si muero con zapatos,
cantando mientras camino,
durmiendo soñando que duermo al lado tuyo,
quiero dejar el testimonio,
las letras,
las palabras en silencio.
Si muero mañana o más tarde,
cuando sea vieja y canosa y sepa tanto de la vida,
ojalá sea arriba de un árbol,
acostada en el desierto contando estrellas,
dedicándote otra canción,
bailando sola (o contigo) bajo la lluvia en el pasto
descalza, por favor,
con los ojos abiertos
y un libro en la mano
y el corazón corriendo
y el cuerpo agotado.
Si muero y no alcanzo a avisar,
ni a llevarme ese baúl de cartas,
quiero música cliché y globos de colores.
Quiero la magia
de lo que no se entiende,
quiero mi infancia,
mis penas y mis glorias,
mi amor,
mi fe,
mi certeza.
Si muero de repente,
dejo escrito que viví.
martes, septiembre 19, 2006
lean on me
Se terminó el muffin de chocolate.
Ahora tomo una taza de té tibio mientras hablo con Franco por messenger.
Fue un día complejo. Me lo lloré todo. Y es que a uno de esos almuerzos donde nadie se ríe, se sumó la pena de mi novio y el estrés de no poder hacer lo que quiero porque se me olvida que todo pasa a su tiempo y no al mío. Filo. En su casa jugamos un juego de skate, soy muy mala pero lo pasé increíble, y entre tanto rato juntos y tranquilos que siempre termina tan rápido, se arregló el mundo.
Me siento de piernas cruzadas frente a la pantalla, pelo amarrado y un anillo de compromiso de metal que encontró Franco en los sillones vacíos de Starbucks, y escribo que mi vida es mejor desde que mi novio está conmigo. Caminar de a dos no resulta difícil, ni siquiera para mí que me creía incapaz de un compromiso de verdad y que fuera más allá de promesas y reproches. Es sólo seguir el paso, y si alguno se demora un poquito parar y hacerle compañía. Al final, supongo que la vida de pareja es que somos tú y yo, de a uno, pero también somos nosotros, juntos.
Me demoré en comprender que no sólo me bastaba vivir.
Iba a faltar alguien con quien compartir la vida.
Eso lo descubrí con Franco.
Ahora tomo una taza de té tibio mientras hablo con Franco por messenger.
Fue un día complejo. Me lo lloré todo. Y es que a uno de esos almuerzos donde nadie se ríe, se sumó la pena de mi novio y el estrés de no poder hacer lo que quiero porque se me olvida que todo pasa a su tiempo y no al mío. Filo. En su casa jugamos un juego de skate, soy muy mala pero lo pasé increíble, y entre tanto rato juntos y tranquilos que siempre termina tan rápido, se arregló el mundo.
Me siento de piernas cruzadas frente a la pantalla, pelo amarrado y un anillo de compromiso de metal que encontró Franco en los sillones vacíos de Starbucks, y escribo que mi vida es mejor desde que mi novio está conmigo. Caminar de a dos no resulta difícil, ni siquiera para mí que me creía incapaz de un compromiso de verdad y que fuera más allá de promesas y reproches. Es sólo seguir el paso, y si alguno se demora un poquito parar y hacerle compañía. Al final, supongo que la vida de pareja es que somos tú y yo, de a uno, pero también somos nosotros, juntos.
Me demoré en comprender que no sólo me bastaba vivir.
Iba a faltar alguien con quien compartir la vida.
Eso lo descubrí con Franco.
domingo, septiembre 17, 2006
material world
Me gustan las luces de Santiago en la noche.
Escribo sin zapatos y con un poco de frío.
Hoy me puse calcetines diferentes.
Tengo ganas de escribir de cosas importantes y no sé cómo. De repente me doy cuenta que los grandes temas siguen estando tan lejos mío, aún cuando llegué a sentirlos tan cerca, a veces de turbante y cantando mantras, o mirando el mar en una playa vacía. De repente, ya no me cuestiono nada y no sé por qué. Y parece que lo echo un poco de menos. Que tengo ganas de una visita a mi hermano, a Viña, al templo a cantar con los devotos o por último a la misa de Pedro de Valdivia otra vez porque hace tanto que no voy.
Quiero vida espiritual.
El langard ya no me basta para sentir a Dios y a las Diosas vivos, y ya no tengo eso en la guata cuando rezo antes de dormir. ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde estaba yendo? ¿Y cómo mi camino de ahora me va a llevar hasta allá?
Dudas.
Certezas.
Silencio.
Al final, sólo soy un montón de fe ciega.
Nada más.
Escribo sin zapatos y con un poco de frío.
Hoy me puse calcetines diferentes.
Tengo ganas de escribir de cosas importantes y no sé cómo. De repente me doy cuenta que los grandes temas siguen estando tan lejos mío, aún cuando llegué a sentirlos tan cerca, a veces de turbante y cantando mantras, o mirando el mar en una playa vacía. De repente, ya no me cuestiono nada y no sé por qué. Y parece que lo echo un poco de menos. Que tengo ganas de una visita a mi hermano, a Viña, al templo a cantar con los devotos o por último a la misa de Pedro de Valdivia otra vez porque hace tanto que no voy.
Quiero vida espiritual.
El langard ya no me basta para sentir a Dios y a las Diosas vivos, y ya no tengo eso en la guata cuando rezo antes de dormir. ¿Dónde estoy? ¿Hacia dónde estaba yendo? ¿Y cómo mi camino de ahora me va a llevar hasta allá?
Dudas.
Certezas.
Silencio.
Al final, sólo soy un montón de fe ciega.
Nada más.
martes, septiembre 12, 2006
back again
Casi no dormí en el viaje.
Lloré más de tres veces antes de partir.
Acabo de pasar un fin de semana increíble, sábado de playa comiendo empanadas de mariscos incluido, y ahora estoy en mi pieza de paredes casi vacías con mi novio y los bolsos sin desarmar. No quiero haber vuelto. No me gusta que termine el sueño de la vida juntos, de saber cómo sería y recordar que no es, porque en Santiago todo es tan distinto.
En Copiapó vi una casa fucsia y una mariposa naranja.
Dormimos y almorzamos sin hora. Conocí una familia donde a cada quien se le respeta en su individualidad. Me vestí con ropa de verano, me puse aros bonitos otra vez y carretiamos con mi suegra.
Termino hoy el post que empecé ayer apenas llegada, acabo de descubrir que Franco tiene blog recién estrenado, soy tema de escritura y me encanta. The real world se me vino encima en un día, eso sí. Inevitable, apertura de Starbucks a las siete y media de la mañana y otra vez ropa negra y beige, el pelo amarrado y horarios en la agenda.
No fui a San Gregorio porque me dieron miedo los balazos.
Lloré más de tres veces antes de partir.
Acabo de pasar un fin de semana increíble, sábado de playa comiendo empanadas de mariscos incluido, y ahora estoy en mi pieza de paredes casi vacías con mi novio y los bolsos sin desarmar. No quiero haber vuelto. No me gusta que termine el sueño de la vida juntos, de saber cómo sería y recordar que no es, porque en Santiago todo es tan distinto.
En Copiapó vi una casa fucsia y una mariposa naranja.
Dormimos y almorzamos sin hora. Conocí una familia donde a cada quien se le respeta en su individualidad. Me vestí con ropa de verano, me puse aros bonitos otra vez y carretiamos con mi suegra.
Termino hoy el post que empecé ayer apenas llegada, acabo de descubrir que Franco tiene blog recién estrenado, soy tema de escritura y me encanta. The real world se me vino encima en un día, eso sí. Inevitable, apertura de Starbucks a las siete y media de la mañana y otra vez ropa negra y beige, el pelo amarrado y horarios en la agenda.
No fui a San Gregorio porque me dieron miedo los balazos.
Anoche vimos Caché y después mi novio peleó con un señor gordo y muy idiota en la micro.
Tengo la tarde libre. Parece que voy a dormir un poco.
viernes, septiembre 08, 2006
beautiful world
Bus al norte.
Hace cinco horas y media estoy en Copiapó.
Hay sol y flores por todas partes, la gente que Franco conoce aparece en la plaza o en las calles y al final terminamos tomando café con uno de sus amigos que estaba en el mismo banco que nosotros, después de los helados de pisco sour y la feria de artesanía y su abuela, su tío, su mamá, recién su hermano chico que me prestó el computador.
Acá no existe el tiempo ni lo que se debe hacer. Estoy bailando una música que nunca había escuchado y parece que la hubieran compuesto para mí. Me fascina todo. No necesito nada. Vivo la felicidad absoluta con la persona que amo.
Escribo sin zapatos, manga corta, pantalones nuevos.
Mi novio está preparando almuerzo.
Respiro hondo y siento que existo en la eternidad.
Hace cinco horas y media estoy en Copiapó.
Hay sol y flores por todas partes, la gente que Franco conoce aparece en la plaza o en las calles y al final terminamos tomando café con uno de sus amigos que estaba en el mismo banco que nosotros, después de los helados de pisco sour y la feria de artesanía y su abuela, su tío, su mamá, recién su hermano chico que me prestó el computador.
Acá no existe el tiempo ni lo que se debe hacer. Estoy bailando una música que nunca había escuchado y parece que la hubieran compuesto para mí. Me fascina todo. No necesito nada. Vivo la felicidad absoluta con la persona que amo.
Escribo sin zapatos, manga corta, pantalones nuevos.
Mi novio está preparando almuerzo.
Respiro hondo y siento que existo en la eternidad.
lunes, septiembre 04, 2006
pieces of me
Ayer alojé en la casa nueva de la Toña.
Acabo de salir de mi pauta de taller.
Este tiempo ha sido de recordar momentos antiguos. De revivir un poco las historias que alguna vez me marcaron mucho. De encontrarme con partes de mí que están cansadas de no entender. We live in a cynical world, diría Jerry McGuire, y yo no sirvo para fingir. Eso es todo.
Hoy en la micro, último asiento y ventana abierta, piernas arriba aunque todavía me duelen de la clase de yoga la semana pasada no es mi culpa que mi estado físico sea un desastre, recordé qué sentía cuando tenía tiempo, aunque sin un peso en el bolsillo. Fue loco. Fue como si la vida se me viniera encima. No quiero que llegue ese día, vieja de pelo blanco y largo, y me mire al espejo y no me brillen los ojos. Es lo único que todavía me da miedo.
Por ahora, vivo a ratos. Muero de repente. Quiero dejarlo todo y partir con Franco a conocer el mundo. Quiero mi silencio de vuelta. Disfruto cada pedacito de libertad que alcanzo a respirar. Me lleno de soles y de amaneceres, de helados de chocolate y niños que se ríen, para que mis decisiones no me pesen tanto. Para que el sistema no me termine tragando. Por ahora, todavía alcanzo a bracear para tomar aire y aguantar un poco.
No quiero más clases aunque no vengo tanto, ni relojes, ni alarmas, ni ropa negra con cuello y aros cortos mientras sueño en colores, ni el metro tan lleno y tan serio y tan frío cuando ya está llegando la primavera.
Me hacía falta ver a la Toña.
Bostezo y me trago dos lágrimas saladas.
Tengo tantas ganas de cerrar los ojos y que mi novio me abrace hasta que me quede dormida.
Acabo de salir de mi pauta de taller.
Este tiempo ha sido de recordar momentos antiguos. De revivir un poco las historias que alguna vez me marcaron mucho. De encontrarme con partes de mí que están cansadas de no entender. We live in a cynical world, diría Jerry McGuire, y yo no sirvo para fingir. Eso es todo.
Hoy en la micro, último asiento y ventana abierta, piernas arriba aunque todavía me duelen de la clase de yoga la semana pasada no es mi culpa que mi estado físico sea un desastre, recordé qué sentía cuando tenía tiempo, aunque sin un peso en el bolsillo. Fue loco. Fue como si la vida se me viniera encima. No quiero que llegue ese día, vieja de pelo blanco y largo, y me mire al espejo y no me brillen los ojos. Es lo único que todavía me da miedo.
Por ahora, vivo a ratos. Muero de repente. Quiero dejarlo todo y partir con Franco a conocer el mundo. Quiero mi silencio de vuelta. Disfruto cada pedacito de libertad que alcanzo a respirar. Me lleno de soles y de amaneceres, de helados de chocolate y niños que se ríen, para que mis decisiones no me pesen tanto. Para que el sistema no me termine tragando. Por ahora, todavía alcanzo a bracear para tomar aire y aguantar un poco.
No quiero más clases aunque no vengo tanto, ni relojes, ni alarmas, ni ropa negra con cuello y aros cortos mientras sueño en colores, ni el metro tan lleno y tan serio y tan frío cuando ya está llegando la primavera.
Me hacía falta ver a la Toña.
Bostezo y me trago dos lágrimas saladas.
Tengo tantas ganas de cerrar los ojos y que mi novio me abrace hasta que me quede dormida.
lunes, agosto 28, 2006
i am
Días de reflexión y un incienso de vainilla recién prendido, ventana abierta, noche.
Obvio. Cómo no terminar colapsando y llorando un poquito el viernes después de las clases con las niñitas, si no me doy mis minutos de silencio y mantras y diosas y tardes arriba de ese árbol que me encanta leyendo algunos capítulos precisos de 'mujeres que corren con los lobos'. Obvio. El mundo me encanta, y me fascina hacer muchas cosas y conocer a mucha gente en muchos lugares. Amo las micros, los helados a cien y los mantecol que he vivido almorzando el último mes, pero cómo no me di cuenta antes, si era obvio.
Yo sólo puedo ser feliz y plena si me mantengo cerca de mi hogar. Y mi hogar es ese espacio mágico donde no entra ni sale nadie y estoy yo, sin horarios ni miedos casi totalmente obsoletos, como ese dolor en la guata cada vez que iba a San Gregorio, sin pecheras verdes ni talleres de radio, ni despertadores que suenan siempre tan temprano, aunque sea en parte exageración mía.
Es cierto que soy feliz con mi novio. Que el tiempo con él no existe y todo no es más que un eterno ahora. Pero en algún momento las responsabilidades libremente adquiridas golpean la puerta y muy fuerte, y es imposible negarse a volver y cumplir. No me quejo. Sólo asumo que no me basta con el mundo. Que en el fondo, como acabo de leer en la mañana, la vida espiritual es egoísta y cada uno debe bastarse a sí mismo. Para eso, necesito tiempo. Y anotarme en la agenda, al lado de todos mis compromisos.
Fui a preguntar precios de clases de yoga y esta semana tengo dos días de prueba.
Quiero ver a Franco.
Ahora.
Obvio. Cómo no terminar colapsando y llorando un poquito el viernes después de las clases con las niñitas, si no me doy mis minutos de silencio y mantras y diosas y tardes arriba de ese árbol que me encanta leyendo algunos capítulos precisos de 'mujeres que corren con los lobos'. Obvio. El mundo me encanta, y me fascina hacer muchas cosas y conocer a mucha gente en muchos lugares. Amo las micros, los helados a cien y los mantecol que he vivido almorzando el último mes, pero cómo no me di cuenta antes, si era obvio.
Yo sólo puedo ser feliz y plena si me mantengo cerca de mi hogar. Y mi hogar es ese espacio mágico donde no entra ni sale nadie y estoy yo, sin horarios ni miedos casi totalmente obsoletos, como ese dolor en la guata cada vez que iba a San Gregorio, sin pecheras verdes ni talleres de radio, ni despertadores que suenan siempre tan temprano, aunque sea en parte exageración mía.
Es cierto que soy feliz con mi novio. Que el tiempo con él no existe y todo no es más que un eterno ahora. Pero en algún momento las responsabilidades libremente adquiridas golpean la puerta y muy fuerte, y es imposible negarse a volver y cumplir. No me quejo. Sólo asumo que no me basta con el mundo. Que en el fondo, como acabo de leer en la mañana, la vida espiritual es egoísta y cada uno debe bastarse a sí mismo. Para eso, necesito tiempo. Y anotarme en la agenda, al lado de todos mis compromisos.
Fui a preguntar precios de clases de yoga y esta semana tengo dos días de prueba.
Quiero ver a Franco.
Ahora.
viernes, agosto 25, 2006
fighter
Son las diez veintiséis de la mañana y escribo que me duele un poco la guata.
Quizás sea cierto.
De repente, siento que tengo que empezar a pelear y a defenderme otra vez, y no tengo ganas. No quiero, sin más excusas ni explicaciones. Me da una soberana lata. Me gusta mi vida tranquila y brillando de amor. Pero qué. Me lo dijeron las personas más sabias que he conocido, que la lucha no termina nunca. Si decidimos un camino, si queremos llegar a avanzar derecho y sin desvíos por la luz, entonces las peleas van de la mano y para siempre. Respiro hondo, me pongo de pie y vamos. A defender la vida y la verdad y todo eso.
Conocer a Franco ha sido un regalo increíble. Ha sido aprender mil cosas nuevas, vivir, vivir sin cuestionarme, sin dudar, entregándome alguna vez para marcar la diferencia con mi yo que tenía tanto miedo y se paralizaba, o peor, salía corriendo rápido, ante la posibilidad de una pareja que fuera más que un montón de ilusiones. Conocer a Franco ha sido, también, conocerme a mí. Amo mirarlo a los ojos y saber que estamos construyendo un camino juntos. Filo con los demás. Nos tenemos a nosotros mismos.
Me siento firme y cimentada en el mundo. Como la Emperatriz, plenamente mujer. Como Artemisa, luchando en libertad. Como Afrodita, amando sin límites.
Acabo de encontrar una araña en mi cama.
Voy a secarme el pelo antes de salir.
Quizás sea cierto.
De repente, siento que tengo que empezar a pelear y a defenderme otra vez, y no tengo ganas. No quiero, sin más excusas ni explicaciones. Me da una soberana lata. Me gusta mi vida tranquila y brillando de amor. Pero qué. Me lo dijeron las personas más sabias que he conocido, que la lucha no termina nunca. Si decidimos un camino, si queremos llegar a avanzar derecho y sin desvíos por la luz, entonces las peleas van de la mano y para siempre. Respiro hondo, me pongo de pie y vamos. A defender la vida y la verdad y todo eso.
Conocer a Franco ha sido un regalo increíble. Ha sido aprender mil cosas nuevas, vivir, vivir sin cuestionarme, sin dudar, entregándome alguna vez para marcar la diferencia con mi yo que tenía tanto miedo y se paralizaba, o peor, salía corriendo rápido, ante la posibilidad de una pareja que fuera más que un montón de ilusiones. Conocer a Franco ha sido, también, conocerme a mí. Amo mirarlo a los ojos y saber que estamos construyendo un camino juntos. Filo con los demás. Nos tenemos a nosotros mismos.
Me siento firme y cimentada en el mundo. Como la Emperatriz, plenamente mujer. Como Artemisa, luchando en libertad. Como Afrodita, amando sin límites.
Acabo de encontrar una araña en mi cama.
Voy a secarme el pelo antes de salir.
miércoles, agosto 23, 2006
luz del sol
Me acabo de bañar de tina y con espuma.
Escribo en pijama celeste, calcetines rayados.
En la mañana fuimos con Franco al teleférico y me encantó. Tomamos helados, subimos a la Virgen a mirar Santiago lleno de smog pero filo y me ganó tres partidos de tacataca sólo porque era de esos nuevos plásticos y llenos de luces.
Hoy,visita a Randy. Jugamos play y no me fue tan mal. El mortal kombat sí alcanza a ser de mi época, en el supernintendo de la Mili, noches de primas chicas y peleadas, sobre todo cuando le bajaba con que en su casa solamente mandaba ella. Randy es una ternura. Cuando fuimos a comprar helados, me dijo que quizá no era bueno que yo fuera tan confiada con la gente, porque un día me podía pasar algo. Me dio un poquito de pena.
En la tarde mi novio me acompañó a ver un departamento pero la señora que nos abrió ni siquiera abrió completamente y dijo que estaba arrendado. Después paseamos por el centro y la Plaza de Armas. Nos vinimos en la misma micro, últimos asientos, él a su noche de póker y yo a la mía de mí.
Fue un día lindo. Aparecieron muchas mariposas blancas en todas partes. Me encanta sentir que el tiempo no existe, que vivimos un eterno ahora.
Voy a leer a Raskolnikof, gran personaje, y a tomar agüita de menta.
No tengo sueño.
Estoy feliz.
Escribo en pijama celeste, calcetines rayados.
En la mañana fuimos con Franco al teleférico y me encantó. Tomamos helados, subimos a la Virgen a mirar Santiago lleno de smog pero filo y me ganó tres partidos de tacataca sólo porque era de esos nuevos plásticos y llenos de luces.
Hoy,visita a Randy. Jugamos play y no me fue tan mal. El mortal kombat sí alcanza a ser de mi época, en el supernintendo de la Mili, noches de primas chicas y peleadas, sobre todo cuando le bajaba con que en su casa solamente mandaba ella. Randy es una ternura. Cuando fuimos a comprar helados, me dijo que quizá no era bueno que yo fuera tan confiada con la gente, porque un día me podía pasar algo. Me dio un poquito de pena.
En la tarde mi novio me acompañó a ver un departamento pero la señora que nos abrió ni siquiera abrió completamente y dijo que estaba arrendado. Después paseamos por el centro y la Plaza de Armas. Nos vinimos en la misma micro, últimos asientos, él a su noche de póker y yo a la mía de mí.
Fue un día lindo. Aparecieron muchas mariposas blancas en todas partes. Me encanta sentir que el tiempo no existe, que vivimos un eterno ahora.
Voy a leer a Raskolnikof, gran personaje, y a tomar agüita de menta.
No tengo sueño.
Estoy feliz.
sábado, agosto 19, 2006
object of my affection
Bostezo.
Dormí con el chaleco morado puesto al revés.
No me gusta que desconfíen de mi relación, o de mi novio, o de mis decisiones. Siento que no tengo por qué justificar lo que estamos haciendo. Que vivir no debiera ser un tema que asustara tanto a tanta gente. A veces, me pasa que me dan ganas de irme lejos de todo con Franco. Solos. Que nadie nos moleste más.
Ayer almorcé un turrón arriba de la micro, camino a San Gregorio. Jugamos a la pelota con Patito, él domina cuarenta y dos y yo no alcanzo ni a uno y medio. Con mi novio, tomamos aperitivo en la casa de mi tío, fuimos a la despedida de la Celeste y a un cumpleaños antes de recorrer caminando las calles de Santiago de noche. Aunque no supiera nada en el mundo, seguiría sabiendo que lo amo.
Entro a Starbucks en una hora.
Me voy a levantar.
Escucho Bebé.
Dormí con el chaleco morado puesto al revés.
No me gusta que desconfíen de mi relación, o de mi novio, o de mis decisiones. Siento que no tengo por qué justificar lo que estamos haciendo. Que vivir no debiera ser un tema que asustara tanto a tanta gente. A veces, me pasa que me dan ganas de irme lejos de todo con Franco. Solos. Que nadie nos moleste más.
Ayer almorcé un turrón arriba de la micro, camino a San Gregorio. Jugamos a la pelota con Patito, él domina cuarenta y dos y yo no alcanzo ni a uno y medio. Con mi novio, tomamos aperitivo en la casa de mi tío, fuimos a la despedida de la Celeste y a un cumpleaños antes de recorrer caminando las calles de Santiago de noche. Aunque no supiera nada en el mundo, seguiría sabiendo que lo amo.
Entro a Starbucks en una hora.
Me voy a levantar.
Escucho Bebé.
viernes, agosto 18, 2006
hold my hands
Algo se me aprieta en la garganta.
No logro distinguir qué es.
Después de mucho tiempo, hoy apareció el Poeta. Andaba medio triste, sonriendo igual, caminando al lado de su papá. Le regalé ese cuerito que siempre llevaba en la muñeca, desde la despedida con canciones de Alejandro Sanz hace más de un año, por si no nos volvemos a ver. Él dijo que nos veríamos de todas maneras. Yo no lo sé.
En la mañana le llevé desayuno a mi novio, fui a buscar mi certificado al registro civil, no tengo antecedentes penales y eso es muy bueno, almorcé ensalada de frutas con miel en Providencia con la Toña, pasamos a Consalud porque tengo que dejar de ser carga de mi mamá, tomé café con Jose en Starbucks y de paso nos encontramos con Sebastián que me dijo que estaba linda (yo se lo atribuyo a Franco), fui a ver a Randy y jugamos play pero soy pésima, cocinamos con Fernando y la Evelyn para el langard y llegué hace diez minutos a mi casa manejando un Peugeot206 desde Pocuro con Pedro de Valdivia, serios problemas para partir y caos cada vez que se apagaba el motor, y eso que fueron varias.
Tengo un poco de sueño, los ojos caídos y el corazón despierto.
Anoche saqué casi todas las cosas de mis paredes y ahora mi pieza dejó de ser mía.
Quiero decirle a mi novio que todo va a estar bien.
Hoy duermo sin despertador.
No logro distinguir qué es.
Después de mucho tiempo, hoy apareció el Poeta. Andaba medio triste, sonriendo igual, caminando al lado de su papá. Le regalé ese cuerito que siempre llevaba en la muñeca, desde la despedida con canciones de Alejandro Sanz hace más de un año, por si no nos volvemos a ver. Él dijo que nos veríamos de todas maneras. Yo no lo sé.
En la mañana le llevé desayuno a mi novio, fui a buscar mi certificado al registro civil, no tengo antecedentes penales y eso es muy bueno, almorcé ensalada de frutas con miel en Providencia con la Toña, pasamos a Consalud porque tengo que dejar de ser carga de mi mamá, tomé café con Jose en Starbucks y de paso nos encontramos con Sebastián que me dijo que estaba linda (yo se lo atribuyo a Franco), fui a ver a Randy y jugamos play pero soy pésima, cocinamos con Fernando y la Evelyn para el langard y llegué hace diez minutos a mi casa manejando un Peugeot206 desde Pocuro con Pedro de Valdivia, serios problemas para partir y caos cada vez que se apagaba el motor, y eso que fueron varias.
Tengo un poco de sueño, los ojos caídos y el corazón despierto.
Anoche saqué casi todas las cosas de mis paredes y ahora mi pieza dejó de ser mía.
Quiero decirle a mi novio que todo va a estar bien.
Hoy duermo sin despertador.
lunes, agosto 14, 2006
strange deja vù
Chaleco rojo, mechones fucsia, cielo gris.
Estoy leyendo Crimen y Castigo.
Ayer mi mamá me dijo que a los hombres no les gustan las mujeres independientes. Me sorprende ver a Hera tan reflejada en una sola persona. Filo. Yo soy quien soy.
Tengo las manos congeladas y escribo de rodillas porque el piso del computador está afirmando mi uniforme Starbucks frente a la estufa, a ver si alcanzo a trabajar con ropa seca hoy. Anoche fuimos con la Fran donde la Toña y nos hicimos tests de la Tú que dijeron que mi novio era un príncipe y tomamos mango sour y comimos ramitas. Me encantan las noches de mujeres.
El Mono me pidió de vuelta su mp3. Ya no me acordaba de cómo era caminar sin música de fondo. Lo bueno es que he vuelto a leer en las micros. Lo malo es que ahora tengo que cantar las canciones por pedazos.
Me quedan mil pesos en la billetera.
No sé para qué trabajo si igual nunca tengo plata.
Voy a terminar el almuerzo de mi novio.
Estoy leyendo Crimen y Castigo.
Ayer mi mamá me dijo que a los hombres no les gustan las mujeres independientes. Me sorprende ver a Hera tan reflejada en una sola persona. Filo. Yo soy quien soy.
Tengo las manos congeladas y escribo de rodillas porque el piso del computador está afirmando mi uniforme Starbucks frente a la estufa, a ver si alcanzo a trabajar con ropa seca hoy. Anoche fuimos con la Fran donde la Toña y nos hicimos tests de la Tú que dijeron que mi novio era un príncipe y tomamos mango sour y comimos ramitas. Me encantan las noches de mujeres.
El Mono me pidió de vuelta su mp3. Ya no me acordaba de cómo era caminar sin música de fondo. Lo bueno es que he vuelto a leer en las micros. Lo malo es que ahora tengo que cantar las canciones por pedazos.
Me quedan mil pesos en la billetera.
No sé para qué trabajo si igual nunca tengo plata.
Voy a terminar el almuerzo de mi novio.
viernes, agosto 11, 2006
with you
Post express desde la sala de computación de la universidad.
Dejé el celular en mi casa y quiero llamar a mi novio.
El miércoles se me mojaron tanto las zapatillas en la mañana, que después de almorzar con la Toña busqué una oferta y me compré otras. Anoche, en el langard, un señor se me acercó y me dijo, de la nada, que el Villa Maria era muy especial para él porque tenía un piano, y que una mujer canta en ese piano y que quizás yo la conocía. Fue loco. Sobre todo porque él sabía que era mi colegio, y yo nunca se lo dije. Se llamaba Germán.
Mi vida está llena de cosas nuevas y me encanta. Claro que mis chakras andan medios revolucionados, no me acostumbro al movimiento constante de energías y a que ya no tengo nada que esconder, ni omitir, ni inventar.
No sé amar un poquito.
Amo locamente y con todo mi corazón.
Y me paso los días en el estado de ensueño en que la fe no deja espacio para dudar.
Este momento es el más real de todos.
Dejé el celular en mi casa y quiero llamar a mi novio.
El miércoles se me mojaron tanto las zapatillas en la mañana, que después de almorzar con la Toña busqué una oferta y me compré otras. Anoche, en el langard, un señor se me acercó y me dijo, de la nada, que el Villa Maria era muy especial para él porque tenía un piano, y que una mujer canta en ese piano y que quizás yo la conocía. Fue loco. Sobre todo porque él sabía que era mi colegio, y yo nunca se lo dije. Se llamaba Germán.
Mi vida está llena de cosas nuevas y me encanta. Claro que mis chakras andan medios revolucionados, no me acostumbro al movimiento constante de energías y a que ya no tengo nada que esconder, ni omitir, ni inventar.
No sé amar un poquito.
Amo locamente y con todo mi corazón.
Y me paso los días en el estado de ensueño en que la fe no deja espacio para dudar.
Este momento es el más real de todos.
lunes, agosto 07, 2006
till kingdom come
En la casa de mi novio.
Han sido días de demasiadas emociones y de muy poco tiempo como para sentarme a escribir frente al computador, aunque sí lo he hecho con lápiz y papel arriba de las micros o en algún café que no es Starbucks.
El sábado terminó el taller de mujeres y fue precioso. Me lo lloré todo, obvio, porque leímos ese poema de la Clarissa Pinkola y por primera vez sentí que estoy en el bosque. Hubo papeles quemados y un lienzo con cicatrices de guerra que terminó íntegro en el basurero de la cocina. Mi diosa esta semana es Hilandera, tiempo de concretizar proyectos, y mi carta la Justicia, consciente de mi lugar en el mundo y de hacia dónde enfoco mi camino y dirijo los pasos.
Me tomé la mañana libre, bajé de la micro en Providencia y terminé comprando un libro de meditaciones antes de ir a donde la Siri con Franco para que conociera a las niñitas. Ahora vamos a almorzar verduras con pollo, él cocina y yo lo acompaño de repente. Nada más. Me encanta.
Estoy contenta, lejos de la euforia, tranquila como nunca, de ojos brillantes y sonrisa fácil, aunque mi eternamente cuestionada relación madrehija sigue en un estado de caos máximo. Todo a su tiempo, supongo, y me lo adelantó hace un año el tarot en Viña, frente al mar. No colapses, Carolina, que ya será cuando tenga que ser.
El otro día conversé en la micro con un tipo muy simpático que me dijo que si seguía poniendo el mp3 tan fuerte me iba a quedar sorda. Ojalá que no. Amo caminar sin escuchar cómo canto, así no me importa si desafino, y el señor que vendía helados mientras yo esperaba en el paradero de Vespucio me dijo que cantaba bien, así que filo.
Sin zapatos, con aros.
De pie en lo más profundo del bosque.
Amando hasta decir basta.
Franco es el regalo más lindo que me ha dado el universo.
Han sido días de demasiadas emociones y de muy poco tiempo como para sentarme a escribir frente al computador, aunque sí lo he hecho con lápiz y papel arriba de las micros o en algún café que no es Starbucks.
El sábado terminó el taller de mujeres y fue precioso. Me lo lloré todo, obvio, porque leímos ese poema de la Clarissa Pinkola y por primera vez sentí que estoy en el bosque. Hubo papeles quemados y un lienzo con cicatrices de guerra que terminó íntegro en el basurero de la cocina. Mi diosa esta semana es Hilandera, tiempo de concretizar proyectos, y mi carta la Justicia, consciente de mi lugar en el mundo y de hacia dónde enfoco mi camino y dirijo los pasos.
Me tomé la mañana libre, bajé de la micro en Providencia y terminé comprando un libro de meditaciones antes de ir a donde la Siri con Franco para que conociera a las niñitas. Ahora vamos a almorzar verduras con pollo, él cocina y yo lo acompaño de repente. Nada más. Me encanta.
Estoy contenta, lejos de la euforia, tranquila como nunca, de ojos brillantes y sonrisa fácil, aunque mi eternamente cuestionada relación madrehija sigue en un estado de caos máximo. Todo a su tiempo, supongo, y me lo adelantó hace un año el tarot en Viña, frente al mar. No colapses, Carolina, que ya será cuando tenga que ser.
El otro día conversé en la micro con un tipo muy simpático que me dijo que si seguía poniendo el mp3 tan fuerte me iba a quedar sorda. Ojalá que no. Amo caminar sin escuchar cómo canto, así no me importa si desafino, y el señor que vendía helados mientras yo esperaba en el paradero de Vespucio me dijo que cantaba bien, así que filo.
Sin zapatos, con aros.
De pie en lo más profundo del bosque.
Amando hasta decir basta.
Franco es el regalo más lindo que me ha dado el universo.
miércoles, agosto 02, 2006
to be with you
Franco está en La Serena, visitando a su hija.
Me compré un celular muy bonito que tiene corazones de fondo de pantalla.
No sé cuándo dejé de tener miedo. Cuándo dejó de importarme caminar sola de noche, aunque a veces es cierto que prefiero compañía, sobre todo si es mi novio. Cuándo ya no encontré más que todo el mundo era sospechoso y que en cada esquina y pasaje estaba escondido alguien para secuestrarme, violarme y cortarme en pedacitos. Cuándo empecé a sentir que alrededor mío está esa luz blanca brillante que me protege, las canciones que hacen que el silencio vacío no sea una amenaza, que no se escuchen pasos donde no camina nadie, que los neumáticos reventados no sean balas perdidas en un enfrentamiento de traficantes o neonazis o pandilleros de cualquier tipo.
Supongo que fue un poco todo. Fue salir a conocer, pero a conocer de verdad, a descubrir que la calle tiene sus reglas. Fue encontrar a Franco y darme cuenta que no me importa morir hoy, porque no me falta nada. Fue descubrir a Randy, a Patito, toda la magia en la mitad de la nada.
Hoy, camino de noche y cantando y le digo a todo el mundo que amo, y que amo locamente, y que soy una mujer feliz. Filo si no me entienden, si me cuestionan, si no son capaces de creer.
Yo creo, yo vivo, yo existo, yo soy.
Y con Franco.
Y me encanta.
Me compré un celular muy bonito que tiene corazones de fondo de pantalla.
No sé cuándo dejé de tener miedo. Cuándo dejó de importarme caminar sola de noche, aunque a veces es cierto que prefiero compañía, sobre todo si es mi novio. Cuándo ya no encontré más que todo el mundo era sospechoso y que en cada esquina y pasaje estaba escondido alguien para secuestrarme, violarme y cortarme en pedacitos. Cuándo empecé a sentir que alrededor mío está esa luz blanca brillante que me protege, las canciones que hacen que el silencio vacío no sea una amenaza, que no se escuchen pasos donde no camina nadie, que los neumáticos reventados no sean balas perdidas en un enfrentamiento de traficantes o neonazis o pandilleros de cualquier tipo.
Supongo que fue un poco todo. Fue salir a conocer, pero a conocer de verdad, a descubrir que la calle tiene sus reglas. Fue encontrar a Franco y darme cuenta que no me importa morir hoy, porque no me falta nada. Fue descubrir a Randy, a Patito, toda la magia en la mitad de la nada.
Hoy, camino de noche y cantando y le digo a todo el mundo que amo, y que amo locamente, y que soy una mujer feliz. Filo si no me entienden, si me cuestionan, si no son capaces de creer.
Yo creo, yo vivo, yo existo, yo soy.
Y con Franco.
Y me encanta.
lunes, julio 31, 2006
ya lo sabemos
No quiero entrar a clases.
No quiero tener taller, ni estudiar economía, ni levantarme temprano los jueves.
Me gustaría vivir para siempre en este estado medio flotando, entre Starbucks, Franco y todo en lo que me encanta usar mi tiempo. No tengo ganas de cumplir horarios, fechas, trabajos, entregas finales, exámenes, asistencia. Preferiría irme a la playa a mirar el mar con mi novio, domir hasta tarde, ver todos los millones de películas que nos faltan.
No sé si quiero ser periodista, aunque a veces es tan claro que sí. Pero viene la práctica, reportear cualquier cosa, y cumplir mandados. Obvio que voy a terminar mi carrera. De ahí en adelante, no tengo idea.
Hoy estuve con Juan Andrés. Fue raro encontrarlo. Hablamos más que durante todo el tiempo que nos conocimos, y me di cuenta que es una linda persona. Después de Starbucks, pasé a buscar a Franco. Vinimos a mi casa, se fue temprano y ya quiero verlo otra vez.
Labios partidos, pelo suelto, colet rosado en la mano izquierda dedo anular, ojos serios pero brillando o por lo menos eso siento, un poco de sueño y mucho frío, calcetines a rayas, zapatillas negras, audífonos rosados que me regaló el lindo de mi novio, teléfono blanco y mi cama llena de libros.
Perdí el celular en el bus a Viña.
Ayer vimos Broken Flowers y me encantó.
Quiero soñar con Franco.
No quiero tener taller, ni estudiar economía, ni levantarme temprano los jueves.
Me gustaría vivir para siempre en este estado medio flotando, entre Starbucks, Franco y todo en lo que me encanta usar mi tiempo. No tengo ganas de cumplir horarios, fechas, trabajos, entregas finales, exámenes, asistencia. Preferiría irme a la playa a mirar el mar con mi novio, domir hasta tarde, ver todos los millones de películas que nos faltan.
No sé si quiero ser periodista, aunque a veces es tan claro que sí. Pero viene la práctica, reportear cualquier cosa, y cumplir mandados. Obvio que voy a terminar mi carrera. De ahí en adelante, no tengo idea.
Hoy estuve con Juan Andrés. Fue raro encontrarlo. Hablamos más que durante todo el tiempo que nos conocimos, y me di cuenta que es una linda persona. Después de Starbucks, pasé a buscar a Franco. Vinimos a mi casa, se fue temprano y ya quiero verlo otra vez.
Labios partidos, pelo suelto, colet rosado en la mano izquierda dedo anular, ojos serios pero brillando o por lo menos eso siento, un poco de sueño y mucho frío, calcetines a rayas, zapatillas negras, audífonos rosados que me regaló el lindo de mi novio, teléfono blanco y mi cama llena de libros.
Perdí el celular en el bus a Viña.
Ayer vimos Broken Flowers y me encantó.
Quiero soñar con Franco.
sábado, julio 29, 2006
let me go
Ya no me siento en mi casa.
Es tiempo de partir.
Supongo que Franco tiene razón y todo puede cambiar, pero sólo hasta cierto punto. La manera de pensar de las personas tiene sus propios límites autoimpuestos. Cada uno cree lo que quiere creer, excepto quienes vibran en una sintonía superior y pueden ver las cosas como son. Porque las cosas son de alguna forma, en sí mismas. No es el caso.
Supongo que nunca llegaré a entenderme con mi mamá. La amo con todo mi corazón, pero ella vive con mucho miedo. Y yo no soy así. Mi esencia es creer, amar, entregarme. Y si ahora el universo me regaló la oportunidad de vivir la historia más linda, independiente de cómo vaya a terminar o cuándo, qué me importa, no entiendo por qué ese afán de sujetarme tan fuerte, de tenerme un poco amarrada para que no vuele tan alto como puedo. Y como quiero.
Necesito salir de esta casa, porque acá nunca podré ser plenamente yo. Porque acá ronda esa pena eterna, esos fantasmas, esas cicatrices que a veces queman. Acá nada es sin un pero. Nada existe, simplemente. Acá, en esta casa, se respira profundo el desencanto de la vida.
Sé que no es mi lugar. Que no pertenezco. Lo supe un poco mientras estábamos con Franco en Viña y me di cuenta que podría haberme quedado allá, con él, sin un poquito de nostalgia. Lo supe más cuando a las ocho de la mañana entré hoy a mi pieza y todos pensaban que estaba muerta porque me demoré en volver. Peor todavía, porque no tenía interés en llegar.
Ayer fue el cumpleaños de mi novio.
Amo a ese pendejo. A su lado, me siento en la paz más absoluta.
Voy a ver qué me dice el tarot.
Es tiempo de partir.
Supongo que Franco tiene razón y todo puede cambiar, pero sólo hasta cierto punto. La manera de pensar de las personas tiene sus propios límites autoimpuestos. Cada uno cree lo que quiere creer, excepto quienes vibran en una sintonía superior y pueden ver las cosas como son. Porque las cosas son de alguna forma, en sí mismas. No es el caso.
Supongo que nunca llegaré a entenderme con mi mamá. La amo con todo mi corazón, pero ella vive con mucho miedo. Y yo no soy así. Mi esencia es creer, amar, entregarme. Y si ahora el universo me regaló la oportunidad de vivir la historia más linda, independiente de cómo vaya a terminar o cuándo, qué me importa, no entiendo por qué ese afán de sujetarme tan fuerte, de tenerme un poco amarrada para que no vuele tan alto como puedo. Y como quiero.
Necesito salir de esta casa, porque acá nunca podré ser plenamente yo. Porque acá ronda esa pena eterna, esos fantasmas, esas cicatrices que a veces queman. Acá nada es sin un pero. Nada existe, simplemente. Acá, en esta casa, se respira profundo el desencanto de la vida.
Sé que no es mi lugar. Que no pertenezco. Lo supe un poco mientras estábamos con Franco en Viña y me di cuenta que podría haberme quedado allá, con él, sin un poquito de nostalgia. Lo supe más cuando a las ocho de la mañana entré hoy a mi pieza y todos pensaban que estaba muerta porque me demoré en volver. Peor todavía, porque no tenía interés en llegar.
Ayer fue el cumpleaños de mi novio.
Amo a ese pendejo. A su lado, me siento en la paz más absoluta.
Voy a ver qué me dice el tarot.
miércoles, julio 26, 2006
moriría por vos
Soy un montón de suspiros.
Franco se acaba de ir.
Mientras escribo, me como un plato de cereales.
Radha cumplió siete años hoy, en el día sin tiempo, y yo recuerdo perfecto cuando nació en ese hospital de Valparaíso, una hora encerrada rezando rosarios porque venía medio enrollado en el cordón umbilical. Es un niño precioso. Agradece todo y su vida devocional es máxima. Tiene la conciencia que yo sueño con alcanzar.
Viña estuvo lindo. Sobre todo el cielo lleno de colores justo antes de que se pusiera a llover, y el mar corriendo mientras con los niños nos acercábamos a las rocas a gritarle saludos. Me vine en bus, sola, y me acordé de cuánto y por qué me gusta. A pesar de que se me sentó alguien al lado justo antes de partir. Filo. Le regalé un bigtime y parece que nunca le habían regalado nada porque me miró mucho mientras lo abría. No hablamos, por suerte, no tenía ganas de hablar. Amo el silencio.
Fueron cinco horas y media con Franco que se disolvieron en el aire. No sé qué hace, ni cómo, pero con él vivo en la hipnosis más absoluta, desconectada del resto del mundo, y se me olvida que hay algo más que nosotros. Me encanta. Me fascina. Me dan ganas de quedarme para siempre abrazada mirando el techo blanco donde debería haber estrellas. Siento como si todo lo que he construido en veintiún años, ahora recién tiene razón de ser. No es por él, ni para él. Es con él. De a dos. Algo que nunca había vivido, y que agradezco al universo y a Afrodita y a todos los maestros que tuvieron algo que ver.
Tomé aperitivo con el tata y el tío Pato.
Comimos After Eight.
Me voy a poner pijama.
Franco se acaba de ir.
Mientras escribo, me como un plato de cereales.
Radha cumplió siete años hoy, en el día sin tiempo, y yo recuerdo perfecto cuando nació en ese hospital de Valparaíso, una hora encerrada rezando rosarios porque venía medio enrollado en el cordón umbilical. Es un niño precioso. Agradece todo y su vida devocional es máxima. Tiene la conciencia que yo sueño con alcanzar.
Viña estuvo lindo. Sobre todo el cielo lleno de colores justo antes de que se pusiera a llover, y el mar corriendo mientras con los niños nos acercábamos a las rocas a gritarle saludos. Me vine en bus, sola, y me acordé de cuánto y por qué me gusta. A pesar de que se me sentó alguien al lado justo antes de partir. Filo. Le regalé un bigtime y parece que nunca le habían regalado nada porque me miró mucho mientras lo abría. No hablamos, por suerte, no tenía ganas de hablar. Amo el silencio.
Fueron cinco horas y media con Franco que se disolvieron en el aire. No sé qué hace, ni cómo, pero con él vivo en la hipnosis más absoluta, desconectada del resto del mundo, y se me olvida que hay algo más que nosotros. Me encanta. Me fascina. Me dan ganas de quedarme para siempre abrazada mirando el techo blanco donde debería haber estrellas. Siento como si todo lo que he construido en veintiún años, ahora recién tiene razón de ser. No es por él, ni para él. Es con él. De a dos. Algo que nunca había vivido, y que agradezco al universo y a Afrodita y a todos los maestros que tuvieron algo que ver.
Tomé aperitivo con el tata y el tío Pato.
Comimos After Eight.
Me voy a poner pijama.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

