lunes, agosto 28, 2006

i am

Días de reflexión y un incienso de vainilla recién prendido, ventana abierta, noche.

Obvio. Cómo no terminar colapsando y llorando un poquito el viernes después de las clases con las niñitas, si no me doy mis minutos de silencio y mantras y diosas y tardes arriba de ese árbol que me encanta leyendo algunos capítulos precisos de 'mujeres que corren con los lobos'. Obvio. El mundo me encanta, y me fascina hacer muchas cosas y conocer a mucha gente en muchos lugares. Amo las micros, los helados a cien y los mantecol que he vivido almorzando el último mes, pero cómo no me di cuenta antes, si era obvio.

Yo sólo puedo ser feliz y plena si me mantengo cerca de mi hogar. Y mi hogar es ese espacio mágico donde no entra ni sale nadie y estoy yo, sin horarios ni miedos casi totalmente obsoletos, como ese dolor en la guata cada vez que iba a San Gregorio, sin pecheras verdes ni talleres de radio, ni despertadores que suenan siempre tan temprano, aunque sea en parte exageración mía.

Es cierto que soy feliz con mi novio. Que el tiempo con él no existe y todo no es más que un eterno ahora. Pero en algún momento las responsabilidades libremente adquiridas golpean la puerta y muy fuerte, y es imposible negarse a volver y cumplir. No me quejo. Sólo asumo que no me basta con el mundo. Que en el fondo, como acabo de leer en la mañana, la vida espiritual es egoísta y cada uno debe bastarse a sí mismo. Para eso, necesito tiempo. Y anotarme en la agenda, al lado de todos mis compromisos.

Fui a preguntar precios de clases de yoga y esta semana tengo dos días de prueba.
Quiero ver a Franco.
Ahora.

viernes, agosto 25, 2006

fighter

Son las diez veintiséis de la mañana y escribo que me duele un poco la guata.
Quizás sea cierto.

De repente, siento que tengo que empezar a pelear y a defenderme otra vez, y no tengo ganas. No quiero, sin más excusas ni explicaciones. Me da una soberana lata. Me gusta mi vida tranquila y brillando de amor. Pero qué. Me lo dijeron las personas más sabias que he conocido, que la lucha no termina nunca. Si decidimos un camino, si queremos llegar a avanzar derecho y sin desvíos por la luz, entonces las peleas van de la mano y para siempre. Respiro hondo, me pongo de pie y vamos. A defender la vida y la verdad y todo eso.

Conocer a Franco ha sido un regalo increíble. Ha sido aprender mil cosas nuevas, vivir, vivir sin cuestionarme, sin dudar, entregándome alguna vez para marcar la diferencia con mi yo que tenía tanto miedo y se paralizaba, o peor, salía corriendo rápido, ante la posibilidad de una pareja que fuera más que un montón de ilusiones. Conocer a Franco ha sido, también, conocerme a mí. Amo mirarlo a los ojos y saber que estamos construyendo un camino juntos. Filo con los demás. Nos tenemos a nosotros mismos.

Me siento firme y cimentada en el mundo. Como la Emperatriz, plenamente mujer. Como Artemisa, luchando en libertad. Como Afrodita, amando sin límites.

Acabo de encontrar una araña en mi cama.
Voy a secarme el pelo antes de salir.

miércoles, agosto 23, 2006

luz del sol

Me acabo de bañar de tina y con espuma.
Escribo en pijama celeste, calcetines rayados.

En la mañana fuimos con Franco al teleférico y me encantó. Tomamos helados, subimos a la Virgen a mirar Santiago lleno de smog pero filo y me ganó tres partidos de tacataca sólo porque era de esos nuevos plásticos y llenos de luces.

Hoy,visita a Randy. Jugamos play y no me fue tan mal. El mortal kombat sí alcanza a ser de mi época, en el supernintendo de la Mili, noches de primas chicas y peleadas, sobre todo cuando le bajaba con que en su casa solamente mandaba ella. Randy es una ternura. Cuando fuimos a comprar helados, me dijo que quizá no era bueno que yo fuera tan confiada con la gente, porque un día me podía pasar algo. Me dio un poquito de pena.

En la tarde mi novio me acompañó a ver un departamento pero la señora que nos abrió ni siquiera abrió completamente y dijo que estaba arrendado. Después paseamos por el centro y la Plaza de Armas. Nos vinimos en la misma micro, últimos asientos, él a su noche de póker y yo a la mía de mí.

Fue un día lindo. Aparecieron muchas mariposas blancas en todas partes. Me encanta sentir que el tiempo no existe, que vivimos un eterno ahora.

Voy a leer a Raskolnikof, gran personaje, y a tomar agüita de menta.
No tengo sueño.
Estoy feliz.

sábado, agosto 19, 2006

object of my affection

Bostezo.
Dormí con el chaleco morado puesto al revés.

No me gusta que desconfíen de mi relación, o de mi novio, o de mis decisiones. Siento que no tengo por qué justificar lo que estamos haciendo. Que vivir no debiera ser un tema que asustara tanto a tanta gente. A veces, me pasa que me dan ganas de irme lejos de todo con Franco. Solos. Que nadie nos moleste más.

Ayer almorcé un turrón arriba de la micro, camino a San Gregorio. Jugamos a la pelota con Patito, él domina cuarenta y dos y yo no alcanzo ni a uno y medio. Con mi novio, tomamos aperitivo en la casa de mi tío, fuimos a la despedida de la Celeste y a un cumpleaños antes de recorrer caminando las calles de Santiago de noche. Aunque no supiera nada en el mundo, seguiría sabiendo que lo amo.

Entro a Starbucks en una hora.
Me voy a levantar.
Escucho Bebé.

viernes, agosto 18, 2006

hold my hands

Algo se me aprieta en la garganta.
No logro distinguir qué es.

Después de mucho tiempo, hoy apareció el Poeta. Andaba medio triste, sonriendo igual, caminando al lado de su papá. Le regalé ese cuerito que siempre llevaba en la muñeca, desde la despedida con canciones de Alejandro Sanz hace más de un año, por si no nos volvemos a ver. Él dijo que nos veríamos de todas maneras. Yo no lo sé.

En la mañana le llevé desayuno a mi novio, fui a buscar mi certificado al registro civil, no tengo antecedentes penales y eso es muy bueno, almorcé ensalada de frutas con miel en Providencia con la Toña, pasamos a Consalud porque tengo que dejar de ser carga de mi mamá, tomé café con Jose en Starbucks y de paso nos encontramos con Sebastián que me dijo que estaba linda (yo se lo atribuyo a Franco), fui a ver a Randy y jugamos play pero soy pésima, cocinamos con Fernando y la Evelyn para el langard y llegué hace diez minutos a mi casa manejando un Peugeot206 desde Pocuro con Pedro de Valdivia, serios problemas para partir y caos cada vez que se apagaba el motor, y eso que fueron varias.

Tengo un poco de sueño, los ojos caídos y el corazón despierto.
Anoche saqué casi todas las cosas de mis paredes y ahora mi pieza dejó de ser mía.
Quiero decirle a mi novio que todo va a estar bien.
Hoy duermo sin despertador.

lunes, agosto 14, 2006

strange deja vù

Chaleco rojo, mechones fucsia, cielo gris.
Estoy leyendo Crimen y Castigo.

Ayer mi mamá me dijo que a los hombres no les gustan las mujeres independientes. Me sorprende ver a Hera tan reflejada en una sola persona. Filo. Yo soy quien soy.

Tengo las manos congeladas y escribo de rodillas porque el piso del computador está afirmando mi uniforme Starbucks frente a la estufa, a ver si alcanzo a trabajar con ropa seca hoy. Anoche fuimos con la Fran donde la Toña y nos hicimos tests de la Tú que dijeron que mi novio era un príncipe y tomamos mango sour y comimos ramitas. Me encantan las noches de mujeres.

El Mono me pidió de vuelta su mp3. Ya no me acordaba de cómo era caminar sin música de fondo. Lo bueno es que he vuelto a leer en las micros. Lo malo es que ahora tengo que cantar las canciones por pedazos.

Me quedan mil pesos en la billetera.
No sé para qué trabajo si igual nunca tengo plata.
Voy a terminar el almuerzo de mi novio.

viernes, agosto 11, 2006

with you

Post express desde la sala de computación de la universidad.
Dejé el celular en mi casa y quiero llamar a mi novio.

El miércoles se me mojaron tanto las zapatillas en la mañana, que después de almorzar con la Toña busqué una oferta y me compré otras. Anoche, en el langard, un señor se me acercó y me dijo, de la nada, que el Villa Maria era muy especial para él porque tenía un piano, y que una mujer canta en ese piano y que quizás yo la conocía. Fue loco. Sobre todo porque él sabía que era mi colegio, y yo nunca se lo dije. Se llamaba Germán.

Mi vida está llena de cosas nuevas y me encanta. Claro que mis chakras andan medios revolucionados, no me acostumbro al movimiento constante de energías y a que ya no tengo nada que esconder, ni omitir, ni inventar.

No sé amar un poquito.
Amo locamente y con todo mi corazón.
Y me paso los días en el estado de ensueño en que la fe no deja espacio para dudar.
Este momento es el más real de todos.

lunes, agosto 07, 2006

till kingdom come

En la casa de mi novio.

Han sido días de demasiadas emociones y de muy poco tiempo como para sentarme a escribir frente al computador, aunque sí lo he hecho con lápiz y papel arriba de las micros o en algún café que no es Starbucks.

El sábado terminó el taller de mujeres y fue precioso. Me lo lloré todo, obvio, porque leímos ese poema de la Clarissa Pinkola y por primera vez sentí que estoy en el bosque. Hubo papeles quemados y un lienzo con cicatrices de guerra que terminó íntegro en el basurero de la cocina. Mi diosa esta semana es Hilandera, tiempo de concretizar proyectos, y mi carta la Justicia, consciente de mi lugar en el mundo y de hacia dónde enfoco mi camino y dirijo los pasos.

Me tomé la mañana libre, bajé de la micro en Providencia y terminé comprando un libro de meditaciones antes de ir a donde la Siri con Franco para que conociera a las niñitas. Ahora vamos a almorzar verduras con pollo, él cocina y yo lo acompaño de repente. Nada más. Me encanta.

Estoy contenta, lejos de la euforia, tranquila como nunca, de ojos brillantes y sonrisa fácil, aunque mi eternamente cuestionada relación madrehija sigue en un estado de caos máximo. Todo a su tiempo, supongo, y me lo adelantó hace un año el tarot en Viña, frente al mar. No colapses, Carolina, que ya será cuando tenga que ser.

El otro día conversé en la micro con un tipo muy simpático que me dijo que si seguía poniendo el mp3 tan fuerte me iba a quedar sorda. Ojalá que no. Amo caminar sin escuchar cómo canto, así no me importa si desafino, y el señor que vendía helados mientras yo esperaba en el paradero de Vespucio me dijo que cantaba bien, así que filo.

Sin zapatos, con aros.
De pie en lo más profundo del bosque.
Amando hasta decir basta.

Franco es el regalo más lindo que me ha dado el universo.

miércoles, agosto 02, 2006

to be with you

Franco está en La Serena, visitando a su hija.
Me compré un celular muy bonito que tiene corazones de fondo de pantalla.

No sé cuándo dejé de tener miedo. Cuándo dejó de importarme caminar sola de noche, aunque a veces es cierto que prefiero compañía, sobre todo si es mi novio. Cuándo ya no encontré más que todo el mundo era sospechoso y que en cada esquina y pasaje estaba escondido alguien para secuestrarme, violarme y cortarme en pedacitos. Cuándo empecé a sentir que alrededor mío está esa luz blanca brillante que me protege, las canciones que hacen que el silencio vacío no sea una amenaza, que no se escuchen pasos donde no camina nadie, que los neumáticos reventados no sean balas perdidas en un enfrentamiento de traficantes o neonazis o pandilleros de cualquier tipo.

Supongo que fue un poco todo. Fue salir a conocer, pero a conocer de verdad, a descubrir que la calle tiene sus reglas. Fue encontrar a Franco y darme cuenta que no me importa morir hoy, porque no me falta nada. Fue descubrir a Randy, a Patito, toda la magia en la mitad de la nada.

Hoy, camino de noche y cantando y le digo a todo el mundo que amo, y que amo locamente, y que soy una mujer feliz. Filo si no me entienden, si me cuestionan, si no son capaces de creer.

Yo creo, yo vivo, yo existo, yo soy.
Y con Franco.

Y me encanta.

lunes, julio 31, 2006

ya lo sabemos

No quiero entrar a clases.
No quiero tener taller, ni estudiar economía, ni levantarme temprano los jueves.

Me gustaría vivir para siempre en este estado medio flotando, entre Starbucks, Franco y todo en lo que me encanta usar mi tiempo. No tengo ganas de cumplir horarios, fechas, trabajos, entregas finales, exámenes, asistencia. Preferiría irme a la playa a mirar el mar con mi novio, domir hasta tarde, ver todos los millones de películas que nos faltan.

No sé si quiero ser periodista, aunque a veces es tan claro que sí. Pero viene la práctica, reportear cualquier cosa, y cumplir mandados. Obvio que voy a terminar mi carrera. De ahí en adelante, no tengo idea.

Hoy estuve con Juan Andrés. Fue raro encontrarlo. Hablamos más que durante todo el tiempo que nos conocimos, y me di cuenta que es una linda persona. Después de Starbucks, pasé a buscar a Franco. Vinimos a mi casa, se fue temprano y ya quiero verlo otra vez.

Labios partidos, pelo suelto, colet rosado en la mano izquierda dedo anular, ojos serios pero brillando o por lo menos eso siento, un poco de sueño y mucho frío, calcetines a rayas, zapatillas negras, audífonos rosados que me regaló el lindo de mi novio, teléfono blanco y mi cama llena de libros.

Perdí el celular en el bus a Viña.
Ayer vimos Broken Flowers y me encantó.
Quiero soñar con Franco.

sábado, julio 29, 2006

let me go

Ya no me siento en mi casa.
Es tiempo de partir.

Supongo que Franco tiene razón y todo puede cambiar, pero sólo hasta cierto punto. La manera de pensar de las personas tiene sus propios límites autoimpuestos. Cada uno cree lo que quiere creer, excepto quienes vibran en una sintonía superior y pueden ver las cosas como son. Porque las cosas son de alguna forma, en sí mismas. No es el caso.

Supongo que nunca llegaré a entenderme con mi mamá. La amo con todo mi corazón, pero ella vive con mucho miedo. Y yo no soy así. Mi esencia es creer, amar, entregarme. Y si ahora el universo me regaló la oportunidad de vivir la historia más linda, independiente de cómo vaya a terminar o cuándo, qué me importa, no entiendo por qué ese afán de sujetarme tan fuerte, de tenerme un poco amarrada para que no vuele tan alto como puedo. Y como quiero.

Necesito salir de esta casa, porque acá nunca podré ser plenamente yo. Porque acá ronda esa pena eterna, esos fantasmas, esas cicatrices que a veces queman. Acá nada es sin un pero. Nada existe, simplemente. Acá, en esta casa, se respira profundo el desencanto de la vida.

Sé que no es mi lugar. Que no pertenezco. Lo supe un poco mientras estábamos con Franco en Viña y me di cuenta que podría haberme quedado allá, con él, sin un poquito de nostalgia. Lo supe más cuando a las ocho de la mañana entré hoy a mi pieza y todos pensaban que estaba muerta porque me demoré en volver. Peor todavía, porque no tenía interés en llegar.

Ayer fue el cumpleaños de mi novio.
Amo a ese pendejo. A su lado, me siento en la paz más absoluta.
Voy a ver qué me dice el tarot.

miércoles, julio 26, 2006

moriría por vos

Soy un montón de suspiros.
Franco se acaba de ir.
Mientras escribo, me como un plato de cereales.

Radha cumplió siete años hoy, en el día sin tiempo, y yo recuerdo perfecto cuando nació en ese hospital de Valparaíso, una hora encerrada rezando rosarios porque venía medio enrollado en el cordón umbilical. Es un niño precioso. Agradece todo y su vida devocional es máxima. Tiene la conciencia que yo sueño con alcanzar.

Viña estuvo lindo. Sobre todo el cielo lleno de colores justo antes de que se pusiera a llover, y el mar corriendo mientras con los niños nos acercábamos a las rocas a gritarle saludos. Me vine en bus, sola, y me acordé de cuánto y por qué me gusta. A pesar de que se me sentó alguien al lado justo antes de partir. Filo. Le regalé un bigtime y parece que nunca le habían regalado nada porque me miró mucho mientras lo abría. No hablamos, por suerte, no tenía ganas de hablar. Amo el silencio.

Fueron cinco horas y media con Franco que se disolvieron en el aire. No sé qué hace, ni cómo, pero con él vivo en la hipnosis más absoluta, desconectada del resto del mundo, y se me olvida que hay algo más que nosotros. Me encanta. Me fascina. Me dan ganas de quedarme para siempre abrazada mirando el techo blanco donde debería haber estrellas. Siento como si todo lo que he construido en veintiún años, ahora recién tiene razón de ser. No es por él, ni para él. Es con él. De a dos. Algo que nunca había vivido, y que agradezco al universo y a Afrodita y a todos los maestros que tuvieron algo que ver.

Tomé aperitivo con el tata y el tío Pato.
Comimos After Eight.
Me voy a poner pijama.

lunes, julio 24, 2006

better off

Mañana me voy a Viña.
Me acabo de despedir de Franco y ya lo echo de menos.

En la tarde, mientras hablaba con la Montse acerca de las carreras enfocadas al servicio, me pasó algo. Me di cuenta que sólo llegaré a ser periodista si logro encontrar ese punto donde mi profesión se junta con la realidad. Porque al final es fácil estar en los grandes eventos. La presidenta y los ministros y los candidatos y los choques y los asesinos, pero qué pasa con todos los días.

Quién cuenta la historia del Poeta, por ejemplo. Quién describe ese olor que marea y hace que pique la garganta, perfume de los niños inhalando en el puente. Quién se atreve a mostrar, no desde lo que vende, no desde los asaltos o lo inseguro que es caminar por el centro en Santiago, sino desde las casas de donde ellos salieron porque la calle dolía menos, y venderse quizá es mejor que entregar el cuerpo gratis.

Contar historias no implica protagonistas llorando en pantalla, ni recreaciones burdas. Contar historias es ir un poco más allá y llevar grabado en los ojos lo que se ha visto alguna vez. Es acortar distancias ficticias y acercar realidades comunes.

En la casa de Franco hicimos panqueques. Compramos Mantecol y chocolate y fue una noche dulce, aunque en algún momento me dio un poquito de pena, motivos aparte y referentes a mi manera de enfrentar la vida. El tiempo que paso con él siempre se hace poco, y las ganas de viajar juntos hacen que quiera que ya sea después. Me fascinan sus besos, y esa manera mágica de decir las cosas. Amo saber que no quiero esconderle nada, que somos quienes somos y no se necesitan más explicaciones.

Franco me hace feliz.
Eso es todo.

domingo, julio 23, 2006

this love

Me acabo de comer una manzana verde.
La estrella que me dibujé en la mano izquierda ya se borró casi entera.

Llegué hace una hora del cumpleaños de la Dani y estuvo bien. Me encantó que tantas personas cerraran la tienda con nosotros para que saliéramos más temprano. A veces, Starbucks tiene un poco de eso. Y le da sentido a todo lo demás.

Me gusta cuando me dicen que me veo linda, y bailar canciones viejas. Me gusta abrazar a Franco (se llama Franco, a todo esto) y sentir que así me podría pasar la vida y no sería suficiente. Me gusta saber que, justo antes de tener un poquito de miedo, puedo cerrar los ojos y lanzarme al vacío, y darme cuenta que no me importa que algún día el golpe sea fuerte, porque ahora estoy volando mucho más alto que nunca antes. Me gusta mi pelo suelto y mi ego en paz. Me gusta cuando él me mira fijo y yo no sé qué decir, porque sé que lo mejor es no decir nada.

El soundtrack del momento es 'por ti'.
Y cito que a estas alturas, qué más nos da arriesgar el corazón.
Voy a leer a Borges antes de dormir.

miércoles, julio 19, 2006

por ti

Soñé que posteaba sin escribir nada y me dejaban muchos comentarios.
Igual fue un sueño medio freak.

Durante mucho, mucho tiempo, me pregunté cómo sería no estar sola. Incluso mientras pololeaba, antes, cuando chica, y después, ya los dos años y medio que viví por alguien más. Hasta hace poco, de hecho, porque en mi cuaderno hace un mes me estaba muriendo de pena.

Pero hoy no.

Hoy sé que no estar sola es saber que si yo quiero correr, él va a correr conmigo. Que si nos caemos en el intento, no cuesta nada esperar un poco y levantarse de nuevo. Que si él se esconde, no voy a dudar en buscarlo hasta que aparezca.

Es que esta vez, no estoy jugando a querer. No hay mentiras, ni ilusiones, ni caprichos. No hay más castillos en el aire que los que construimos juntos. No hay miedo. Al revés. Podría lanzarme al vacío, segura de que él estaría para recibirme.

Es como si de repente todo tuviera sentido.

Y me doy cuenta que el camino ha sido largo, que quizá a veces lloré mucho y no entendí nada, que el registro de mis seis cuadernos se convierte en testimonio. Que yo, la de entonces, ya no soy la misma, le copio a don Pablo, y que hoy no necesito excusas para ser. Soy, simplemente. Y es la magia máxima del regalo más grande que me ha dado el universo.

Me equivoco cuando hago los cafés y me ando tropezando con todo el mundo.
Nunca había tenido tan poca hambre y tanta risa.
Ahora, me levanto para ir a trabajar.

martes, julio 18, 2006

apareces tú

No me concentro en nada.
Estoy flotando.
Soy como una mariposa, o algo así.

Hoy me perdí camino al Apumanque, y eso que no estaba a más de cinco cuadras. Llegué allá a amarrarme el pelo a ver si recuperaba la cordura, pero no. Recorrí mil veces las mismas tiendas sin entrar a ninguna hasta que me acordé de que quería comprar un regalo para mi mamá y mi hermana. Me subí a la micro de vuelta a mi casa cantando y me bajé corriendo. Me río sola y eso que ni siquiera pienso cosas divertidas, porque simplemente no pienso.

Ese hombre estupendo que me encanta me invitó al cine y me regaló chocolates y fuimos a su casa y caminamos de la mano por todas partes y no sé por qué tengo esa sensación (esta sensación) de calma absoluta en medio de la euforia, sin necesidad de preguntarme por un mañana ni por hoy ni por nunca, porque estoy viviendo desde mí y con eso me basta.

Llevo tres horas tratando de escribir.
Las palabras se me escapan y no me alcanzan y no me importa.
Soy una mujer absolutamente feliz.

lunes, julio 17, 2006

blue eyes

Me muero de sueño.
No puedo ir a acostarme sin escribir un poco.

Anoche, carrete Starbucks. Lo pasé bien, aunque siempre me molesta cuando el olor a marihuana desde alguna pieza llega demasiado fuerte al living. Aparte de eso, fue muy piola. Comí chocolate y tomé cocacola en un vaso compartido con la Pili. No dejo de pensar que mis amigos a los quince eran más maduros para hablar de sexo que algunos hombres mayores de veinte. Filo.

Ayer un cliente me dijo que mi sonrisa conquistaba. Yo me puse roja, obvio, y me reí más porque lo encontré divertido y parece que él también porque también se rió.

Ando medio en las nubes, ¿será así andar en las nubes, como flotando, como si todos los pasos fueran baile?, leyendo a Marguerite Yourcenar, echándome crema y brillo de labios y durmiendo muy muy bien, soñando despierta para variar (y de hecho, me lo confirmó el tarotista mágico del jueves pasado) y viendo luces de colores cuando cierro los ojos.

Ando rosada, lo sé, con las manos blancas y el corazón corriendo.
Culpa suya y de ese afán de venir a desordenarme la vida.

sábado, julio 15, 2006

eyes wide open

Acabo de cortar el teléfono.
La carta de la semana es el tres de discos.
Tiempo de comenzar a construir.

Escucho Aerosmith y no pienso en nada, porque estoy en medio de ese estado donde la realidad desaparece y quedan destellos y supongo que será parecido a la ensoñación de la que siempre habla manu. Es como flotar sin sentir el cuerpo. Sonreír de memoria. Dejar que la página se escriba sola. El tiempo pasa, y para, y yo me miro las uñas cortas y sin pintar y sé que de nuevo tengo trabajo y que éste sí es mi momento, es mi certeza máxima, es el tarot, los mensajes de los sabios del langard ayer, Leo almorzando en mi casa hoy y mi pieza verde limón que ya no voy a ordenar nunca más porque le queda demasiado poco, porque vienen cambios, muchos cambios, y cosas nuevas, y quizá otra casa y otra pieza, quién sabe. Yo me entrego a la vida y vivo. Nada más. No sé ni me importa saber.

Starbucks estuvo bien, me reí muchísimo y casi termino a Rosasco. Me visitó mi amiga Sombra, conversamos un rato pero siempre falta más. A las nueve de la noche empecé a caminar a mi casa con el mp3 del Mono tan fuerte y cantando que no escuché cuando dos extranjeras me quisieron preguntar por no sé qué calle, hasta que una me tocó el hombro para que me sacara los audífonos.

Desde los quince años que no andaba en micro con alguien que me gustara.
Fue toda una experiencia.
Falta mucho para las cuatro de la tarde.

viernes, julio 14, 2006

a veces vuelvo

Afrodita está definitivamente rigiendo mi vida.
Ando bailando donde no hay música, el mundo es de muchos colores, y aunque tengo los pies congelados, creo que éste no es un invierno frío.
Me compré uno de esos gorros verdes revolucionarios y me encanta cómo me veo.

En la mañana arreglé los globos y los dulces en la puerta del departamento de Jose, toqué el timbre y salí corriendo. Fue perfecto. Y a diferencia de ocasiones parecidas que prefiero no recordar, hoy recibí llamada de teléfono de gracias, incluso antes de que yo llegara a marcar su número para decirle feliz cumpleaños. Es que Jose es lo mejor.

Me avisaron que quedé seleccionada en esa constructora, para vender casas. Prefiero quedarme en Starbucks. Y parece que se puede. Volveré al delantal verde y a las siestas de media hora en los sillones cuando no haya podido dormir por estudiar teoría económica. Todo un deja vú.

Almorcé con Leo, en su casa. Cocinó él y yo lo miré, canté canciones malas y no hice nada más. Salí casi una hora tarde a la reunión del adopta, pero filo. No tenía ganas de irme antes. No di ningún tipo de explicación y por suerte nadie me la pidió. No es mi culpa que los detalles me obliguen a quedarme un ratito más, igual que cuando despierto en la mañana y los cinco minutos se convierten en mil y siempre termino quedándome dormida otra vez y soñando los mejores sueños.

Voy a tomar té.
Terminé a Rosa Montero.
Es el turno de Rosasco.

jueves, julio 13, 2006

hello, stranger

Estoy contenta.
La Mili me espera para una lectura de tarot.

En la tarde fui al Apumanque a comprar cositas para el cumpleaños de Jose (quiero llegar mañana temprano de sorpresa a dejarle globos y dulces en el pasillo), y cuando estaba sentándome a pedir un café, me llamó alguien. Cuarenta minutos después llegó, paraguas azul en la mano y esa sonrisa que me encanta, y tomamos café juntos. Conversamos de la vida y fue lindo. Todo. Como que me gusta un poco, parece. Hace mucho no me pasaba eso de reírme sola cuando escucho un nombre.

De ahora en adelante, el personaje anónimo se llamará Leo.
No hay más detalles.
Esta historia es sólo mía.