En pijama desde las siete de la tarde.
Acabo de ver Bailarina en la oscuridad y la amé.
Recién me doy cuenta que escribo el segundo post del día.
Hoy fuimos al cine con Patito, a ver Cars. Él nunca había ido y para mí fue la emoción máxima. También pasamos por McDonalds y su cajita feliz que odio, pero cómo no ofrecérsela igual. Jugamos en las escaleras mecánicas y por primera vez no me importó que alguien hablara toda la película.
Mañana vuelvo a Starbucks por dos semanas. A reemplazar a alguien, supongo. Me encanta la idea. Así pago por fin mi taller y me compro un mp3 para no seguir haciendo usufructo del que me prestó el Mono hace mil años.
Chaleco morado, las manos frías y siempre pienso en Miguel Bosé cantando que me amará, pijama celeste de satín, uñas medio despintadas, tengo que buscar pantalónbeige-poleranegra-delantalverdeconbolsillos para mañana después de la casa de la Siri, no anoté mis sueños porque no me acuerdo de mucho, un libro de Castañeda (culpable manu), calcetines blancos con rayitas de esos de Patronato, pelo suelto y cada vez menos rubio, messenger en appear offline (no sé por qué tengo la versión en inglés), obsesión indiscutible de mi blog actualizado, medio litro de té y un plato vacío que alguna vez tuvo arroz con champiñones y tomate y acelga.
Voy a llenar mi guatero y a dormir once horas.
Mis planes de viernes en la noche.
Sólo estoy para mí.
sábado, julio 08, 2006
viernes, julio 07, 2006
en la calle
Estoy de vacaciones.
Mañana, entrevista de trabajo.
Vengo llegando del langard.
La primera vez que vi al Poeta, creo que fue la primera vez pero no estoy segura, porque tengo esa imagen de él recitando en una micro que ya no sé si fue verdad o me la imaginé de tanto pensar en cómo hubiera sido, me quedé mirándolo fijo a los ojos un segundo y después tuve que mirar a otro lado. Estábamos en la caleta, en el puente. No me acuerdo qué comida llevamos.
Desde entonces, han pasado más de tres meses. Ahora vive por ahí, y yo siempre quiero verlo porque quizá lo amo un poco, con la calle y con toda la vida que lleva en la espalda. Hoy lo encontré otra vez. Nos quedamos conversando, él con la cabeza en mis piernas y yo haciéndole cariño. Le dije que lo quiero. Me dijo que él también.
Conocer al Poeta ha sido descubrir que el mundo siempre va a escapar a mi comprensión. Que hay quienes lo tienen todo, y no son nada. Y hay quienes no tienen nada, y lo son todo.
Yo no sé qué hace el Poeta todo el día, ni me importa. No sé cuáles son sus peleas más grandes, ni las manchas de su historia. No le pregunto, tampoco. Con el Poeta, me permito sentir sin intentar comprender. Darnos unos segundos de cielo. Mirar desde la vereda cómo pasa el tiempo.
Lo mejor son los jueves en la noche.
Repartir comida es la excusa.
En realidad, no es más que el día fijo de visita a mis amigos.
Mañana, entrevista de trabajo.
Vengo llegando del langard.
La primera vez que vi al Poeta, creo que fue la primera vez pero no estoy segura, porque tengo esa imagen de él recitando en una micro que ya no sé si fue verdad o me la imaginé de tanto pensar en cómo hubiera sido, me quedé mirándolo fijo a los ojos un segundo y después tuve que mirar a otro lado. Estábamos en la caleta, en el puente. No me acuerdo qué comida llevamos.
Desde entonces, han pasado más de tres meses. Ahora vive por ahí, y yo siempre quiero verlo porque quizá lo amo un poco, con la calle y con toda la vida que lleva en la espalda. Hoy lo encontré otra vez. Nos quedamos conversando, él con la cabeza en mis piernas y yo haciéndole cariño. Le dije que lo quiero. Me dijo que él también.
Conocer al Poeta ha sido descubrir que el mundo siempre va a escapar a mi comprensión. Que hay quienes lo tienen todo, y no son nada. Y hay quienes no tienen nada, y lo son todo.
Yo no sé qué hace el Poeta todo el día, ni me importa. No sé cuáles son sus peleas más grandes, ni las manchas de su historia. No le pregunto, tampoco. Con el Poeta, me permito sentir sin intentar comprender. Darnos unos segundos de cielo. Mirar desde la vereda cómo pasa el tiempo.
Lo mejor son los jueves en la noche.
Repartir comida es la excusa.
En realidad, no es más que el día fijo de visita a mis amigos.
miércoles, julio 05, 2006
fading like a flower
Soy un despojo humano.
Desde ayer, diecinueve horas de estudio seguidas.
Son las tres de la tarde, y ya dormí un ratito desde un poco antes que se fuera la Maida a dar el examen y hasta que me duché y me senté a tomar sopa y a leer sobre Michelle, pero eso no quita que me pese la noche en blanco, punto cúlmine después del amacener de hoy a partir del amuerzo de ayer, cuando empezamos a resumir la materia de clases internacional. Odio los exámenes orales.
Me da risa mientras escribo, paso por la etapa de cambiar las letras y me equivoco cuando tipeo así que me estoy demorando el doble en que las palabras se vean como deben para poder leerse después.
Tengo ganas de vestirme linda y salir a tomar café con alguien, a pesar de mi guata destrozada después de toda la cafeína de ayer. Se viene otra noche más. Vamos que se puede. Keep walking y todo eso.
Prendí un incienso de vainilla.
Tengo mucho, mucho sueño, y los ojos se me cierran solos de repente.
Escucho Roxette.
Quiero mil abrazos.
Desde ayer, diecinueve horas de estudio seguidas.
Son las tres de la tarde, y ya dormí un ratito desde un poco antes que se fuera la Maida a dar el examen y hasta que me duché y me senté a tomar sopa y a leer sobre Michelle, pero eso no quita que me pese la noche en blanco, punto cúlmine después del amacener de hoy a partir del amuerzo de ayer, cuando empezamos a resumir la materia de clases internacional. Odio los exámenes orales.
Me da risa mientras escribo, paso por la etapa de cambiar las letras y me equivoco cuando tipeo así que me estoy demorando el doble en que las palabras se vean como deben para poder leerse después.
Tengo ganas de vestirme linda y salir a tomar café con alguien, a pesar de mi guata destrozada después de toda la cafeína de ayer. Se viene otra noche más. Vamos que se puede. Keep walking y todo eso.
Prendí un incienso de vainilla.
Tengo mucho, mucho sueño, y los ojos se me cierran solos de repente.
Escucho Roxette.
Quiero mil abrazos.
martes, julio 04, 2006
una canción que te enamore
Hoy pinté un Gokusupersayayin gigante con Randy y sus hermanas y sus primos.
Estudié un poquito de Información con la Maida.
Tuve clases de arte con las niñitas.
Le hice reiki a la Mili y se acaba de ir.
Son casi las once de la noche y yo escribo que tengo frío, aunque quizá no sea tan cierto, si no que es más verdad que quiero tener frío. Qué sé yo por qué. Y ganas de dos horas libres seguidas, por lo menos, para acostarme tapada hasta el cuello y con un chocolate caliente a ver The Wall. No, no la he visto. Y eso que me la recomendó uno de esos uruguayos de los que me enamoré un par de días hace dos veranos, el mismo que me dijo oye, Amélie es tu película, la que sí me compré y he repetido más o menos cinco veces sin aburrirme ninguna.
¿Aventuras a lo largo de mi vida? Pocas. Pero buenas.
Ese arquitecto del paseo del ombligo que se parecía a Nico Ferrari, por ejemplo. O la escena casi perfecta después de trabajos de invierno, en el carrete donde apareció Fabián y todo fue culpa de la canción de fondo porque yo sólo veía inocencia aunque obvio que me equivoqué.
Me falta un poco de eso. Me falta que me pase algo con alguien. No sentir que en el fondo nunca voy a ser capaz de quedarme para siempre. No saber que al final siempre me aburro aunque en principio todo parezca nuevo y mágico. Me falta que alguien me desordene el mundo, que me descoloque, que me diga oye, me da lo mismo tu opinión, yo quiero que te quedes conmigo porque sé que vamos a ser felices juntos. Deja de escaparte pendeja insoportable, y aprende a vivir de a dos.
Eso quiero.
Nada de romances dulces y lejanos y tiernos, porque no soy Hera y no me interesa vivir a la sombra de nadie.
Una historia que me mueva, que me recuerde que estoy viva.
Que Artemisa y Afrodita salgan de entre las sombras y ya no se pierdan más.
Estudié un poquito de Información con la Maida.
Tuve clases de arte con las niñitas.
Le hice reiki a la Mili y se acaba de ir.
Son casi las once de la noche y yo escribo que tengo frío, aunque quizá no sea tan cierto, si no que es más verdad que quiero tener frío. Qué sé yo por qué. Y ganas de dos horas libres seguidas, por lo menos, para acostarme tapada hasta el cuello y con un chocolate caliente a ver The Wall. No, no la he visto. Y eso que me la recomendó uno de esos uruguayos de los que me enamoré un par de días hace dos veranos, el mismo que me dijo oye, Amélie es tu película, la que sí me compré y he repetido más o menos cinco veces sin aburrirme ninguna.
¿Aventuras a lo largo de mi vida? Pocas. Pero buenas.
Ese arquitecto del paseo del ombligo que se parecía a Nico Ferrari, por ejemplo. O la escena casi perfecta después de trabajos de invierno, en el carrete donde apareció Fabián y todo fue culpa de la canción de fondo porque yo sólo veía inocencia aunque obvio que me equivoqué.
Me falta un poco de eso. Me falta que me pase algo con alguien. No sentir que en el fondo nunca voy a ser capaz de quedarme para siempre. No saber que al final siempre me aburro aunque en principio todo parezca nuevo y mágico. Me falta que alguien me desordene el mundo, que me descoloque, que me diga oye, me da lo mismo tu opinión, yo quiero que te quedes conmigo porque sé que vamos a ser felices juntos. Deja de escaparte pendeja insoportable, y aprende a vivir de a dos.
Eso quiero.
Nada de romances dulces y lejanos y tiernos, porque no soy Hera y no me interesa vivir a la sombra de nadie.
Una historia que me mueva, que me recuerde que estoy viva.
Que Artemisa y Afrodita salgan de entre las sombras y ya no se pierdan más.
domingo, julio 02, 2006
little dreams
Recién termina el almuerzo familiar.
Tengo la ventana abierta y escucho Orishas.
Hoy mi prima me dijo que para mí todo era magia porque no entendía ni matemáticas ni ciencias, y entonces pienso en qué pasaría si lo entendiera y me gustara, y supiera por qué se caen las hojas en otoño (ayer quedaba una sola entre cinco árboles de Colón), o por qué se disuelven en agua las pastillas efervescentes, o cómo se graban las películas en un dvd o qué sé yo.
Quizá entonces sería más seria (más correcta, formal, adulta), dejaría de escribir autorreferentemente sobre las maravillas y las penas chiquititas de un mundo que no entiendo y que disfruto hasta decir basta, y me dedicaría a opinar sobre los presidentes y las guerras y todas esas cosas que pasan tan arriba y tan lejos.
Pero no.
Uno siempre escribe mejor de lo que sabe.
Y yo, de grandes temas, no sé absolutamente nada.
Tengo la ventana abierta y escucho Orishas.
Hoy mi prima me dijo que para mí todo era magia porque no entendía ni matemáticas ni ciencias, y entonces pienso en qué pasaría si lo entendiera y me gustara, y supiera por qué se caen las hojas en otoño (ayer quedaba una sola entre cinco árboles de Colón), o por qué se disuelven en agua las pastillas efervescentes, o cómo se graban las películas en un dvd o qué sé yo.
Quizá entonces sería más seria (más correcta, formal, adulta), dejaría de escribir autorreferentemente sobre las maravillas y las penas chiquititas de un mundo que no entiendo y que disfruto hasta decir basta, y me dedicaría a opinar sobre los presidentes y las guerras y todas esas cosas que pasan tan arriba y tan lejos.
Pero no.
Uno siempre escribe mejor de lo que sabe.
Y yo, de grandes temas, no sé absolutamente nada.
sábado, julio 01, 2006
mujer
Hoy, mi diosa es Oya.
Llegan los vientos de cambio.
El taller donde la Siri estuvo increíble. Ando media llorona eso sí, cerrando un par de ciclos, perdonando recuerdos, encontrando mensajes en todas las canciones y todos los textos. Claro que después de 'ella', de Bebé, y la carta del oráculo, me vine cantando mientras miraba cómo atardecía. La luna está preciosa, con un aro de luz brillantísimo. Por lo menos hasta hace media hora.
Mañana por fin no tengo nada que hacer. Sé que debiera empezar a estudiar Información. Filo. Ya habrá tiempo para eso.
Siento que en este proceso de encontrarme, me he perdido muchas veces. Pero también siento que estoy construyendo mi camino. Mirando adelante y a los ojos, y sin miedo. Siento que en días así los remezones son fuertes, para que de una vez no se me olvide nunca más quién soy.
Pelo suelto y celular en silencio.
Llegan los vientos de cambio.
El taller donde la Siri estuvo increíble. Ando media llorona eso sí, cerrando un par de ciclos, perdonando recuerdos, encontrando mensajes en todas las canciones y todos los textos. Claro que después de 'ella', de Bebé, y la carta del oráculo, me vine cantando mientras miraba cómo atardecía. La luna está preciosa, con un aro de luz brillantísimo. Por lo menos hasta hace media hora.
Mañana por fin no tengo nada que hacer. Sé que debiera empezar a estudiar Información. Filo. Ya habrá tiempo para eso.
Siento que en este proceso de encontrarme, me he perdido muchas veces. Pero también siento que estoy construyendo mi camino. Mirando adelante y a los ojos, y sin miedo. Siento que en días así los remezones son fuertes, para que de una vez no se me olvide nunca más quién soy.
Pelo suelto y celular en silencio.
Es momento de salir al bosque.
viernes, junio 30, 2006
dulce de alcayota
Si no tuviera tanto sueño, escribiría un post muy largo.
Hoy ya hace un mes que no encuentro al Poeta.
Apenas dos notas para estar de vacaciones, aunque no totalmente, siempre quedan los jueves de langar, lunes y martes de profesora, miércoles y viernes de adopta y sábados de taller, pero filo. Quiero el fin de semestre. Por favor.
Mi vida gira en torno a la línea divisoria entre el miedo al compromiso y el amor a la libertad. Me cuesta encontrar el límite. No sé en cuál de los lados estoy. Pero sé que no soy capaz de quedarme otra vez quietecita y calladita como corresponde a una niña buena. No tengo ganas. Quiero seguir sintiendo que estoy viva. Me encontré por fin y no quiero perderme de nuevo.
Anoche soñé con alguien que no conozco, pero que se llama Manuel y tiene un blog y a veces escribe sobre mí.
Desperté muerta de la risa.
Deber ser alguien muy simpático.
Hoy ya hace un mes que no encuentro al Poeta.
Apenas dos notas para estar de vacaciones, aunque no totalmente, siempre quedan los jueves de langar, lunes y martes de profesora, miércoles y viernes de adopta y sábados de taller, pero filo. Quiero el fin de semestre. Por favor.
Mi vida gira en torno a la línea divisoria entre el miedo al compromiso y el amor a la libertad. Me cuesta encontrar el límite. No sé en cuál de los lados estoy. Pero sé que no soy capaz de quedarme otra vez quietecita y calladita como corresponde a una niña buena. No tengo ganas. Quiero seguir sintiendo que estoy viva. Me encontré por fin y no quiero perderme de nuevo.
Anoche soñé con alguien que no conozco, pero que se llama Manuel y tiene un blog y a veces escribe sobre mí.
Desperté muerta de la risa.
Deber ser alguien muy simpático.
jueves, junio 29, 2006
todos juntos
Hoy fui a la casa de Randy.
Sus otras dos hermanas son muy buena onda.
Hicimos una tarea de matemáticas y vimos una teleserie mexicana.
Claro que, en la micro de vuelta, me dio toda la pena que no pude tener mientras tomábamos cocacola y comíamos galletitas, y lloré el camino casi completo a Parque Arauco, a juntarme con la Toña.
Pienso en mis amigos. En la gente que he conocido los jueves en la noche. Y aprieto fuerte la cruz que me regaló Cristian.
Me da rabia saber y mirar cómo hay personas tan increíbles que viven en un entorno que no las merece. Cómo se terminan perdiendo porque en la calle las drogas se los comen de a poco, porque en sus casas no los quieren ver, porque el mundo les da la espalda y nadie entiende que no se trata de regalar monedas, ni comida, ni ropa, sino de vivir en lo que corresponde, en justicia y dignidad, sin distinciones sociales ni de ningún tipo.
Es la impotencia.
Quiero una varita mágica para arreglar el mundo.
Y la quiero ahora.
Sus otras dos hermanas son muy buena onda.
Hicimos una tarea de matemáticas y vimos una teleserie mexicana.
Claro que, en la micro de vuelta, me dio toda la pena que no pude tener mientras tomábamos cocacola y comíamos galletitas, y lloré el camino casi completo a Parque Arauco, a juntarme con la Toña.
Pienso en mis amigos. En la gente que he conocido los jueves en la noche. Y aprieto fuerte la cruz que me regaló Cristian.
Me da rabia saber y mirar cómo hay personas tan increíbles que viven en un entorno que no las merece. Cómo se terminan perdiendo porque en la calle las drogas se los comen de a poco, porque en sus casas no los quieren ver, porque el mundo les da la espalda y nadie entiende que no se trata de regalar monedas, ni comida, ni ropa, sino de vivir en lo que corresponde, en justicia y dignidad, sin distinciones sociales ni de ningún tipo.
Es la impotencia.
Quiero una varita mágica para arreglar el mundo.
Y la quiero ahora.
miércoles, junio 28, 2006
corazón de tiza
Ayer me pinté un mechoncito de pelo fucsia y ya está casi desteñido.
Estoy comiendo mil emeiemes.
En la tarde me encontré con Cristian y la Josie en la esquina de la Posta y nos quedamos conversando de la vida un rato. Conocí al Nano y su polola, la Jocelyn, que está esperando guagüita de cinco meses y quería comer manzana. Lo pasé muy bien. Además, Cristian me regaló una cruz de madera preciosa que ahora llevo en la muñeca derecha.
Canción de la semana: la calle, de Orishas. Claro que creo que jamás me la voy a aprender, pero filo. Me encanta.
Nunca me había puesto mini con pantalones, hoy lo hice y fue bacán. También tomé café con vainilla. Comí sushi. Hablé con mi hermano. Fui a la casa de la Siri. Terminamos el trabajo de gráfica con la Celeste, quedó muy lindo. Salí sin parka y salté en las pozas de agua. Le saqué la lengua a un niñito. Coqueteé un poco con un ciclista. Me fui a pasear por el mundo mucho antes de que terminara la hora de Interactiva.
No tengo ganas de enamorarme, ni de encontrar a la persona perfecta para pasar las tardes de domingo. De momento, he vuelto a descubrir la paz máxima de la soledad. Me gusto. Y me gusta escuchar a Bebé cantando que el mundo es sólo para mí.
Mil ganas de subirme a un bus y partir a Viña a ver el mar.
Se acabaron los emeimes.
A ver si termino a Vargas Llosa antes de dormir.
Estoy comiendo mil emeiemes.
En la tarde me encontré con Cristian y la Josie en la esquina de la Posta y nos quedamos conversando de la vida un rato. Conocí al Nano y su polola, la Jocelyn, que está esperando guagüita de cinco meses y quería comer manzana. Lo pasé muy bien. Además, Cristian me regaló una cruz de madera preciosa que ahora llevo en la muñeca derecha.
Canción de la semana: la calle, de Orishas. Claro que creo que jamás me la voy a aprender, pero filo. Me encanta.
Nunca me había puesto mini con pantalones, hoy lo hice y fue bacán. También tomé café con vainilla. Comí sushi. Hablé con mi hermano. Fui a la casa de la Siri. Terminamos el trabajo de gráfica con la Celeste, quedó muy lindo. Salí sin parka y salté en las pozas de agua. Le saqué la lengua a un niñito. Coqueteé un poco con un ciclista. Me fui a pasear por el mundo mucho antes de que terminara la hora de Interactiva.
No tengo ganas de enamorarme, ni de encontrar a la persona perfecta para pasar las tardes de domingo. De momento, he vuelto a descubrir la paz máxima de la soledad. Me gusto. Y me gusta escuchar a Bebé cantando que el mundo es sólo para mí.
Mil ganas de subirme a un bus y partir a Viña a ver el mar.
Se acabaron los emeimes.
A ver si termino a Vargas Llosa antes de dormir.
lunes, junio 26, 2006
ojos de papel
Tarde de tejido.
Media frazada de cuadraditos lista.
Aniversario de seis años con mi mejor amigo.
Tengo dos hermanos nuevos, que se llaman Randy y Pato. Los conocí el viernes a las tres de la tarde en su escuela, al fin presentaciones formales del adopta. Son bacanes. Jugamos fútbol y corrimos y los llevé a caballito un rato.
Todo esto después de una reunión de trabajo que ojalá resulte, en una empresa de propiedades donde dejé curriculum en marzo y pensé que nunca me iban a llamar. Otra entrevista esta semana, donde mismo. Sería entretenido vender casas.
Viernes en la noche, carrete donde la Toña. Hice manjar. Ayer me quedé en cama todo el día, vi películas y leí a Vargas Llosa. Demasiado frío para levantarme.
Hoy vinieron la Hari y la Evelyn. Lo pasé bien. Leímos el tarot y conversamos de la vida. La Evelyn compró queque y galletitas. A la hora de almuerzo, salió Pedro hablando en la tele. También, de lejos, varias personas que conozco en la Posta. Grité de la emoción todo el rato. Se veían guapos mis chiquis.
Me duele un poco el hombro izquierdo.
Hace una semana ando siempre con el pelo suelto.
Bajé muchas canciones de Orishas.
Media frazada de cuadraditos lista.
Aniversario de seis años con mi mejor amigo.
Tengo dos hermanos nuevos, que se llaman Randy y Pato. Los conocí el viernes a las tres de la tarde en su escuela, al fin presentaciones formales del adopta. Son bacanes. Jugamos fútbol y corrimos y los llevé a caballito un rato.
Todo esto después de una reunión de trabajo que ojalá resulte, en una empresa de propiedades donde dejé curriculum en marzo y pensé que nunca me iban a llamar. Otra entrevista esta semana, donde mismo. Sería entretenido vender casas.
Viernes en la noche, carrete donde la Toña. Hice manjar. Ayer me quedé en cama todo el día, vi películas y leí a Vargas Llosa. Demasiado frío para levantarme.
Hoy vinieron la Hari y la Evelyn. Lo pasé bien. Leímos el tarot y conversamos de la vida. La Evelyn compró queque y galletitas. A la hora de almuerzo, salió Pedro hablando en la tele. También, de lejos, varias personas que conozco en la Posta. Grité de la emoción todo el rato. Se veían guapos mis chiquis.
Me duele un poco el hombro izquierdo.
Hace una semana ando siempre con el pelo suelto.
Bajé muchas canciones de Orishas.
jueves, junio 22, 2006
tan real como la vida
Hoy caminé desde la estación Mapocho hasta Salvador.
Paseé por la Vega, fui a Starbucks y busqué al Poeta sin encontrarlo, así que le dejé una notita colgada en la reja, atrás de un poema suyo que encontré en el suelo.
Mi ahorro de ciento veinte pesos (y del horrible viaje en metro) se convirtió en una bolsa de nueces muy ricas, que comí sin compartir mirando los árboles del Parque Forestal, mientras cantaba 'esta soy yo' a gritos.
En el intertanto, me di cuenta que toda mi etapa de vaivenes emocionales se relacionó directamente con haber abandonado los libros y la escritura en general, descontando el blog, claro. Así es que ahora, congelándome con un guatero en las rodillas, tengo a Vargas Llosa a medio leer encima de mi cama y el cuadernito de taller lleno de comienzos de cuentos.
Mientras esperaba a Marcos, me senté a cantar en ese árbol gigante que tiene flores pintadas y que me fascina porque es muy cómodo. Me acosté en el pasto a mirar el cielo que estaba precioso, y descubrí que si camino arrastrando los pies en el maicillo es como si estuviera sin zapatos. Todo eso en dieciocho minutos y un poco más, porque llegué temprano.
Excelente día.
En la esquina de mi casa, vi la primera estrella.
No tuve ningún deseo que pedirle.
Paseé por la Vega, fui a Starbucks y busqué al Poeta sin encontrarlo, así que le dejé una notita colgada en la reja, atrás de un poema suyo que encontré en el suelo.
Mi ahorro de ciento veinte pesos (y del horrible viaje en metro) se convirtió en una bolsa de nueces muy ricas, que comí sin compartir mirando los árboles del Parque Forestal, mientras cantaba 'esta soy yo' a gritos.
En el intertanto, me di cuenta que toda mi etapa de vaivenes emocionales se relacionó directamente con haber abandonado los libros y la escritura en general, descontando el blog, claro. Así es que ahora, congelándome con un guatero en las rodillas, tengo a Vargas Llosa a medio leer encima de mi cama y el cuadernito de taller lleno de comienzos de cuentos.
Mientras esperaba a Marcos, me senté a cantar en ese árbol gigante que tiene flores pintadas y que me fascina porque es muy cómodo. Me acosté en el pasto a mirar el cielo que estaba precioso, y descubrí que si camino arrastrando los pies en el maicillo es como si estuviera sin zapatos. Todo eso en dieciocho minutos y un poco más, porque llegué temprano.
Excelente día.
En la esquina de mi casa, vi la primera estrella.
No tuve ningún deseo que pedirle.
martes, junio 20, 2006
brazos de sol
Olor a humo.
Falda con tierra.
Pelo suelto y un poco ondulado.
Hace veinte minutos terminé de quemar muchas fotos antiguas y un par de papeles que no quería ver más. Canciones de fondo elegidas, Foolish Games y una triste de Amélie mientras miraba las cenizas en el agua sucia del parque San Borja.
Me hizo bien. Siempre me hace bien materializar las decisiones. Dejar de actuar como Hera y comenzar a vivir mi Artemisa.
Ayer, al cine. Hierro3. Sola. Hace tiempo no me pasaba la tarde en una sala casi vacía disfrutando la libertad máxima de nadie al lado comentando nada. La película es una obra de arte. Me encantó la magia de la línea divisoria que no existe entre la realidad y la fantasía.
Estoy tranquila, contenta, con un poco de hambre aunque acabo de comer mucho chocolate, de polera blanca manga tres cuartos, frente al trabajo de Interactiva apenas comenzado, muerta de ganas de un café caliente leyendo a Vargas Llosa abajo de mil frazadas.
Y disfrutando eternamente mi soledad divina en la Tierra.
Falda con tierra.
Pelo suelto y un poco ondulado.
Hace veinte minutos terminé de quemar muchas fotos antiguas y un par de papeles que no quería ver más. Canciones de fondo elegidas, Foolish Games y una triste de Amélie mientras miraba las cenizas en el agua sucia del parque San Borja.
Me hizo bien. Siempre me hace bien materializar las decisiones. Dejar de actuar como Hera y comenzar a vivir mi Artemisa.
Ayer, al cine. Hierro3. Sola. Hace tiempo no me pasaba la tarde en una sala casi vacía disfrutando la libertad máxima de nadie al lado comentando nada. La película es una obra de arte. Me encantó la magia de la línea divisoria que no existe entre la realidad y la fantasía.
Estoy tranquila, contenta, con un poco de hambre aunque acabo de comer mucho chocolate, de polera blanca manga tres cuartos, frente al trabajo de Interactiva apenas comenzado, muerta de ganas de un café caliente leyendo a Vargas Llosa abajo de mil frazadas.
Y disfrutando eternamente mi soledad divina en la Tierra.
lunes, junio 19, 2006
catch me when i fall
Tarde de primas y noche de mujeres.
Dos segundos para sentarme frente al computador a escribir que me encanta estar con mis amigas y sacarnos millones de fotos y reírnos demasiado fuerte para ser las doce de la noche mientras jugamos verdad o consecuencia con preguntas que se repiten desde que teníamos trece.
La Fran siempre fuma colgada de mi ventana. Trabaja en Starbucks, se hizo extensiones [agradece a la persona muerta por su pelo], compra carteras caras y usa ropa top. Le gusta la música media alternativa y su sueño es aprender a hacer argollas con el humo. Da risa cuando se ríe. Cuenta sus historias de infancia con ruidos, como la repisa que alguna vez hizo plaf. Es libra y se le nota.
La Toña es la primera en quedarse dormida cuando vemos películas. Encuentra que los Belmont tienen olor a marihuana y su vida está llena de frases célebres del tipo "me siento observada cuando me miran". Llama a su papá para que mate los bichos, aunque de repente desafía a las arañas mirándolas fijo. Pone las mejores caras de sex symbol para las fotos. Es capricornio, y también se le nota.
La Fran y la Toña no son invitadas. Saben dónde se guardan las cosas en mi cocina, pueden quedarse durmiendo si yo tengo clases temprano, saben a quiénes he besado y cuándo.
Con la Fran y la Toña, los momentos compartidos son tantos que con una palabra se recuerda toda una historia. Hay canciones a gritos, fiestas malas [y buenas], peleas a muerte con su respectivas reconciliaciones, noches de llanto y risas y confesiones en Algarrobo, ese paseo en bicicleta en que terminamos perdidas para variar, los momentos depresivos de Paolo Meneguzzi y bailes con Backstreet Boys.
Noche de cámara digital y poses.
Frazadas en el suelo.
A esta hora, despeinada, sin aros, cantando.
Dos segundos para sentarme frente al computador a escribir que me encanta estar con mis amigas y sacarnos millones de fotos y reírnos demasiado fuerte para ser las doce de la noche mientras jugamos verdad o consecuencia con preguntas que se repiten desde que teníamos trece.
La Fran siempre fuma colgada de mi ventana. Trabaja en Starbucks, se hizo extensiones [agradece a la persona muerta por su pelo], compra carteras caras y usa ropa top. Le gusta la música media alternativa y su sueño es aprender a hacer argollas con el humo. Da risa cuando se ríe. Cuenta sus historias de infancia con ruidos, como la repisa que alguna vez hizo plaf. Es libra y se le nota.
La Toña es la primera en quedarse dormida cuando vemos películas. Encuentra que los Belmont tienen olor a marihuana y su vida está llena de frases célebres del tipo "me siento observada cuando me miran". Llama a su papá para que mate los bichos, aunque de repente desafía a las arañas mirándolas fijo. Pone las mejores caras de sex symbol para las fotos. Es capricornio, y también se le nota.
La Fran y la Toña no son invitadas. Saben dónde se guardan las cosas en mi cocina, pueden quedarse durmiendo si yo tengo clases temprano, saben a quiénes he besado y cuándo.
Con la Fran y la Toña, los momentos compartidos son tantos que con una palabra se recuerda toda una historia. Hay canciones a gritos, fiestas malas [y buenas], peleas a muerte con su respectivas reconciliaciones, noches de llanto y risas y confesiones en Algarrobo, ese paseo en bicicleta en que terminamos perdidas para variar, los momentos depresivos de Paolo Meneguzzi y bailes con Backstreet Boys.
Noche de cámara digital y poses.
Frazadas en el suelo.
A esta hora, despeinada, sin aros, cantando.
sábado, junio 17, 2006
unicornio azul
Restauración del alma femenina.
Así se llama el taller que empecé hoy.
A las once de la mañana llegué a la casa de la Siri. Claro que muerta de sueño porque anoche se nos ocurrió ir a bailar y a ver a René y recién estuve de vuelta en mi cama a las seis y media. Filo. Hace mucho que no carretiaba, y Kamikaze estuvo muy bien. Objetivamente.
La primera sesión del taller se trató de reconocer a las diosas que predominan en cada una. También hicimos pan amasado, y contamos historias. Aprendí montones. De repente, fue obvio el fracaso constante de mi vida amorosa. Es imposible mantener una relación donde no actúo de acuerdo a mi esencia. Y tiendo a hacerlo, aunque nunca me había dado cuenta.
¿Amé a Claudio? No lo dudo. Pero no desde mí, sino desde quien yo pensaba que él quería que yo fuera. Desde esa mujer sumisa y dócil y buena a la que le gustaba ordenar la casa y lavar los platos. Sin el mundo propio que tanto disfruto.
Me pasa, cuando me gusta alguien, que se me olvida cuánto me gusto yo. Y antepongo sus intereses, sus sueños, y me entrego, claro, pero me pierdo en el camino. Y esa entrega no vale nada.
De vuelta a mi casa, me acosté un ratito en un banco de madera verde a mirar el cielo. Lloré y me reí y canté caminando por el parque mucho rato.
Me senté en el pasto húmedo y verde oscuro.
Al frente, autos y micros, un árbol gigante.
Y el atardecer naranjo de Santiago casi a las seis de la tarde.
Así se llama el taller que empecé hoy.
A las once de la mañana llegué a la casa de la Siri. Claro que muerta de sueño porque anoche se nos ocurrió ir a bailar y a ver a René y recién estuve de vuelta en mi cama a las seis y media. Filo. Hace mucho que no carretiaba, y Kamikaze estuvo muy bien. Objetivamente.
La primera sesión del taller se trató de reconocer a las diosas que predominan en cada una. También hicimos pan amasado, y contamos historias. Aprendí montones. De repente, fue obvio el fracaso constante de mi vida amorosa. Es imposible mantener una relación donde no actúo de acuerdo a mi esencia. Y tiendo a hacerlo, aunque nunca me había dado cuenta.
¿Amé a Claudio? No lo dudo. Pero no desde mí, sino desde quien yo pensaba que él quería que yo fuera. Desde esa mujer sumisa y dócil y buena a la que le gustaba ordenar la casa y lavar los platos. Sin el mundo propio que tanto disfruto.
Me pasa, cuando me gusta alguien, que se me olvida cuánto me gusto yo. Y antepongo sus intereses, sus sueños, y me entrego, claro, pero me pierdo en el camino. Y esa entrega no vale nada.
De vuelta a mi casa, me acosté un ratito en un banco de madera verde a mirar el cielo. Lloré y me reí y canté caminando por el parque mucho rato.
Me senté en el pasto húmedo y verde oscuro.
Al frente, autos y micros, un árbol gigante.
Y el atardecer naranjo de Santiago casi a las seis de la tarde.
viernes, junio 16, 2006
ojos de cielo
Toalla en la cabeza.
Sin calcetines ni zapatos.
Un poco de frío.
Ayer, Pedro me preguntó por qué me gustaba ir al langar. Pregunta retórica, claro, porque no me hubiera escuchado aunque le hubiera respondido.
Y, la verdad, no se trata de que los jueves en la noche me hagan sentir una buena persona, ni valorar mi cama y mi casa, aunque las primeras dos visitas hayan tenido ese efecto obvio y medio cliché.
Se trata de que, en los puentes, en la Posta, con Lucho, Cristopher, la Ely, Paul, el tío Mario, Pedro, la Nati, la Juanita, Darwin, el Poeta, la Josy y cada persona que voy conociendo, aprendo algo nuevo.
Se trata de la admiración que siento cada vez que escucho la sabiduría máxima en las frases más simples, en lo cotidiano, en descubrir quiénes somos, cada uno, y vivir de acuerdo a eso.
Se trata de la felicidad y la certeza de no necesitar nada más cuando estoy sentada conversando o cantando RBD, o escuchando pedacitos de historias de amor, porque siento que con personas que han vivido mucho, no tengo nada que entregar y sólo me queda ser.
No me siento salvadora del mundo.
Más bien, soy lo más pequeñito entre la inmensidad.
Sin calcetines ni zapatos.
Un poco de frío.
Ayer, Pedro me preguntó por qué me gustaba ir al langar. Pregunta retórica, claro, porque no me hubiera escuchado aunque le hubiera respondido.
Y, la verdad, no se trata de que los jueves en la noche me hagan sentir una buena persona, ni valorar mi cama y mi casa, aunque las primeras dos visitas hayan tenido ese efecto obvio y medio cliché.
Se trata de que, en los puentes, en la Posta, con Lucho, Cristopher, la Ely, Paul, el tío Mario, Pedro, la Nati, la Juanita, Darwin, el Poeta, la Josy y cada persona que voy conociendo, aprendo algo nuevo.
Se trata de la admiración que siento cada vez que escucho la sabiduría máxima en las frases más simples, en lo cotidiano, en descubrir quiénes somos, cada uno, y vivir de acuerdo a eso.
Se trata de la felicidad y la certeza de no necesitar nada más cuando estoy sentada conversando o cantando RBD, o escuchando pedacitos de historias de amor, porque siento que con personas que han vivido mucho, no tengo nada que entregar y sólo me queda ser.
No me siento salvadora del mundo.
Más bien, soy lo más pequeñito entre la inmensidad.
miércoles, junio 14, 2006
sobran los motivos
Tranquila.
Acabo de borrar muchas fotos de mi computador.
En la mañana tuve la prueba de Información que me dejó encerrada casi todo el fin de semana y me fue mal. Moraleja aprendida, nunca más estudio porque siempre me preguntan lo que no sé. Después fuimos con la Dani a Rosas, compré maripositas para pegarle a un polerón. Última prueba de noticias y mucho rato conversando con la Siri antes de venir a mi casa.
Ahora, pijama y películas. Eso quiero. El tecito que me acaba de traer la Roci y la tarde soñando despierta y dormida, porque anoche puse un guatero antes de acostarme y cuando desperté (a estudiar, obvio, loca obsesiva por primera vez en cuatro años) todavía estaba el agua caliente. Tengo mucho sueño y una nueva canción que me encanta.
Ayer estaba triste y fui a ver si encontraba al Poeta.
Por ahí andaba.
La magia máxima de hacer lo que uno quiere.
Acabo de borrar muchas fotos de mi computador.
En la mañana tuve la prueba de Información que me dejó encerrada casi todo el fin de semana y me fue mal. Moraleja aprendida, nunca más estudio porque siempre me preguntan lo que no sé. Después fuimos con la Dani a Rosas, compré maripositas para pegarle a un polerón. Última prueba de noticias y mucho rato conversando con la Siri antes de venir a mi casa.
Ahora, pijama y películas. Eso quiero. El tecito que me acaba de traer la Roci y la tarde soñando despierta y dormida, porque anoche puse un guatero antes de acostarme y cuando desperté (a estudiar, obvio, loca obsesiva por primera vez en cuatro años) todavía estaba el agua caliente. Tengo mucho sueño y una nueva canción que me encanta.
Ayer estaba triste y fui a ver si encontraba al Poeta.
Por ahí andaba.
La magia máxima de hacer lo que uno quiere.
lunes, junio 12, 2006
bittersweet symphony
La soledad más absoluta.
Ésa de cuando ya no quedan ni excusas para pensar en alguien.
Moño mal hecho y los pies congelados, incluso adentro de los calcetines de lana que me compré en Calbuco. El corazón latiendo rápido. Un poquito mareada y dolor de garganta cuando trago. Cero hambre. Los ojos que se me cierran sin sueño. Y me dan ganas de tomar todo lo que no he tomado en veintiún años, de carretiar para siempre, de olvidarme y bailar y besar a cualquiera y vivir la aventura de mi vida aunque no sienta nada.
Yo, cayendo al vacío.
Otra vez.
No me pienso levantar hoy.
Ésa de cuando ya no quedan ni excusas para pensar en alguien.
Moño mal hecho y los pies congelados, incluso adentro de los calcetines de lana que me compré en Calbuco. El corazón latiendo rápido. Un poquito mareada y dolor de garganta cuando trago. Cero hambre. Los ojos que se me cierran sin sueño. Y me dan ganas de tomar todo lo que no he tomado en veintiún años, de carretiar para siempre, de olvidarme y bailar y besar a cualquiera y vivir la aventura de mi vida aunque no sienta nada.
Yo, cayendo al vacío.
Otra vez.
No me pienso levantar hoy.
sábado, junio 10, 2006
dulce locura
Día de cartas.
Y de buenos encuentros.
Ayer, en el langar, conocí a una niña muy simpática. Tiene quince años y hoy nos juntamos a una lectura de tarot frente al Santa Isabel que queda cerca de la Posta.
Cada vez me sorprende un poquito más todo lo que uno puede aprender de las personas que han vivido mucho. Y me doy cuenta de que yo no he vivido nada.
Vengo llegando de otra lectura, en Starbucks, con un amigo de la Dani que se llama Sebastián. Un amor. Me reí mil horas y cantamos Frank Sinatra fuerte de vuelta a mi casa.
Hoy, pelo suelto, mil sonrisas, música antigua, hojas cayendo perfecto, almuerzo donde la Javi y quince minutos con la Siri, micros rápidas y vacías, frío pero no tanto, sueño, certezas, celular prendido, mariposas en todas partes, los dos manqueques de chocolate que me regaló ayer el Poeta y escalofríos de buenos presagios.
Contenta.
Muy.
Voy a estudiar Información.
Y de buenos encuentros.
Ayer, en el langar, conocí a una niña muy simpática. Tiene quince años y hoy nos juntamos a una lectura de tarot frente al Santa Isabel que queda cerca de la Posta.
Cada vez me sorprende un poquito más todo lo que uno puede aprender de las personas que han vivido mucho. Y me doy cuenta de que yo no he vivido nada.
Vengo llegando de otra lectura, en Starbucks, con un amigo de la Dani que se llama Sebastián. Un amor. Me reí mil horas y cantamos Frank Sinatra fuerte de vuelta a mi casa.
Hoy, pelo suelto, mil sonrisas, música antigua, hojas cayendo perfecto, almuerzo donde la Javi y quince minutos con la Siri, micros rápidas y vacías, frío pero no tanto, sueño, certezas, celular prendido, mariposas en todas partes, los dos manqueques de chocolate que me regaló ayer el Poeta y escalofríos de buenos presagios.
Contenta.
Muy.
Voy a estudiar Información.
jueves, junio 08, 2006
viejo cuento
Una taza grande de té tibio.
Dos sopaipillas en la estufa.
Escribo en pijama celeste.
No tenía ganas de volver a mi casa después de entrevistar al doctor, así que me quedé paseando por Providencia un ratito que terminó convirtiéndose en un par de horas, claro que me senté en un banco a cantar y tejer la bufanda del Poeta mientras miraba pasar los autos.
Después, la Toña me invitó un chocolate caliente y un donut mientras me leía el eneagrama.
Jai Satya Kaur. La princesa que se atreve a que la verdad prevalezca, y el don de eliminar la oscuridad, tanto en mi vida como en la de otros. Así me llamo ahora.
Llevo casi una semana de oscilación constante entre la felicidad máxima y la melancolía eterna.
Sueño mucho y duermo poco.
Hace frío.
Dos sopaipillas en la estufa.
Escribo en pijama celeste.
No tenía ganas de volver a mi casa después de entrevistar al doctor, así que me quedé paseando por Providencia un ratito que terminó convirtiéndose en un par de horas, claro que me senté en un banco a cantar y tejer la bufanda del Poeta mientras miraba pasar los autos.
Después, la Toña me invitó un chocolate caliente y un donut mientras me leía el eneagrama.
Jai Satya Kaur. La princesa que se atreve a que la verdad prevalezca, y el don de eliminar la oscuridad, tanto en mi vida como en la de otros. Así me llamo ahora.
Llevo casi una semana de oscilación constante entre la felicidad máxima y la melancolía eterna.
Sueño mucho y duermo poco.
Hace frío.
domingo, junio 04, 2006
corazón irreversible
Soy,
solamente,
un montón de recuerdos encerrados en un cuerpo envuelto en parka y pantys y minifalda y zapatillas,
queriendo dormir,
(y no)
a las tres de la mañana de un domingo sin compromisos,
ni compañía.
Uñas pintadas y un poco de frío,
música triste, sonrisa eterna
(ante la certeza y la voluntad y la fe).
Soy,
solamente,
la nostalgia absurda con ojos que brillan en una pieza llena de papeles.
Fotos recortadas, silencios incompletos, sueños reales,
saltos al vacío (y golpes),
ganas de volar alto,
de perderme en el infinito para siempre.
El pelo suelto, un anillo de mariposa, pulseras que cantan y la frente apoyada (a veces), en las manos grandes.
Soy,
solamente,
la búsqueda constante del camino perfecto,
un par de lágrimas saladas,
una caja de cartas (y cuadernos) escondida en el clóset,
los secretos compartidos en las noches más oscuras.
Palabras nunca dichas
y un corazón que late rápido
con los ojos cerrados.
solamente,
un montón de recuerdos encerrados en un cuerpo envuelto en parka y pantys y minifalda y zapatillas,
queriendo dormir,
(y no)
a las tres de la mañana de un domingo sin compromisos,
ni compañía.
Uñas pintadas y un poco de frío,
música triste, sonrisa eterna
(ante la certeza y la voluntad y la fe).
Soy,
solamente,
la nostalgia absurda con ojos que brillan en una pieza llena de papeles.
Fotos recortadas, silencios incompletos, sueños reales,
saltos al vacío (y golpes),
ganas de volar alto,
de perderme en el infinito para siempre.
El pelo suelto, un anillo de mariposa, pulseras que cantan y la frente apoyada (a veces), en las manos grandes.
Soy,
solamente,
la búsqueda constante del camino perfecto,
un par de lágrimas saladas,
una caja de cartas (y cuadernos) escondida en el clóset,
los secretos compartidos en las noches más oscuras.
Palabras nunca dichas
y un corazón que late rápido
con los ojos cerrados.
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