miércoles, enero 17, 2007
mágico delirio
No siempre he sido como soy.
De hecho, hasta antes de conocer a Franco yo nunca quise algo serio. O sea, claro, decía que sí, pero cuando llegaba alguien y aparecía la posibilidad de amar, salía corriendo. Creo que un par de veces no lo hice. Pero entonces quienes salieron corriendo fueron ellos y, para que haya una pareja, todo debe ser mutuo. No tener miedo y sí tener amor, paciencia, capacidad de entregarse y soñar y construir el mundo juntos.
Yo era de aventuras. Ahora me doy cuenta, obvio. En su momento, hubiera jurado de guata que todo era sincero cuando en realidad buscaba la emoción, el juego. Ese típico gallo que se las da de guapo inalcanzable y que en realidad no es capaz de asumir un compromiso. Pero es difícil, cuando una no se quiere tanto, darse cuenta que la otra persona tampoco la quiere. Más que difícil, casi imposible. Para mí, por lo menos, fue un proceso.
Fueron muchos capítulos de libros, tiradas de tarot y un taller de mujeres donde hicimos pan amasado. Fue cantar fuerte en la calle hasta que se me acabó la vergüenza. Fue llorar en las micros y en los paraderos y mientras escribía mi blog. Fue caerme tan, tan fuerte, y tantas veces, que llegué a pensar que nunca más me levantaría. Fue tener miedo y sentirme sola, infinitamente sola.
Fue descubrir que Franco es más que un montón de adrenalina. Que es mañanas y noches, almuerzos, peleas, resfríos, cumpleaños, sorpresas y costumbres.
Y ahora cierro los ojos y lo veo.
Y lo amo.
Y me encanta ser tan feliz, tan completa, tan mujer.
martes, enero 16, 2007
perder la compostura
Escucho Miranda.
Hoy publicaron por primera vez mi nombre en la revista Ya.
Poti, el hamster de la Maida, está enfermo y resulta que los veterinarios no ven hamsters, qué sé yo por qué para ellos la vida de un roedor pequeñito vale tanto menos que la de cualquier otro animal con cuatro patas grandes. Si muere será pura negligencia médica.
Anoche, cumpleaños de la Coté. Me encantó pasarlo bien con mi novio y creo que nos hace falta más tiempo sin obligaciones urgentes. Porque yo, con setenta y cinco horas de trabajo semanales, no alcanzo ni a dormir. Quiero que se acabe el verano y tener vida otra vez, aunque en este momento exacto esté disfrutando mi práctica frente al computador.
No me gusta el día oscuro.
Prefiero derretirme almorzando al sol, que morir de frío en verano.
Voy a convertirme en soldadita de la Revolución de la Cuchara.
lunes, enero 15, 2007
just upon a smile
Me siento como Garfield.
Muero de sueño frente al computador y no puedo esperar a que sea sábado para irnos a la playa con Franco en el fin de semana que pedí sin sueldo. Días libres, al fin. No tengo uno desde el año nuevo.
La conversación de la madrugada del domingo me hizo bien. Y releer los últimos dos capítulos de "Mujeres que corren con los lobos", también. Es que claro, empiezo a no tener tiempo y me pierdo. Se me olvida que no sólo me gusta, sino que necesito el espacio para respirar y estar sola conmigo. Para regresar al hogar, recordar quién soy y qué estoy haciendo acá.
Mi novio, también, es mi maestro y mi amigo.
Es el hombre que más admiro y el único que amo.
Hoy, rosada y bostezando.
martes, enero 09, 2007
a whole new world
Cuando empecé a escribir, nunca había visto un blog. Me acuerdo. Y fui al cine ese día, aunque no tengo idea qué película. Fue hace un año y medio. Acá, con fondo negro y letras blancas, ha quedado registro de los cambios más importantes en mi vida. Alguna vez que no exagere. Mi mujer interna y yo sabemos que es cierto hasta los huesos.
No podría dejar este espacio. Claro, paso por etapas de abandono y negación, a veces incluso se me olvida que escribo porque es mi forma de respirar, de dejar de sentirme ahogada cuando el mundo me pesa tanto, de encontrarle un sentido a los detalles de todos los días, de recordar la verdad en los momentos en que la memoria me quiere engañar para que crea que todo tiempo pasado fue mejor, aunque sé que ésa es la mentira más grande. En tiempos pasados, hubo de todo y ahora también y mañana no me cabe duda.
Me gusta que me lean. Me gusta que me comenten, que con algunos nos hayamos hecho amigos tomando café o hablando por Messenger. Me gusta haber llegado a las cuatro mil visitas con que soñaba desde que empecé a postear y leía el blog de Ana María, a su vez, mi primera fiel lectora. Me gustan las letras como me han gustado siempre.
Cuando era chica nunca tuve muchas amigas. Quizá si no hubiera pasado tantos recreos en la biblioteca del colegio, nunca hubiera descubierto cuánto me apasiona la fantasía. Porque, a fin de cuentas y hoy sentada en el diario El Mercurio con tarjeta de crédito en la billetera y un novio que es casi marido, sé, sin dudas, que lo que me mueve y por lo que me levanto todos los días es porque creo que hay algo más. Que no somos, solamente, un montón de papeles vacíos.
Somos historias de magia, de dolor, de risa.
Pero, sobre todo, somos historias que viven y existen.
Somos la fantasía.
lunes, enero 08, 2007
flores amarillas
Hoy se cumplen seis meses desde que conocí a Franco.
Me acuerdo que la primera vez que hablamos yo le dije muerta de la risa que lo amaba. Y era verdad.
Creo que no es fácil dejar entrar a alguien en la vida. Para mí, no fue fácil comprender que ya no era una, que ya no estaba sola, que, de repente, existía un nosotros que iba más allá de un ratito o de la emoción máxima eterna del principio.
Pero existe y ahora lo sé. Hay un camino adelante y a veces será tomarnos la mano y a veces correr en distintas direcciones, y a veces nos amaremos y nos odiaremos y quizá, sólo quizá, descubriremos que el cielo es lo que existe cuando estamos juntos y abrazados con los ojos tan abiertos y dormidos.
Amor, mi amor.
Toda la vida no alcanza a ser suficiente tiempo.
Yo me quedo contigo.
jueves, enero 04, 2007
princesas de cristal
Hoy, con polerón y un café de vainilla.
Estoy en shock después de haber leído muchísimas páginas web pro Mía y Ana. Bulimia y anorexia, en sus nombres tradicionales. Niñitas de quince años que se están matando todos los días y se ayudan a eso con consejos para vomitar mejor y más veces y para que se acabe el hambre y con un credo que termina en amén y que dice que creen en el infierno porque sienten que viven ahí todos los días.
Cuando yo estaba en el colegio, una de mis mejores amigas tuvo anorexia. Más allá de todo lo que significó a nivel físico, también quiso decir que la perdimos durante mucho tiempo. Ahora está mejor, claro. Y más linda. Porque el cuerpo perfecto no es el de las modelos que aparecen en la tele. El cuerpo perfecto es el de cada una, es la magia de las diferencias, de lo único, de lo propio. Cada cuerpo es perfecto en sí mismo porque, a pesar de los intentos, es imposible de igualar. Viene con marcas, con formas, con pliegues. Viene llamado a cumplir la función de transportar nuestra alma. Y si cada cuerpo tiene sus limitaciones, tiene también sus ventajas. Y si somos como somos y no como la sociedad nos quiere imponer, quizá descubramos al fin que la fuerza de todos los cuerpos juntos es más fuerte.
Tengo un poco de angustia.
¿Quién quiere cambiar el mundo conmigo?
miércoles, enero 03, 2007
the only way
Computador y teléfono todo el día.
Ahora estoy comiendo un chocolate con avellanas que me regaló anoche mi novio junto con unos canapés bacanes que preparó para celebrar el comienzo de mi vida de estudiante casi profesional.
No sé si me gusta, todavía. Sé que me gusta el lugar, claro, y que la gente es simpática y que es topísimo tener credencial con foto y almuerzo todos los días, pero no tengo claro si quiero dedicarme a esto para siempre. No sé si soy amiga del aire acondicionado y de las sillas que dan vueltas, aunque es algo con lo que me encanta jugar cuando hay poca gente mirando. No sé si adoro hablar por teléfono con personas que no conozco para conseguir entrevistas y frases y fotos. No sé.
Creo que estos tres meses determinarán lo que haga con mi futuro.
Si no me acostumbro, no pienso ser periodista.
Y eso es definitivo.
lunes, enero 01, 2007
happy new year
Encontrarme con mi sombra.
Anoche mi primer abrazo fue para Franco, nunca había empezado enero con ningún novio y menos con fecha para casarnos en veintidós meses y diez días más. Creo que ya pasé todos los primeros cambios grandes. Creo que ahora viene establecerme, crecer, cimentar mi espacio en el mundo.
Empecé el año con las uñas fucsia y polera blanca, en el pasto de la casa de mi tata. Empecé el año con un poco de miedo pero igual certezas. No sé si estoy más o menos rodeada de gente, pero sé que estoy menos sola. Y aunque a veces siento que me perdí y que quizá no me encuentre más, al final siempre aparezco sentada frente al mar.
Quiero dejar escrito que la felicidad es un momento eterno.
Bienvenido 2007.
sábado, diciembre 30, 2006
me and myself
Hoy sólo sé que quiero volver a dormir bien.
Llevo una semana soñando y no logro entender los sueños. Pero me despierto muchas veces y tengo el corazón acelerado y no dejo de dar vueltas en la cama. El martes empiezo la práctica. Tengo un poco de miedo. Será que, en realidad, me asusta quedarme quieta, de repente, quedarme aquí porque así me siento cómoda y no necesito volver a moverme. Me asusta ese momento de soberbia que quizá todos pasamos, donde pueda llegar a creer que esto es lo mejor que puedo lograr, que más allá no hay nada, que quizá es verdad que estamos destinados a convertirnos en un montón de relojes grises.
Me asusta caer en lo que siempre he odiado, convertirme en otra persona del mundo, vestida bonita, labios pintados y zapatos brillantes, peleando por un puesto que está un poco más arriba, peleando por nada porque al final somos quienes somos y nada más.
Por algo el universo me puso acá y eso lo comprendo.
Es sólo que todavía no logro saber por qué.
Me falta un poco de mar.
miércoles, diciembre 27, 2006
no como animales
Gatina sigue con pulgas.
Cuando en febrero, justo antes de viajar a Argentina, decidí dejar las carnes rojas, mi mamá pensó que estaba loca y mi tío que no iba a resistir dos semanas ashá sin probar un buen trozo de filete, viste. Pero no. Ya han pasado diez meses y he ido agregando nuevas abstenciones a mi alimentación: ahora tampoco como pavo, ni pollo, ni cerdo en ninguna de sus presentaciones. Sólo me falta dejar pescados y mariscos, mi adicción más grande. Y eso que yo antes organizaba asados en mi casa, compraba la carne y prendía el fuego una vez a la semana. Pero, de repente, entendí un poco la postura de mi hermano devoto de Krishna. Somos defensores de la vida, y de la vida en todas sus formas. En eso creo yo, por lo menos.
Claro que puedo ir a comer ensaladas mientras todos comen choripán. A mí ya no me dan ni ganas. Al principio sí, obvio, quedaba loca apenas sentía el olorcito de un pollo asado. Un día desperté y ya no. Nada.
Así que amo esa canción de frijoles.
La ley del equilibrio rige al universo y no es mentira.
Voy a jugar Mario 3 mientras espero la llamada de El Mercurio.
lunes, diciembre 25, 2006
ha llegado navidad
Al frente, pantalla casi en blanco.
Eran las siete de la mañana cuando me llamó Javier porque se supone que Starbucks iba a repartir desayuno a las personas frente a la Posta pero llegaron (yo iba a ir y me quedé dormida, obvio) y resultó que ya tenían un festín porque toda la noche les llevaron cosas. Bacán.
Ayer no fui a misa de nochebuena por primera vez en cinco años o más. Pero estuve con mis sobrinos buscando al Viejito Pascuero, y con mi novio y con mi familia en una comida que resultó bellísima porque nos reímos mucho y hubo miles de abrazos.
Desperté con los ojos negros por el rímel, como nunca me pinto no estoy acostumbrada a despintarme.
Franco me regaló la edición grande de "Mujeres que corren con lobos".
Tengo un poco de sueño y estoy feliz.
miércoles, diciembre 20, 2006
whatever you do
Algo está mal y no sé qué es.
Me gusta Santiago de noche, ayer cortaron la luz en el edificio y no se notó nada porque afuera ilumina tanto, además no tengo cortinas en la pieza. Acabo de trabajar toda la tarde pero cero cansancio. Tengo ganas de comer un sandwich con tomate y wasabi, eso sí. Mi novio recién puso esa música que odio porque la gente grita como si estuviera siempre enojada.
Quiero que pase el tiempo y que sea verano y que todo tenga sentido otra vez. Quiero la navidad, ahora que mi mamá me regaló un pesebre chiquitito. Quiero llorar un rato pero no tengo motivos. Ando muy hormonal. Un poco triste.
Igual está todo bien. Ayer fui a un casting a canal 13 y me reí mil horas con gente muy simpática. Hoy, Franco me regaló una rosa. Mañana en vez de trabajar en la tienda tengo un día de clases Starbucks y el sábado llega mi hermano con los niños.
A la Siri no la vi más.
Ayer soñé que era el cumpleaños de Nico Ferrari y era cierto.
Gatina está al lado mío mordiendo un sillón.
miércoles, diciembre 13, 2006
born sleepy
Escribo en pijama, ventana abierta frente al Santa Lucía.
Tengo un poco de sueño.
Ayer en la tarde fuimos con mi novio al Hoyts de
Quedan once días para navidad, me acabo de dar cuenta que es primer año que no tengo arbolito en mi casa y eso que es mi fiesta preferida, porque a pesar de la distorsión general en la percepción que hace que los malls se llenen a las diez de la mañana, es la fiesta de los niños. Cuando era chica, me encantaba salir a buscar al viejo pascuero a la vereda y más de una vez escuchamos con mi prima los pasos de los renos del trineo. Ahora, hace tiempo igual, me gusta mirar las estrellas y decirle feliz cumpleaños al niño Jesús. Dicen que nació en agosto y que es Leo, no Capricornio, lo que me hace bastante sentido porque Dios ilumina como el sol, pero filo. La fecha no es tan importante, porque el tiempo no existe. Basta con que el momento exista. Para mí, por lo menos.
El sábado celebré mi cumpleaños desde la una de la tarde hasta las once de la noche, con piscina, frutas y verduras, en la casa de mi tata. Fue muy piola. Llegó mucha más gente de la que esperaba y me dieron regalos bacanes. Hasta un juego de loza. Estoy tan grande.
Ya empecé a escribir mi libro.
A todo esto, Gatini es Gatina, me lo dijo el veterinario que la vacunó y la hizo llorar un poquito.
Quiero almorzar ensalada.
viernes, diciembre 08, 2006
cuestión de confesar
Ayer me eché Taller III.
Ahora que tengo veintidós y no morí a los veintiuno como dije tantas veces que pasaría cuando era chica, quizá sea un mensaje del universo para hacer algo distinto con mi vida. No sé. Pero sé que tengo pena y rabia y ganas de seguir llorando y de que se me deshaga el nudo de la garganta porque me cuesta tragar.
Mi cumpleaños estuvo bellísimo. Mi novio me invitó a comer a un restaurant de Bellavista que se llama "Como agua para el chocolate" y tomé tequila con pétalos de rosa, sentada al lado de una fuente de agua. Antes, en la tarde, fuimos al Liguria. El día anterior, comida familiar esperando las doce. Mi mamá me regaló unos vestidos preciosos y lloré con la carta de la Chica.
No sé qué hacer.
Ando media perdida ahora.
Cuatro años y quizá nunca fue lo mío.
sábado, noviembre 25, 2006
limón y sal
Mi novio me regaló una radio.
A las once y media de la mañana tuve clases, corrección de taller que otra vez fue tan tan malo que el profesor dijo que mejor rehiciéramos la trabajos. Si no, todos nos vamos a echar el ramo. Filo. Cuando se acabó partí a San Gregorio a buscar a mis niños y fuimos a tomar helados al Plaza Vespucio. Corrí de vuelta a mi casa a cambiarme, entrevisté a Nico Quesille y trabajé hasta hace una hora.
Se me había olvidado que, en el fondo, me encanta hacer cosas.
Me encanta ser.
Amo a Franco.
miércoles, noviembre 22, 2006
hips don't lie
A diez minutos de salir camino al Estadio Nacional.
Tengo ganas de no venir más clases ni a trabajar en mi tienda nueva, porque aunque la gente me encanta parece que el sistema no. Quiero quedarme en cama varios días. No quiero despertadores, ni trabajos finales, ni San Gregorio, ni temas de taller, ni las pulgas de Gatini porque no tengo plata para llevarlo al doctor.
Dormiría hasta marzo.
Otra vez.
Nunca se acaba el abismo, parece.
Me pesan los ojos y el corazón.
lunes, noviembre 20, 2006
hello kitty
Me acordé ahora.
Siento como si no hubiera escrito en un mes, y eso que no han pasado tantas cosas. Pero igual sí. Me fui a Viña por el día, un miércoles. Terminé con un gatito en el bus de vuelta, sola, claro, porque era de esos viajes para encontrarme conmigo cuando estoy demasiado cansada del Santiago gris que intento odiar pero no puedo, y ahora está en la terraza del departamento haciendo miau todo el día y rascándose porque es chiquitito, tiene pulgas y hasta el treinta no tengo plata para llevarlo al veterinario. Eso. Se llama Gatini. Soy pésima para los nombres y los títulos. Me lo dio un señor en la calle. Es blanco con negro y tiene los ojos medios verdes.
Creo que quiero salir a vacaciones. Como que me duele la cabeza con la universidad, no tengo ganas de seguir viniendo. A ver si me consigo un computador y empiezo a escribir mi libro.
Tengo que arreglar mi trabajo de prensa.
El profesor odia mis temas.
Si no me va bien, me quedo sin práctica.
domingo, noviembre 12, 2006
stars are blind
Mañana, tienda nueva.
Vine a almorzar con mi familia y me vestí de rojo porque hace frío. No sé si tengo mucho que contar. El jueves en el langard me encontré con Pedro que no veía hace meses, desde que una vez se lo llevaron preso. Me habló del Poeta. Tampoco lo veo hace tiempo.
Ando toda nostálgica. Starbucks Parque Arauco me recuerda demasiadas cosas importantes, y me asusta un poco otro comienzo. Está pasando todo rápido, y está bien. Pero eso no implica que no tenga esa sensación de garganta apretada, de algo más que se acaba, de etapas que se cierran y personas que desaparecen y al final quizá es sólo para que aprenda de una vez que nada es para siempre.
Con mi novio, feliz. Descubriendo un mundo que no conocía. Aprendiendo a mirar de frente, tantas veces lo dije y nunca lo había hecho. Caminando de a dos. Plena, creo que es la palabra.
Y, en general, entre sonrisas y magia y canciones. Me vendría bien poder escribir más seguido. Me sacaron la foto para El Mercurio y salí horrible. Mi otra pieza, la de esta casa, sigue del color que la dejé y con las estrellitas brillantes. Tengo una herida en el labio y me arde. De desayuno, me comí un alfajor.
Me encantan los ascensores.
Eso lo descubrí ayer.
Quedan veintidós días para mi cumpleaños.
martes, noviembre 07, 2006
just for one day
El domingo dejo Starbucks Parque Arauco.
La Pepa me lo dijo hace un rato. Me dio tanta pena, que lloré un poquito. Es que ahí me ha pasado de todo. Amores y desamores y reencuentros y peleas y qué sé yo. Pero bueno. Será para mejor, supongo.
Quién diría que hace un año justo entregué una libretita llena de frases, esperando encontrar respuesta. Quién diría que ha sido tiempo suficiente para amar sin cuestionarme al fin, para entregarme a la vida y sacarme los zapatos y tomar sol con mi novio en la plaza, al lado de ese árbol de Salvador que me encanta. Qué rápido se mueve el mundo a veces.
Tengo como, no sé, como la sensación de que la eternidad existe.
Eso.
miércoles, noviembre 01, 2006
todo lo que fui
Quedé en la práctica de El Mercurio, Revista YA.
He pasado un tiempo muy lindo, de volver a ver a personas y caminar otra vez por las calles del centro que tenía medias abandonadas. Anoche fuimos a tomar pisco sour con mi novio. También fui sola al supermercado a comprar comida y casi morí con las bolsas en la micro, pero filo. Una señora y un tipo muy simpático me ayudaron y después otra señora me acompañó hasta la puerta del edificio antes de que el conserje saliera corriendo a dejarme todo en el ascensor. El esfuerzo siempre es recompensado, me dijo el tipo buena onda de la micro. Usaba anteojos. Y hoy, en la calle, me regalaron un póster de Crash. Eso. También me compré una polera a mil pesos en Patronato y una cartera rosada con lentejuelas. Parece que, en vez de leer, completo las palabras por inercia, porque en un letrero en que la liquidación era gigante yo estaba segura que decía licuadora y me pasé mucho rato pensando en para qué la usarían.
Me gusta que haya sol, queda un mes para mi cumpleaños.
Ando toda sonriente con aros distintos.
Gracias a Dios y a las Diosas por la cantidad de favores concedidos.

